UN VIAJE AL INFIERNO – parte 10

Lunes 15 de Enero de 2018

Florianópolis, Brasil – Curitiba, Brasil

Se terminó lo bueno en más de un aspecto. Amaneció encapotado y como parecía que no mejoraría decidnos levantar el campamento y salir rumbo al oeste, adelantar camino y llegar a Foz de Iguazú con tiempo.

Cuando salimos del camping en vez de tomar hacia la izquierda que es el camino más corto para salir de la isla, unos 10 km. Tome hacia la derecha, para recorrer la parte norte de la isla.

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Una mala decisión: no se ven paisajes lindos y al poco ya nos comimos el primero de varios embotellamientos. Para salir de Floripa hay que cruzar un puente que si bien es amplio en temporada no alcanzan para toda la gente que hay. Las autopistas tampoco.

En Brasil tienen la costumbre que ante un embotellamiento los autos se paran a un costado y dejan una calle para que las motos circulen libremente. Si necesitas un poco de espacio tocas bocina y enseguida corren el auto. Esto siempre por el medio de la ruta, ni se te ocurra ir por la banquina como estamos acostumbrados los argentinos.

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Hablando de ellos, adivinen quien no respeta esta costumbre y pone el auto del otro lado, como asomándose a ver si puede ganar un metro. ¡Y ni se te ocurra tocarle bocina!

Con la moto pasamos bien pero igual llevo un tiempo, pusimos rumbo a Curitiba, nuestro destino del día. Hacía un calor terrible y en parte chispeaba un poco.

La ruta estaba muy cargada con autos y camiones, después preguntando nos dirían algo que debimos suponer, era 15 y había cambio de quincena. Al rato de manejar decido parar en una estación de servicio.

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Mientras desayunábamos algo, aparecieron dos flacos en moto y se fueron a ver a Jade. Tenían una pinta muy hippies y andaban “así nomás” solo con el casco de protección. Pelos largos, ropas sueltas y medio deshilachadas. Esa moda que parece rota o tal vez lo este. Las modas son complicadas de distinguir.

Entraron y nos saludamos, nos pusimos a conversar. Venían de Colonia, Uruguay, y volvían a San Pablo, su ciudad. Habían salido antes de las fiestas. Se llamaban Marcelo que andaba en una Teneré 250cc y “Kiko” en una Honda Falcón.

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Cuando fuimos a ver las motos y hablar de ellas Kiko me dijo que la suya tiene el motor muy caliente y para afirmarlo me mostró la pierna derecha que la tenía lastimada. Andaba en pantalones cortos, otra más para la crítica pero cada quien hace lo que le gusta.

Cuando le regale el sticker, automáticamente se lo puso en el parabrisas de la moto. Nos despedimos y salimos primero. Luego en la ruta nos pasaron ya que andaban más fuerte.

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Llegamos al peaje y para pagar solo se podía hacer en efectivo. Eran 1,3 reales pero no los teníamos. Vale se bajó y fue a hablar con la encargada. No hubo negociación posible, solo efectivo y con plata local.

Buscamos a alguien que pudiera cambiarnos los pesos que traíamos. En la cola no había autos con chapa argentina. Tal vez algún camionero que cruza las fronteras pudiera hacerlo. Unas personas que vieron lo que sucedía nos dieron un billete de 2 reales y dijeron que hasta Curitiba teníamos dos peajes más. Entonces había que solucionar urgentemente el tema del efectivo.

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A medida que avanzábamos en la ruta aumentaban los embotellamientos, cerca de las ciudades que recorre la BR 101 por la que tramitábamos. Saliendo de uno de ellos, al ir acelerando vemos al costado del camino nuevamente a Kiko y Marcelo le estaba echando agua en la pierna.

Se notaba que le dolía. Por el tráfico no pude parar pero me llegue a la siguiente estación de servicio y le mande un mensaje que en mi botiquín tengo cremas para quemaduras. No pudo salir por falta de internet.

En eso escucho que tocan insistentemente una bocina y cuando miro eran estos dos que estaban en la cola para cargar nafta. Me acerco y le digo a Kiko que venga. Le doy la crema Platsul, se la pone sin preguntar nada. Cuando quiso devolverla se la regalé, él la va a necesitar más que yo. Se fueron muy agradecidos, retomamos la ruta pero ahora con rumbo oeste.

El calor no daba tregua y tampoco los embotellamientos. Ya se imaginaran los ánimos que había allí. En cuanto apareció la primera ciudad más o menos grande entramos. En Palmeira buscamos un cajero para sacar plata. Dimos muchas vueltas y al final se acercó alguien en moto y pregunto qué precisábamos, le comentamos y nos dijo que lo siguiéramos.

En el camino vimos un cartel que marcaba que la temperatura era de 47 grados centígrados. Ya dije que el calor estaba “quenchi”. Nos llevó al shopping, dijo que allí había una casa de cambio y que era más seguro.

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Cambiamos cerca de 100 reales y la comisión que nos cobro era menos que si hubiéramos echo eso en un cajero. Aprovechamos para descansar con el aire del lugar. Fuimos al patio a un puesto de comidas naturales. Sándwich vegetariano y jugo de vaya a saber qué. Todo estaba buenísimo.

Salimos alrededor de las 19 hs.  y el calor había aflojado un poco. La ruta esta se convirtió en algo espectacular. Lejos la mejor que he visto en Brasil hasta el momento. Subidas y bajadas, toda rodeada de vegetación. Cruzábamos ríos llenos de piedras y con la selva al borde.

En el horizonte se veían unas nubes muy feas. Una estaba largando agua en serio (esto se sabe porque todo es de un gris uniforme y no se ve lo que hay detrás, en este caso las montañas. El grado de trasparencia del color es la intensidad de la lluvia. La dirección se ve por la inclinación de la franja y esto marca hacia donde avanza)

Venía de costado hacia nosotros pero cotejando la ruta en el GPS vi que nos alejaría de la tormenta. Así que aceleramos y pudimos pasarla. Dos veces la cruzamos y fueron unos segundos de lluvia muy intensa que alcanzo para mojarnos todo. Pero venía bien para bajar el calor que traíamos acumulado.

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Más adelante la ruta pasaba por un valle elevado y al fondo se veía terrible, nuevamente consulto la ruta y efectivamente nos íbamos a meter de lleno en la tormenta. Pare al borde del camino y nos pusimos los trajes de lluvia, también protegimos la electrónica que llevábamos. A los poco metros comenzó a llover cada vez con más intensidad.

Estábamos a casi 1000 msnm y empezábamos el descenso con la lluvia cada vez más intensa y oscureciendo. Lleno de camiones y autos que no aflojaban la velocidad. Muy rápidamente se hizo  noche cerrada. Las carreteras acá están muy bien señalizadas. Tienen cada pocos metros un material reflectante muy bueno que te indica claramente el trazado.

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Decidí parar en la primera estación de servicio que viéramos. Cuando lo hicimos y mientras nos reparábamos me conecte a internet a buscar algún alojamiento donde parar. La carpa no era alternativa.

Use la aplicación Tribago. Busque hoteles en Curitiba ya que estábamos a solo 60 km de distancia. Casi una hora de viaje con este tiempo. Reserve uno barato y hacia allá fuimos

Costo un poco encontrarlo pero cuando lo hicimos vaya sorpresa… era un telo. ¡No cualquiera lleva a su chica a un telo en Brasil!

A lo hecho pecho. Entramos y nos registramos como cualquier hotel y con las mismas condiciones.

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La habitación como las argentinas. ¡Bah! Media chota ahora que lo pienso. El baño súper chiquito. Todo se choca con todo. La tapa del inodoro con el lavatorio. El papel higiénico con el tacho de basura. El botón de la descarga esta “por allá”. A la ducha entras “de cote”. Tendrían que tener una balanza en la puerta. Si pesas más de cierto límite acá no entras.

Me gustaría contarte que nuestra habitación era la más escandalosa, pero me quede dormido.

De esta manera terminamos un día lleno de emociones. Hasta mañanafirma

 

 


Kilómetros viajados hoy: 363 km.

Kilómetros viajados totales: 2330 km.

Días viajando: 10 días.

recorrido


Links de las:  Parte 9   |    Parte 11

 

8 comentarios en “UN VIAJE AL INFIERNO – parte 10”

  1. Hola Picasso y Sra., cuanto mas leo más me asombra la impecable redaccion y ortografia, si los viajes en moto son la motivacion para fomentar la lectura (en épocas en que con los “audios” ya ni se escriben mensajes de texto), bienvenidos sean tales relatos. Otro motivo por el cual me enganché en este relato es que me trae gratos recuerdos de los primeros viajes que hice con mi mujer, en moto, por estos mismos lugares en los 80´…claro que entonces no existía internet no GoPro, lo vivido solo quedaba en nuestras mentes y con el tiempo si iba diluyendo, ahora estas experiencias ajenas reactivan algunas neuronas dormidas y nos permten volver a disfrutar. Exitos! Sigan así!

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  2. Genial como siempre tocayo, se duerme donde se puede, si es ta limpio y no hay pulgas mejor, ya te contare algún día, cuando paramos en Chile en medio de la noche en el único lugar que encontramos, donde paraste vos era el Sheraton al lado de eso ja ja, abrazo y buenas rutas!!!

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