UN VIAJE AL INFIERNO – parte 9

Domingo 14 de Enero de 2018

Florianópolis, Brasil

Hoy hicimos doblete, el día amaneció mejor que ayer y como siempre me levante antes que mi mujer. Entonces empiezo a dar vueltas, me paro y me siento en un pequeño tronquito. Doy más vueltas, a sentarme y pararme nuevamente.

Cualquier cosa sirve para que pase el tiempo y esperar a que ella se despierte. No soy tan malo como para hacerlo, son sus vacaciones y merece descansar. Intenté ponerme al día con el Blog pero ya ven que no pude.

Al fin salió de la carpa y desayunamos bajo una sombra de un árbol muy grande, era temprano pero el calor ya pega fuerte. No era como ayer que el sol estaba tapado por nubes, hoy está completamente despejado.

Rápidamente fuimos a la playa y lo primero que hicimos fue asegurarnos de llevábamos el protector solar. Cuando llegamos ya estaba insoportable, la poca gente que había estaba refugiada bajo sus sombrillas. Ya saben que en la moto llevo de todo pero tampoco exagero, un sombrilla no llevé.

El día anterior había visto una “cuevita” que hacia la vegetación, nos dirigimos hacia allí. Cuando llegamos veo que adentro había a unas personas, me hago el “zota” y sigo caminando a la siguiente y ultima que había visto, también ocupada.

No quedo otra que ir a la playa y apechugarla. Protector y al agua. Siempre controlando si los ocupantes de la cueva se iban.

Al rato salen dos personas, vale me dice: “vamos que no hay nadie”. Me había parecido contar que eran tres, pero con intentarlo no perdíamos nada.

Cuando estábamos por entrar vemos que hay una persona adentro, nuevamente cara de póker y a seguir caminando. El ocupante me llama y dice que es clara la intención de entrar ahí y que él no tenía ningún problema en compartirla.

Me pongo a “tantearlo” para determinar qué tipo de persona era ya que no quería exponer a mi mujer a ninguna situación fea. Charlamos un poco y fui a decirle a Valeria que viniera, que valía la pena hablar con el desconocido.

Un poco renuente pero finalmente fue, más que nada porque confía en mi criterio. Entramos, acomodamos la lona y nos presentamos. Él se llama Joaquín, tiene 23 años, es muy flaco y alto, estaba todo recogido en ese lugar pequeño. Estaba con un sombrerito de fieltro muy hippie, con barbita cuidada y anteojos redondos. En la mano sostenía el libro “Las venas abiertas de América Latina” del escritor uruguayo Eduardo Galeano. Con ver lo que estaba leyendo ya sabía el tipo de pensamiento que tenía, y de ahí deduje que sería interesante conocerlo.

tito

Nos contó que andaba en bicicleta, había salido de su ciudad natal Tucumán hacia un año. En Brasil hacía ocho meses que estaba y en Floripa dos. Ya había recorrido la isla completamente.

Su viaje lo comenzó cargando una mochila, no pedaleando. En Misiones se encontró con cuatro uruguayos que andaban en bicicleta y uno de ellos no soportaba más y quería dejar la bici y agarrar una mochila. Hicieron el intercambio y así fue como empezó a recorrer con movilidad propia. Hacía rato venía pensándolo ya que estaba cansado de depender de otros para avanzar, de si paran o no, si van para dónde pretendías, etc.

¡Como son de distintas las realidades según las personas! El intercambio lo ve desde el punto de vista económico y piensa que el uruguayo salió perdiendo. Pero cuando estas en la ruta las prioridades cambian y desde esa mirada los dos salieron ganado.

Le preguntamos como arranco y lo que todos quieren saber siempre: con cuanto y como hace para sostener económicamente el viaje. Dijo que trabajo un mes y medio en una ART, estaba estudiando psicología y junto unos 40.000 pesos. Con eso partió hacia la aventura.

Ahora tiene un presupuesto de 10 reales diarios (Floripa es más caro, sino serían 5 reales). El lugar en el camping lo troco por trabajo, hace dos horas diarias y con eso puede quedarse, tiene que recoger papeles y pequeñas basuras (micro lixo lo llamó).

01

La charla y el lugar daba para encender un cigarrillo, yo no fumo pero Valeria sí. Joaquín prefirió armarse uno y entre pitada y pitada siguió contando: ellos son cinco hermanos, a la madre hace mucho que no la ve, al padre lo vio hace poco porque vino a vacacionar por estos lados. A veces extraña, a veces no.

Más al norte trabajó como pescador, también hizo otras changas. Está buscando la forma de conseguir un flujo de dinero estable para continuar viajando. Con la bicicleta hace 100 km diarios, la mayor parte a la mañana, para y almuerza. El resto los hace más tranquilo por la tarde.

Cuando termino de fumar ya era cerca del mediodía y se fue tranquilo. Nos quedamos solos en el refugio, le dije a vale que se quedara que me iría a la ciudad a buscar frutas. Las comimos y eran una delicia.

Por la tarde se encapoto feo, no sabíamos si se iba a largar o no. Tal vez sea puro trueno como el otro día. Esperando ver qué pasaba nos pusimos a matear.

Barajamos la posibilidad de que mañana arranquemos hacia Puerto Iguazú donde vale tiene que tomarse un avión para volver a casa, yo a partir de ahí seguiré solo.

Veremos que depara el destino. Hasta mañana.firma

 

 


Kilómetros viajados hoy: 0 km.

Kilómetros viajados totales: 1967 km.

Días viajando: 9 días.

recorrido


Links de las:  Parte 8   |    Parte 10

3 comentarios en “UN VIAJE AL INFIERNO – parte 9”

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