UN VIAJE AL INFIERNO – parte 7

Viernes 12 de Enero de 2018

Florianópolis, Brasil

Despertamos excesivamente temprano porque la ventana no tenía cortinas y la luz nos daba en la cara, como era imposible seguir durmiendo asumimos la situación y nos levantamos. Desayunamos acompañados por los pocos madrugadores que había.

Ya que estaba tranquilo busque recipientes descartados en la basura (acá tienen 4 cestos para los distintos tipos y por lo tanto todo está muy clasificado) y le hice el primer service del viaje a JADE, llego a los 33.000 km y ya le tocaba. También revise los neumáticos y lubrique la cadena como todos los días. Quedo todo perfecto para continuar viaje.

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De a poco fueron apareciendo los pasajeros del hostel, nacho fue el primero en aparecer de nuestros amigos. Aproveche para que me contara como fue que se fundió la Rouser, me dijo que no lo tiene muy claro, si aceite de mala calidad o vaya a saber qué.

Después vino Guille y por último se sumó Juan, estando el clan completo preguntamos detalles de la salida de la noche anterior. Luego llego Gustavo Saraceni, al cual no conocía pero todos acá se referían a él como “tu amigo” ya que el contacto llego a través de mi intermedio. Vino en una BMW 650 y todos fuimos a recibirlo, nuevamente presentaciones, novedades de la Rouser y a hablar de motos, principalmente de la suya.

Gustavo es argentino paro vive en Florianópolis desde hace años, en la parte sur de la isla. Estuvimos hablando un poco sombre los riesgos de acampar por el tema de la fauna ya que hay un dicho que dice que cuento más al norte más ponzoñoso todo.

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De izquierda a derecha: Fernando, Juan, Guillermo, Nacho y Gustavo

Nos contó situaciones que vivió en su propia casa con víboras, y no con cualquier víbora sino con la CORAL, una de las 3 más venenosas del mundo. Si te pica tenés 40 minutos de sobrevida, hay que actuar rápido. Acá ante una picadura te vienen a buscar en helicóptero, o sea que te ligas una vuelta gratis.

La otra buena noticia si se la puede llamar así es que su boca es muy chiquita y al calzado no llega a traspasarlo. Tome buena nota de lo que dijo ya que mi intención es ir más para el lado de la selva después de Puerto Iguazú.

Lo que no averigüe es con qué frecuencia suceden estas situaciones, pero sé que si uno no los molesta no hacen nada. Tomando algunos recaudos difícilmente pase algo: hay que tener cuidado al caminar, mantener la carpa cerrada, cuando te sacas las botas dejarlas “paradas” y sacudirlas antes de ponértelas (son excelente cuevitas para todos los bichos), etc.

Sobra decir que esta conversación la mantuve muy privada y nada le dije a mi mujer o el viaje termina acá, se enterara cuando lea esto y espero que lo haga con mucho sueño así no tendrá ganas de pelear.

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Desde la mañana había un poco de sol y hacía mucho calor, nos propusimos ir a la playa al costo que fuera y para eso seleccione un camping que estaba cerca del mar, hacia allí fuimos y llegamos enseguida ya que solo está a 10 km de distancia.

Cuando llegamos el sol ya estaba que rajaba la tierra, el camping muy lindo, todo rodeado de pinos y muy bien organizado. Muchísimas familias veraneando lo que me dio confianza para dejar las cosas e irnos a la playa luego de establecer el campamento.

Para llegar había que transitar un sendero de 500 m entre una vegetación muy densa. Al poco de empezar a caminarlo nos encontramos que estaba inundado. Es el único camino y la gente fue a la playa, no puede ser tan jodido pensé, me adentre a ver qué pasaba y le dije a Vale que hiciera lo mismo.

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Ella haciendo de tripas corazón se puso a recorrerlo. No era muy profundo, llegaba hasta debajo de la rodilla, pero si era extenso. Y en el medio había una lombriz nadando (pero de las lombrices de acá que son súper desarrolladas)

Cuando la vio se puso blanca como si hubiera visto una anaconda y no hubo caso de que siguiera adelante. Como no me iba a quedar sin playa por culpa de una lombricita o viborita no me quedo otra que llevarla a cococho. Desde hacía días venía diciéndome que estaba gorda. ¡Tenía razón nomás!

Llegamos a la playa, tiramos la lona y fuimos a conocer el mar de Floripa, varias decepciones: no estaba caliente como dijeron y  estaba sucio con palos y hojas. Lo bueno era que no había nadie y pudimos descansar un poco.

No mucho, porque enseguida se encapoto con unas nubes gordas que al poco tiempo empezaron a largar agua, una lluvia suave pero jodía mucho después de tantos días.

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No quedo otra que emprender el regreso y para mí la tortura de volver a caminar en ojotas sobre un terreno irregular e inundado llevando un peso de… (Mejor no me juego con el número), ¡pero pesa!

Nos cruzamos con una familia que iba en sentido contrario, pasó el padre, saludo; Pasó la madre, saludo; Pasó el hijo mayor, no dijo nada; Pasó la hija menor y mirando a Vale le dice con toda la boca: MIEDOSA. Tuve que pellizcarla para que no le dijera el tema de la “Víbora” porque lindo quilombo hubiera armado.

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Esto la estuvo mortificando toda la noche más cuando encontramos carteles por todos lados advirtiendo estas situaciones.

Con la lluviecita que caía aprovechamos para dormir una siesta que andábamos necesitando, cuando nos despertamos había parado y nos fuimos a cenar.

El pronóstico sigue diciendo que mañana y los siguientes días seguirá lloviendo. Lo veremos.

Buenas noches.firma

 

 


Kilómetros viajados hoy: 10 km.

Kilómetros viajados totales: 1967 km.

Días viajando: 7 días.

recorrido


Links de las:  Parte 6   |    Parte 8

 

4 comentarios en “UN VIAJE AL INFIERNO – parte 7”

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