Un paseo por Catamarca – parte 12

Colonia Dora (Santiago del Estero) – San Pedro (Buenos Aires)

Quedaban 750 km hasta mi casa. Tenía planeado arrancar a las 6 de la mañana para llegar temprano. Puse el despertador y cuando sonó por el frío que hacía me quedé dentro de la bolsa de dormir y lo reprogramé para las 7 am.

Repetí la situación hasta para las 8 de la mañana. Cuando se hizo esa hora ya me daba no sé qué seguir acostado, hacía rato que había terminado el ruido de los camiones al arrancar.

Una mañana muy fría pero soleada. Junté todo y algunas cosas las guarde mal total no volvería a usarlas. Para no perder más tiempo arranque sin desayunar.

Algunas personas conocedoras me habían advertido que nunca tomara la ruta 34 ya que es un infierno de camiones, pero quería conocerla así que desoí todo y me aventure por ella.

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Ya en los primeros kilómetros me arrepentí de la decisión, pero ya estaba en el baile. Es un rosario de camiones, el ritmo de viaje no supera los 80 km/h y muchas veces está por debajo de ese número.

Para estar en esas procesiones hay que tener una paciencia zen, soportar la situación sin andar asomándose a ver en qué momento se puede sobrepasar.

La circulación de camiones es tan grande que lo normal es ver los vehículos por grupos. Primero el camión lento, detrás uno o dos más tratando de pasarlo y luego vienen los autos que se hayan juntado. En total una media de 7 vehículos por tiro. Por ultimo hay un espacio de algún centenar de metros y otra vez el mismo esquema.

Si por alguna casualidad se llega a pasar al grupo hay que ir muy atento al acelerar ya que en sentido contrario viene otro grupo y tal vez algún osado haga una maniobra peligrosa tratando de ganar algunos metros.

Sobre todo nosotros que vamos en moto. Para asegurarme que me respetaran iba con todas las luces prendidas incluidas las auxiliares para que me vean, en cuanto veía algún rodado sobre mi trazada comenzaba a hacerle señas de luces para advertirle mi presencia.

Aun así varias veces tuve que desacelerar para dar tiempo a que se acomoden en su lugar. Con toda esta actividad pareciera que uno va entretenido y atento al camino. Todo lo contrario, se vuelve muy aburrido.

En estas situaciones yo me pongo a cantar, no lo hago bien pero la acústica del casco y el ruido del viento que se filtra disimulan mucho la situación. El grado de aburrimiento está dado por el volumen del canto, yo venía a los gritos.

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Deje de hacerlo cuando comenzó  a dolerme la garamanta. Tuve que buscar otra cosa para entretenerme, entonces me puse a contar vagones de trenes porque pasaron cuatro.

Hacia media mañana en el horizonte se dibujaban unas formaciones oscuras muy parecidas a las montañas cuando uno se va acercando. Algo totalmente imposible ya que mi rumbo era hacia el Este, casi en el límite con la provincia de Santa Fe.

Eran nubes de tormenta, más exactamente el frente de frío polar que avanzaba en el mismo sentido pero al ir más rápido lo estaba alcanzando.

Me di cuenta que el viaje se pondría frio y lluvioso. Decidí parar y ponerme el equipo de agua y preparar la moto para la lluvia.

Una muy buena idea ya que unos kilómetros más adelante empezó a chispear. Prefiero una cortina de agua torrencial y no pulverizada que moja igual pero no corre por el visor imposibilitando ver correctamente. La única solución es acelerar más para que el viento producido por el desplazamiento corra las gotas.

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Así fue el resto de la mañana y continúo todo el día. Hice dos paradas haciendo tramos de 200 km cada uno, unas tres horas de manejo.

A Rosario llegue de noche y pare en la estación de servicio que esta sobre la Panamericana después del peaje. Cene algo allí y me prepare para hacer los últimos 100 km que quedaban.

A veces es difícil hacer primar la seguridad. Después de un viaje largo uno lo único que quiero es llegar a su casa y dormir en mi cama.

Esa es una de esas situaciones donde se toma el riesgo que significa viajar de noche por llegar rápido. Lo hice porque conozco esa ruta y tome precauciones para minimizar riesgo.

Busque un camión que circulaba a unos 80 km/h y que además tuviera mucha iluminación trasera. Me mantuve a 5 segundos de distancia (1) con esto me aseguraba que nadie me llevara puesto ya que el camión impedía el paso.

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Además apartaría cualquier objeto que hubiera en la ruta y el movimiento de las luces me mostraba anticipadamente si había algún desnivel en la calzada.

De esta manera llegué a mi terruño y fue muy agradable reencontrarme con mis afectos y cosas. Creo que uno sale a pasear para volver y valorar mucho más lo que se tiene. Romper con la zona de confort para redefinirla y evolucionar.

Una aventura termina para que otra empiece.

Hasta ese momento y gracias por leer.firma

 

 

(1) En ruta la distancia de frenado se mide en tiempo y no en metros. Ya que la velocidad cambia y por lo tanto la cantidad de espacio necesario para la frenada. En cambio midiendo el tiempo ajusta está perfectamente.

Parte 11


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Un paseo por Catamarca – parte 11

Tafí del Valle (Tucumán) – Colonia Dora (Santiago del Estero)

Tuve un sueño bastante interrumpido, muchos ruidos de puertas abriéndose y cerrándose en el hostel, chicos corriendo y grandes retando. Llego la mañana y con ella el desayuno.

Cuando todo estuvo organizado, incluida una compra de última hora por encargue, fui al baldío donde estaba Jade.

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Ahí había pasado la noche estacionada debajo de un techo, si bien hizo frío no fue tan terrible. Le tocaba un pequeño “service”, cambio de aceite, control de batería y trasmisión.

Saque las herramientas, busque botellas descartables para poner el aceite viejo y una bolsa de plástico sirvió de base por si algo caía no se ensuciara con la tierra.

Sacar el tapón de abajo es simple pero incómodo, lo hice despacio para que drenara el líquido en el tacho. Cuando estaba por llenarse quise ajustar nuevamente para cambiar el recipiente pero se terminó de aflojar y se salió.

Se hizo un enchastre bárbaro. Todo el aceite derramado. Tire tierra encima para que lo absorba y no avanzara.

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Pude hacer todo correctamente salvando ese inconveniente. Arme la moto reubicando cosas para poder llevar los presentes que se agregaron a la carga.

Cuando estaba todo listo emprendí el regreso, a partir de este punto considero que el viaje terminó y solo queda el retorno al hogar.

El camino que desciende de Tafí es uno de los más lindos que conozco. Va haciendo zig zag por la ladera de la montaña y muy rápidamente se llena de vegetación.

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Por el otro lado nos acompaña hasta abajo un río que va descendiendo entre piedras. Realmente todo muy bello. Son las yungas que hay en ese valle. Uno se cansa de doblar pero desea que el paseo no termine nunca.

Pero lo hizo al final. De pronto todo se transforma en un llano, campos con cultivos de cañas de azúcar y las montañas con sus hermosos paisajes están allá, detrás de las nubes. Apenas se perciben y siempre pienso que tal vez todo fue un hermoso sueño.

A medida que pasan los kilómetros se van escondiendo detrás de un velo azul, resulta increíble que haya paisajes tan hermosos ahí nomás, detrás de aquella curva. Están como velados esperando a los aventureros que quieran descubrirlos.

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Tuve que agarrar varias rutas hasta poder empalmar con la 9 que me llevaría a Santiago del Estero, de allí tomar la 34 hasta Rosario.

De pronto todo se ha transformado en un paisaje totalmente conocido, campos cultivados y nada interesante donde posar la vista.

Pase por la Termas de Río Hondo y por dos minutos me plantee la posibilidad de quedarme allí, hasta que me acorde que la malla quedó en un baño de Fiambalá por si alguien la necesitaba.

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Pase de largo igual que a la capital, Santiago del Estero. La ruta tomo un puente muy lindo y después una circunvalación, por lo tanto no vi nada de la ciudad.

Trate de hacer la mayor cantidad de kilómetros para tener la posibilidad de llegar mañana a mi hogar. Por delante quedan casi 800 km.

Si quiero hacerlo tendré que subirme a la ruta muy temprano y estar allí todo el día. Haciendo paradas breves para no llegar de noche.

Hasta entonces.firma

 

 

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Un paseo por Catamarca – parte 10

Hualfin (Catamarca) – Tafí del Valle (Tucumán)

El hospedaje donde me alojé realmente fue un lujo. No por el lugar que estaba correcto, sino por las personas que lo atendían, una familia. Me hicieron una merienda y después la cena. Salí de allí muy cerca del mediodía.

La ruta 40 es realmente hermosa. En partes iba custodiado por un cordón montañoso a cada lado, después se abrieron hasta el horizonte dando paso a una llanura espectacular.

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Tuve que bajar un poco la velocidad por el viento, pero más que nada por la cantidad de animales que había en la calzada. Pasaba tocando bocina para que se corran los burros, los chivos, las ovejas, los caballos y hasta personas que jugaban al fútbol sobre la ruta en algunos pueblos.

El día estaba soleado pero bastante frío, me puse el equipo completo para no sentirlo. Hacia las 15 hs llegué a Amaicha del Valle, donde pensaba parar a almorzar.

Entre despacio muy atento a los carteles buscando un comedor. En vez de eso vi indicaciones de donde vivían los artesanos. El primero que visité resulto ser un alfarero donde compre dos vasijas de barro para la sopa.

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Yo la voy a odiar, pero mi mujer las va a amar ya que mantienen el calor mucho tiempo. Me la voy a pasar soplando como queriendo apagar esas bengalas que le ponen ahora a las tortas.

Más adelante vivía otra artesana que se dedicaba al tejido. Allí por fin encontré lo que estaba buscando. Pero no lo comento porque es una sorpresa para mi mujer, solo diré que es bellísimo y muy barato.

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En toda la provincia de Catamarca no hay fomento para el turismo y mucho menos para sus artesanos, los trabajos que vi eran realmente muy pobres y no motivaban a su adquisición.

Estuve buscando también algo lindo que dijera “Recuerdo de Catamarca” y no encontré nada.

Almorcé frente a la plaza unos tacos exquisitos, si bien es comida tradicional mexicana acá le pusieron la variación de amaicha.

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Volví a tomar ruta con destino final en Tafí. El camino va serpenteando por la ladera de la montaña ganando altura metro a metro y mostrando el valle cada vez más arriba.

Todo lleno de cardones (esos cactus gigantes) que volvieron a aparecer.

En algunos momentos la calzada tiene parche sobre parche y termina con un desnivel tan grande que uno termina extrañando los serruchos del ripio.

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Al pasar al otro lado de la montaña cambio nuevamente el clima. Antes se había templado y estaba relativamente cálido pero volvió a enfriarse mucho. Aproveche paradas para sacar fotos y volví a abrigarme.

Ya llegando encontré el árbol donde el año pasado hice una foto mágica. Todo desértico con sus colores amarillos y la copa toda nevada de la noche anterior. Saqué la foto que atestigua los dos momentos.

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Al acercarme a la ciudad pude ver lo grande que es Tafí del Valle y la ciudad que esta contigua, El Mollar, que está más allá junto a un lago.

Voy a pasar la noche acá y mañana le toca un service a Jade. Luego ya agarrar ruta directo a mi ciudad. Las etapas de ruta determinarán el horario de salida de acá.

Hasta entonces.firma

 

 

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Un paseo por Catamarca – parte 9

El Peñón (Catamarca) – Hualfin (Catamarca)

Ya desde ayer, cuando llegué, todo el mundo diciéndome que el camino al Campo de Piedra Pómez era imposible. Le preguntara a quien le preguntara siempre la misma respuesta, miraban la moto y me decían que no pasaba, que era muy pesada y se enterraría.

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Estas cosas y la preocupación de dañar el embrague de Jade me tuvo toda la noche y la mañana pensando en que hacer. Ir en una 4×4 de excursión no me apetecía, menos a $1000 por cabeza.

¡Mejor me pegaba la vuelta y listo!

Cuando termine de mariconear desmonté los baúles y todo el equipaje que no iba a necesitar. Fui a la oficina de informes donde me hice de un mapa del camino.

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Ni bien se sale de El Peñón por un camino descendente metro a metro se incrementa el deterioro de la calzada hasta que termina desapareciendo y transformándose en ripio.

Hay un cartel de madera que anuncia la entrada hacia el campo. Y allí se acaban las indicaciones.

Creo que todo es una maniobra de los lugareños para que sí o sí uno contrate la expedición que ofrecen o a lo sumo busque a un baqueano que conduzcan los vehículos. Hasta el mapa no está bien realizado y es confuso.

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En algún punto me desvié hacia la derecha y me dirigí hacia el volcán Carachipampa. El paseo estuvo bueno y pude llegar hasta la base, todo el piso y laderas de piedras negras como quemadas.

Hacia el horizonte se veía el campo pero cuanto más avanzaba más me apartaba de él. Busque unas dunas que supuestamente tenía que pasar por el este y las encontré por mi izquierda. O sea que estaba bastante desviado del camino.

Decidí volver sobre mis pasos y buscar algún sendero que se dirigiera hacia el sur. Después de andar un rato por fin lo encontré y pude tomarlo.

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El camino que abandoné era difícil pero este nuevo realmente era bravo. Me obligo a pilotear todo el tiempo, exigiéndome al máximo. Mucha parte de él tuve que ir parado en los pedalines para poder controlar la moto.

Cuando tuve la duna a la derecha como indicaba el mapa, duna blanca se llama, empecé a manejar sobre arena cada vez más suelta.

En un momento cruzando por un banco muy profundo la rueda delantera se enterró y la moto se inclinó hacia la izquierda. Nos caímos sin mayores consecuencias. La moto atrapo mi pierna pero pude apartarla.

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Me saque la campera, el casco, los guantes y todos los elementos de protección ya que hacía calor. Tomé un par de fotos y rápidamente puse la moto en vertical.

Por el caño de venteo del tanque estaba saliendo gasolina y realmente era un punto que me traía preocupado. La estación de servicio más cercana quedaba a 170 km y no sabía cuánto consumiría en el paseo. No estaba holgado para andar tirando nafta por ahí.

Después de la duna hay una subida de arena volcánica, no es tan jodida como la de la duna. Pero arena es arena.

Bajando se llega finalmente al campo. Algo impresionante. Fui bordeándolo hasta llegar a un “estacionamiento” y desde allí se entra a pie para recorrerlo.

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Emociona caminar por esas piedras. Ver las formaciones que la naturaleza hizo. Una blancura que hieren los ojos si no se usa lentes oscuros.

Cuando estaba volando el dron un guía me comento que después del medio día levantaba el viento y empezaba a arrastrar arena de la duna blanca llegando a tapar o imposibilitar de ver el camino.

Entonces me apure a guardar todo y arranque detrás de una camioneta manejada por un lugareño. Hizo un camino parecido al que llegue pero no respetándolo totalmente. Entonces al pisar suelo “virgen” sin huella la moto se comportaba mejor. Se dejaba llevar.

En algún momento perdí de vista a la camioneta pero estaba orientado hacia donde debería ir. No había huella que me guiara, así y todo pude llegar al cartel de indicación de la ruta.

Realmente es un paseo único pero no lo recomiendo para principiantes o viajeros solitarios, puede tornarse peligroso.

Volví a el pueblo y arme nuevamente la moto, puse la nafta que llevaba en el bidón en el tanque  y me puse a hacer cálculos mentales si me alcanzaría.

Antes de arrancar suspire murmurando: MISION CUMPLIDA. Pude llegar al campo como me había propuesto al imaginarme este viaje. Eran las 15 horas y tenía 160 km por delante.

Recordaba el tramo de ripio, pero después de la paliza de la mañana sería un camino en perfecto estado.

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Para cuando iba llegando a la bifurcación que se llama El Eje el clima se puso realmente frío. Ya hacía rato que soplaba el viento y era genial porque lo traía de cola.

Paré en la primera ciudad sobre la ruta 40 llamada Hualfin, busque donde alojarme.

Allí pude relajarme frente a un hogar hermoso y revisar mapa para ver por donde tomaría para retornar a mi hogar.

Hasta entonces.firma

 

 

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Un paseo por Catamarca – parte 8

Tinogasta (Catamarca) – El Peñón (Catamarca)

La noche fue muy fría, me sorprendio que a la mañana hiciera tanto calor. Al preguntar sobre esto me dijeron que estaba soplando el viento Zonda.

Que trae un aire muy seco y caluroso, conjuntamente con mucho polvo. Después viene la helada, esto ya no me gusto nada.

Tomé la ruta 60 y luego empalme con la famosa ruta 40. Ni bien lo hice del margen izquierdo se presentaron unas montañas imponentes.

Hay montañas sonsas. Así, como no queriendo serlo. Con sus laderas cubiertas de arena o tierra. Sin nada especial. Solo estan ahí.

Tambíen hay montañas muy coquetas, llenas de colores y formas. Normalmente andan en conjunto. Se diferencian unas de otras y cuesta decidir cual es más linda.

Pero hay otras que estan bien plantadas sobre la tierra. Pura piedra, cortes como cicatrices de peleas por donde baja el agua desde la cima. Su presencia no pasa desapercibida y causa admiración. De estas montañas estoy hablando. Me acompañaron por muchos kilómetros.

Llegué al medio día a la ciudad de Belén y estaba arrancando un festival. Paré para comer algo y buscar algunos regalos entre los artesanos que estaban exponiendo sus productos.

No me demore mucho y continué con mi camino bastante rápido, seguí hasta la ciudad de Hualfin donde comprendí que había equivocado la ruta otra vez.

Nuevamente esto de andar perdido y sin un rumbo concreto, me pasé de donde tenía que doblar. Tuve que desandar algunos kilómetros hasta un cruce llamado El Eje para tomar la ruta 43 y dirigirme hacia El Peñon, donde pensaba hacer noche.

Dista unos 150 km. Los primeros diez son de cemento y luego hay 30 km de ripio en relativo buen estado. después de ese tramo nuevamente cemento hasta el destino.

En alguna parte del camino tuve que detenerme y ayudar a otro motero que se dirigía al pueblo llamado Laguna Blanca.

El paisaje es algo cautivante. Al principio se recorren valles, después algunas dunas que quieren tragarse la carretera y por ultimo unas llanuras inmensas con pastos secos y pintando todo de amarillo.

Iba contemplando todo embelezado hasta que noto que el motor empieza a trabajar a marcha forzada. Me extraño mucho y decido cambiar la pantalla del GPS a datos numéricos donde me da información de la altura.

Allí descubro que lo que parecía plano no lo era en absoluto. Es un pendiente bastante pronunciada pero ante la bastedad del paisaje no se nota. Llega hasta los 3960 msnm. Casi estaba a 4000 metros y si no era por el motor ni me avivaba.

Llegando a la cima de esa “loma”, me da no se que decirle montaña porque no lo era, hay que tener cuidado con los pequeños arroyitos que cruzan la ruta ya que tienen hielo.

A esa altura el clima se había puesto realmente frío. Volvió a solpar el viento y con bastante fuerza. Faltaban muy pocos kilómetros para llegar por lo que no incremente mi abrigo. Esto tuvo consecuencias ya que llegué helado.

El pueblito es el típico de casitas de adobe con algunos beneficios de la civilización.

Rápidamente busqué donde alojarme y un comedor para cenar, comí bife de llama a la criolla. Muy rico realmente.

Mañana será el día de cumplir el objetivo del viaje a Catamarca: visitar el campo de piedra pómez.

Hasta entonces.

 

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Un paseo por Catamarca – parte 7

Complejo termal Fiambalá (Catamarca) – Tinogasta (Catamarca)

Me levante a las ocho y me dirigí al comedor del complejo para desayunar. Estaba cerrado y todo desierto. Aproveche para explorar y sacar fotos. Llegué casi hasta la vertiente de las aguas termales.

Luego me fuí a sentar cerca del comedor esperando que abriera. De a poco comenzaron a ir los bañistas a las piletas.

En la terraza donde estaba dos chinos vinieron a sacarse fotos. Los escuche hablar en su idioma. Cuando quedo uno solo le pregunte si entendía el castellano, me respondío en perfecto “porteño”.

Nos pusimos a hablar y me contó que le dicen “chapi”. Es argentino descendiente de chinos y pertenece a una organización que nuclea a varias fundaciónes. Participan junto a CRU Misión Valle Calchaquies. (1)

Llevaron camiones con donaciones realizadas por la comunidad china hasta Salta donde hicieron su base de operaciones.

Desde allí las distribujeron en escuelitas rurales de los Valles Calchaquies. “Chapi” fue el encargado de llevarlas con su grupo a Humahuaca e Iruya.

Me contó que esta es una acción directa ya que la comunidad siempre hace donaciones pero al entregarlas para su distribución las ponen en bolsas con bandera política. Típico punterismo argentino.

Eso los afecta de distintas maneras, principalmente en la imagen del inmigrante que se quiere integrar. Por el otro lado me conto una anécdota bastante triste, la de un inmigrante chino que dono mercadería y fue entregada como donación de una fuerza política. Luego la gente que la recibió saqueo el supermercado que la había dado.

Que cada uno reflexione sobre nuestros abuelos o bisabuelos y su lucha por integrarse.

En lo personal lo vivo en carne propia cuando me dicen que Jade, mi moto, por ser china es de mala calidad. Pero los dichos se refutan con acciones, 44.000 km al momento, es la distancia ida y vuelta hasta Alaska.

Después de desayunar me metí a las piletas. Empecé por la que había estado anoche y casi quedo rostizado, como había chicas cerca me aguante el grito y a fuerza de voluntad me quedé allí hasta el medio día.

Me tomé unos mates y nuevamente al agua otro par de horas. El día era esplendido y hacía calor. Todavía no había decidido si quedarme o partir.

Para las tres de la tarde comenzó a nublarse y ya estaba medio aburrido así que todo dicho. Prepare todo y baje de la montaña.

En Fiambalá había un festibal, pregunte y me dijeron que se llamaba “Jornada sentir y vivir lo nuestro, primera edición fiesta y concurso de la empanada y el locro”.

Dí un vuelta, comí algunas empanadas. Un grupo folklórico estaba bailando y al fondo estaban jugando a la taba por plata.

Me acerqué a curiosear y pregunte como se jugaba. La cosa resulto simple: se revolea la taba, tiene que pasar la marca hechas por unos palitos. Si cae del lado dorado ganaste. Si cae del plateado, perdiste. Y si cae de lado no pasa nada.

Agarré la ruta con el propósito de llegar a la ciudad de Belén que esta a 200 km, pero primero hice una parada en el ACA de Tinogasta a cargar combustible.

Llegando allí me sentía afiebrado, me imaginé que por la diferencia de temperaturas en las termas. Entonces decidí hacer noche ahí y buscar una farmacia para tomar algo que me ayudara.

También fuí al super a compar algo, ya en el hotel a bañarme y descansar que mañana tengo que manejar bastante.

Hasta entonces.

 

Parte 6   |   Parte 8


(1) Para más datos o consultas de la organización:

https://www.facebook.com/proyectovas/

https://www.facebook.com/fundaciontodosjuntosporvos/

 


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Un paseo por Catamarca – parte 6

Fiambalá (Catamarca) – Complejo termal Fiambalá (Catamarca)

Fui el primero es levantarme en el hostel. Mucho frío y unas nubes que desanimaban a cualquiera.

Afortunadamente y muy rápidamente se fueron para algún lado y quedo un día totalmente soleado que de a poco se fue calentando.

Desayune tranquilo y para cuando estaba con el mate comenzaron a caer por la cocina los pasajeros. Se converso poco, cada uno luego del café partieron hacia lo que planeaban visitar.

Arme todo y me fui a ver a Jade que había quedado en el patio del fondo. Controle el aceite, la tensión de la cadena y me fije si necesitaba lubricación. Cuando quede conforme la “ensille” y salí hacia el destino elegido.


Quería visitar en primer lugar el Cañón del Indio. Me habían dado las indicaciones para llegar pero se equivocaron bastante con las distancias.

Me habían dicho que lo único que señalizaba la entrada era un pequeño apilamiento de piedras hacia la banquina izquierda. Cuando recorrí los kilómetros que me habían comentado empece a buscar el mojón.

Un poco mas allá había uno y un camino bastante marcado y todo de arena. Nunca me dijeron que ese era el tipo de elemento que tendría que cruzar.

Hice de tripas corazón y me metí. Las imágenes que me mostraron del cañón valían la pena. Fuí llevando a Jade hacia el interior, pero de formaciones rocosas ni noticias.

Cuando me convencí que no era el camino correcto aproveche la ocasión para sacar fotos agrestes. También volé el dron para tener un registro completo.

Desde donde estaba veía hacía la derecha unas rocas que tal vez fueran las buscadas. Nuevamente a la ruta y a encontrar una entrada que me acercara a ellas. La ubique un par de kilómetros más allá. Un camino peor que el anterior y nuevamente no me llevo a ningún lado.

Regrese sobre mis pasos y decidí alejarme un poco con rumbo al paso San Francisco que cruza a Chile,al menos para pasear ya que la mañana se había tornado espectacular.

Fuí viendo varios mojones pero el entorno no mostraba ninguna montaña que pudiera tener un cañón.

Cuando ya estaba por pegarme la vuelta veo toda la combinación esperable y además una flecha en el piso hecha con piedras.

Un camino mitad ripio y mitad arena me fue metiendo por la garganta del cañón.

Un lugar único. En un punto no se puede transitar más y entonces continúe a pie hasta el fondo.

Nunca vi la cabeza de ningún indio pero el lugar tiene una energía muy particular. Me quede horas disfrutándola y escuchando el silencio, a veces roto por una brisa de viento.
Realmente muy pintoresco pero saque muy pocas fotos ya que no podía romper la quietud del lugar.

Cerca de las 16 hs entré nuevamente en Fiambalá y me dí cuenta que estaba sin almorzar. Pare a comer y pedir referencias de como llegar a las termas.

Tienen una señalizacion cuanto menos cuestionable pero pude llegar. Me cobraron el ingreso y el camping, decidí acampar allí a pesar que la noche anterior había nevado.

Para quien no conoce es una ruta que serpentea entre montañas. Con subidas y bajadas.
En la subida final primero aparece una casilla que oficia de boletería y control de acceso. Un kilómetro más arriba a mano izquierda esta el camping.

Preferí seguir subiendo para conocer todo antes y menos mal que lo hice así. La pendiente es muy pronunciada y esta bastante lejos del complejo.

Esto no lo subo ni mamado me dije. Acabo de cumplir 50 años y algún beneficio debería tener. ¿No?

Llegué a la parte más alta donde esta el estacionamiento y veo varios motor home y casillas estacionadas. Hable con el que cuida y pedí permiso para acampar en un rinconcito.

Muy amable me lo concedió y pude establecerme en el playón mas cercano a las piletas. Al lado tengo el baño con ducha y todo. Nuevamente arme el rancho completo por si nuevamente quiere nevar como lo hizo la noche anterior.

Una vez listo me puse una malla que me regaláron en el hostel cuando comente que me la había olvidado. Fuí a conocer las famosas termas.

Realmente tienen la fama bien merecida. Son espectaculares. Una serie de piletas hechas con piedras conectadas entre sí por cascadas que van enfriando el agua.

Uno elige en cual meterse según el grado de la temperatura. Empece por una tibia pero luego me pase a una mucho más caliente.

Son relativamente pequeñas lo que hace que uno entable conversación con los demás. Poco a poco se fueron retirando hasta que al fin quede solo.

Salí de ella a las diez de la noche. Es muy loco estar en el agua mirando las estrellas en un entorno bastante frío. Están abiertas hasta la medianoche.

Volví a la carpa y tomo unos mates mientras escribo estos. Hoy no hay cena y esta comenzando a refrescar.

Mañana decidiré si me quedo un día más o no.
Hasta entonces.

 

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Un paseo por Catamarca – parte 5

San Martín (Catamarca) – Fiambalá (Catamarca)

Anoche cuando estaba armando la carpa paso un lugareño y nos pusimos a hablar. Las preguntas de siempre: ¿A donde vas?¿De donde venís? Etc.

En un momento de la charla me comenta que a la noche habría helada. Tome buena nota del pronóstico y arme el campamento para esa eventualidad. Alto rancho diría alguno.


Dormí bien y muy calentito ya que me traje la bolsa “grande”. No tengo idea de cual será su rango de temperatura pero se que es bajo por como se comporta en estas situaciones.
Por la mañana desayune en la estación de servicio y consulte el mapa para definir mi destino. Nunca hice un viaje tan perdido como este. Realmente no tengo ni idea para donde voy.

Recorde que todo el mundo me dijo: “¡no te podés perder las termas de Fiambalá!” Entonces todo fue más fácil. Esa ciudad puse en el GPS y hacia allí me dirigí.

La ruta por momento se ponía muy solitaria y a veces empalmaba con otras que la llenaban de autos. Los paisajes cambiaban con la distancia. A veces eran llanuras yermas y otras veces montañas por ambos lados.

En algún momento comenzaron a aparecer las casitas hechas con adobe, algunas eran solo ruinas. Por ahí vi un cartel anunciando “la ruta del adobe”.

Me pregunte para que seguiría ese tipo de ruta, una vez que viste un rancho de adobe los viste a todos. la única diferencia es el grado de conservación.

Vi algunos cardones pero muy pocos, estaban como desparramados por un campo. Si hasta lástima daban.

Hacía el horizonte se perfilaban unas montañas majestuosas que terminaron desfilando por la derecha de la ruta. Todas sus cimas tapadas por las nubes.

En el recorrido tuve de todo: viento, frío, lluvia, nubes pesadas de tormenta y hasta un sol que daba esperanzas que el tiempo aclare. Pero todo quedo en un deseo.

Llegando a Fiambalá se levanto un viento en remolino que arrastraba arenilla. Se lo veía danzar sobre el asfalto. En un momento desacelere la moto porque veía que la ruta se transformaba en un camino de arena.

Algo incompensible considerando el turismo que viene por estos lados. Todo era una ilusión creada por el viento.

Al entrar a la ciudad busqué información para conseguir direcciones de hostel, elegí uno que se llama San Pedro. Ya se imaginarán porque fue mi preferencia.

Acá me encuentro ahora escribiendo estas líneas, bastante tarde. El motivo fue que al llegar me dirigí a la cocina para tomar unos mates y me puse a hablar con una pareja de cordobeses que estaban cocinando y me invitaron a compartir su cena.

Después vinieron cuatro amigos y nos quedamos hablando hasta muy tarde.

Lo mejor es que me recomendaron lugares imperdibles para visitar. Mañana los programaré y veré que sale.

Hasta entonces.

 

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Un paseo por Catamarca – parte 4

Rio Ceballos (Córdoba) – San Martín (Catamarca)
Amanecio que no es poco, pero lo que la ventana mostraba no alentaban a dejar la cama.
Un día frío y con mucha niebla. Juan pensaba acompañarme unos kilometros para compartir un poco de ruta. Ante tal panorama elegimos tomarnos todo con calma. Un buen desayuno con mermeladas caseras fue ajusticiado debidamente.

Él aprovecho para adelantar trabajo desde la casa y yo arme todo preparandome para la lluvia, había muchas posibilidades que la encontrara en el camino.
Bastante cerca del medio día y después de despedirme seguí la trayectoria que el GPS me marcaba.
Un camino muy lindo, sierras a ambos lados y las casas allí enclavadas. Muchas con sus chimeneas aún humeando.

Fui pasando por pueblitos y luego de varios kilómetros llegué a Jesus María. Desde este punto tenía que enfilar hacia el Norte y después hacia el Noroeste con destino a San Fernando del Valle de Catamarca.
La ruta la conocía hasta pasando Dean Funes que es donde se divide, tuve que agarrar hacia la izquierda previa consulta al mapa.
Hasta ese punto llovía un poco y hacía frío. Se me complico porque la bota no aguanto y comenzo a filtrar agua. Si hay algo que bien se sabe es que el frío no se puede aguantar con los pies mojados.

Entonces pare en una estación de servicio y me puse las medias de neopren. Aproveche y también me puse unos guantes primera piel abajo de los de cuero.
¡Santo remedio! No tenía más frío y hasta podría asegurar que iba calentito.
En el salar que cruza la ruta 60 pare a sacar algunas fotos. Cada vez que estuve en él hacía unos fríos anecdóticos.

Como conte más arriba en un cruce de rutas tuve una confusión. El GPS lo tenía configurado para la ciudad de Recreo que distaba 50 km, pensaba parar a pasar la noche.

Lo que no tuve en cuenta es que la bifurcación estaba antes. Me sorprendio el cartel que señalaba que Catamarca era por el otro camino.
Efectivamente, reconfigure el GPS pero la próxima ciudad que estába a 110 km. Por primera vez en todos mis viajes tuve que hacer uso del bidón de nafta que siempre llevo. Aproveche la ocasión para testear cuantos kilómetros da Jade toda cargada. No deje que se apague pero facilmente llego a las 310 km.

Comenzo a soplar viento y con él empezo a abrir el cielo hacia el Oeste. Tenía una moneda con las dos caras, una buena y la otra mala. La mala es que tenía viento en contra. La buena es que estaba limpiando hacia donde me dirigía.
Llegue de noche a el pueblito de San Martín. En la estacion de servicio pregunte donde podía cenar y me indicaron dos lugares. Elegí el que tenía más camiones estacionados enfrente.

Un bolichito con apenas 4 mesas. Donde lo más costoso es el televisor led de 50″. En el piso esta tristemente abandonado el viejo de tubo. No lo van a tirar porque en su momento costo mucha plata, pero tampoco lo volverán a encender porque quedo obsoleto. Quedará allí hasta que ya no de pena tirarlo.
En unos momentos más tendré que ir a buscar un lugar donde poner la carpa.
Hasta la próxima.

 

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Un paseo por Catamarca – parte 3

San Francisco (Córdoba) – Rio Ceballos (Córdoba)
Muy temprano desayuno con la familia y a la ruta. Primer destino la ciudad de Córdoba donde me esperaban amigos para almorzar.
En la ciudad de San Francisco termina la autopista y se convierte en una ruta de dos manos.
Trasitarla me trajo recuerdos de mi primera infancia cuando mi viejo nos llevaba a Buenos Aires por la vieja ruta 9, antes de convertirse en autopista.

Tenía mucho tránsito y estaba bastante desmejorada sobre todo por los camiones. Cuando ya me estaba poniendo nostálgico por tantos recuerdos y sensaciones empezó un rosario de pueblos. Todos con la misma rutina: curva, contracurva, loma de burro 1, loma de burro 2, semaforo, atravesar el centro y desaser el orden para retomar velocidad de crucero.
Todo esto produjo una demora no planeada pero afortunadamente pude llegar a tiempo a la cita. Guillermo, mi amigo, me estaba esperando con su Tekken naranja en un cruce antes de circunvalación.

Luego de los saludos tomo la delantera para guíarme hasta el bar donde nos esperaba Marcelo. Menos mal que lo hizo ya que el GPS me mandaba por la ruta correcta pero que actualmente esta siendo reparada. Tuvimos que hacer un derrotero bastante complicado por adentro de la ciudad.
El lugar convenido era en un pub del Cerro de las Rosas. Me habian dicho que era un barrio muy concheto, realmente era así. Mucho lujo por todos lados.

Almuerzo genial acompañado por buena gente y mucha charla de motos. Las 3 Tekken estacionadas estaban robando las miradas de los transeuntes. Da orgullo ver como paran y comentan sobre las maquinas.
Después de la despedida puse rumbo hacia Rio Ceballos que me esperaba Juan, es el dueño de PFERD, fabrican accesorios para motos.

Hace rato que tenía ganas de conocerlo a él y a sus productos que son realmente únicos. Tienen mucho diseño y quería verlo en persona.
Me recibió en su casa con su mujer. Llegar ahí fue realmente emocionante ya que las sierras de Córdoba tienen algo inexplicable que me encanta.

La casa esta sobre la ladera de una y desde el patio de ve el valle. Además los techos de las cabañas y el olor a humo de las chimeneas.
Ese aroma sumado al que tienen las casas, una mezcla de olor a madera y a perfume de sahumerios me trajo muchos reuerdos.
Creo que el día me tenía un poco nostalgico.

Despues fuimos “al centro” a buscar algo para comer y yo aproveche para ir a una farmacia porque ando resfriado y no quiero que empeore.
Le dije a la despachante: tengo mocos, me pica la garganta, ando en moto y no puedo parar a hacer reposo… ¿Qué tomo?
Algo me dio,tengo que tomarlo cada 8 hs. Veremos como me va. Por mi parte espero que haga magia, no me gustaría tener que suspender el viaje por cuestiones de salud.
Después de la cena vino una charla muy interesante. Ellos han viajado mucho con cualquier medio de transporte. En moto. En auto. A dedo. Etc.

Y no fueron paseos por el barrio, sino que por Europa, China, Nueva Zelanda, Indonesia y vaya a saber por donde más anduvieLa charla se demoro hasta que casi nos agarra la media noche. tiempo de ir a dormir.
Hasta la próxima amigos.

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