El cuento del colibri

El cuento del colibri

Cuentan que un día hubo un enorme incendio en la selva.

Todos los animales huían despavoridos, pues era un fuego terrible.

De pronto, el jaguar vio pasar sobre su cabeza al colibrí… en dirección contraria, es decir, hacia el fuego.

Le extrañó sobremanera, pero no quiso detenerse.

Al instante, lo vio pasar de nuevo, esta vez en su misma dirección.

Pudo observar este ir y venir repetidas veces, hasta que decidió preguntar al pajarillo, pues le parecía un comportamiento bastante estrafalario:

  • ¿Qué haces colibrí?, le preguntó.
  • Voy al lago – respondió el ave – tomo agua con el pico y la echo en el fuego para apagar el incendio.

El jaguar se sonrió.

  • ¿Estás loco? – le dijo. ¿Crees que vas a conseguir apagarlo con tu pequeño pico tú solo?
  • Bueno – respondió, el colibrí – yo hago mi parte…

Y tras decir esto, se marchó a buscar más agua del lago.

Este relato siempre lo tengo presente, particularmente el final: YO HAGO MI PARTE. Esta frase trato de aplicarlo en todos los aspectos de mi vida.

En el mundo de las motos veo frecuentemente acciones u omisiones donde el cuento aplicaría perfectamente. Un ejemplo claro es cuando algún motero dice que ya no saluda en ruta porque no le devuelven el gesto.

O se enoja porque ayuda siempre y cuando puso el casco en el piso por algún problema nadie paró.

Hay muchos ejemplos sobre los comportamientos de moteros y los que no lo son. Algunos manejan motos desconociendo totalmente los códigos que nos definen como hermandad.

Indistintamente cada uno debería manejar, viajar y vivir como mejor le parezca sin estar pendiente del accionar del otro.

Todo lo antedicho viene a cuento porque tuve la oportunidad de participar de un evento que involucra a la mayoría, pero sus consecuencias nos afectaran a todos y era evidente que todos no estaban.

El resultado realmente me tiene sin cuidado. Los dados ya están girando y pronto veremos el resultado.

Retorno a mi ciudad tranquilo.

¡YO HICE MI PARTE!

firma


PD: recuerda suscribirte con el botón que está en el menú de la izquierda para recibir las próximas entregas.


Grupo de Facebook banner chico

instagramfacebookYoutube


Secciones destacadas:

Blog G
Anecdotas G
Galeria de fotos G
Viajeros G


Fuí en moto y volví caminando.

Fuí en moto y volví caminando.

Acá voy en un micro de línea. Todo vestido para la ruta: campera y pantalón con protecciones, botas para moto, ropa térmica. Equipo completo. Solo falta que me ponga el casco y ahí si mi vecino se caga de risa. Bastante esfuerzo hace para mantener la cara de seriedad ante lo ridículo que me veo así en colectivo.

Te preguntarás porqué estoy en esta situación, es fácil de responder: ¡Una tragedia!, tuve que dejar a Jade (así se llama mi moto JAWA-RVM Tekken 250) en un taller y volverme caminando.

Así estoy, muerto de calor y comenzando a despedir ese olorcito a oso encerrado tan característico. Ahora que lo pienso me pregunto si mi acompañante está aguantando la risa o el olor. Creo que mi compañero de viaje durará poco. Mejor caminar respirando aire puro que soportar esto.

20170929_133339

Hablando de caminar, con esto de hacerlo me di cuenta que cuando mi suegra me dice que tengo que hacer ejercicios porque ya se me nota mucho la panza tiene razón. Yo pensé que me lo decía de jodida que es nomas.

El caso es que una vez fui a un gimnasio de pesas y me anote. Ahí nomas empecé a levantar… a levantar quiniela. El físico no mejoro pero el bolsillo si. Chiste fácil para hacer más llevadero esto de andar de peatón por la vida.

Al final no te conté porque deje a Jade. Tranquilo, anda perfectamente, un lujo. Lleva 25.000 km y ni un pinchazo. Entonces como no gasto plata en repararla la gasto en accesorios.

Pregunte quien era el que mejor hacía defensas para motos y la respuesta fue unánime: Escapes Esteban. Listo, me contacte con él y concertamos una entrevista. Hablamos de diseños para la Tekken.

Nos imaginamos distintas formas y esta bueno eso de jugar con un cable grueso de electricidad. No el de las casas sino el de las calles. Son duros y flexibles a la vez. Le vas dando forma y jugando con el diseño y claro está, hay que meterle un poco de imaginación para tratar de ver cómo quedará finalmente.

Con Esteban, o Patricio, así lo llaman algunos (tal vez tenga un alter ego). Quedamos que le traería a Jade y que a la semana la tendría lista. Aproveche la volada para pedirle unos anclajes nuevos ya que también le cambio los baúles laterales. En el último viaje estuve pensando mucho en eso y me comprometí a rever las cosas que llevo conmigo.

Nuevamente averigüe por las opciones y algunos se deliran con marcas que salen más caras que la moto. Mirándolas bien no dan mucho más que eso: una marca sin una diferencia apreciable en el producto que justifique tamaño robo.

La cosa se pone peor cuando buscas baúles de aluminio. Preguntando descubrí los de la marca Ronlaiver, que además desarrollo unos específicos para la Tekken. En el caso de Jade son negros con tapas verdes.

20170929_133906
la cara lo dice todo, ¿no?

Los baúles están buenísimos. Muy bien construidos y diseñados. Son aerodinámicos y de un plástico muy grueso. Tienen unos desniveles que le dan más firmeza a la estructura. También vienen con una manija para el trasporte. Lo mejor de todo: su sistema de cierre. Una cerradura que hay que hacerle una par de movimientos para abrirla, lo que me asegura que no se abrirá accidentalmente durante un viaje.

En este tema de reducir el bulto que llevo como top-case tenía que reubicar donde llevaría los bidones de nafta y agua, ya que no viajo sin ellos. Nunca los necesite para mí, pero si les han servido a otros viajeros.

Entonces ahora Jade llevará detrás de los baúles otro accesorio de Ronlaiver: un soporte para el  bidón de gasolina. La construcción es muy segura y le quedan geniales a la moto. No tengo que andar metiéndole “stikers” de todos los lugares donde anduvimos para mostrarla como una moto viajada. Con esto sólo ya dice que ha recorrido muchas rutas.

El tema del agua lo voy a solucionar con un accesorio de otro proveedor. Son unos soportes para botellas o termos muy interesantes. Los tengo que ir a buscar a Santa Fe.

No veo la hora de tenerla toda armada y sacarle fotos para mostrártela. La Tekken de serie se roba todas las miradas (los que la tienen no me dejarán mentir en algo así). Imagínatela con todos los accesorios y lista para el viaje. Además la defensa la pedí en color amarillo oro, bien farolera. Que le voy a hacer si así me gusta y es mi moto.

TITO

Acá vamos, volviendo a San Pedro en un colectivo muy lento. Con acompañantes que se cambian regularmente. Llevo conmigo dos ansias a cuestas. La primera es para que me devuelvan a Jade. La segunda es verla como quedó.

La semana que viene les cuento. Hasta entonces.

Buenas rutas y suaves vientos.

firma


PD: recuerda suscribirte con el botón que está en el menú de la izquierda para recibir las próximas entregas.


Grupo de Facebook banner chico
instagramfacebookYoutube


Secciones destacadas:

Blog G
Anecdotas G
Galeria de fotos G
Viajeros G


El cuerito

El cuerito

La historia es más o menos así…

Desde siempre quise un cuero de corderito para el asiento de la moto. Sabía que era bueno para los viajes largos: si los gauchos lo usaban por algo sería.

En un viaje al sur, pasando Neuquén, en una chacra al lado del camino llena de ovejas, me dije: ¡Acá es el lugar!
Pare, aplaudí como quien ve un espectáculo y de tanto hacerlo apareció el “gringo” (gaucho para los citadinos).

Después de mucho “chamuyarlo” terminó dándome el corderito que usaba en su caballo. Era precioso, tan blando como una tela. Muy bien curtido.
Así seguí viaje, orgulloso de mi nuevo trofeo, lo más preciado en mi equipo de moto.

Llegué al Lago Nahuel Huapi y acampé en medio de la montaña, cerca del paso Samoré, por el lado Argentino. En un lugar llamado Brazo Rincón.

1

Estando el campamento armado, con el fogón listo para calentar el agua del mate, me pongo a conversar con un lugareño. En mala hora se me ocurre indagarlo si conocía sobre caballos y monturas. «Por supuesto, faltaba más», dijo alejándose de la humildad como buen argentino.

Le pregunté sobre los cuidados que tenía que darle a mi nuevo tesoro. Que lo lavara con jabón neutro, lo dejara secar y listo. ¡Cómo nuevo!, me respondió.
De más está decir que fue lo primero que hice cuando llegué a casa, desarme la moto, lave y puse a secar el corderito según las instrucciones.

Pasaban los días y no se secaba, opte por ponerlo al sol. Alguna equivocación cometí ya que finalmente se pudrió y no sirvió más. La cagué como el mejor.
Para hacerla corta diré que al año siguiente, en un nuevo viaje fui para Chile. Como estaba con ganas de rutear seguí para Brasil. A veces el GPS se desconfigura y termino en cualquier lado.

2

3000 km más adelante, cuando voy llegando a la ciudad de Pelotas, muy oportunamente se me empieza a «paspar» lo que está al detrás de las mismas.
En la desesperación pensé que podría solucionarlo con un corderito. Allí empezaron mis desventuras.

Primero comprar un diccionario para traducir y luego pronunciar “cuero de oveja”, algo así como “couro de ovelha“. Muy graciosa la cara que ponían los brasucas cuando trataba de pronunciar eso en portugués. Lástima que mi dolor de posaderas no me dejara disfrutar del momento.

Insistiendo durante días, en diferentes lugares, al fin consigo el famoso cuero… ¡pero era cuero! Yo lo quería con la lana.

– haaaaa, me dijeron, entonces usted busca “Lã de ovelha” (lo pronuncian: “laaa de ovela”, arrastrando la “a” o algo por el estilo).
Ahí vamos de nuevo por la ciudad, emitiendo sonidos que nadie entiende. Hasta que en un pueblito, en una “agropecuaria”, lo  consigo.

Pero el daño ya estaba hecho, tenía las posaderas a la miseria y sentarme en la moto era un suplicio. Entonces se me ocurre una solución mágica: MAIZENA

3

¡Otra vez a traducir y pronunciar eso! Ahora es divertido, pero en ese momento era para matar a alguien.
Por fin la encontré en un almacencito que atendía una viejita muy amable, después de muchas muecas y señas pude hacerme entender. Todavía me pregunto cómo lo hice.

Allá andaba yo, parando en cada estación de servicio y desgraciándome en el baño poniéndome almidón de maíz. Todo blanco quedaba: mi culo, los pantalones, la remera, el piso, ¡todo!
Con eso más o menos la fui llevando. Si bien no curaba al menos no empeoraba.

Un buen día decido volver para Argentina y cruzo la frontera, todo bien, como por un tubo. Cuando ya estaba en la soledad de la ruta, con todo el tiempo para pensar, me doy cuenta que pase por dos destacamentos fronterizos con UN KILO DE POLVITO BLANCO en mi riñonera.

5

De buen quilombo me salvo mi buena suerte, sino, hasta que viniera el perito y constatara que el polvito era inofensivo… mejor no pensar en que nuevo lío me hubiera metido.

Hoy todo eso está solucionado. Tengo un cuerito espectacular que ni en pedo lavo, oloroso y mugriento, pero sano.

Fin (de esta historia)

firma

Si quieres conocer donde sucedió la historia ACA.
Para encontrar más información sobre el mismo ACA.

PD: recuerda suscribirte con el botón que está en el menú de la izquierda para recibir las próximas entregas.


Grupo de Facebook banner chico
instagramfacebookYoutube


Secciones destacadas:

Blog G
Anecdotas G
Galeria de fotos G
Viajeros G


Abrir chat