¡No hay sistema!.. o un viaje corto

Te voy a contar lo que viví en mis dos últimos viajes, después sacare una conclusión. El primero fue a Buenos Aires para realizar algunos trámites.

Parecía que la consigna del día era justamente “no hay sistema”. Necesitaba cargar crédito al celular, pare en muchas estaciones de servicio para hacerlo y en todas la misma frase.

Te aseguro que no fueron dos o tres, fueron unas diez estaciones, tenía que comunicarme y no conseguía cargarlo.

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Pensaba que era un boicot a las empresas de celulares por el terrible negocio que se montaron con esto de la carga virtual, todos sabemos que se la llevan solo ellos y no participan con nada a las terminales, de allí que anden cobrando un extra por el servicio.

La verdad es que no llegue a ninguna conclusión, eso no es importante. Lo real fue que no cargue el celular y al no poder combinar entrevistas varias no pude hacerlas.

Hasta acá es una historia simple y muchos ya estarán puteando porque otra vez estoy contando pavadas. Tal vez tengan razón, pero tengo más para decir.

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En la semana tuve que hacerle el service a la moto para el viaje que tenía programado. La rutina de siempre, quitar el tapón para cambiar el aceite, mientras tanto reemplace la cadena por otra “más fachera”. Sacar y sopletear el filtro de aire porque se banca un tiempo más, etc.

El viernes, ya casi con todo preparado empiezo a armar la moto, pero… cuando fui a poner el tapón del aceite lo ajuste a lo cavernícola, ¡como resultado se rompió! Ahí me agarro la desesperación, ¿de donde saco uno ahora? me preguntaba, ¡seguro no lo consigo!, decía, y toda una sarta de malos pensamientos sin contar las groserías que me dije por bruto. El viaje estaba suspendido.

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Automáticamente hago lo de siempre en estos casos, llamé a Jawa, hable con Emilio y le conté la situación, sobre todo la urgencia, combinamos y quede en mandarle un comisionista para retirar el repuesto, recuerden que vivo a 170 km de Buenos Aires, estaba difícil que pudiera hacerlo porque era mediodía y los comisionistas ya tenían su itinerario.

Pero al final todo resulto bien, me llego el repuesto, pude armar la moto y salir hacia Victoria, Entre Ríos.

Estos dos hechos separados me hicieron pensar en “el sistema”, una definición dice: “Manera como se hace algo o medio que se emplea para hacerlo.”

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Mi primera reflexión es sobre los gigantes de la comunicación, terribles empresas llenas de empleados y recursos, en mi opinión dan un servicio al menos deficiente: caro y no muy bueno.

La segunda está dirigida hacia Jawa, una pequeña empresa que a pulmón y enfrentando distintas crisis sigue tratando de hacer las cosas bien.

Cuando algún problema se presenta con la primera, el único canal que tengo es un #nosecuanto y me atiende normalmente algún centro americano que con toda cortesía y paciencia me manda al carajo. Me quedo con mi problema, sin solución y más caliente que antes.

Cuando la situación es con la moto, instintivamente llamo a Jawa, si el horario no es el comercial llamo AL DUEÑO de Jawa, no porque tenga coronita, sino porque él mismo fomenta que los usuarios ante algún inconveniente lo llamen a su celular personal.

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Como buen mal educado lo he llamado un sábado a las 10 de la noche porque tenía un viaje al otro día. Muy gentilmente me atendió en medio de una fiesta y tratamos de solucionar la situación, dos moteros que estaban conmigo son testigo de esto último.

Creo que con todo lo dicho he respondido claramente porque no uso celular y porque tengo puesta la camiseta de Jawa. El sistema de ellos funciona y me permite viajar tranquilo.

Esto tal vez te parezca una propaganda, pero es mi forma de agradecer que pueda seguir con mi pasión sintiendo que no estoy solo, que al menos una empresa me apoya.

Deseando que alguna ruta nos cruce, hasta ese momento te dejo mi cariño.

firma

 

 

 

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Epílogo

Paseo por Villa Gesell – Lunes 15 de Octubre – Día 3

Dejamos la arena con la promesa no volver más. En lo profundo sabemos que es mentira, cuando el cuerpo se acomode nuevamente y las ganas reaparezcan volveremos.

Una experiencia maravillosa, el grupo la disfruto y sufrió al mismo tiempo. Cosas locas que pasan.

La mañana empezó muy temprano con la partida de los que tenían que llegar al medio día, y después poco a poco los demás fueron despidiéndose. Yo me quede con los “chicos” que todavía tenían ganas de jugar con las motos en la arena. Aproveche para hacer tomas aéreas con el dron y practicar para cuando tenga que hacerlo todo solo.

Así que partimos a la playa a ver que salía, ir caminando es igual de trabajoso que ir en moto, esa arena blanda que no te deja avanzar es un suplicio.

Estuvimos hasta que la gente empezó a ir hacia la playa, así que sacamos las motos de allí. Conseguimos unas muy lindas fotos y videos.

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Desarmamos el campamento y nos despedimos con pocas ganas. Qué lugar lindo es Mar Azul y el camping está perfecto para disfrutarlo. Solo quedábamos cuatro motos para volver, ahí nomás una se fue al piso, con esta cerramos el tanteador de caídas.

El arranque estuvo lento, no por el tráfico que ya se notaba iba a ser intenso, sino porque cada pocos kilómetros alguien pedía parar, o porque le faltaba nafta, o porque quería revisar la moto porque escuchaba un ruido o ya ni me acuerdo porque más. Pero fueron muchas.

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En medio de la ruta se agregó otro viajero que viajaba solo, señas y un bocinazo bastaron para sumar un nuevo compañero.

Había mucho viento en contra con lo que las motos iban muy frenadas, todos muy cargados así que tuvimos que hacer acopio de paciencia, pero mucha más tuvieron que tener los autos que venían detrás, la cola se hizo realmente larga.

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En un momento pido parar para devolverle a la naturaleza tanta agua tomada y aprovechamos para dejar pasar a los autos que estábamos congestionando.

Esto se resolvió cuando la ruta se convirtió en carril doble, en Castelli nos separamos de las motos que iban para Buenos Aires, nosotros tomamos la ruta 41 que termina en Baradero y de allí a San Pedro son apenas 30 km.

Antoine de Saint-Exúpery dijo: “Vivir es nacer lentamente. ¡Sería demasiado cómodo habitar de entrada en almas concluidas!”, fue viajero y piloto de guerra, estuvo en nuestras tierras y algunos paisajes lo inspiraron para escribir El Principito.

Creo que la frase describe totalmente el sentir de los moteros, con cada viaje y paseo el alma se llena y la persona se construye. De pronto se presentan situaciones, algunas nos asustan por lo graves y otras por lo inesperadas, pero al superarlas nos redescubrimos como individuos, nos revalorizamos.

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Todo eso fue lo que encontramos en la arena, hubo caídas y algunos contratiempos, también frustraciones y miedos, pero al ver a una persona de 60 años intentarlo y superar la prueba nos llena de orgullo y da fe que podemos. Que somos más de los que nos pensamos.

También se incrementó la comunión con nuestra moto, la sometimos a pruebas realmente duras, para ella y para nosotros, y salimos exitosos. Todos conformes con las motos y su desempeño.

Ahora viene la parte más difícil, lavar y limpiar para quietar todos los restos de sal y arena, evitar por cualquier modo la oxidación, los tiempos que se vienen serán de mucho control hasta asegurarnos que el paseo no trajo consecuencias indeseadas.

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Esta semana será de desarmado y control, preparándola para el viaje del fin de semana que viene. Iré a Buenos Aires por las elecciones, son relativamente pocos kilómetros para preocuparse, pero solo basta un metro para tener un percance. Hay que hacer lo posible para que no pase. Muchos se quejan de las motos chinas, pero manteniéndolas como corresponde pueden llevarnos al fin del mundo.

Hasta ese viaje te dejo mi cariño hermano, que alguna ruta nos cruce es mi deseo.

 

Si querés leer el DIA 1 ACA  |  DIA 2 ACA

El Faro Querandi.

Paseo por Villa Gesell – parte 2

Día 2

15 de Octubre de 2017

 

Acá en Mar Azul hay mucha fauna, ayer a la noche había un zorro buscando comida y por lo visto el Sargento García roncaba en la carpa de al lado. A las 5.30 de la mañana ya estaba despierto por el canto de los pájaros.

Temprano empezó la actividad en el campamento, hubo que ir hasta Villa Gesell a ponerle nafta a las motos y algún que otro tramite. Sirvió de mucho porque nos permitió recorrer calles con arena e ir tomando confianza en el comportamiento de las Tekken.

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A media mañana y después de sacarle accesorios a las motos partimos primero hacia la playa y desde allí poner rumbo hacia el Faro.

Antes de entrar y abriendo el marcador del día me fui al piso. Los demás se metieron como pudieron. A los ponchazos y preguntándose de quien fue la idea. ¡Claro! De Pascual fue y conociendo el paño no vino, dice que tenía compromisos, desconfío.

No habíamos hecho cien metros cuando nos mirábamos entre todos para ver quién era el valiente que pegaba la vuelta, el primero siempre es el más difícil. Atrás lo escoltaríamos todos. Como nadie lo hizo tuvimos que seguir hacia la playa.

Ahí la cosa mejoro, la arena más firme y las motos no se movían tanto, le pelotón de vanguardia abría el camino y sorprendía a los turistas, pero los de atrás se comieron las broncas que les tiraban la gente.

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Más adelante nos detuvo un móvil de los guarda parques y nos explicaron por dónde circular y por dónde no. Si, acertaron, nos mandaron de nuevo a la arena suelta.

¡Qué manera de bailar! Las motos se enterraban, y si las acelerabas lo hacían aún más. Casi tenemos que llevarlas de tiro. Poco a poco las fuimos sacando y seguimos adelante. En tramos mejoraba por unos arroyos que se dirigían al mar y la confianza aumentaba.

Lo que también crecía era el tanteador de caídos. Pero como íbamos concentrados en lo nuestro ni nos enterábamos. Para juntar nuevamente el pelotón esperábamos a los rezagados y aprovechábamos para hacer fotos y videos.

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Al fin divisamos a lo lejos el famoso faro, el camino se hacía eterno por la lentitud del avance. Cuando llegamos el almuerzo fue a la sombra de un puestito de guardavidas que hay allí. Frutas y agua.

Buscamos un camino para llegar a la base del faro y de tanto andar descubrimos una pequeña laguna, allí los más chicos se sacaron las ganas de trepar y tirarse desde la cima de las dunas, los más viejos apenas nos quedaban fuerzas para aplaudir.

La vuelta se hizo más corta, aunque igualmente complicada. Algunos ya con toda la confianza encima le dábamos al acelerador. Las motos se enroscaban cuando perdían velocidad y tendían a enterrarse, pero cuando ponías 4ta e ibas a 50 km/h o más flotaban.

A mitad de camino nos reencontramos con los guarda parques, les consultamos sobre caminos alternativos ya que algunos compañeros venían realmente cansados, nos dijeron el de “la arenera”. Preferimos seguir por la playa ya que había que atravesar una laguna un poco profunda. Salíamos de Guatemala y nos metíamos en Guatepeor.

Hacia las 15 hs ya estábamos en el campamento, todos exhaustos pero inmensamente contentos, compartiendo fotos y videos, comentando maniobras. Algunos parecían pescadores de como mentían.

El que no viene más porque trabajo más que en la semana es Juan, el traumatólogo”, tuvo que arreglar varios cuerpos, una quemadura de segundo grado por levantar una moto con pantalones cortos (no digan anda, es un amigo), y un dedo del pie quebrado en un golpe de ayer.

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Ya de noche siguen las mentiras con el truco y otros preparan el asado, fin de semana soñado y para coronar esto todos contento con la moto, pregunte quien se la compraría nuevamente y la respuesta fue unánime, todos.

Mañana a retornar a nuestras casas, soñando con el próximo encuentro, será Las Cañas, Uruguay, iremos al país vecino a mostrar las Tekken y hacerlas desear.

Un punto aparte es Jade, no deja de impresionarme esta moto, la comparaba con las demás, el kilometraje iba de los 3000 km a los 10000 km, nada con comparado con los 26.000 km que ya suma ella. Y se comporta de la misma manera, aclaremos que no cambie piñón y seguí con el de 14 cuando otras tenían el de 13.

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Sé que no es la moto sino lo que el piloto puede hacer con ella. Esto es totalmente cierto en algunos aspectos y sobre todo en las actitudes, pero la confianza la moto se la tiene que ganar. Por lo pronto no me interesa otra moto que no sea mi Tekken.

Recuento de la aventura: 5 hs. para hacer 20 km.

Tanteador de caídas:

“El conejo” —> 2 caídas y una quemada

Daniel —> 4 caídas y un dedo quebrado.

Edgardo —> 0 caídas

Guido —> 1 caída

Juan —> 6 caídas

Misha —> 0 caídas

Lucas —> 5 caídas (1 tiro la moto para ir a ayudar a otro, pero cuenta igual, la moto toco el piso)

Fernando  —> 1 caída

Alejandro —> 1 caída

Carlos —> 1 caída

Angel —> no pudo participar por la lesión de ayer.

No estuvo tan mal, ¿No?

Hasta mañana que les cuento el regreso.

 

 

 

 

 

Paseo por Villa Gesell – parte 1

Día 0 y 1

14 de Octubre de 2017

Primero lo primero. A ningún lado se puede ir si no hay moto. Así que la prioridad fue ir a buscarla. Entonces el viernes hice el camino inverso y me tome un micro hacia Buenos Aires.

Paree que era el día de los olores. Ni bien me subo en el asiento de al lado viajaba un hombre que tenía sobre su falda un perro caniche hermoso. Color gris, dos añitos y muy buenito. Se estaba muy quieto y daban ganas de acariciarlo.

El tema es que era muy pedorrero. Se tiraba uno y todos se reían festejando para no matarlo. Tanto el dueño como el chofer se pasaron todo el viaje tirando perfume, del berreta por supuesto. Con toda esa mezcla de olores el mareo era importante.

En zarate hago trasbordo a un micro que salía de la terminal. Ahí la cosa empeoro porque el chofer lo había limpiado con algún perfume barato de esos que te agarran la nariz y te la estrujan. Esta vez yo no era el más oloroso del pasaje.

Voy a buscar a Jade. Nuevamente todo vestido de moto. Campera y pantalón con protecciones. Equipo completo. Pero esta vez le agregamos dos baúles laterales. Los llevo para colocarlos y dejarla lista para el viaje de mañana a Villa Gesell.

La ilusión de reencontrarme con la moto mantiene mi alegría alta. Superando los olores o ese día gris.

Luego con Jade fuimos a la fabrica JAWA a buscar unos repuestos por las dudas. Una cadena extra por si a la que tiene le pasa algo. En la ruta es mas fácil reemplazarla que repararla. Después distintos tramites en bs as. Volver a San Pedro de noche. Cargar y armar todo para salir al otro día bien temprano. Hay 600 km. Por delante.

Parece que tome el micro equivocado. En vez de uno directo me tome “el lechero”. Por dios que manera de dar vueltas. Pasea más que un tour turístico.

Al final toda salió genial. Jade quedo espectacular. La salida de Bs As estuvo complicada y termine llegando muy tarde. Después entre revisarla y empezar a cargarla se me hizo las 2 de la mañana. Así que a dormir algo.

Hoy sábado me desperté a las 7 y a seguir armando. Chequeando todo y a la ruta. Tan mal no estuvo ya que salí solo una hora después de lo planificado. O sea a las 9 hs.

Tome la ruta 41 hasta San Andrés de Giles para encontrarme con Alex y su mujer, de Zárate. Próxima parada: San Miguel del Monte. Ahí se sumaron Ángel y Carlos. De Escobar y José C. Paz respectivamente.

 Seguimos por esta ruta hasta empalmar con la ruta 2. Preguntándonos todos como venimos con las multas ya que la primera cámara ni la vimos, la segunda la vimos pero nada hicimos. Y la tercera la pasamos como corresponde.

Reflexiono para que piden motos rápidas. ¿Dónde las van a usar? Justamente esta semana hablaba con un amigo que los brasileros están vendiendo esos bichos gigantes que tienen y compran máximo un 250. Ya no pueden más con las multas.

En la autopista 2 y la que te lleva a Gesell tuvimos más cuidado. La reglamentación argentina a veces es irrisoria. Un poco más si la llevas de tiro capaz que consideran exceso de velocidad y te enchufan una multa. Así estamos.

Algunas veces la comunicación es algo extraña. Te podes pasar la tarde hablando y explicando algo y tal vez no te entiendas. Otras veces dos gestos y todo clarito. Ejemplificando esto: pasábamos por una cámara, bien despacito, y al lado nos pasa un auto a las chapas. Entonces Carlos desde la otra moto me lo señala (primer gesto). A continuación cierra el puño y lo empuja hacia adelante pero por el lado del meñique… clarito como el agua: “a ese se la ponen”, dijo.

Llegamos a Mar Azul ya que nos dijeron que Gesell hay muchos controles a las motos y queremos meterlas en las dunas. Si alguien conoce este hermoso pueblito sabrá que todo es arena. Ni bien la pisamos con la moto toda cargada nos dimos cuenta que no es joda.

Llegamos al camping como pudimos. Las patas abiertas como quién quiere atajar un penal. Hicimos los tramites y entramos a encontrarnos con el resto de los amigos.

Y ahí la primera caída de Ángel. Y por lo viso la última. Se rompió el ligamento colateral interno (LCI). Fuuuuaaaaaaa qué diagnostico, ¿no?. Te preguntaras como lo sabemos. Fácil. En el grupo hay un traumatólogo muy afamado. Juan.

Somos muy organizados y ya sabemos que habrán caídas y vinimos preparados. A la enfermera no pudimos convencerla.

Aproveche la movida y lo consulte por un dolor en el hombro que me tiene mal. En mi ciudad ni lo digo a ver si me suspenden la moto por un tiempo. Parece que no es tan grave.

Ahora estamos todos en el quincho: Daniel; Guido; “el conejo”; Edgardo y los que ya he nombrado. Estamos juagando al truco y haciendo asado. Creo que no hay mejor manera de terminar un día y empezar una aventura.

Mañana iremos al faro Querandi. Veremos como nos trata la arena. Mañana les cuento.

Buenas noches.

¡Las motos te matan!

¿Crees que el título es un poco drástico? Yo no. Estoy en la cama, afiebrado, con dolor de cabeza y ningún otro síntoma. Tal vez este incubando algo dirá un “matasanos” pero a mi me cierra más que desde el sábado no tengo la moto (si querés enterarte porque acá lo conté).

Diagnostico que estoy transitando el bajón por abstinencia. Ir de peatón por la vida no es lo mejor que le puede pasar a un motero. Otra dolencia parecida que veo en los foros es la falta de ruta. Tener la moto lista, las ganas y el destino pero no contar con plata o el tiempo.

Entonces los post se vuelven lacrimógenos. Muy tristes y se hace catarsis con otros en la misma situación. Esto empeora cuando algún viajero pone fotos de los lugares por donde anda. Ahí sí de pedo no te pegas un tiro. Hay que ser muy machito para seguir al otro día.

Faltan solo un par de días para que me entreguen a Jade y ya la ansiedad me esta pasando factura. Veremos como sigo.

Las motos matan, realmente lo pienso. Y nos han matado a mí y a todos los que leen y tienen una. Te preguntas en que sentido lo digo, pues en el literal. Solo que de forma no tan sangrienta.

Podes cómprate un auto, un barco, un avión, hasta una patineta o una bici. Pero estos vehículos no tienen nada que ver con comprarse una moto. La moto te da extras que los demás no.

Comenzás a viajar distinto, los colores y olores se hacen más presentes. Disfrutas más todo. Conoces un montón de gente genial. Las rutas se llenan de hermanos. Por todo esto y mucho más te digo: la persona que eras antes de comprarte la moto MURIO, ¡Se finit!, ¡Kaput!, ¡Sanseacabo!

La moto por su sola existencia mato esa persona y en su lugar creo una nueva, que como todo necesita de un tiempo para crecer y desarrollarse.

Con los sentidos más alerta. Mas dispuesto a ayudar a los demás. La generosidad se incrementa. También se desarrolla mucho la confianza en sí mismo y muchos etcéteras más.

Te propongo que mires como eras antes y después de habértela comprado. Cuando te uniste por primera vez a algún grupo. O te hiciste amigo de alguien solo porque compartía tu modelo de moto.

A veces esto cambia y otras no. O es una mezcla de todo. ¿Pero te imaginas ahora sin moto?

Tal vez termines en cama como yo. Con algún virus en el cuerpo pero la convicción que el tema viene por otro lado. Por una vida incompleta o la libertad que Jade me da.

Como sea. Acá estoy escribiendo esto. Otra boludez como alguien pregunto: ¿y que paso? ¡Nada! Solo no tengo la moto y para algunos será otra tontería más de las que escribo.

Te mando la mejor y espero que la ruta nos una en algún cruce.

Buenas noches.firma

 

 

 

(Añadido posteriormente)
Sólo tengo una indigestión terrible, otra vez nada paso.

 

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Fuí en moto y volví caminando.

Acá voy en un micro de línea. Todo vestido para la ruta: campera y pantalón con protecciones, botas para moto, ropa térmica. Equipo completo. Solo falta que me ponga el casco y ahí si mi vecino se caga de risa. Bastante esfuerzo hace para mantener la cara de seriedad ante lo ridículo que me veo así en colectivo.

Te preguntarás porqué estoy en esta situación, es fácil de responder: ¡Una tragedia!, tuve que dejar a Jade (así se llama mi moto JAWA-RVM Tekken 250) en un taller y volverme caminando.

Así estoy, muerto de calor y comenzando a despedir ese olorcito a oso encerrado tan característico. Ahora que lo pienso me pregunto si mi acompañante está aguantando la risa o el olor. Creo que mi compañero de viaje durará poco. Mejor caminar respirando aire puro que soportar esto.

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Hablando de caminar, con esto de hacerlo me di cuenta que cuando mi suegra me dice que tengo que hacer ejercicios porque ya se me nota mucho la panza tiene razón. Yo pensé que me lo decía de jodida que es nomas.

El caso es que una vez fui a un gimnasio de pesas y me anote. Ahí nomas empecé a levantar… a levantar quiniela. El físico no mejoro pero el bolsillo si. Chiste fácil para hacer más llevadero esto de andar de peatón por la vida.

Al final no te conté porque deje a Jade. Tranquilo, anda perfectamente, un lujo. Lleva 25.000 km y ni un pinchazo. Entonces como no gasto plata en repararla la gasto en accesorios.

Pregunte quien era el que mejor hacía defensas para motos y la respuesta fue unánime: Escapes Esteban. Listo, me contacte con él y concertamos una entrevista. Hablamos de diseños para la Tekken.

Nos imaginamos distintas formas y esta bueno eso de jugar con un cable grueso de electricidad. No el de las casas sino el de las calles. Son duros y flexibles a la vez. Le vas dando forma y jugando con el diseño y claro está, hay que meterle un poco de imaginación para tratar de ver cómo quedará finalmente.

Con Esteban, o Patricio, así lo llaman algunos (tal vez tenga un alter ego). Quedamos que le traería a Jade y que a la semana la tendría lista. Aproveche la volada para pedirle unos anclajes nuevos ya que también le cambio los baúles laterales. En el último viaje estuve pensando mucho en eso y me comprometí a rever las cosas que llevo conmigo.

Nuevamente averigüe por las opciones y algunos se deliran con marcas que salen más caras que la moto. Mirándolas bien no dan mucho más que eso: una marca sin una diferencia apreciable en el producto que justifique tamaño robo.

La cosa se pone peor cuando buscas baúles de aluminio. Preguntando descubrí los de la marca Ronlaiver, que además desarrollo unos específicos para la Tekken. En el caso de Jade son negros con tapas verdes.

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la cara lo dice todo, ¿no?

Los baúles están buenísimos. Muy bien construidos y diseñados. Son aerodinámicos y de un plástico muy grueso. Tienen unos desniveles que le dan más firmeza a la estructura. También vienen con una manija para el trasporte. Lo mejor de todo: su sistema de cierre. Una cerradura que hay que hacerle una par de movimientos para abrirla, lo que me asegura que no se abrirá accidentalmente durante un viaje.

En este tema de reducir el bulto que llevo como top-case tenía que reubicar donde llevaría los bidones de nafta y agua, ya que no viajo sin ellos. Nunca los necesite para mí, pero si les han servido a otros viajeros.

Entonces ahora Jade llevará detrás de los baúles otro accesorio de Ronlaiver: un soporte para el  bidón de gasolina. La construcción es muy segura y le quedan geniales a la moto. No tengo que andar metiéndole “stikers” de todos los lugares donde anduvimos para mostrarla como una moto viajada. Con esto sólo ya dice que ha recorrido muchas rutas.

El tema del agua lo voy a solucionar con un accesorio de otro proveedor. Son unos soportes para botellas o termos muy interesantes. Los tengo que ir a buscar a Santa Fe.

No veo la hora de tenerla toda armada y sacarle fotos para mostrártela. La Tekken de serie se roba todas las miradas (los que la tienen no me dejarán mentir en algo así). Imagínatela con todos los accesorios y lista para el viaje. Además la defensa la pedí en color amarillo oro, bien farolera. Que le voy a hacer si así me gusta y es mi moto.

TITO

Acá vamos, volviendo a San Pedro en un colectivo muy lento. Con acompañantes que se cambian regularmente. Llevo conmigo dos ansias a cuestas. La primera es para que me devuelvan a Jade. La segunda es verla como quedó.

La semana que viene les cuento. Hasta entonces.

Buenas rutas y suaves vientos.firma

 

 

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La fábrica de JAWA

La fábrica de JAWA

Escribo esto y me emociono nuevamente, déjame que te cuente:

Ayer visitamos la fábrica de motos JAWA, o como se denomina ahora: RVM, con el grupo de los usuarios de la Tekken 250, nos gusta llamarnos “los tekkeneros”. Nos da un aire como de forajidos, y tal vez lo seamos por ser un grupo tan ecléctico, de todas las edades y vidas tan diversas.

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La visita solo fue una excusa para organizar una juntada. La veníamos planeando desde hacía meses. Consultando y generando ideas, sumando voluntades y sobre todo entusiasmándonos.

Para poder realizarla tuvimos que conseguir el visto bueno del dueño de la empresa, o sea, del señor Roberto Martínez. La primera reunión la hice con muchos miedos, iba con ideas locas y llevarlas a cabo significaba el movimiento de muchas personas. Cuando comencé a exponerlas la amabilidad de Roberto me animo a continuar, a contarle todo por más loco que sonara. Es importante que sepas cual fue la generatriz de todo esto.

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En el foro específico de la moto, en un post se hablaba de algunas características del modelo. No estaba muy de acuerdo con lo que decían, pero me abstuve de comentarlo porque recordé mi primer viaje en moto con toda la inexperiencia a cuestas.

Te lo cuento rápidamente: me fui al sur con una Honda Transalp 650, tres meses de uso… Y NUNCA HABIA MANEJADO UNA MOTO. ¿Ya te imaginaste la situación?, ¡un desastre!, menos mal que en esa época, hace 30 años, casi nadie andaba por las montañas en moto.

Todos los caminos eran de ripio y yo manejaba como lo hacía en las avenidas de Buenos Aires, entonces la moto se iba para todos lados. Ahí andaba yo comentando lo inestable que era esa “porquería” de moto.

Lo decía de corazón porque así lo sentía y pensaba. No sabía que para controlar la moto había que manejarla distinto, que había que pararse en los pedalines, que el freno delantero no se toca, etc, etc, y muchos etcéteras más.

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Esta experiencia me ayuda mucho cuando escucho a las personas, pueden estar diciendo “una verdad” pero a la vez estar muy equivocados, la única forma de que lo sepan es mostrándoselos. Básicamente esto fue lo que le propuse a Roberto.

Transitar por caminos de tierra y que los usuarios puedan experimentar el comportamiento de la moto, que se den cuenta que tienen y para qué sirve este modelo.

Así llegamos al día de ayer. Fue gente de todos lados, de Rosario, de Junín, de Mar del Plata, muchos de Buenos Aires y los alrededores. Algunos se estaban moviendo desde el día anterior. 40 Tekkens se juntaron en Cañuelas, ese era el número límite que teníamos y lo completamos fácilmente en la primera convocatoria. El encuentro fue muy emotivo ya que nos conocíamos por el Facebook o por el whatapp pero no personalmente. Fueron muchos minutos de abrazos, saludo y gritos espontáneos al reconocerse dos amigos.

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Todos prestamos atención a la llegada de Roberto Martínez, muchos escucharon hablar de él pero pocos lo conocían. Saludo a todo el mundo y rápidamente organizo el grupo, aconsejo como conducirse por el camino que íbamos a tomar, porque con la lluvia del viernes estaba embarrado y en partes muy complicado.

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Enseguida mostro una de sus facetas: su generosidad, dijo que las caídas estaban dentro de las posibilidades y que si algo se rompía RVM lo pagaba. En las caras de muchos vi la expresión de sorpresa, no es común que un empresario tenga este tipo de respuestas. Esta fue la primera pero no la última, a lo largo del paseo descubrirían más actitudes que lo caracterizan.

Arrancamos la caravana en grupos pequeños, con las motos intercaladas. Me ubique entre los últimos y a los pocos metros tuvimos la primera parada: la moto de un amigo se paraba cuando subía de 3000 revoluciones. Enseguida alguien se agacho y empezó a pedir herramientas, le cerró el paso de nafta y purgo la cuba del carburador. Santo remedio, pudimos seguir.

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La ruta estaba muy cargada ya que era un domingo soleado y esa zona es muy turística, todo se desarrolló muy bien, no tuvimos el disgusto de ver a ningún loquito “pista”. Pasando el peaje de la ruta 205 llegamos al camino de tierra que era nuestro objetivo. Otra vez las motos estacionadas formando un pelotón compacto, muy linda la foto de ese momento.

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Arrancamos y nuevamente a detenernos a los pocos metros, la primera moto que fue al piso: el suelo estaba muy duro y el piloto quiso cambiar de huella sin tomar el recaudo de afirmarse bien en el manubrio, resultado, un parabrisas roto.

A medida que íbamos entrando en el camino la confianza crecía, se volvió divertido y el paseo empezaba a mostrarse lo que era: una aventura. Todos muy ordenados y a su ritmo fueron pasando los kilómetros. Se hicieron algunas paradas más para juntar nuevamente el pelotón.

Las caídas siguieron pasando, por pisar barro flojo o cosas así, pero ya no eran “importantes”: no eran la primera. En otro momento había una gran aglomeración de gente en medio del camino. ¡Sonamos! Dije pensando que la cosa se veía grave.

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Al acercarme veo que a una moto se le salió la cadena, incluso en la parte del piñón (parece que estaba demasiado floja). Lo interesante fue que quien estaba con las manos engrasadas tratando de encarrilarla era Roberto y eso convocaba tanta gente. Ver la humildad y su pericia con las motos es algo que impacta.

Cuando estuvo solucionado y después de muchas bromas arrancamos otra vez… y van…

Más adelante se presentó un desafío importante: barro en todos lados y sólo dos huellas, una profunda que metía miedo y otra más “linda” pero más traicionera, ahí estaban todos parados viendo cual agarraba cada piloto y creo que hasta levantaban apuestas a ver si alguno caía, nadie lo hizo.

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De esta manera llegamos a la fábrica, entusiasmados, contentos pero sobre todo hambrientos ya que un camino de 30 km nos llevó como dos horas. La caravana entro tocando las bocinas y no quedo pájaro en la zona.

Las motos por segunda vez estuvieron en ese playón, la primera fue para ser cargadas en un camión y enviadas a alguna agencia, y esta, estacionadas muy ordenadas para pasar el momento.

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Nos esperaban con una choriceada, nuevamente invitación de JAWA y su gente, todos hacían algo, ordenaban, asaban, etc. Estaban incluso las hijas y el nieto de Roberto, también algunos chicos que no supe de quienes eran, todo muy familiar.

Comimos, charlamos, contamos historias, algunos eran premiados con nuevos sobrenombres. Era una fiesta. Después de la sobremesa vino el plato fuerte: el show de Maxi Tsabazis (este muchacho necesita un nombre más artístico).

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Realiza “stunt” con una Tekken, increíble lo que puede hacer. Sólo le falta hacerla hablar, ¡va!, por ahí lo hace ya que la moto ruge mucho. Mucha adrenalina por verlo en acción. En un momento su ayudante le saca la rueda delantera de la moto y se pone a andar así. Me preguntaba y creo que todos los demás lo mismo: ¿cómo iba a parar? Por supuesto lo hizo y de forma espectacular.

Para quien le gustan las motos es algo que hay que ver, mis felicitaciones y respeto por el dominio que tiene. Lo más loco de todo era que la moto no tenía grande modificaciones, un freno extra en la rueda trasera para accionarlo con la mano izquierda, ruedas más vale lisas, el tanque modificado para poder sentarse en él y no mucho más, por lo demás es la misma moto de serie que todos teníamos.

En un momento preguntan quién quería hacer un truco con Maxi, le di manija a mi mujer y allá fue ella. La sentó en la moto y al momento estaba andando en una rueda, entre aplauso y aplauso se escuchó un grito: “Picasso te mato”. Ya ven que no lo hizo o no estaría escribiendo esto.

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De esta manera se fue desarrollando la fiesta, yo no era una juntada, hubo regalos y sorteos de remeras y buzos. Solo era una forma de materializar algo que tenemos: la camiseta de JAWA-RVM todos la tenemos puesta.

Así poco a poco nos fuimos despidiendo y rumbeando para nuestras casas. Todos ansiosos por ver fotos y videos en el Facebook, y porque no, hacerle algún comentario ingenioso a las imágenes para diversión de todos.

Tarde genial, esta fue la conclusión de todos, orgullosos de tener la moto que tenemos y sobre todo de ser parte de la familia JAWA-RVM. Gracias por tanto.

Ya podemos decir: YO ESTUVE EN LA JUNTADA TEKKEN.

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Próxima aventura:

Gesell, sus médanos y el Faro Querandíes.

 


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Eugenio Casasnovas

Conclusiones de mi viaje de Córdoba a Ushuaia en moto

Si sos uno de los privilegiados que hizo un viaje de varios días en moto, todo lo que sigue no será ninguna novedad para vos. Ya lo viviste. Ya lo sabés.

Pero si sos de esos que tiene la “idea loca” de cargar tus bártulos en tu moto y viajar mas allá del horizonte, creo que lo que te escribo te puede ser útil. El destino en sí es la excusa. Pero hay que tener en cuenta que pueden haber mil imponderables por lo que no se llegue a el destino previsto. No importa. Sean cien, mil o diez mil kilómetros, la experiencia comienza desde el momento en que verificas que tenés todo listo y prendés la moto para irte de tu casa. Cuando abandonás temprano tu ciudad y de a poco empezás a recorrer lugares que cada vez te son menos familiares, hasta que llegás a esos en que todo es nuevo. Ver carteles en la ruta con nombres de ciudades que solo viste en fotos de otros viajeros o en el mapa y ahora estas por pasar vos.

Viajar solo tiene su “mística”. Viajar acompañado simplifica mucho el viaje. Hay un montón de momentos en que es bueno tener quien se quede a “cuidar” las motos mientras otro hace algún trámite o averiguación. Viajar de a dos motos puede disminuir mucho la carga por moto. Por ejemplo: se puede llevar una carpa y un kit de camping cada dos motos. Igual para las herramientas, kit de reparación de cubiertas, aceite lubricante para cadenas, botiquín, etc.

Si nunca lo hiciste y se te presenta la oportunidad: no lo dudes… ¡Hacelo! Es una experiencia que te va a quedar para toda la vida.

Espero que los datos que doy acá sirvan.

Datos del viaje:

Trayecto: Córdoba – Río Colorado – Trelew – Comodoro Rivadavia – Río Gallegos – Río Grande – Ushuaia – Río Grande – Río Gallegos – Río Turbio – Puerto Natales – Parque Nac. Torres del Paine – El Calafate – Glaciar Perito Moreno – Bariloche – Neuquén – La Pampa – Córdoba

tito

Mi moto: Yamaha Fazer YS 250 modelo 2012

Kms a la partida: 14.000

Kms. Recorridos: 8.000

Fecha: enero 2016

Duración: 24 días

Costo del viaje (aprox.) : $18.000 (nafta, alojamiento, comida y extras) –sin los gastos de preparar la moto-

Modificaciones y accesorios de la moto:

  • Parabrisas pro-screen
  • Cubiertas: Metzeler Enduro 3 110/90-17 adelante y 130/80-17 atrás (con slime las dos).
  • Luz principal: led 18-24w
  • Faros auxiliares: led 10w c/u Toma 12 voltios
  • Puños calefaccionados marca Oxford
  • Voltímetro para controlar el consumo y la carga de la batería
  • Chapón protector de carter y defensas hechas a medida.
  • Baulera Givi grande
  • Alforjas Givi
  • Bolso sobre asiento Ridercraft. Lo voy a cambiar por uno cilíndrico estanco. Este no me resultó o tal vez lo cargué demasiado.
  • Bolso sobre tanque Ridercraft (muy práctico)
  • Bidón 8 litros (no me hizo falta. 8 lts. son muchos para mi moto, cuando mucho hubiera llevado uno de 3 lts.)

Lo mas práctico:

  • El control de “velocidad crucero” que descansa muchísimo la mano derecha.
  • El chaleco eléctrico Sraggio y los puños calefaccionado Oxford: me cubrieron del frío.
  • Las cubiertas con tacos me ayudaron mucho en los 500 kms que hice en ripio y no afectaron en nada el andar en asfalto. Tal vez sea sicológico o inseguridad mía ya que mi compañero Rogelio hizo ripio en su YS 250 con las Sport Demon llevando a su novia y no tuvo ningún problema. Como observación de las cubiertas debo decir que se notó en el viaje con la moto cargada y con mucho viento que la cubierta trasera es mas grande y debería haber modificado la transmisión para compensar eso. Cambiar el piñón de 15 dientes por uno de 14 hubiera sido suficiente. No es algo de gran relevancia, ya que la moto se la bancó sin problemas, pero si alguien va a hacer lo que hice de cambiar por una cubierta, sería bueno que lo tomara en cuenta. Las motos de baja cilindrada acusan mucho la carga y el viento.
  • Aceite WD40: lubricó la bisagra del casco que se había endurecido por la tierra, y los cierres de las alforjas que se habían puesto duros por lo mismo
  • El medidor de presión de las cubiertas y el compresor.
  • El suplemento para el pié de apoyo de la moto ya que todas las banquinas tienen ripio y se afirma mucho mejor la moto con el peso extra de la carga. Ni hablar en caso de barro.
  • Lo que menos usé:
  • El termo de 1 litro. No lo usé en todo el viaje.
  • El bidón de nafta no fue necesario en ningún momento. Podría, eventualmente, llevar uno mas chico, pero no uno de 8 lts.
  • La carpa y el equipo de camping (colchón inflable, bolsa de dormir, calentador, etc.) la usé solo 2 noches en El Calafate.

Repuestos:

  • Un juego de transmisión completo. En realidad hubiera llevado solo la cadena –que sí se puede llegar a romper-, ya que el piñón y la corona estaban en buen estado.
  • Bujía.
  • Lámpara principal halógena.
  • Pilas para el control remoto de la alarma.
  • Precintos varios.
  • Cinta autoadhesiva.
  • Un filtro de aceite (el aceite es fácil de conseguir, el filtro no).

Seguridad:

  • Alarma en la moto
  • Traba de disco con alarma
  • Cadena de seguridad con llave.

Costumbres personales:

  • Usar mapa en papel y no tengo GPS en el instrumental de la moto.
  • No escucho música mientras viajo
  • Consulto eventualmente el mapa del GPS en el celular en caso de alguna duda puntual. Tengo los mapas descargados ya en el celu y no necesito internet para verlos.
  • No manejo de noche –salvo que no quede otra-.

Manual del Moto Viajero agradece la colaboración de Eugenio Casasnovas contándonos su experiencia.

Si tenés la tuya y querés compartirla mandános un mail. Te lo vamos a agradecer.

¿Viajar solo o acompañado?

Una frase del filósofo Heráclito dice: “nadie puede bañarse dos veces del mismo río”. Aunque nos confunda, habla del cambio.

Cada viaje tiene su particularidad. Siempre son distintos: las rutas, el clima, los paisajes, nuestro ánimo. ¡Todo!

Hay que tener un espíritu especial para emprender una aventura en solitario, transitar caminos inhóspitos donde claramente hace tiempo nadie circula. Nos llena de interrogantes sobre lo que pasara, si podremos resolverlo, si necesitaremos ayuda, etc.

Afrontar los miedos y seguir camino, exitosamente o no, nos marcará. Al llegar a destino generará un sentimiento de superación.

Entonces el viaje se convierte en una introspección, una profunda exploración de lo que somos y pensamos. Pasan los kilómetros y en el encierro de nuestro casco nos hacemos preguntas y nos contestamos, tal vez impostando voces. Otras veces cantamos.

Suele pasar que durante el trayecto escribamos el libro de nuestras vidas, las ideas fluyen. ¡Son fantásticas! Pero cuando paramos, nos olvidamos totalmente de esos pensamientos: son tan efímeros como los paisajes.

Algunas veces estos son tan imponentes que nuestros ojos no alcanzan a verlo todo. Necesitamos la ayuda de alguien para poder hacerlo. Surge la necesidad de compartir el momento.

Cuando viajamos acompañados o a la par de otra moto. Nace un sentimiento de camaradería y protección. Las vivencias compartidas son las que realmente recordaremos de la aventura.

Hace un tiempo encontré a mi compañera, mi socia, mi norte… desde ese instante los viajes dejaron de ser solitarios, se convirtieron en algo sublime. Vividos plenamente con todos los sentidos.

Por cuestiones de horarios laborales a veces no me acompaña, pero siempre está presente. Tal vez esto sea una declaración de amor.

¿Vos cómo viajas?

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El cuerito

La historia es más o menos así…

Desde siempre quise un cuero de corderito para el asiento de la moto. Sabía que era bueno para los viajes largos: si los gauchos lo usaban por algo sería.

En un viaje al sur, pasando Neuquén, en una chacra al lado del camino llena de ovejas, me dije: ¡Acá es el lugar!

Pare, aplaudí como quien ve un espectáculo y de tanto hacerlo apareció el “gringo” (gaucho para los citadinos).

Después de mucho “chamuyarlo” terminó dándome el corderito que usaba en su caballo. Era precioso, tan blando como una tela. Muy bien curtido.

Así seguí viaje, orgulloso de mi nuevo trofeo, lo más preciado en mi equipo de moto.

Llegué al Lago Nahuel Huapi y acampé en medio de la montaña, cerca del paso Samoré, por el lado Argentino. En un lugar llamado Brazo Rincón.

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Estando el campamento armado, con el fogón listo para calentar el agua del mate, me pongo a conversar con un lugareño. En mala hora se me ocurre indagarlo si conocía sobre caballos y monturas. “Por supuesto, faltaba más”, dijo alejándose de la humildad como buen argentino.

Le pregunté sobre los cuidados que tenía que darle a mi nuevo tesoro. Que lo lavara con jabón neutro, lo dejara secar y listo. ¡Cómo nuevo!, me respondió.

De más está decir que fue lo primero que hice cuando llegué a casa, desarme la moto, lave y puse a secar el corderito según las instrucciones.

Pasaban los días y no se secaba, opte por ponerlo al sol. Alguna equivocación cometí ya que finalmente se pudrió y no sirvió más. La cagué como el mejor.

Para hacerla corta diré que al año siguiente, en un nuevo viaje fui para Chile. Como estaba con ganas de rutear seguí para Brasil. A veces el GPS se desconfigura y termino en cualquier lado.

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3000 km más adelante, cuando voy llegando a la ciudad de Pelotas, muy oportunamente se me empieza a paspar lo que está al detrás de las mismas.

En la desesperación pensé que podría solucionarlo con un corderito. Allí empezaron mis desventuras.

Primero comprar un diccionario para traducir y luego pronunciar “cuero de oveja”, algo así como “couro de ovelha“. Muy graciosa la cara que ponían los brasucas cuando trataba de pronunciar eso en “portugués”. Lástima que mi dolor de posaderas no me dejara disfrutar del momento.

Insistiendo durante días, en diferentes lugares, al fin consigo el famoso cuero… ¡pero era cuero! Yo lo quería con la lana.

– haaaaa, me dijeron, entonces usted busca “Lã de ovelha” (lo pronuncian: “laaa de ovela”, arrastrando la “a” o algo por el estilo).

Ahí vamos de nuevo por la ciudad, emitiendo sonidos que nadie entiende. Hasta que en un pueblito, en una “agropecuaria”, lo  consigo.

Pero el daño ya estaba hecho, tenía las posaderas a la miseria y sentarme en la moto era un suplicio. Entonces se me ocurre una solución mágica: MAIZENA

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¡Otra vez a traducir y pronunciar eso! Ahora es divertido, pero en ese momento era para matar a alguien.

Por fin la encontré en un almacencito que atendía una viejita muy amable, después de muchas muecas y señas pude hacerme entender. Todavía me pregunto cómo lo hice.

Allá andaba yo, parando en cada estación de servicio y desgraciándome en el baño poniéndome “almidón de maíz”. Todo blanco quedaba: mi culo, los pantalones, la remera, el piso, ¡todo!

Con eso más o menos la fui llevando. Si bien no curaba al menos no empeoraba.

Un buen día decido volver para Argentina y cruzo la frontera, todo bien, como por un tubo. Cuando ya estaba en la soledad de la ruta, con todo el tiempo para pensar, me doy cuenta que pase por dos destacamentos fronterizos con UN KILO DE POLVITO BLANCO en mi riñonera.

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De buen quilombo me salvo mi buena suerte, sino, hasta que viniera el perito y constatara que el polvito era inofensivo… mejor no pensar en que nuevo lío me hubiera metido.

Hoy todo eso está solucionado. Tengo un cuerito espectacular que ni en pedo lavo, oloroso y mugriento, pero sano.

Fin (de esta historia)

firma

 

 

 

 

Si quieres conocer donde sucedió la historia ACA.
Para encontrar más información sobre el mismo ACA.

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