Un paseo por Catamarca – parte 9

El Peñón (Catamarca) – Hualfin (Catamarca)

Ya desde ayer, cuando llegué, todo el mundo diciéndome que el camino al Campo de Piedra Pómez era imposible. Le preguntara a quien le preguntara siempre la misma respuesta, miraban la moto y me decían que no pasaba, que era muy pesada y se enterraría.

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Estas cosas y la preocupación de dañar el embrague de Jade me tuvo toda la noche y la mañana pensando en que hacer. Ir en una 4×4 de excursión no me apetecía, menos a $1000 por cabeza.

¡Mejor me pegaba la vuelta y listo!

Cuando termine de mariconear desmonté los baúles y todo el equipaje que no iba a necesitar. Fui a la oficina de informes donde me hice de un mapa del camino.

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Ni bien se sale de El Peñón por un camino descendente metro a metro se incrementa el deterioro de la calzada hasta que termina desapareciendo y transformándose en ripio.

Hay un cartel de madera que anuncia la entrada hacia el campo. Y allí se acaban las indicaciones.

Creo que todo es una maniobra de los lugareños para que sí o sí uno contrate la expedición que ofrecen o a lo sumo busque a un baqueano que conduzcan los vehículos. Hasta el mapa no está bien realizado y es confuso.

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En algún punto me desvié hacia la derecha y me dirigí hacia el volcán Carachipampa. El paseo estuvo bueno y pude llegar hasta la base, todo el piso y laderas de piedras negras como quemadas.

Hacia el horizonte se veía el campo pero cuanto más avanzaba más me apartaba de él. Busque unas dunas que supuestamente tenía que pasar por el este y las encontré por mi izquierda. O sea que estaba bastante desviado del camino.

Decidí volver sobre mis pasos y buscar algún sendero que se dirigiera hacia el sur. Después de andar un rato por fin lo encontré y pude tomarlo.

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El camino que abandoné era difícil pero este nuevo realmente era bravo. Me obligo a pilotear todo el tiempo, exigiéndome al máximo. Mucha parte de él tuve que ir parado en los pedalines para poder controlar la moto.

Cuando tuve la duna a la derecha como indicaba el mapa, duna blanca se llama, empecé a manejar sobre arena cada vez más suelta.

En un momento cruzando por un banco muy profundo la rueda delantera se enterró y la moto se inclinó hacia la izquierda. Nos caímos sin mayores consecuencias. La moto atrapo mi pierna pero pude apartarla.

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Me saque la campera, el casco, los guantes y todos los elementos de protección ya que hacía calor. Tomé un par de fotos y rápidamente puse la moto en vertical.

Por el caño de venteo del tanque estaba saliendo gasolina y realmente era un punto que me traía preocupado. La estación de servicio más cercana quedaba a 170 km y no sabía cuánto consumiría en el paseo. No estaba holgado para andar tirando nafta por ahí.

Después de la duna hay una subida de arena volcánica, no es tan jodida como la de la duna. Pero arena es arena.

Bajando se llega finalmente al campo. Algo impresionante. Fui bordeándolo hasta llegar a un “estacionamiento” y desde allí se entra a pie para recorrerlo.

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Emociona caminar por esas piedras. Ver las formaciones que la naturaleza hizo. Una blancura que hieren los ojos si no se usa lentes oscuros.

Cuando estaba volando el dron un guía me comento que después del medio día levantaba el viento y empezaba a arrastrar arena de la duna blanca llegando a tapar o imposibilitar de ver el camino.

Entonces me apure a guardar todo y arranque detrás de una camioneta manejada por un lugareño. Hizo un camino parecido al que llegue pero no respetándolo totalmente. Entonces al pisar suelo “virgen” sin huella la moto se comportaba mejor. Se dejaba llevar.

En algún momento perdí de vista a la camioneta pero estaba orientado hacia donde debería ir. No había huella que me guiara, así y todo pude llegar al cartel de indicación de la ruta.

Realmente es un paseo único pero no lo recomiendo para principiantes o viajeros solitarios, puede tornarse peligroso.

Volví a el pueblo y arme nuevamente la moto, puse la nafta que llevaba en el bidón en el tanque  y me puse a hacer cálculos mentales si me alcanzaría.

Antes de arrancar suspire murmurando: MISION CUMPLIDA. Pude llegar al campo como me había propuesto al imaginarme este viaje. Eran las 15 horas y tenía 160 km por delante.

Recordaba el tramo de ripio, pero después de la paliza de la mañana sería un camino en perfecto estado.

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Para cuando iba llegando a la bifurcación que se llama El Eje el clima se puso realmente frío. Ya hacía rato que soplaba el viento y era genial porque lo traía de cola.

Paré en la primera ciudad sobre la ruta 40 llamada Hualfin, busque donde alojarme.

Allí pude relajarme frente a un hogar hermoso y revisar mapa para ver por donde tomaría para retornar a mi hogar.

Hasta entonces.firma

 

 

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