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Buscando a Pepe (Mujica) – parte 1

Esta aventura empezó como todas, no cumpliéndose nada de lo que planee. Comenzando porque al medio día me puse a armar la moto en vez de salir bien temprano.

Ni bien arranque me agarro el sol bien fuerte por lo que decidí cambiar el equipo y ponerme el de verano. Fue el primer error y quedó demostrado a los primeros kilómetros. Empecé a tener frío.

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Como buen motero y bien machote me la aguante hasta llegar a Zárate donde hice la primera parada para encontrarme con unos amigos. Ahí aproveche y me puse una campera de softshell debajo de la de moto, santo remedio.

Nuevamente la desorganización se hizo presente: mensaje de mi amigo que me esperaba pasando el puente, en la estación de servicio que estaba “ahí nomás”. Resulto ser la Axion que está a 30 km del destino.

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Finalmente pude encontrarme con mi amigo Ricky y me presento 3 moteros más. Ni bien llegué admire sus máquinas, principalmente el KLR que está muy preparado para ruta. Luego me comentarían que en un mes salen de viaje y su destino será el mundo entero.

Ya sumado a la caravana de 3 motos tomamos ruta nuevamente con destino al camping de una agrupación. Pero antes de llegar varias cosas pasaron.

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Durante el viaje vi varias veces una moto Triumph roja, una clásica. No sé en qué momento me pasaba pero siempre la encontraba parada al costado del camino. La última vez que la vi estaba tirada en medio de una calle de Gualeguaychú.

Al parecer el piloto piso una grieta que le mordió la rueda delantera haciéndolo caer. Con mis compañeros cortamos el tránsito, lo ayudamos a correr la moto y pedí una escoba para barrer los pedazos de vidrio que estaban sobre la calzada.

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El que menos idea tenía de nuestro destino era yo así que iba al fondo del pelotón, me dejaba llevar tranquilamente. Pasamos por la costanera y luego por el puente poniendo rumbo hacia el camping Ñandubaysal, ya estaba anocheciendo bastante.

En una parte del camino hicimos el famoso PPS (Paro-Pregunto-Sigo) y parece que andábamos bastante errados. Solo teníamos “una foto” de pantalla del Google Maps marcando el destino, o sea que de mucho no servía.

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Utilice la vieja técnica de poner el GPS en el modo mapa y buscar la zona a ojo hasta encontrar un punto y decirle “quiero ir ahí”. De esa manera nos orientamos y encaramos.

Ya era de noche y bastante oscura. Calles de tierra, tenía miedo por una moto tipo pista que venía en el grupo pero finalmente llegamos y pudimos armar carpas. Ya había otras montadas pero sus ocupantes no estaban.

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Cuando el campamento estuvo armado cenamos lo que cada uno había llevado. Algunos decidieron ir a la ciudad a ver qué onda. Ricky se quedó conmigo hablando de todo un poco, arreglamos el mundo en un par de horas, particularmente el de los motociclistas.

Pienso que uno sale a la ruta buscando estas conversaciones, sentado bajo las estrellas y hablando tranquilamente con un amigo, escuchando y compartiendo. Son momentos que quedan grabados.

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Cerca de la media noche volvieron todos, incluidos los de las carpas vecinas. Presentación va, presentación viene, de pronto empiezo a reconocer caras o motos. Algunos los seguía por Facebook pero no los conocía personalmente.

Incluso había gente de ciudades vecinas a la mía. Nueva ronda de charla y por último cada uno a su espacio a dormir. El viento soplo toda la noche y arrullaba el sueño.

Mañana será otro día.

Hasta entonces.firma

 

 

 


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Córdoba – parte 5

Villa María (Córdoba) – San Pedro (Buenos Aires)

Dormimos espléndidamente y la habitación por lo chica que era fue muy fácil de calefaccionar. Por eso andábamos en remera dentro de ella pero cuando salimos la cosa cambio bastante.

Cuando salí para ir a desayunar tuve que volverme rapidito a buscar abrigo del frío que hacía. Ni quería imaginarme el que haría en la calle.

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Al dejar el hotel hacía un día precioso, muy soleado pero fresco, demasiado. La sensación térmica producto del viento generado por el andar de la moto era muy cortante.

Salimos a la ruta con equipo completo para ese clima, lo que fue un acierto ya que estaba bravo realmente. Un viento cruzado y el frío hacían que el retorno se viviera de una forma muy particular.

Mi mujer acaba de decirme: “vos tenés problemas con los finales”. Creo que tiene toda la razón, cada vez que tengo que escribir el epílogo de un viaje me sucede lo mismo: no sé sobre qué escribir ya que en la ruta raramente sucede algo.

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Los paisajes son totalmente cotidianos y todo pasa por nuestra cabeza. El viaje se torna muy reflexivo al recordar donde estuvimos pero más que nada pensar en nuestro hogar, en las cosas cotidianas que dejamos y extrañamos. La necesidad de volver.

El retorno siempre es muy silencioso. Raramente hablamos por los intercomunicadores, tal vez por la nostalgia, tal vez cansancio, o un poco de todo eso hace que estemos ensimismados.

A medida que pasaban las horas y el día avanzaba, la ruta se cargaba cada vez de más de autos. Comenzaba el retorno de los que salieron por el fin de semana largo y normalmente lo hacen a gran velocidad.

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Siempre te encontrás con algún hijo de puta que hace maniobras arriesgadas y ponen en peligro a todo el mundo. Por eso hay que volver muy atento a los espejos retrovisores.

Haber adelantado hasta Villa María nos dejó por delante 400 km hasta San Pedro, podíamos hacer tiros de 200 km o mejor aún, dos de 150 y uno final de 100.

Extrañamente a lo que me imagine me cruce con pocas motos en la ruta, y de las pocas que vi ninguna de ellas eran de las que fueron a Tucumán a participar del rally de motos clásicas.

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Llegamos a destino cerca de las 18 hs. La moto nuevamente se comportó de forma espectacular llevándonos y trayéndonos sin ningún tipo de problema, demostrando que la confianza depositada en ella tiene sus fundamentos.

Otro viaje para recordar, principalmente porque Valeria lo disfruto mucho y volvió feliz. Paseo y descanso como quería, tal vez le faltó un poco de aventura por el medio de las sierras. Pero ya vendrán otros para hacer eso.

Hasta ese momento.firma

 

 

Parte 4


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Córdoba – parte 4

La Serranita (Córdoba) – Villa María (Córdoba)

Ya se hizo rutina esto de despertarnos a las 9 de la mañana, ni da luchar contra molinos de viento. Me levante con la intriga de cómo sería el paisaje del lugar.

En el hogar de la Posada estaba encendido un fuego gigante. Empezamos muy bien.

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El desayuno fue exquisito. Fue servido con unos dulces hechos por la dueña de casa, repetimos varias veces.

Salir al patio nos revelo un paisaje maravilloso, además hacia un día espectacular. Esto último nos sorprendió ya que el anterior estuvo muy frío y nublado, amenazaba con ponerse peor.

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Despacio y al sol arme la moto mientras mi mujer compraba dulces para llevar. Luego nos despedimos muy cariñosamente ya que los dueños son personas de gran valía.

Tomamos la ruta provincial 5, es serpenteante, que sube, que baja, que rota hacia la izquierda y luego a la derecha para volver a repetir todo.

De pronto aparece el embalse Los Molinos, que sorprende y es de una belleza increíble.

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En el dique paramos a tomar mate y disfrutar el paisaje. Pasaban muchas motos de gran cilindrada ya que había un encuentro en Rumipal y estábamos cerca.

Después de un rato me puse a observar a las personas que estaban alrededor, note algo que llamo mí atención: bajaban del auto o colectivo, se acercaban al borde fascinados por el entorno, luego se sacaban un par de fotos y seguidamente se ponían a mirar el celular y ya no apreciaban el entorno. Como si les diera lo mismo o directamente no existía.

Pensé que llegar allí tiene un costo en esfuerzo, en tiempo y por su puesto en plata. Llegar y no comprometerse con el entorno me resulta un despilfarro incomprensible.

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Como que solo es ir a buscar la foto sin vivir el entorno. Muchas veces me digo que no vale la pena tomar una foto del lugar ya que en internet hay fotos más espectaculares sacadas por profesionales, solo hay que buscarlas.

Llegué a la conclusión que todo tiene un tiempo, cuando comenzamos a mirar cualquier cosa menos el paisaje quiere decir que la parada ha sido suficiente y es hora de seguir.

Retomamos ruta para parar unos kilómetros más adelante en la ciudad de Villa General Belgrano, era un loquero de gente. Es uno de los lugares donde realmente no quiero ir, reconozco lo pintoresco del lugar pero siempre está siempre lleno de turistas y el tráfico se torna imposible.

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La parada fue necesaria para terminar de comprar unos presentes que queríamos llevar. Estuvimos muy poco tiempo, lo necesario para realizar estas compras, pero alcanzo para encontrarme con personas que estuvimos hablando vía Facebook.

Seguimos paseando hasta llegar a la ciudad de Embalse y desde allí buscar la ruta Provincial 6 que nos llevaría primero a Río Tercero y luego a Villa María, nuestro destino final para el día.

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Durante el trayecto el viento fue aumentando y la temperatura descendiendo mucho. Habiendo empezado con una mañana tan linda y agradable no imaginamos que a la tarde la situación cambiaría tan drásticamente y nos faltaba abrigo.

Llegamos congelados y lo único que queríamos era parar en algún bar a merendar un café caliente.

Cuando se configura un GPS con una ciudad como destino, generalmente te lleva al centro de la misma. Normalmente la plaza más importante donde está la municipalidad y también la iglesia principal.

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Al ir acercándonos nos preguntábamos si ya habíamos estado, nos resultaba vagamente familiar. Paramos en una esquina que tenía el bar y desde donde podíamos mirar la moto que estaba estacionada totalmente cargada y equipada.

Ni bien entramos nos dimos cuenta que efectivamente ya estuvimos. Además recordábamos una mala experiencia con ese lugar, mala atención, el wifi lo tienen al pedo ya que un año después sigue sin funcionar.

Luego de un buen tiempo de espera viene la moza diciendo que lo que habíamos pedido no lo tenían. Eso colmó el vaso, nos levantamos y nos fuimos con rumbo a una estación de servicio que conocíamos donde podríamos conectarnos perfectamente.

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Ya era de noche y aún no teníamos donde parar. Necesitábamos un lugar tranquilo y con buena conexión a internet para realizar la búsqueda.

Llamamos a todos lados y todo estaba ocupado. Incluso miramos alternativas en los pueblos cercanos, aunque no teníamos ganas de volver a la ruta pero era lo que posiblemente que tendríamos que hacer.

Ya cuando estábamos desanimados Valeria se llegó al hotel que estaba al lado, ya había llamado y le dijeron que no tenían nada, pero la esperanza es lo último que se pierde.

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Volvió sonriente y así supe que algo había conseguido. Efectivamente como se lo imagino alguien cancelo la reserva hacia unos momentos y por lo tanto teníamos lugar.

Realmente tuvo que haberla pasado mal o al menos imaginarse cualquier cosa por la sonrisa que traía, revelaba su alivio ante la situación.

La habitación era chica y el baño aún más, pero la cama estaba bien y el calefactor calentaba espectacularmente.

Así termino un día con altibajos. Mañana será otro.

Hasta entonces.firma

 

 

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Córdoba – parte 3

La Falda (Córdoba) – La Serranita (Córdoba)

Otra vez la misma historia, despertarse tarde y remolonear en la cama. Por poco casi nos perdemos el desayuno.

Nuevamente salimos casi mediodía. El primer destino era muy cerca: Cosquín, a 20 km de distancia. La ruta 38 que une estas ciudades es una sucesión de construcciones turísticas donde  casi no se advierte cuando termina una localidad y comienza la otra.

Hay que otear el horizonte para poder ver las sierras y un poco de naturaleza. El camino es de doble mano y la velocidad de los vehículos es constante, no hay forma de sobrepasar. Entonces la velocidad la determina el más lento. Es una verdadera tortura romana si toca ir detrás de algún camión viejo o auto de la época del 70.

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Mucho no me quejo ya que el mío también era casi de la misma época y cuando anduve por estos lugares era el más lento, realmente uno va sufriendo ya que sabe que detrás la gente comienza a ponerse nerviosa. ¿Pero que se le puede hacer? Si el auto no da, no da.

En Cosquín fuimos a la plaza Prospero Molina que es donde está ubicado el famoso escenario. No lo hicimos por la tradición del festival sino porque allí funciona la oficina de información turística.

Conseguí un mapa carretero muy lindo de la provincia de Córdoba. Me encantan estos mapas, los voy coleccionando viaje a viaje.

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Y lo más importante: me orientaron para agarrar el camino de tierra que llevaba a Tanti, va por las sierras. El GPS me quería llevar a toda costa por la ruta de cemento, está configurado para que me oriente por el camino más rápido, eso hace que sus elecciones se basen en autopistas, rutas o avenidas.

Si por el contrario lo configurara como el camino más rápido, entonces sus elecciones tendrían la prioridad las distancias sin importar el tipo de ruta que sea.

El camino a medida que fue subiendo iba revelando paisajes muy bonitos. No es complicado de hacerlo y es bastante transitado.

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A mitad del recorrido un arroyo cruzaba por un badén. Paramos a tomar mates y disfrutar del momento, iba a escribir “de la paz del lugar” pero eso no fue cierto ya que ni bien nos sentamos aparecieron unos patos que a los gritos reclamaban comida.

Le tire un par de patadas tipo kung fu y los grité como hincha de futbol pero ni mu, se nota que están re acostumbrados a que la gente los alimente.

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Nos ganaron por cansancio y se terminaron comiendo la mitad del paquete de bizcochitos. Debo reconocer que son muy buenos negociantes.

Picamos algo en Tanti a modo de almuerzo y nos pusimos a mirar el mapa, como estábamos de paseo no teníamos nada planeado. Nos daba lo mismo ir para un lado tanto como para el otro.

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Decidimos ir para Alta Gracia ya que nos quedaba bien para ir emprendiendo el regreso. Estaríamos por el Sur de la capital y cerca de la ruta hacia Rosario.

El trayecto es todo de asfalto y mayormente autopista. Había un viento muy fuerte y cruzado que aparecía por ráfagas, había que extremar las precauciones.

Dimos unas vueltas por la ciudad de Alta Gracia para conocer un poco y nos dirigimos a la oficina de turismo para ver que opciones de plazas tenían.

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Al estacionar la moto en un lugar marcado como exclusivo veo una parejita que estaba vendiendo artesanías. Les pregunte el precio de unas “malas” (rosario budista) y me puse a conversar un rato.

Se sorprendieron mucho cuando les dije que éramos de San Pedro ya que él también lo era. Se llama Julián y es el hermano menor de una persona que conozco. Los otros días justamente me estuvieron hablando de su hermano “el trotamundos”, me contaban en qué lugares estuvo y lo que hacía.

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A veces las casualidades me sorprenden, venir a encontrar la persona de quien hablaste pero que no conozco justo donde estaciono la moto en medio de una ciudad a la que no planeaba venir es demasiado. El destino trabaja de maneras misteriosas.

Este viaje estuvo lleno de este tipo de eventos, personas con las que hablaba por las redes sociales  de pronto estaban estacionadas donde yo lo hacía.

Buscar alojamiento estuvo muy complicado. No había en toda la ciudad y el que había lo cobraban como si fuera un refugio atómico. Antes duermo en una plaza que pagarles esas cifras a estos avivados.

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Cuando ya nos entraba la desesperación dijimos que mejor era tomárselo con soda y nos fuimos a un bar para consultar tranquilos internet. Allí relajamos y pudimos encontrar un hospedaje a 10 km. En un lugar llamado “La Serranita”.

Llegamos rápido al destino pero ahí se nos complicó ya que estos pueblitos de la sierra no tienen dos calles paralelas. Es como que todas se cruzaran con todas y así cuesta ubicarse.

Al final tuvimos que usar el PPS (Paro Pregunto Sigo) y por fin pudimos encontrar el hostal.

Así termino un día, mañana será otro.

Hasta entonces.firma

 

 

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Córdoba – parte 2

Córdoba capital – La Falda (Córdoba)

Después de tantos viajes he llegado a la conclusión que hacerlo con mí mujer es contraproducente por varios motivos:

El primero es que tras que me cuesta arrancar el día ella invita a hace fiaca. Ese no es el más grave sino el segundo que mencionaré, me fomenta mucho el comer y los desayunos se hacen largos.

Lo hicimos tarde y arrancamos aún más tarde. La primera parada programada era Río Ceballos, 30 km de distancia marcaba el GPS.

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El tráfico de Córdoba es como el de Buenos Aires, a eso hay que sumarle los zorros que están atentos a meter multas en cuanto pueden. Quería pasear por el centro para que Vale lo conociera pero a las pocas cuadras desistí de la idea. Salir del centro fue un infierno.

Ya casi en el límite de la ciudad de pronto me sorprende una risa apasionada de mi mujer, había visto un grafiti político que le causó mucha gracia. Cuando se clamo pude explicarme de que se reía y entendí que expresiones como “culiadazo” no se ven en el resto del país. Estos cordobeses son graciosos hasta para putear a los políticos.

La ruta pasa por al lado del aeropuerto y estaba soplando un viento muy intenso, por un momento baraje la posibilidad de parar y mirar que hacían los aviones en estas situaciones.

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Luego recordé videos de vientos mucho más fuertes y los aviones entrando de costado a la pista, pensé que tanto por la distancia o porque la ventolina no era para tanto entonces decidí seguir camino.

Casi sin darnos cuenta estuvimos en destino, entramos despacio por el centro. Ya era mediodía.

Hacía muy poco que habíamos desayunado y por eso le propuse a Valeria parar a tomar algo, eso hicimos en un bar con estilo mexicano. Ella pidió nachos con queso chedar.

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Para que no se sienta tan mal de comer sola tuve que sacrificarme y acompañarla, si me ven muy panzón ya saben quién es la responsable del incremento de mis curvas, ella nunca engorda nada.

Mirando un poco el google maps vi que había un camino que atravesaba las sierras y llegaba a “algún lado”, como andábamos paseando y no teníamos idea hacia dónde íbamos nos quedaba bien tanto un lugar como el otro.

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Averiguamos y resulto que la ciudad era La Falda y el camino se llama Camino del Cuadrado. Para allá fuimos, un camino tan divino como cortito. Cuando le estas agarrando el gustito ya llegaste al final.

Está completamente asfaltado y va recorriendo la sierra, llegando a la cima y luego descendiendo. A mitad de camino hay un parador muy “hippie” para tomar algo y tiene un balcón natural donde se aprecia una vista panorámica única.

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Estatua alusiva a Rubén Juarez, maestro del bandoneón.

Para quien no lo conozca se lo recomiendo mucho. Es sencillo de hacer y emocionante por sus curvas y contra curvas. Hacia el final se llega a La Falda “desde arriba”, se puede ver la ciudad entera y parte del valle.

Era súper temprano. Llegamos al hotel y desensillamos, nos sacamos todo el equipo de astronauta que llevábamos. No sin antes causar alguna que otra mirada asombrada por el centro de la ciudad.

Cuando estuvimos cómodamente instalados nos fuimos a pasear por él y a comprar presentes para nuestra gente querida.

La tarde estaba genial. Pero esto de andar caminando por pendientes cansa mucho, y más con el aire de las sierras dirían los viejos. Así que salió una pequeña siesta.

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Por la noche un baño y al centro a cenar. Es muy pintoresco y lo habíamos imaginamos lleno de gente por ser viernes de un fin de semana largo, resulto todo lo contrario.

Estaba bastante solitario y nos explicaron los del lugar que recién el sábado a la noche o domingo se sentiría la ola turística.

Después de comer fuimos cuesta arriba hacia el hotel, el día llegaba a su fin.

Mañana será otro día. Hasta entonces.

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Córdoba – parte 1

San Pedro (Buenos Aires) – Córdoba (Córdoba)

Un nuevo viaje comienza, entonces hay que hacerlo con el nuevo día. Pero… como siempre hacemos salimos tarde, muy tarde.

Llevo mucho tiempo armar la moto, no por la cantidad de cosas que llevábamos sino todo lo contrario, sobraba espacio y había que equilibrarla.

Un día muy lindo para estar en la ruta y nosotros la pisamos pasado el mediodía.

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Contentos del nuevo paseo nos pusimos a conversar con Valeria y sin darnos cuenta ya estábamos en San Nicolás y ahí nomás estaba Rosario.

Había un poco de viento y lo teníamos de lado. Me alegraba la idea que cuando tomara la  autopista a Córdoba lo tendríamos de cola.

Decidimos hacerla en dos tiros de 200 km, porque somos de demorar mucho en cada parada y entonces llegaríamos muy de noche si no apurábamos.

Luego de circunvalacion cuando estábamos rumbo al oeste paramos en la primera estación de servicio. Llenamos el tanque de nafta y el bidón que llevábamos.

Es muy loco y a su vez muy lindo cuando la gente reconoce a Jade y se acerca a saludar. Descoloca un poco cuando la persona conoce algunas cosas nuestras y nosotros no tenemos ni idea de él. Normalmente son seguidores del facebook que se lamentan de ir enlatados. Nos dicen que disfrutan nuestros viajes como si fueran los suyos.

Allí comimos unos sándwich como almuerzo. Pero fueron más que suficientes para que un rato después nos provocara modorra. Nuevamente tuvimos que parar en una estación de servicio a tomar un energizante que nos quite el sueño, era en Leones.

Allí nos encontramos con algunas motos clásicas y me entere que había un Rally de Motos Clásicas en Tucumán. Verdaderas joyas que todavía dan felicidad a sus dueños.

Habíamos hecho 100 km y tengo la costumbre de cargar entre los 200 y los 250 km para no llegar al fondo del marcador y andar preocupándome. No reposte y salimos nuevamente a la ruta.

A medida que el sol comenzó a bajar se fue poniendo muy molesto ya que viajábamos con rumbo Oeste. Se hizo un atardecer espectacular y paramos a sacar algunas fotos porque realmente parecía un cuadro.

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Cuando llegamos a la altura de Villa María casi había anochecido. Recordé donde estaba la estación de servicio y elegí no parar, quise seguir hacia nuestro destino para no perder ni un minuto.

Quedaban unos 150 km por delante. Siendo ya noche cerrada paramos bajo un puente a ponerle la nafta del bidón. De toda manera llegamos a destino pisando la última raya del marcador.

Entrando por circunvalación una camioneta nos saludó e hizo señas que paráramos. Se presentó como viajero y participa de la red M.A.I. (Moto Ayuda Internacional), ofreció tanto su ayuda como su hospitalidad lamentándose porque tal vez su casa estaba un poco desordenada. Perfecta demostración del espíritu motero y humildad.

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Declinamos la oferta y le comentamos que andábamos de paseo y por lo tanto no teníamos ni urgencias y mucho menos decidido nada. Cuando viajo con mi mujer trato de hacer las cosas de la mejor manera y llevarla a hoteles donde puede relajarse total mente sin contar el desayuno de las mañanas.

Al entrar en la ciudad lo primero que hicimos fue buscar una parrilla para comer. Nos guiaron los consejos del playero de la estación de servicio que habíamos visitado último.

Luego de andar un rato encontramos una donde paramos. El menú me pareció caro y no muy bueno pero entre el cansancio y las ganas de encontrar una cama para descansar apuramos la cena sin quejarnos demasiado.

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Cuando terminamos seguimos por la que habíamos entrado, la Av. Sabatini donde hay algunos hoteles. El primero en el que paramos bajo Valeria a preguntar el precio. Volvió diciendo que la habitación doble valía 1.400 pesos.

Le dije que ella no sabía negociar. Al siguiente baje yo y volví con la cabeza gacha. Ni siquiera había una habitación doble y la triple costaba 1.600 pesos, se me rio en la cara.

A medida que nos adentrábamos en la capital la avenida por la que circulábamos nos llevó al costado de la terminal de ómnibus donde la oferta hotelera es mayor.

Allí configure el GPS para que mostrara en el mapa la ubicación de todos los hoteles de la zona. (1)

Empezamos a recorrerlos y no tenían muchas comodidades, sobre todo una cochera para Jade.

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Como todo en la vida es perseverar, de tanto buscar pudimos encontrar uno donde Valeria negocio un pago en efectivo de 900 pesos.

Sea porque aprendió a negociar de golpe o por la hora que era, nos hicieron descuento de 500 pesos que nos convenció.

Jade durmió bajo techo y nosotros a bañarnos y descansar. El día llegaba a su fin.

Mañana será otro, hasta entonces.

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Parte 2

(1)  Para consultar el procedimiento a realizar consultar el artículo sobre el GPS, link ACA.

 


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Un paseo por Catamarca – parte 11

Tafí del Valle (Tucumán) – Colonia Dora (Santiago del Estero)

Tuve un sueño bastante interrumpido, muchos ruidos de puertas abriéndose y cerrándose en el hostel, chicos corriendo y grandes retando. Llego la mañana y con ella el desayuno.

Cuando todo estuvo organizado, incluida una compra de última hora por encargue, fui al baldío donde estaba Jade.

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Ahí había pasado la noche estacionada debajo de un techo, si bien hizo frío no fue tan terrible. Le tocaba un pequeño “service”, cambio de aceite, control de batería y trasmisión.

Saque las herramientas, busque botellas descartables para poner el aceite viejo y una bolsa de plástico sirvió de base por si algo caía no se ensuciara con la tierra.

Sacar el tapón de abajo es simple pero incómodo, lo hice despacio para que drenara el líquido en el tacho. Cuando estaba por llenarse quise ajustar nuevamente para cambiar el recipiente pero se terminó de aflojar y se salió.

Se hizo un enchastre bárbaro. Todo el aceite derramado. Tire tierra encima para que lo absorba y no avanzara.

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Pude hacer todo correctamente salvando ese inconveniente. Arme la moto reubicando cosas para poder llevar los presentes que se agregaron a la carga.

Cuando estaba todo listo emprendí el regreso, a partir de este punto considero que el viaje terminó y solo queda el retorno al hogar.

El camino que desciende de Tafí es uno de los más lindos que conozco. Va haciendo zig zag por la ladera de la montaña y muy rápidamente se llena de vegetación.

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Por el otro lado nos acompaña hasta abajo un río que va descendiendo entre piedras. Realmente todo muy bello. Son las yungas que hay en ese valle. Uno se cansa de doblar pero desea que el paseo no termine nunca.

Pero lo hizo al final. De pronto todo se transforma en un llano, campos con cultivos de cañas de azúcar y las montañas con sus hermosos paisajes están allá, detrás de las nubes. Apenas se perciben y siempre pienso que tal vez todo fue un hermoso sueño.

A medida que pasan los kilómetros se van escondiendo detrás de un velo azul, resulta increíble que haya paisajes tan hermosos ahí nomás, detrás de aquella curva. Están como velados esperando a los aventureros que quieran descubrirlos.

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Tuve que agarrar varias rutas hasta poder empalmar con la 9 que me llevaría a Santiago del Estero, de allí tomar la 34 hasta Rosario.

De pronto todo se ha transformado en un paisaje totalmente conocido, campos cultivados y nada interesante donde posar la vista.

Pase por la Termas de Río Hondo y por dos minutos me plantee la posibilidad de quedarme allí, hasta que me acorde que la malla quedó en un baño de Fiambalá por si alguien la necesitaba.

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Pase de largo igual que a la capital, Santiago del Estero. La ruta tomo un puente muy lindo y después una circunvalación, por lo tanto no vi nada de la ciudad.

Trate de hacer la mayor cantidad de kilómetros para tener la posibilidad de llegar mañana a mi hogar. Por delante quedan casi 800 km.

Si quiero hacerlo tendré que subirme a la ruta muy temprano y estar allí todo el día. Haciendo paradas breves para no llegar de noche.

Hasta entonces.firma

 

 

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Un paseo por Catamarca – parte 8

Tinogasta (Catamarca) – El Peñón (Catamarca)

La noche fue muy fría, me sorprendio que a la mañana hiciera tanto calor. Al preguntar sobre esto me dijeron que estaba soplando el viento Zonda.

Que trae un aire muy seco y caluroso, conjuntamente con mucho polvo. Después viene la helada, esto ya no me gusto nada.

Tomé la ruta 60 y luego empalme con la famosa ruta 40. Ni bien lo hice del margen izquierdo se presentaron unas montañas imponentes.

Hay montañas sonsas. Así, como no queriendo serlo. Con sus laderas cubiertas de arena o tierra. Sin nada especial. Solo estan ahí.

Tambíen hay montañas muy coquetas, llenas de colores y formas. Normalmente andan en conjunto. Se diferencian unas de otras y cuesta decidir cual es más linda.

Pero hay otras que estan bien plantadas sobre la tierra. Pura piedra, cortes como cicatrices de peleas por donde baja el agua desde la cima. Su presencia no pasa desapercibida y causa admiración. De estas montañas estoy hablando. Me acompañaron por muchos kilómetros.

Llegué al medio día a la ciudad de Belén y estaba arrancando un festival. Paré para comer algo y buscar algunos regalos entre los artesanos que estaban exponiendo sus productos.

No me demore mucho y continué con mi camino bastante rápido, seguí hasta la ciudad de Hualfin donde comprendí que había equivocado la ruta otra vez.

Nuevamente esto de andar perdido y sin un rumbo concreto, me pasé de donde tenía que doblar. Tuve que desandar algunos kilómetros hasta un cruce llamado El Eje para tomar la ruta 43 y dirigirme hacia El Peñon, donde pensaba hacer noche.

Dista unos 150 km. Los primeros diez son de cemento y luego hay 30 km de ripio en relativo buen estado. después de ese tramo nuevamente cemento hasta el destino.

En alguna parte del camino tuve que detenerme y ayudar a otro motero que se dirigía al pueblo llamado Laguna Blanca.

El paisaje es algo cautivante. Al principio se recorren valles, después algunas dunas que quieren tragarse la carretera y por ultimo unas llanuras inmensas con pastos secos y pintando todo de amarillo.

Iba contemplando todo embelezado hasta que noto que el motor empieza a trabajar a marcha forzada. Me extraño mucho y decido cambiar la pantalla del GPS a datos numéricos donde me da información de la altura.

Allí descubro que lo que parecía plano no lo era en absoluto. Es un pendiente bastante pronunciada pero ante la bastedad del paisaje no se nota. Llega hasta los 3960 msnm. Casi estaba a 4000 metros y si no era por el motor ni me avivaba.

Llegando a la cima de esa “loma”, me da no se que decirle montaña porque no lo era, hay que tener cuidado con los pequeños arroyitos que cruzan la ruta ya que tienen hielo.

A esa altura el clima se había puesto realmente frío. Volvió a solpar el viento y con bastante fuerza. Faltaban muy pocos kilómetros para llegar por lo que no incremente mi abrigo. Esto tuvo consecuencias ya que llegué helado.

El pueblito es el típico de casitas de adobe con algunos beneficios de la civilización.

Rápidamente busqué donde alojarme y un comedor para cenar, comí bife de llama a la criolla. Muy rico realmente.

Mañana será el día de cumplir el objetivo del viaje a Catamarca: visitar el campo de piedra pómez.

Hasta entonces.

 

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Un paseo por Catamarca – parte 7

Complejo termal Fiambalá (Catamarca) – Tinogasta (Catamarca)

Me levante a las ocho y me dirigí al comedor del complejo para desayunar. Estaba cerrado y todo desierto. Aproveche para explorar y sacar fotos. Llegué casi hasta la vertiente de las aguas termales.

Luego me fuí a sentar cerca del comedor esperando que abriera. De a poco comenzaron a ir los bañistas a las piletas.

En la terraza donde estaba dos chinos vinieron a sacarse fotos. Los escuche hablar en su idioma. Cuando quedo uno solo le pregunte si entendía el castellano, me respondío en perfecto “porteño”.

Nos pusimos a hablar y me contó que le dicen “chapi”. Es argentino descendiente de chinos y pertenece a una organización que nuclea a varias fundaciónes. Participan junto a CRU Misión Valle Calchaquies. (1)

Llevaron camiones con donaciones realizadas por la comunidad china hasta Salta donde hicieron su base de operaciones.

Desde allí las distribujeron en escuelitas rurales de los Valles Calchaquies. “Chapi” fue el encargado de llevarlas con su grupo a Humahuaca e Iruya.

Me contó que esta es una acción directa ya que la comunidad siempre hace donaciones pero al entregarlas para su distribución las ponen en bolsas con bandera política. Típico punterismo argentino.

Eso los afecta de distintas maneras, principalmente en la imagen del inmigrante que se quiere integrar. Por el otro lado me conto una anécdota bastante triste, la de un inmigrante chino que dono mercadería y fue entregada como donación de una fuerza política. Luego la gente que la recibió saqueo el supermercado que la había dado.

Que cada uno reflexione sobre nuestros abuelos o bisabuelos y su lucha por integrarse.

En lo personal lo vivo en carne propia cuando me dicen que Jade, mi moto, por ser china es de mala calidad. Pero los dichos se refutan con acciones, 44.000 km al momento, es la distancia ida y vuelta hasta Alaska.

Después de desayunar me metí a las piletas. Empecé por la que había estado anoche y casi quedo rostizado, como había chicas cerca me aguante el grito y a fuerza de voluntad me quedé allí hasta el medio día.

Me tomé unos mates y nuevamente al agua otro par de horas. El día era esplendido y hacía calor. Todavía no había decidido si quedarme o partir.

Para las tres de la tarde comenzó a nublarse y ya estaba medio aburrido así que todo dicho. Prepare todo y baje de la montaña.

En Fiambalá había un festibal, pregunte y me dijeron que se llamaba “Jornada sentir y vivir lo nuestro, primera edición fiesta y concurso de la empanada y el locro”.

Dí un vuelta, comí algunas empanadas. Un grupo folklórico estaba bailando y al fondo estaban jugando a la taba por plata.

Me acerqué a curiosear y pregunte como se jugaba. La cosa resulto simple: se revolea la taba, tiene que pasar la marca hechas por unos palitos. Si cae del lado dorado ganaste. Si cae del plateado, perdiste. Y si cae de lado no pasa nada.

Agarré la ruta con el propósito de llegar a la ciudad de Belén que esta a 200 km, pero primero hice una parada en el ACA de Tinogasta a cargar combustible.

Llegando allí me sentía afiebrado, me imaginé que por la diferencia de temperaturas en las termas. Entonces decidí hacer noche ahí y buscar una farmacia para tomar algo que me ayudara.

También fuí al super a compar algo, ya en el hotel a bañarme y descansar que mañana tengo que manejar bastante.

Hasta entonces.

 

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(1) Para más datos o consultas de la organización:

https://www.facebook.com/proyectovas/

https://www.facebook.com/fundaciontodosjuntosporvos/

 


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Muerte en el Paso Pehuenche

Lo que voy a contar sucedió y tratare de relatarlo tan exactamente como mi memoria lo permita. La historia comenzó unos días después del recién inaugurado 2015.

Cada vez que emprendo un viaje lo hago con un rumbo pero sin un destino. Aquella vez se me ocurrió enfilar para Mendoza y recorrer esa provincia, pero la vida tenía otros planes para mí.

El viaje fue muy lento ya que iba en una moto Brava Altino 150 cc. No me importaba porque paseaba y no tenía apuro. Cuando llegue a la provincia de Córdoba todo cambio.

Hacia el Oeste y el Sur comenzó a formarse un frente de tormenta con unas nubes muy preocupantes. A medida que avanzaba hacia mi destino el pronóstico se ponía cada vez más complicado.

En el camino conocí a otro motero que ruteaba a la misma velocidad, hicimos los últimos kilómetros acompañándonos y compartiendo cosas. Él viajaba justamente a la ciudad de Mendoza donde residía.

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Me invito a su casa, aproveche para conectarme a internet y revisar el pronóstico del tiempo para la zona, las malas noticias se acumulaban como boletas impagas. Mirara para donde mirara había cinco días de lluvias intensas como mínimo.

Me preguntaba qué haría con tanta agua sobre mí, recorriendo paisajes agrestes y caminos de ripio. De tanto mirar el mapa me fijo en Chile y cuando le comente a mi anfitrión sobre ese posible destino me contesto:

– ¡Ha no! Chile es otro mundo, son climas totalmente distintos.

El pronóstico informaba que todos los días serían de pleno sol. Sin pensarlo mucho me fui para allá, totalmente improvisado y desconociendo absolutamente su geografía.

Así conocí el paso libertadores, una maravilla esa ruta, descendiendo en curvas y contracurvas interminables.

Me encanto hacerlas pero un pensamiento se iba afianzando: “Con esta moto por acá no subo”, entonces mi paseo por el país vecino fue siempre con rumbo hacia el sur, buscando algún paso más bajo para volver.

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Después de muchos días de pasear y conocer llegue a la ciudad de Talca, era hora de torcer el camino y poner rumbo hacia el Este, retornar a la Argentina por el paso llamado Pehuenche que tiene una altitud de 2.500m aproximadamente. Me había ahorrado unos 700m con respecto al anterior.

Nunca tuve en cuenta el tipo de camino ni el transito que tendría, el único interés era que fuera lo suficientemente bajo y sin una pendiente pronunciada para que pudiera cruzarlo con mi pequeña moto.

Desde la ciudad chilena hay unos 150km hasta el paso, unos 250 km hasta el primer pueblo en Argentina y 300 km a Malargüe. Salí al medio día pensando que iría bien con el tiempo considerando las distancias.

Ese fue mi primer error, confiarme.

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El camino era muy lindo, franqueado por árboles. Lleno de fincas. De a poco se fue elevando y poniendo más agreste. El paisaje mejoraba pero el entorno se hacía cada vez más solitario.

Pase la Aduana de Chile haciendo todos los trámites con apuros ya que se hacía tarde y tal vez no llegara a la Argentina. Estaba haciendo bastante frio y el sol ya no se veía, todo lo empeoraba un viento helado que soplaba de costado.

En el punto más alto de la cordillera, o sea, en el hito fronterizo donde están los carteles de bienvenida a cada país pare a sacar unas fotos. Tal era la fuerza que tenía el viento que no me anime a bajarme de la moto por miedo a que la tirara.

Opte por apoyar un pie a cada lado y desde esa posición realizar las tomas. Cuando tuve las suficientes decidí continuar mi camino, puse primera y arranque.

La ruta estaba en muy buenas condiciones y permitían tomar velocidad así que puse segunda, puse tercera, todo iba muy bien hasta cuando quise poner la cuarta…

¡En ese momento morí en medio de la cordillera!

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La palanca colgaba inerte, totalmente imposible de poner los cambios. Tuve que parar de a poco y al borde del camino detenerme, bajarme a pesar del viento que soplaba.

Al examinar el problema me di cuenta que faltaba la tuerca que unía las palancas que accionaban el sistema, sin ella era lo mismo que la moto no tuviera motor.

La desesperación comenzó a apoderarse de mí, entendí la expresión “se me lleno el culo de preguntas”. Tal vez te parezca un poco fuerte pero es lo que más se ajusta al sentimiento del momento.

Se me venían miles de preguntas e ideas a la cabeza, todas al mismo tiempo. Sabía perfectamente que esa tuerca no formaba parte de mis repuestos y que la moto no contaba con otra de ese tipo que pudiera sacar y utilizar.

¡Estaba muerto! ¡Hasta acá llegó Picasso!, me decía.

Un paraje totalmente solitario, oscurecía cada vez más rápido y el frío se estaba haciendo intolerable. No sabía qué hacer y era lo más alarmante.

Por no enloquecer me puse a caminar por la ruta con la esperanza que la tuerca brillara y pudiera encontrarla, cosa muy difícil ya que no había sol. Pero ante la desesperación cualquier esperanza sirve, ¿no?

Desde que había parado en el límite hasta que me percate de la situación habían pasado solo un par de kilómetros, no era tanto.

Dios no le dará un problema a quien no tenga la solución, me decía. Solo tengo que encontrarla.

A medida que caminaba me fui tranquilizando porque “algo” estaba haciendo. Nuevamente hice un inventario mental de los repuestos que llevaba por si alguno serviría y tal vez se me había pasado por alto.

Fue así que recordé cuando a la mañana, en una parada al costado del camino, mientras estiraba las piernas y me relajaba un poco había encontrado un alambre que me llamo la atención por lo finito y brillante que era. Había decidido guardármelo y estaba hecho un bollito en el bolsillo de la campera que llevaba.

¡Tenía una solución! Volví emocionado a la moto, tome mis herramientas y con ellas hice una “tuerca” con un alambre grueso. Como no estaba seguro que aguantara hasta la ciudad, con el alambre brillante hice una “contra tuerca”.

muerte1

De esta manera pude continuar camino y llegar hasta Malargüe en la provincia de Mendoza, donde hice noche. Al día siguiente compre dos tuercas por las dudas, no quería otro susto como el anterior.

Sigo pensando que la “reparación” hubiera aguantado un tiempo muy largo. De la aventura aprendí a llevar algunas tuercas y tornillos en mis viajes.

firma

 

 

 

 

Detalles del recorrido de ese viaje clik ACA.

Galería de fotos del viaje: PARTE 1PARTE 2

 

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