UN VIAJE AL INFIERNO – parte 12

Miércoles 17 de Enero de 2018

Laranjeiras do Sul, Brasil – Minga guazú, Paraguay

Teníamos tirada la carpa en una franja de tierra separada por árboles que conseguimos al lado de un hotel, el guardia había dicho “de acá para allá”, bueno, la pusimos ACA. Porque ALLA no se podía tirar por un tema u otro, en uno de los espacios pise popo, no tengo muy en claro si era de perro o de que, prefiero pensar que sí era.

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Por la noche llovió, vale me despertó anunciándolo y dije “aja”, me di la vuelta y seguí durmiendo. Sé que la carpa aguanta cualquier tormenta, no por ella misma sino por el plástico que pongo entremedio del sobretecho.

Después de merendar en el restaurante del hotel volvimos a la ruta que siguió con sus subidas y bajadas. En un momento las nubes estaban por debajo nuestro, un espectáculo maravilloso, pero cuando las atravesábamos era una niebla muy densa.

En los ascensos a veces se abrían huecos que nos dejaban mirar para abajo y se veían los valles totalmente cultivados, en las cimas todo era muy selvático.

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Casi sin darnos cuenta llegamos a Cascabel donde paramos a tomar mates, Vale me comenta que en todo Brasil no vimos facturas. Tiene razón, no las hay. Solo galletitas para acompañar el mate, acá lo llaman “shimarao” (o algo parecido). Cuando lo toman lo hacen al estilo uruguayo: amargo y sin acompañarlo con nada.

Conversamos sobre donde sería mejor comprar los presentes para que Vale le lleve a sus afectos, las opciones eran Foz do Iguazú o Ciudad del Este, decidimos que entraríamos en las dos y veríamos.

Los peajes eran más frecuentes, cada 30 km,  y cada vez más caros. El ultimo de 7.10 y hace rato que se acabaron los cafés de cortesía y el WiFi. Menos mal que ya termina.

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Llegamos a las 16 hs. (ya ni se si de Brasil o de Argentina) con un sol que rajaba la tierra y le preguntaba a Valeria si sería preferible viajar con lluvia o con este sol. Me parece que pronto sabré la respuesta a esa pregunta.

Foz no nos interesó mucho y continuamos hacia Paraguay ya que nos estaba esperando un amigo y su hijo que nos alojaría, no quería hacerlos esperar.

Me había olvidado el infierno que es cruzar “El puente de la amistad” que une los dos países, es mano y contramano, el medio lo usan las motos para ir y venir indistintamente, si necesitan dar paso se meten de una entre los autos. Realmente hay que verlo para entender cómo es que no hay accidentes, más tarde Isaac diría que la maniobra es “profiláctica”.

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Pensándolo bien, la vez deje la moto en Argentina y fui en colectivo, por eso no tuve en cuenta el lío en el que me metía. Imagínense a Jade totalmente cargada y con lo ancha que es, un auto más pero en formato moto. Ni los unos ni os otros la respetaban.

Al principio del puente, en medio del quilombo, veo un edificio con el cartel de “Migración”. Si seguía llegaba a Paraguay sin haber hecho la salida de Brasil. Busque un lugar donde parar y justo vi un hueco al lado del tránsito.

En cuanto pare se me viene un milico en actitud de “eso no se puede hacer”, le digo que tengo que ir a Migración y donde podía estacionar la moto para hacer el trámite. Me contesta en un portugués cerrado como culo de muñeca, no le entendí un pito, me hacía señas como que tenía que cruzar al otro lado con Jade, es más fácil atravesar el río Tártaro, convencer al barquero que te lleve gratis, visitar el inframundo y volver.

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Que mala onda el milico, no hay nada que hacer, cuando un milico es de mierda no importa de qué país sea, es de mierda y punto. Este debe hablar el castellano mejor que nosotros, pero cero esfuerzo en hacerse entender con personas que amablemente le pedían instrucciones. Decidí seguir adelante y mañana vería como hacer ese trámite.

En Paraguay no se hace ni entrada ni salida y ni bien pasas el puente estas en pleno centro comercial de Ciudad del Este. El loquero del puente pero mejorado y potenciado. Las motos hacen maniobras imposibles, los autos les pegan finos a todo y hasta parece una danza ensayada.

Después de manejar tantos años en Buenos Aires, en pleno centro, se adquieren ciertas habilidades, entonces resulta relativamente sencillo manejar por allí. Hay que ser osado y decidido, que la moto tenga mucha reacción, tanto para acelerar como para frenar, dos ítems fuertes en la Tekken.

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Valeria sigue dejando nuestra marca en donde vamos

De a poco salimos del ojo de la tormenta, en una boca calle casi me llevo puesto al miliquito que dirige el tránsito. Mejor sería decir que se para un ratito en medio de la calle pero cada uno hace lo que quiere. Para colmo esta uniformado de camuflado ¡Son geniales para el quilombo estos paraguayos! Ni un semáforo, días después vería uno en una calle sin tránsito.

Hace rato que no les cuento nada de Valeria: estaba viviendo todo como en un zoológico, como mirando la jaula de los leones… ¡pero desde adentro!

Estaba muy asustada porque a cada metro que nos movíamos, siempre a milímetros de chocar, o de que otros choquen o que pisen a alguien. Para sumarle dramatismo decía que todos la miraban con cara de asesinos seriales. Me pedía por favor que saliéramos de ese país.

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Normalmente ante una palabra mía se calma, así es su confianza en mí. Esta vez no había caso, tuve que seguir adelante rezando para que no tuviera razón.

Continuamos por la ruta internacional y de pronto veo un cartel que anuncia más adelante un peaje y que se paga en efectivo con moneda local, de más está decir que no tenía así que salí de la ruta y fuimos a la primera estación de servicio que vimos. Allí preguntamos la hora y nos dijeron 14:30 hs, sonamos, otro uso horario distinto a los demás. Más tarde averiguaríamos que esto no es cierto, tienen el mismo que la Argentina.

Me acerque al despachante de la estación y se generó el siguiente dialogo:

  • Más adelante hay un peaje, ¿cuánto cobraran para pasar?
  • Unos 20.000 Guaraníes.
  • ¿Dónde puedo cambiar plata?
  • Acá, yo te cambio.
  • ¿Cuantos Guaraníes me das por 100 Pesos Argentinos?
  • Unos 20.000 Guaraníes

Me lo dijo después de hacer varios cálculos mentales mirando para arriba y poniéndose el dedo índice en los labios en actitud muy contable, a lo que le respondí:

  • ¿El peaje cuesta 100 Pesos Argentinos?

Acá si no estás muy despierto te acuestan enseguida, y te violan entre varios. Nos cambiamos de estación de servicio a otra que tuviera Wifi para comunicarnos con nuestro amigo Eduardo y que él nos guiara en los siguientes pasos.

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¡Como odio ver esos carteles!

A las cuadras había otra y cuando logramos contactarnos nos dijo que siguiéramos tranquilos porque la casa estaba antes del peaje. Programamos el GPS y partimos. Como frecuentemente lo hace nos mandó para cualquier lado pero finalmente llegamos a la casa de Isaac, su hijo. Nos estaba esperando tranquilamente sentado a la sombra de un gran árbol.

Nos dio la bienvenida y después de las presentaciones entramos a Jade y nos relajamos bajo el árbol tomando unos tereres. Después nos mostró nuestra habitación y por la noche nos cocinó unas pizzas riquísimas. Su conversación es genial porque es muy risueño.

Valeria ya había cambiado de opinión sobre los Paraguayos con tanta amabilidad. ¡Qué bueno es conocer gente de corazón tan generoso que se brindan plenamente ante desconocidos! En esto me considero un afortunado.

Mañana te cuento la vida en Ciudad del Este. Nos vemosfirma

 

 


Kilómetros viajados hoy: 320 km.

Kilómetros viajados totales: 3017 km.

Días viajando: 12 días.

recorrido


Links de las:  Parte 11   |    Parte 13

 

5 comentarios en “UN VIAJE AL INFIERNO – parte 12”

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