Córdoba – parte 3

La Falda (Córdoba) – La Serranita (Córdoba)

Otra vez la misma historia, despertarse tarde y remolonear en la cama. Por poco casi nos perdemos el desayuno.

Nuevamente salimos casi mediodía. El primer destino era muy cerca: Cosquín, a 20 km de distancia. La ruta 38 que une estas ciudades es una sucesión de construcciones turísticas donde  casi no se advierte cuando termina una localidad y comienza la otra.

Hay que otear el horizonte para poder ver las sierras y un poco de naturaleza. El camino es de doble mano y la velocidad de los vehículos es constante, no hay forma de sobrepasar. Entonces la velocidad la determina el más lento. Es una verdadera tortura romana si toca ir detrás de algún camión viejo o auto de la época del 70.

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Mucho no me quejo ya que el mío también era casi de la misma época y cuando anduve por estos lugares era el más lento, realmente uno va sufriendo ya que sabe que detrás la gente comienza a ponerse nerviosa. ¿Pero que se le puede hacer? Si el auto no da, no da.

En Cosquín fuimos a la plaza Prospero Molina que es donde está ubicado el famoso escenario. No lo hicimos por la tradición del festival sino porque allí funciona la oficina de información turística.

Conseguí un mapa carretero muy lindo de la provincia de Córdoba. Me encantan estos mapas, los voy coleccionando viaje a viaje.

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Y lo más importante: me orientaron para agarrar el camino de tierra que llevaba a Tanti, va por las sierras. El GPS me quería llevar a toda costa por la ruta de cemento, está configurado para que me oriente por el camino más rápido, eso hace que sus elecciones se basen en autopistas, rutas o avenidas.

Si por el contrario lo configurara como el camino más rápido, entonces sus elecciones tendrían la prioridad las distancias sin importar el tipo de ruta que sea.

El camino a medida que fue subiendo iba revelando paisajes muy bonitos. No es complicado de hacerlo y es bastante transitado.

tito (2)

A mitad del recorrido un arroyo cruzaba por un badén. Paramos a tomar mates y disfrutar del momento, iba a escribir “de la paz del lugar” pero eso no fue cierto ya que ni bien nos sentamos aparecieron unos patos que a los gritos reclamaban comida.

Le tire un par de patadas tipo kung fu y los grité como hincha de futbol pero ni mu, se nota que están re acostumbrados a que la gente los alimente.

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Nos ganaron por cansancio y se terminaron comiendo la mitad del paquete de bizcochitos. Debo reconocer que son muy buenos negociantes.

Picamos algo en Tanti a modo de almuerzo y nos pusimos a mirar el mapa, como estábamos de paseo no teníamos nada planeado. Nos daba lo mismo ir para un lado tanto como para el otro.

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Decidimos ir para Alta Gracia ya que nos quedaba bien para ir emprendiendo el regreso. Estaríamos por el Sur de la capital y cerca de la ruta hacia Rosario.

El trayecto es todo de asfalto y mayormente autopista. Había un viento muy fuerte y cruzado que aparecía por ráfagas, había que extremar las precauciones.

Dimos unas vueltas por la ciudad de Alta Gracia para conocer un poco y nos dirigimos a la oficina de turismo para ver que opciones de plazas tenían.

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Al estacionar la moto en un lugar marcado como exclusivo veo una parejita que estaba vendiendo artesanías. Les pregunte el precio de unas “malas” (rosario budista) y me puse a conversar un rato.

Se sorprendieron mucho cuando les dije que éramos de San Pedro ya que él también lo era. Se llama Julián y es el hermano menor de una persona que conozco. Los otros días justamente me estuvieron hablando de su hermano “el trotamundos”, me contaban en qué lugares estuvo y lo que hacía.

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A veces las casualidades me sorprenden, venir a encontrar la persona de quien hablaste pero que no conozco justo donde estaciono la moto en medio de una ciudad a la que no planeaba venir es demasiado. El destino trabaja de maneras misteriosas.

Este viaje estuvo lleno de este tipo de eventos, personas con las que hablaba por las redes sociales  de pronto estaban estacionadas donde yo lo hacía.

Buscar alojamiento estuvo muy complicado. No había en toda la ciudad y el que había lo cobraban como si fuera un refugio atómico. Antes duermo en una plaza que pagarles esas cifras a estos avivados.

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Cuando ya nos entraba la desesperación dijimos que mejor era tomárselo con soda y nos fuimos a un bar para consultar tranquilos internet. Allí relajamos y pudimos encontrar un hospedaje a 10 km. En un lugar llamado “La Serranita”.

Llegamos rápido al destino pero ahí se nos complicó ya que estos pueblitos de la sierra no tienen dos calles paralelas. Es como que todas se cruzaran con todas y así cuesta ubicarse.

Al final tuvimos que usar el PPS (Paro Pregunto Sigo) y por fin pudimos encontrar el hostal.

Así termino un día, mañana será otro.

Hasta entonces.firma

 

 

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