UN VIAJE AL INFIERNO – parte 13

Jueves 18 de Enero de 2018

Minga Guazú, Paraguay

El día anterior fue tan lleno de emociones como cansador, queda mal decirlo pero la verdad es que los dos nos fuimos a dormir sin bañarnos. Cero energías nos quedaban. Estábamos fusilados.

Al despertar ya con calor, la habitación olía como la jaula de los osos del zoo. Lo primero fue pegarnos una ducha y ponernos presentables ante nuestro anfitrión, quien pidió el día en el trabajo para llevarnos al centro de Ciudad del Este oficiando como “guía de compras”. Un lujo que pocos se pueden dar.

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El cielo estaba encapotado, prometía continuar con lo que creíamos terminado. Bastante temprano nos fuimos en auto para el centro. Isaac manejaba “como un poseído”, parece que ese es el estilo que se usa acá. Todo es aceleradas, frenadas con lo justo, finos de película, maniobras osadas, etc. Mejor conversar y no mirar hacia afuera o pondremos a prueba nuestra salud cardiaca o mental.

Cuando llego doblo allí, tomo por allá, siguió dos cuadras, volvió a doblar y retomar… y ya me perdió. Ni idea por donde estábamos pero el tráfico y las personas se incrementaban con lo que estime que nos acercábamos a la zona comercial pero desde calles laterales.

Giro bruscamente y de una adentro de un estacionamiento. Isaac no tiene para nada la fisonomía de un paraguayo típico. Tiene rulos, tez clara, etc. Con esas características da turista de cajón, entonces nos contaba que pregunta un precio y le dicen 100, les habla en guaraní y entonces bajan a 50 o 60. Estas cosas lo enojan como a todos los que habitamos una ciudad turística, en San Pedro también pasa pero no tan descarado.

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Cada vez que se relaciona con alguien lo hace en guaraní. No se entiende un pomo y me suena a árabe. Dejamos el auto y fuimos a la media cuadra a una casa de bolsos. Como sigamos con estos viajes me voy a terminar poniendo un negocio de valijas en casa.

Por una cuestión de días de vacaciones, Valeria siempre se tiene que volverse antes y yo sigo solo. Entonces tenemos que comprar un bolso gigante para poner el equipo de moto, el casco, las botas, la bolsa de dormir, la colchoneta, o sea, todo lo de ella más las compras que haga y los presentes que lleve.

Siempre pagamos sobre precio por excedernos en el peso del equipaje. También compramos un bolso de mano o una mochila. Después llega a casa y ahí queda tirado ¿Para qué queremos un bolso gigante?

Lo tuvimos que hacer en Chile y también en este viaje. Algo vamos a tener que inventar. Ahí fuimos en primera instancia, ya que era lo más necesario. Compramos un bolso gigante y una mochila. Los más baratos que encontramos, solo se van a usar una vez.

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Aprovechamos lo económico que estaban y compramos un par de cosas más: Vale una cartera hermosa, animal print como es su estilo y me regalo un camelback. Vamos a probarlo a ver qué tal resulta en la moto.

Cuando terminamos con los bolsos, pasamos al siguiente ítem: perfumes, ni de chiste me agarran en esa. Fuimos a un shopping llamado CellShop. Es muy famoso y muy bueno. Es genial porque tiene pisos con distintos departamentos. Yo me quede en electrónica y los otros dos fueron a ver perfumes y cosméticos, nuestro guía tiene una empresa de eso así que conoce del tema.

Vi hermosos chiches electrónicos, que si bien están más baratos que en Argentina, igual salen una pequeña fortuna. Un par de cosas que estaban a muy buen precio y las compre: una cámara de acción como la que tengo, marca SJCam que confío mucho y como no es tecnología de última generación la pague 1.200 pesos argentinos.

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También compre una cámara digital Nikon de 20 megapixels muy amateur pero muy barata, para tenerla a mano en todo momento y no preocuparme como con las maquinas caras.

Además un trípode “gorilla”, esos que se doblan todos y podes ponerlos en cualquier parte, veremos si le doy buen uso. Por mi parte re contento con lo que compre y no gaste mucho. Mucho más contento entonces.

Di una rápida recorrida a todos los pisos y encontré a mis compañeros, Vale también estaba contenta igual que yo y por los mismos motivos. ¡Cómo me llena el corazón verla así!

Cuando terminamos con eso ya no teníamos más cosas que comprar. Entonces saque el comodín que siempre tengo: ir a mirar cosas de motos. Isaac conocía un par y fuimos a la mejor según él, también los precios eran los mejores… ¡para ellos!

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Mucho mirar, un poco de tocar pero nada de comprar. Muy lindas cosas, ninguna necesaria. Me dije: “voy a invertir y cambiar los intercomunicadores”, veamos alguno mejor. Me incline por unos marca Senna que solo son para usarlos con el acompañante.

No justifico la escalada de valores por características que uno nunca usa. Soy un lobo solitario y no ando en grupos, por lo tanto no iba a comprar uno de múltiples vías y grandes distancias.

Entre tanto entusiasmo de a poco empezó a llover, seguimos caminando pegados a las paredes y refugiándonos en los toldos. La lluvia no nos detenía, para cuando terminamos era una tormenta fuerte con todas las letras.

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Dentro del auto pude observar mejor la situación. Resulta que la ciudad no tiene alcantarillas, por lo tanto toda el agua se desplaza por la calle según la pendiente que tenga. Se va juntando y alguna esquina queda abnegada.

El agua arrastra la tierra colorada y parece sangre corriendo. Esto no es una exageración y quien lo haya vivido puede dar fe, se crea una escena dantesca. Otro dato curioso es que el agua no remueve la mugre de los autos, me dicen que la empeora.

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Estaba mirando los colores de los autos para ver cuál conviene para que no se vea tan sucio, creo que no hay ninguno que sirva. Para colmo la tierra es abrasiva y al mandar el auto al lavadero es peor porque los detergentes que usan son muy fuertes. El famoso dicho de no saber si es peor el remedio o la enfermedad.

En medio de ese temporal volvimos, después nos enteraríamos que cayeron 200mm en un rato. ¡Pavada de tormentas tienen por acá! Llegamos bastante más tarde de lo que planeábamos y rápidamente tuvimos que prepararnos ya que Eduardo nos esperaba en su casa para cenar.

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Fue una noche muy buena, nos presentó a Mijo, su pareja. Las mujeres hablaron de sus temas y nosotros pudimos hablar de motos tranquilamente. Tiene una V-strom 650 y rutea pero no tanto como le gustaría, las obligaciones laborales lo condicionan mucho. Me parece que pronto pegara una patada al tablero y tendremos otra historia que contar.

Así continuo la noche y termino el día. Hasta mañana.firma

 

 


Kilómetros viajados hoy: 0 km.

Kilómetros viajados totales: 3017 km.

Días viajando: 13 días.

recorrido


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8 comentarios en “UN VIAJE AL INFIERNO – parte 13”

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