Eugenio Casasnovas

Conclusiones de mi viaje de Córdoba a Ushuaia en moto

Si sos uno de los privilegiados que hizo un viaje de varios días en moto, todo lo que sigue no será ninguna novedad para vos. Ya lo viviste. Ya lo sabés.

Pero si sos de esos que tiene la “idea loca” de cargar tus bártulos en tu moto y viajar mas allá del horizonte, creo que lo que te escribo te puede ser útil. El destino en sí es la excusa. Pero hay que tener en cuenta que pueden haber mil imponderables por lo que no se llegue a el destino previsto. No importa. Sean cien, mil o diez mil kilómetros, la experiencia comienza desde el momento en que verificas que tenés todo listo y prendés la moto para irte de tu casa. Cuando abandonás temprano tu ciudad y de a poco empezás a recorrer lugares que cada vez te son menos familiares, hasta que llegás a esos en que todo es nuevo. Ver carteles en la ruta con nombres de ciudades que solo viste en fotos de otros viajeros o en el mapa y ahora estas por pasar vos.

Viajar solo tiene su “mística”. Viajar acompañado simplifica mucho el viaje. Hay un montón de momentos en que es bueno tener quien se quede a “cuidar” las motos mientras otro hace algún trámite o averiguación. Viajar de a dos motos puede disminuir mucho la carga por moto. Por ejemplo: se puede llevar una carpa y un kit de camping cada dos motos. Igual para las herramientas, kit de reparación de cubiertas, aceite lubricante para cadenas, botiquín, etc.

Si nunca lo hiciste y se te presenta la oportunidad: no lo dudes… ¡Hacelo! Es una experiencia que te va a quedar para toda la vida.

Espero que los datos que doy acá sirvan.

Datos del viaje:

Trayecto: Córdoba – Río Colorado – Trelew – Comodoro Rivadavia – Río Gallegos – Río Grande – Ushuaia – Río Grande – Río Gallegos – Río Turbio – Puerto Natales – Parque Nac. Torres del Paine – El Calafate – Glaciar Perito Moreno – Bariloche – Neuquén – La Pampa – Córdoba

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Mi moto: Yamaha Fazer YS 250 modelo 2012

Kms a la partida: 14.000

Kms. Recorridos: 8.000

Fecha: enero 2016

Duración: 24 días

Costo del viaje (aprox.) : $18.000 (nafta, alojamiento, comida y extras) –sin los gastos de preparar la moto-

Modificaciones y accesorios de la moto:

  • Parabrisas pro-screen
  • Cubiertas: Metzeler Enduro 3 110/90-17 adelante y 130/80-17 atrás (con slime las dos).
  • Luz principal: led 18-24w
  • Faros auxiliares: led 10w c/u Toma 12 voltios
  • Puños calefaccionados marca Oxford
  • Voltímetro para controlar el consumo y la carga de la batería
  • Chapón protector de carter y defensas hechas a medida.
  • Baulera Givi grande
  • Alforjas Givi
  • Bolso sobre asiento Ridercraft. Lo voy a cambiar por uno cilíndrico estanco. Este no me resultó o tal vez lo cargué demasiado.
  • Bolso sobre tanque Ridercraft (muy práctico)
  • Bidón 8 litros (no me hizo falta. 8 lts. son muchos para mi moto, cuando mucho hubiera llevado uno de 3 lts.)

Lo mas práctico:

  • El control de “velocidad crucero” que descansa muchísimo la mano derecha.
  • El chaleco eléctrico Sraggio y los puños calefaccionado Oxford: me cubrieron del frío.
  • Las cubiertas con tacos me ayudaron mucho en los 500 kms que hice en ripio y no afectaron en nada el andar en asfalto. Tal vez sea sicológico o inseguridad mía ya que mi compañero Rogelio hizo ripio en su YS 250 con las Sport Demon llevando a su novia y no tuvo ningún problema. Como observación de las cubiertas debo decir que se notó en el viaje con la moto cargada y con mucho viento que la cubierta trasera es mas grande y debería haber modificado la transmisión para compensar eso. Cambiar el piñón de 15 dientes por uno de 14 hubiera sido suficiente. No es algo de gran relevancia, ya que la moto se la bancó sin problemas, pero si alguien va a hacer lo que hice de cambiar por una cubierta, sería bueno que lo tomara en cuenta. Las motos de baja cilindrada acusan mucho la carga y el viento.
  • Aceite WD40: lubricó la bisagra del casco que se había endurecido por la tierra, y los cierres de las alforjas que se habían puesto duros por lo mismo
  • El medidor de presión de las cubiertas y el compresor.
  • El suplemento para el pié de apoyo de la moto ya que todas las banquinas tienen ripio y se afirma mucho mejor la moto con el peso extra de la carga. Ni hablar en caso de barro.
  • Lo que menos usé:
  • El termo de 1 litro. No lo usé en todo el viaje.
  • El bidón de nafta no fue necesario en ningún momento. Podría, eventualmente, llevar uno mas chico, pero no uno de 8 lts.
  • La carpa y el equipo de camping (colchón inflable, bolsa de dormir, calentador, etc.) la usé solo 2 noches en El Calafate.

Repuestos:

  • Un juego de transmisión completo. En realidad hubiera llevado solo la cadena –que sí se puede llegar a romper-, ya que el piñón y la corona estaban en buen estado.
  • Bujía.
  • Lámpara principal halógena.
  • Pilas para el control remoto de la alarma.
  • Precintos varios.
  • Cinta autoadhesiva.
  • Un filtro de aceite (el aceite es fácil de conseguir, el filtro no).

Seguridad:

  • Alarma en la moto
  • Traba de disco con alarma
  • Cadena de seguridad con llave.

Costumbres personales:

  • Usar mapa en papel y no tengo GPS en el instrumental de la moto.
  • No escucho música mientras viajo
  • Consulto eventualmente el mapa del GPS en el celular en caso de alguna duda puntual. Tengo los mapas descargados ya en el celu y no necesito internet para verlos.
  • No manejo de noche –salvo que no quede otra-.

Manual del Moto Viajero agradece la colaboración de Eugenio Casasnovas contándonos su experiencia.

Si tenés la tuya y querés compartirla mandános un mail. Te lo vamos a agradecer.

¿Viajar solo o acompañado?

Una frase zen dice: “nadie puede beber dos veces del mismo río”. Aunque nos confunda, habla del cambio.

Cada viaje tiene su particularidad. Siempre son distintos: las rutas, el clima, los paisajes, nuestro ánimo. ¡Todo!

Hay que tener un espíritu especial para emprender una aventura en solitario, transitar caminos inhóspitos donde claramente hace tiempo nadie circula. Nos llena de interrogantes sobre lo que pasara, si podremos resolverlo, si necesitaremos ayuda, etc.

Afrontar los miedos y seguir camino, exitosamente o no, nos marcará. Al llegar a destino generará un sentimiento de superación.

Entonces el viaje se convierte en una introspección, una profunda exploración de lo que somos y pensamos. Pasan los kilómetros y en el encierro de nuestro casco nos hacemos preguntas y nos contestamos, tal vez impostando voces. Otras veces cantamos.

Suele pasar que durante el trayecto escribamos el libro de nuestras vidas, las ideas fluyen. ¡Son fantásticas! Pero cuando paramos, nos olvidamos totalmente de esos pensamientos: son tan efímeros como los paisajes.

Algunas veces estos son tan imponentes que nuestros ojos no alcanzan a verlo todo. Necesitamos la ayuda de alguien para poder hacerlo. Surge la necesidad de compartir el momento.

Cuando viajamos acompañados o a la par de otra moto. Nace un sentimiento de camaradería y protección. Las vivencias compartidas son las que realmente recordaremos de la aventura.

Hace un tiempo encontré a mi compañera, mi socia, mi norte… desde ese instante los viajes dejaron de ser solitarios, se convirtieron en algo sublime. Vividos plenamente con todos los sentidos.

Por cuestiones de horarios laborales a veces no me acompaña, pero siempre está presente. Tal vez esto sea una declaración de amor.

¿Vos cómo viajas?

El cuerito

La historia es más o menos así…

Desde siempre quise un cuero de corderito para el asiento de la moto. Sabía que era bueno para los viajes largos: si los gauchos lo usaban por algo sería.

En un viaje al sur, pasando Neuquén, en una chacra al lado del camino llena de ovejas, me dije: ¡Acá es el lugar!

Pare, aplaudí como quien ve un espectáculo y de tanto hacerlo apareció el “gringo” (gaucho para los citadinos).

Después de mucho “chamuyarlo” terminó dándome el corderito que usaba en su caballo. Era precioso, tan blando como una tela. Muy bien curtido.

Así seguí viaje, orgulloso de mi nuevo trofeo, lo más preciado en mi equipo de moto.

Llegué al Lago Nahuel Huapi y acampé en medio de la montaña, cerca del paso Samoré, por el lado Argentino. En un lugar llamado Brazo Rincón.

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Estando el campamento armado, con el fogón listo para calentar el agua del mate, me pongo a conversar con un lugareño. En mala hora se me ocurre indagarlo si conocía sobre caballos y monturas. “Por supuesto, faltaba más”, dijo alejándose de la humildad como buen argentino.

Le pregunté sobre los cuidados que tenía que darle a mi nuevo tesoro. Que lo lavara con jabón neutro, lo dejara secar y listo. ¡Cómo nuevo!, me respondió.

De más está decir que fue lo primero que hice cuando llegué a casa, desarme la moto, lave y puse a secar el corderito según las instrucciones.

Pasaban los días y no se secaba, opte por ponerlo al sol. Alguna equivocación cometí ya que finalmente se pudrió y no sirvió más. La cagué como el mejor.

Para hacerla corta diré que al año siguiente, en un nuevo viaje fui para Chile. Como estaba con ganas de rutear seguí para Brasil. A veces el GPS se desconfigura y termino en cualquier lado.

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3000 km más adelante, cuando voy llegando a la ciudad de Pelotas, muy oportunamente se me empieza a paspar lo que está al detrás de las mismas.

En la desesperación pensé que podría solucionarlo con un corderito. Allí empezaron mis desventuras.

Primero comprar un diccionario para traducir y luego pronunciar “cuero de oveja”, algo así como “couro de ovelha“. Muy graciosa la cara que ponían los brasucas cuando trataba de pronunciar eso en “portugués”. Lástima que mi dolor de posaderas no me dejara disfrutar del momento.

Insistiendo durante días, en diferentes lugares, al fin consigo el famoso cuero… ¡pero era cuero! Yo lo quería con la lana.

– haaaaa, me dijeron, entonces usted busca “Lã de ovelha” (lo pronuncian: “laaa de ovela”, arrastrando la “a” o algo por el estilo).

Ahí vamos de nuevo por la ciudad, emitiendo sonidos que nadie entiende. Hasta que en un pueblito, en una “agropecuaria”, lo  consigo.

Pero el daño ya estaba hecho, tenía las posaderas a la miseria y sentarme en la moto era un suplicio. Entonces se me ocurre una solución mágica: MAIZENA

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¡Otra vez a traducir y pronunciar eso! Ahora es divertido, pero en ese momento era para matar a alguien.

Por fin la encontré en un almacencito que atendía una viejita muy amable, después de muchas muecas y señas pude hacerme entender. Todavía me pregunto cómo lo hice.

Allá andaba yo, parando en cada estación de servicio y desgraciándome en el baño poniéndome “almidón de maíz”. Todo blanco quedaba: mi culo, los pantalones, la remera, el piso, ¡todo!

Con eso más o menos la fui llevando. Si bien no curaba al menos no empeoraba.

Un buen día decido volver para Argentina y cruzo la frontera, todo bien, como por un tubo. Cuando ya estaba en la soledad de la ruta, con todo el tiempo para pensar, me doy cuenta que pase por dos destacamentos fronterizos con UN KILO DE POLVITO BLANCO en mi riñonera.

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De buen quilombo me salvo mi buena suerte, sino, hasta que viniera el perito y constatara que el polvito era inofensivo… mejor no pensar en que nuevo lío me hubiera metido.

Hoy todo eso está solucionado. Tengo un cuerito espectacular que ni en pedo lavo, oloroso y mugriento, pero sano.

Fin (de esta historia)

 

Si quieres conocer donde sucedió la historia ACA.
Para encontrar más información sobre el mismo ACA.
Si tienes una anécdota de viaje te invito a compartirla. Envíame un correo, me gustaría conocerla.

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Nieve en el desierto

Bitácora de ruta

WINTER ADVENTURE 2017

 

DIA 3.

Domingo 17 de Julio de 2017

Salida: Simoca (Tucumán)

Llegada: Cachi (Salta)

Km recorridos: 361 km

Km totales: 1408 km

Rutas: Ruta Provincial 325, 307 y Ruta Nacional 40 (RN 40)

Dia 3

Parte 1 – 13.30 Amaicha del Valle (Tucumán)

Pasé la noche bastante bien. No tanto frío, si lo comparamos con las noches anteriores, pero igual es una cosa seria y por lo tanto, sabiendo que subiría de altura, reforcé con más ropa térmica, sobre todo con las medias de neopreno que son fantásticas.

Me tomé la salida con calma, porque a partir de ahí comenzaba el paseo.

Tomé la RP 325 y después la RP 307 que va hacia Tafí del Valle, Tucumán. Ya me habían contado que la última era un espectáculo. Camino ascendente, curvas y contra curvas. De pronto apareció una vegetación tan densa que me hizo acordar a una ruta de Brasil, muy cerca de Misiones para que se ubiquen.

Ahí bajó mucho la temperatura: todo estaba en sombra. De pronto comenzó a verse nieve, primero en las copas de los árboles y después sobre el piso. Tuve que ir con precaución no fuera el caso de que hubiera hielo en la ruta. ¡Porque entonces, sí! Patinazo y salgo como boleadora rota.

Cuando la nieve cubría toda la vegetación, esta dejó de ser tan tupida dándole pasos a los árboles. Es cosa de no creer, cómo casi a la vuelta de una curva, el paisaje pasa de ser una selva a un desierto: las montañas no dejan pasar las nubes hacia el otro lado. Pero es así, el clima cambia.

Se hace más cálido y seco y comienzan a aparecer los primeros cactus. No el de las macetas, sino esos gigantes llamados Cardones. Tienen unas espinas tan grandes, que agradecés que sean firmes. Si se volaran, ya veríamos quién es el valiente que pasa en moto por esta ruta, ¡ja!

Y así aparece Tafí del Valle… en un valle… la ves desde arriba y te vas acercando. Cuando la pasás, volvés a elevarte para verla del otro lado como si fuera distinta. Y lo es realmente, ya que a estas alturas todo el paisaje es desértico (seguro hay un nombre más específico para este terreno, mi vieja se va a enojar, fue mi profesora de geografía… ella me enseñó muy bien, el problema fui yo, que no aprendí un carajo).

Después se toma la emblemática ruta 40. Se van sucediendo los pueblitos y aparece Cafayate… no voy a opinar nada de esta ciudad, ya todos la conocen, sobre todo por sus bodegas. El tema es que la moto y el vino se llevan realmente mal entonces la pasé por alto como alambre caído.

Va siendo hora de parar a comer. Lo hago en una parrilla al costado de la ruta, en el pueblo de Amaicha del Valle.

Pido un pollo con ensalada de lechuga y tomate (de tomate tiene poco), pero la pechuga que trajeron es digna de una foto. Desconfío que sea pollo, para mí es el pecho de un cóndor o tal vez la pata de un chancho. ¡Qué grande por dios! Pero bueno, hay hambre y la ajusticiamos como corresponde.

Provecho y a seguir viaje.

Parte 2 – 00 hs. Cachi (Salta)

No los voy a aburrir contándoles la sucesión de pueblos que hay en la ruta 40. Me adelanto hasta que se convierte en ripio. Paro un poco antes y le bajo la presión a los neumáticos, los dejo en 20 libras. Me meto en la ruta y, como siempre que retomo viaje, empiezo despacio para acostumbrarme a la situación. Después, de a poco, voy agarrando ritmo.

Hago un alto y voy a hablar un poco de Jade (mi moto, una Jawa Tekken 250 cc). Se dice que las motos son nuestras mujeres, nuestras novias, nuestras amantes, lo que sea, pero mujeres al fin. Haciéndose eco de esto, Jade se comporta como tal, a veces se levanta “mosqueada” y no quiere arrancar. Son esos momentos en los que puteo como loco.

Otras veces, cuando le gusta lo que le propongo es una seda, se comió unas heladas bárbaras y al otro día arrancaba de una. El caso es que le encanta el ripio, realmente se disfruta manejarla en estos terrenos y hoy, particularmente, estaba cómo que se meaba de la manera que corría. ¡Un espectáculo!

Jade había estado antes en ripio, pero fueron ocasiones donde estaba mojado y lloviendo, o había un viento que daba pelea.

Hoy estaba perfecto el clima, así que pudo sacar todo lo que tiene. No me canso de pensarlo, ¡impresionante!

Había partes donde el ripio dejaba paso a la arena, ningún problema, nos paramos en los estribos y a no soltar el acelerador. Una velocidad entre 50 y 60 km/h, y cuando tenía que trepar, si ponía tercera la mal educada empezaba a tirar piedras para todos lados. ¡Así es Jade!

Qué puedo decir de los paisajes que veía, valió la pena todos los fríos que viví para llegar hasta acá. No puedo describirlos. Más tarde subiré imágenes para mostrárselos. Paré mucho a sacar fotos.

En una de esas paradas había una casa abandonada muy pintoresca. Un chico bajaba corriendo del cerro. Aproveché y lo llamé para que me sacara unas fotos. Con el celular todo bien, pero le encantó hacerlo con la Nikkon.

Hablamos un poco y me contó que venía de la escuela que estaba del otro lado. Que cursaba la primaria en su último año y que concurrían unos veinticinco chicos. Después, dijo, iba ir a la secundaria. Yo miraba lo desolado que eran los alrededores, preguntándome dónde estarían. Ahí me hice un nuevo amigo, Sebastián se llama.

En la moto sólo se lleva lo imprescindible, así que no tenía para darle más que una botella de jugo, ahí está la foto con él sonriendo.

Seguí viaje. Ya les comenté que todo es muy desértico, de pronto, en medio de la nada aparecieron unos juegos infantiles, de esos que tienen todas las plazas. Pero acá están en una loma pelada. Aunque no la veamos, intuyo que los alrededores está lleno de gente.

Entre tanta fotito y charla se me hizo tarde y terminé manejando los últimos 30 km de noche. No me gustó hacerlo, pero Jade tiene unos poderosos faros auxiliares que iluminaban todo. Con precaución llegué a un pueblito muy pintoresco llamado Cachi.

Allí conocí a un motero de esos que tienen muchos kilómetros encima. Después de los saludos quedamos para desayunar.

Ahora estoy escribiendo estas líneas en el camping municipal. Ya armada la carpa, aproveché y me di un baño espectacular. Me afeité para salir lindo en las fotos del fisbuk. Como hay electricidad aprovecho para cargar todas las baterías. ¿Qué más puedo pedir?, nada, me duermo feliz.

Buenas noches.

Sumando Kilómetros

Bitácora de ruta

WINTER ADVENTURE 2017

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DIA 2.

Domingo 16 de Julio de 2017

Salida: Jesús María (Córdoba)

Llegada Simoca (Tucumán)

Km recorridos: 451 km

Km totales: 1047 km

Rutas: Ruta 60 y Ruta 157

 Dia 2

Parte 1 – 13 hs. – Recreo, Catamarca.

Estoy almorzando en una fondita en la ciudad de Recreo. Es tan pintoresca que me trajeron tres platos y ninguno hacia juego.

Pero empecemos por el principio, la noche. ¡Uf! ¿Cómo contarla? Llegó un momento en que pensé: “Estuve despierto toda la noche”, pero en realidad me dormía y despertaba a cada rato por el frío que hacía.

Un frío como hacía rato no sentía, y de puro vago no busqué la ropa de abrigo para no desarmar la alforja. Puse el despertador a las 7 am, y cuando sonó seguía siendo de noche.

Como no podía dormirme nuevamente, después de dar algunas vueltas en la bolsa, decidí empezar el día. Hasta acá las malas noticias.

Una de las buenas: detrás de la estación de servicio hay una panadería. En el aire flotaba un olor a pan recién cocinado delicioso. El desayuno fue té con pan caliente.

La otra buena fue el dato que me dio una persona que se acercó a saludarme. Iba en auto y hablando del frío que hacía, me contó que el tablero del auto le marcaba 0°. Pensé: “Bueno, peor que esto no se pondrá”. (Ya los días siguientes me mostrarían lo equivocado que estaba).

Cuando agarré la ruta el paisaje había cambiado. Iba mejorando, ¡bah!, tal vez no mejoraba, sólo es distinto a la pampa húmeda que estoy acostumbrado a ver siempre. Con campos de soja uno al lado del otro. Y eso no cambia. Hasta que llega un momento que la vista se cansa.

Aparecieron sierras a los lados. Pasé por una salina al lado de la ruta 60, hice un par de fotos, pal’feisbuk obviamente: los resultados son lamentables. No “garpan”… en realidad lo que no garpa es la cara de loco acobardado de frío que tengo. Totalmente destruido.

Esto recién empieza.

Hora de retomar el viaje.

Parte 2 – 20.30 hs – Simoca, Tucumán.

Hace un rato que llegué a este pueblo, que está a 50 km de Tucumán. Acá desvío mañana hacia el oeste buscando la ruta 40 para ir a Salta. Otra vez empecé por el final. Volvamos a Recreo que es donde me quedé.

Cuando salí del restaurante donde almorcé, que estaba a la salida del pueblo, luego de una curva, había un “control policial”. Lo digo entre comillas, porque delante mío había un auto al que  le hacen señas para que se dirija hacia la banquina. El conductor no sé qué dice y ahí el “policía” exclama: “…pero me hubieras echo señas de luces…”.

Me pongo a mirar detenidamente el procedimiento, me extrañó porque paraban a todos los autos (a mi me dejaron pasar tranquilo), normalmente en un control policial paran a un auto cada tanto, y a veces ni eso.

Acá, a todos los bajaban a la banquina y con un folleto de educación vial le pedían colaboración. Vestían uniforme azul escasamente oficial. El coche de los bomberos, o algo así, con luces en el techo y un par de conos, armaron un lindo “kioskito”.

Al poco de retomar la ruta el paisaje se convirtió en algo muy desolado. Hacía frío y tenía el viento de cola. Lo bueno de la “vela” que tengo por baúl es que a veces te frena, pero en otras, en días como hoy, te empuja haciéndote el viaje más fácil. Con decir que iba a 100 km/h a sólo 6500 rpm.

La ruta se convirtió en esos paisajes en que lo único que podés contar son los kilómetros. Entonces la mente se te va, te ponés a pensar cualquier cosa. Reflexionaba, por ejemplo, cómo sufriría mi mujer si me hubiera acompañado: es tan friolenta. A veces uno hace cosas no solo porque puede sino también porque lo dejan, ¿no?

Y así iban pasando los kilómetros, sin penas ni glorias hasta que en medio de la ruta vi un perro comiendo algo. Bajé la velocidad, cuando se dió cuenta de que venía, amagó a cruzarse. Lo esquivé limpiamente. Detrás mío venía una camioneta y de frente un colectivo. Elijo no mirar por el espejo retrovisor, para no amargarme con un posible drama. Qué pasó con el perrito, será otra de las dudas que quedarán toda mi vida.

Bueno, el día de hoy no tuvo tantas anécdotas.

Jade se comporta espectacular, arrancó enseguida, aún después del frío que se comió a la intemperie, y eso que viene floja de batería.

¡Ah!, no se los había mencionado, fue uno de los interrogantes a resolver antes de salir. Al fin, opté por ir viendo y de última la cambiaba por el camino. También le ajusté mucho el amortiguador trasero, según la opinión de varios amigos que respeto mucho, y la verdad es que el comportamiento de la moto cambió notablemente. Se hamaca suavemente como si fuera navegando.

Ahora me toca armar la carpa y hacer la cena. Espero prepararme mejor para soportar el frío que se viene.

Buenas noches.

Atravesando los grises

Bitácora de ruta

WINTER ADVENTURE 2017

 

DIA 1.

Sábado 15 de Julio de 2017

Salida: San Pedro (Buenos Aires)

Llegada: Jesús María (Córdoba)

Km recorridos: 596 km

Km totales: 596 km

Rutas: Ruta Nacional 9 (RN9)

Dia 1

 

Parte 1 – 18 hs. – Villa María, Córdoba.

20170715_105917.jpgEl día empezó como empiezan las aventuras: con una niebla que no se veía nada, de esas que cuando te habla tu mujer y, como no la ves, empezás a creer en las ánimas (yo conozco algunas… es preferible que te hable un espíritu).

Pero retomemos: saco del garage a Jade, así llamo a mi moto, una TEKKEN 250, para los últimos preparativos y la foto pal’faisbuk. Cuando la público me doy cuenta de que les faltan las cachas laterales, ahí estaba ella mostrando sus intimidades a todos.

Por la niebla salgo tarde a la ruta. Al rato me doy cuenta de que cuando limpié el pinlook (sistema para que no se empañe el visor del casco) lo armé mal y se me estaba empañando por mi respiración. Como no era grave decidí continuar, ya más adelante, cuando hiciera una parada, lo arreglaría.

Ya estaba agarrando ritmo y de pronto… sonamos, un atascamiento: la ruta venía cargada por el inicio de las vacaciones. Bueno, ningún problema, saco la moto de la calzada y vamos por la banquina.

Como había autos tratando de hacer lo mismo… ¡me fui al barro! (acá van a saltar los puritanos de la seguridad y el buen manejo a opinar sobre estas acciones, pero Jade es una preciosa “crossover”, y le encantan los caminos complicados y si no le doy el gusto, ¿para qué me la compré?). Otra vez me distraje. Sigamos con la historia, no había hecho ni 100 km y otra anécdota, se larga a llover. Bueno,  a apechugarla y de paso se le lava el barro a la moto.

Así pasamos Rosario. Con frío y lluvia. Los autos pasaban bastante cerca y podía verle la cara a los ocupantes, esas caras que decían… “Lindo día para andar en moto”. Bah, de vez en  cuando iba algún pibe que te miraba con cara de admiración y uno reconoce en él un pichón de motero.

Cuando entro en la provincia de Córdoba la lluvia cesa, pero lo hace porque un viento muy fuerte que la viene limpiando. Un viento tan fuerte que me hace abarajar la moto como quien rompió la bolsa de las papas.

Así venía, diciéndome que casi no había empezado el viaje y ya me estaba pasando de todo. No bien dije eso al viento se le sumó nuevamente la lluvia: ¡cartón lleno! Menos mal que sólo fueron un par de kilómetros.

Van pasando las ciudades y decido entrar en Villa María, Córdoba. No porque tuviera un problema como la vez pasada, sino que entro a saludar a los amigos que esas situaciones te dan. Gente que desinteresadamente te ayuda cuando tenés algún problema y ahí te das cuenta que son oro puro y vale la pena conservarlos cerca tuyo.

Y acá estoy esperando a David, uno de estos amigos. Escribo estas líneas sin saber dónde pasaré la noche. Está oscureciendo. La ruta, la ruta ya lo dirá.

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Parte 2 – 23.30 hs., Jesús María.

Qué bueno es encontrarse con amigos. Linda charla y lindo tiempo compartido con David. Me despedí con el corazón contento por el encuentro y porque me hice tiempo para arreglar el pinlook, que me venía molestando hasta acá.

Salí a la ruta ya de noche, serían más o menos las 21 hs. (ahora aparecen enfurecidos de nuevo los criticones del manejo… o mi suegra, unos porque no me conocen y la otra porque, en el fondo, me quiere).

Una noche muy linda. Muy despejada, llena de estrellas. Pero muy fría. En un momento ví, al costado de la ruta, un motero con una Honda Titán 150 cc que arrancaba. Bajé la velocidad y le hice señas para que rutearamos los dos.20170715_204108

En un peaje se presentó, Valerio se llama, ¡Cómo para olvidarme de ese nombre! Y me contó que iba para Córdoba, así que aprovechamos el tiro y lo hicimos juntos. En Circunvalación nos despedimos.

Yo seguí con rumbo a Jesús María, pero con ganas de parar porque no conocía la ruta. Además era mano simple y tenía frío. Pero el caso es que no había ningún lugar donde tirar la carpa. Y así llegue hasta acá: Una estación de servicio en la ciudad de destino.

Armé la carpa, me cociné una sopa con gusto a pobre, tape a Jade.

El baño tiene ducha con agua caliente, pero ni de chiste me baño.

El playero me preguntó:

— ¿Frío?

— No, gracias, ya tengo.

Ya estoy metido en la bolsa de dormir. Sólo un deseo tengo en este momento, que no me agarren ganas de ir al baño de madrugada.

Buenas noches.

 

Amigos para no olvidar:
  • David Ceballos (Jesús María, Córdoba)
  • Valerio Illan (Pilar, Buenos Aires)