Un paseo por Catamarca – parte 8

Tinogasta (Catamarca) – El Peñón (Catamarca)

La noche fue muy fría, me sorprendio que a la mañana hiciera tanto calor. Al preguntar sobre esto me dijeron que estaba soplando el viento Zonda.

Que trae un aire muy seco y caluroso, conjuntamente con mucho polvo. Después viene la helada, esto ya no me gusto nada.

Tomé la ruta 60 y luego empalme con la famosa ruta 40. Ni bien lo hice del margen izquierdo se presentaron unas montañas imponentes.

Hay montañas sonsas. Así, como no queriendo serlo. Con sus laderas cubiertas de arena o tierra. Sin nada especial. Solo estan ahí.

Tambíen hay montañas muy coquetas, llenas de colores y formas. Normalmente andan en conjunto. Se diferencian unas de otras y cuesta decidir cual es más linda.

Pero hay otras que estan bien plantadas sobre la tierra. Pura piedra, cortes como cicatrices de peleas por donde baja el agua desde la cima. Su presencia no pasa desapercibida y causa admiración. De estas montañas estoy hablando. Me acompañaron por muchos kilómetros.

Llegué al medio día a la ciudad de Belén y estaba arrancando un festival. Paré para comer algo y buscar algunos regalos entre los artesanos que estaban exponiendo sus productos.

No me demore mucho y continué con mi camino bastante rápido, seguí hasta la ciudad de Hualfin donde comprendí que había equivocado la ruta otra vez.

Nuevamente esto de andar perdido y sin un rumbo concreto, me pasé de donde tenía que doblar. Tuve que desandar algunos kilómetros hasta un cruce llamado El Eje para tomar la ruta 43 y dirigirme hacia El Peñon, donde pensaba hacer noche.

Dista unos 150 km. Los primeros diez son de cemento y luego hay 30 km de ripio en relativo buen estado. después de ese tramo nuevamente cemento hasta el destino.

En alguna parte del camino tuve que detenerme y ayudar a otro motero que se dirigía al pueblo llamado Laguna Blanca.

El paisaje es algo cautivante. Al principio se recorren valles, después algunas dunas que quieren tragarse la carretera y por ultimo unas llanuras inmensas con pastos secos y pintando todo de amarillo.

Iba contemplando todo embelezado hasta que noto que el motor empieza a trabajar a marcha forzada. Me extraño mucho y decido cambiar la pantalla del GPS a datos numéricos donde me da información de la altura.

Allí descubro que lo que parecía plano no lo era en absoluto. Es un pendiente bastante pronunciada pero ante la bastedad del paisaje no se nota. Llega hasta los 3960 msnm. Casi estaba a 4000 metros y si no era por el motor ni me avivaba.

Llegando a la cima de esa “loma”, me da no se que decirle montaña porque no lo era, hay que tener cuidado con los pequeños arroyitos que cruzan la ruta ya que tienen hielo.

A esa altura el clima se había puesto realmente frío. Volvió a solpar el viento y con bastante fuerza. Faltaban muy pocos kilómetros para llegar por lo que no incremente mi abrigo. Esto tuvo consecuencias ya que llegué helado.

El pueblito es el típico de casitas de adobe con algunos beneficios de la civilización.

Rápidamente busqué donde alojarme y un comedor para cenar, comí bife de llama a la criolla. Muy rico realmente.

Mañana será el día de cumplir el objetivo del viaje a Catamarca: visitar el campo de piedra pómez.

Hasta entonces.

 

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