Córdoba – parte 4

La Serranita (Córdoba) – Villa María (Córdoba)

Ya se hizo rutina esto de despertarnos a las 9 de la mañana, ni da luchar contra molinos de viento. Me levante con la intriga de cómo sería el paisaje del lugar.

En el hogar de la Posada estaba encendido un fuego gigante. Empezamos muy bien.

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El desayuno fue exquisito. Fue servido con unos dulces hechos por la dueña de casa, repetimos varias veces.

Salir al patio nos revelo un paisaje maravilloso, además hacia un día espectacular. Esto último nos sorprendió ya que el anterior estuvo muy frío y nublado, amenazaba con ponerse peor.

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Despacio y al sol arme la moto mientras mi mujer compraba dulces para llevar. Luego nos despedimos muy cariñosamente ya que los dueños son personas de gran valía.

Tomamos la ruta provincial 5, es serpenteante, que sube, que baja, que rota hacia la izquierda y luego a la derecha para volver a repetir todo.

De pronto aparece el embalse Los Molinos, que sorprende y es de una belleza increíble.

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En el dique paramos a tomar mate y disfrutar el paisaje. Pasaban muchas motos de gran cilindrada ya que había un encuentro en Rumipal y estábamos cerca.

Después de un rato me puse a observar a las personas que estaban alrededor, note algo que llamo mí atención: bajaban del auto o colectivo, se acercaban al borde fascinados por el entorno, luego se sacaban un par de fotos y seguidamente se ponían a mirar el celular y ya no apreciaban el entorno. Como si les diera lo mismo o directamente no existía.

Pensé que llegar allí tiene un costo en esfuerzo, en tiempo y por su puesto en plata. Llegar y no comprometerse con el entorno me resulta un despilfarro incomprensible.

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Como que solo es ir a buscar la foto sin vivir el entorno. Muchas veces me digo que no vale la pena tomar una foto del lugar ya que en internet hay fotos más espectaculares sacadas por profesionales, solo hay que buscarlas.

Llegué a la conclusión que todo tiene un tiempo, cuando comenzamos a mirar cualquier cosa menos el paisaje quiere decir que la parada ha sido suficiente y es hora de seguir.

Retomamos ruta para parar unos kilómetros más adelante en la ciudad de Villa General Belgrano, era un loquero de gente. Es uno de los lugares donde realmente no quiero ir, reconozco lo pintoresco del lugar pero siempre está siempre lleno de turistas y el tráfico se torna imposible.

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La parada fue necesaria para terminar de comprar unos presentes que queríamos llevar. Estuvimos muy poco tiempo, lo necesario para realizar estas compras, pero alcanzo para encontrarme con personas que estuvimos hablando vía Facebook.

Seguimos paseando hasta llegar a la ciudad de Embalse y desde allí buscar la ruta Provincial 6 que nos llevaría primero a Río Tercero y luego a Villa María, nuestro destino final para el día.

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Durante el trayecto el viento fue aumentando y la temperatura descendiendo mucho. Habiendo empezado con una mañana tan linda y agradable no imaginamos que a la tarde la situación cambiaría tan drásticamente y nos faltaba abrigo.

Llegamos congelados y lo único que queríamos era parar en algún bar a merendar un café caliente.

Cuando se configura un GPS con una ciudad como destino, generalmente te lleva al centro de la misma. Normalmente la plaza más importante donde está la municipalidad y también la iglesia principal.

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Al ir acercándonos nos preguntábamos si ya habíamos estado, nos resultaba vagamente familiar. Paramos en una esquina que tenía el bar y desde donde podíamos mirar la moto que estaba estacionada totalmente cargada y equipada.

Ni bien entramos nos dimos cuenta que efectivamente ya estuvimos. Además recordábamos una mala experiencia con ese lugar, mala atención, el wifi lo tienen al pedo ya que un año después sigue sin funcionar.

Luego de un buen tiempo de espera viene la moza diciendo que lo que habíamos pedido no lo tenían. Eso colmó el vaso, nos levantamos y nos fuimos con rumbo a una estación de servicio que conocíamos donde podríamos conectarnos perfectamente.

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Ya era de noche y aún no teníamos donde parar. Necesitábamos un lugar tranquilo y con buena conexión a internet para realizar la búsqueda.

Llamamos a todos lados y todo estaba ocupado. Incluso miramos alternativas en los pueblos cercanos, aunque no teníamos ganas de volver a la ruta pero era lo que posiblemente que tendríamos que hacer.

Ya cuando estábamos desanimados Valeria se llegó al hotel que estaba al lado, ya había llamado y le dijeron que no tenían nada, pero la esperanza es lo último que se pierde.

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Volvió sonriente y así supe que algo había conseguido. Efectivamente como se lo imagino alguien cancelo la reserva hacia unos momentos y por lo tanto teníamos lugar.

Realmente tuvo que haberla pasado mal o al menos imaginarse cualquier cosa por la sonrisa que traía, revelaba su alivio ante la situación.

La habitación era chica y el baño aún más, pero la cama estaba bien y el calefactor calentaba espectacularmente.

Así termino un día con altibajos. Mañana será otro.

Hasta entonces.firma

 

 

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