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Córdoba – parte 2

Córdoba capital – La Falda (Córdoba)

Después de tantos viajes he llegado a la conclusión que hacerlo con mí mujer es contraproducente por varios motivos:

El primero es que tras que me cuesta arrancar el día ella invita a hace fiaca. Ese no es el más grave sino el segundo que mencionaré, me fomenta mucho el comer y los desayunos se hacen largos.

Lo hicimos tarde y arrancamos aún más tarde. La primera parada programada era Río Ceballos, 30 km de distancia marcaba el GPS.

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El tráfico de Córdoba es como el de Buenos Aires, a eso hay que sumarle los zorros que están atentos a meter multas en cuanto pueden. Quería pasear por el centro para que Vale lo conociera pero a las pocas cuadras desistí de la idea. Salir del centro fue un infierno.

Ya casi en el límite de la ciudad de pronto me sorprende una risa apasionada de mi mujer, había visto un grafiti político que le causó mucha gracia. Cuando se clamo pude explicarme de que se reía y entendí que expresiones como “culiadazo” no se ven en el resto del país. Estos cordobeses son graciosos hasta para putear a los políticos.

La ruta pasa por al lado del aeropuerto y estaba soplando un viento muy intenso, por un momento baraje la posibilidad de parar y mirar que hacían los aviones en estas situaciones.

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Luego recordé videos de vientos mucho más fuertes y los aviones entrando de costado a la pista, pensé que tanto por la distancia o porque la ventolina no era para tanto entonces decidí seguir camino.

Casi sin darnos cuenta estuvimos en destino, entramos despacio por el centro. Ya era mediodía.

Hacía muy poco que habíamos desayunado y por eso le propuse a Valeria parar a tomar algo, eso hicimos en un bar con estilo mexicano. Ella pidió nachos con queso chedar.

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Para que no se sienta tan mal de comer sola tuve que sacrificarme y acompañarla, si me ven muy panzón ya saben quién es la responsable del incremento de mis curvas, ella nunca engorda nada.

Mirando un poco el google maps vi que había un camino que atravesaba las sierras y llegaba a “algún lado”, como andábamos paseando y no teníamos idea hacia dónde íbamos nos quedaba bien tanto un lugar como el otro.

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Averiguamos y resulto que la ciudad era La Falda y el camino se llama Camino del Cuadrado. Para allá fuimos, un camino tan divino como cortito. Cuando le estas agarrando el gustito ya llegaste al final.

Está completamente asfaltado y va recorriendo la sierra, llegando a la cima y luego descendiendo. A mitad de camino hay un parador muy “hippie” para tomar algo y tiene un balcón natural donde se aprecia una vista panorámica única.

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Estatua alusiva a Rubén Juarez, maestro del bandoneón.

Para quien no lo conozca se lo recomiendo mucho. Es sencillo de hacer y emocionante por sus curvas y contra curvas. Hacia el final se llega a La Falda “desde arriba”, se puede ver la ciudad entera y parte del valle.

Era súper temprano. Llegamos al hotel y desensillamos, nos sacamos todo el equipo de astronauta que llevábamos. No sin antes causar alguna que otra mirada asombrada por el centro de la ciudad.

Cuando estuvimos cómodamente instalados nos fuimos a pasear por él y a comprar presentes para nuestra gente querida.

La tarde estaba genial. Pero esto de andar caminando por pendientes cansa mucho, y más con el aire de las sierras dirían los viejos. Así que salió una pequeña siesta.

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Por la noche un baño y al centro a cenar. Es muy pintoresco y lo habíamos imaginamos lleno de gente por ser viernes de un fin de semana largo, resulto todo lo contrario.

Estaba bastante solitario y nos explicaron los del lugar que recién el sábado a la noche o domingo se sentiría la ola turística.

Después de comer fuimos cuesta arriba hacia el hotel, el día llegaba a su fin.

Mañana será otro día. Hasta entonces.

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Haciendo fuego con leña mojada

Lo que voy a contarte es una de las historias de mi primer viaje. Fue hacia el sur y hace casi 25 años.

En esa época la Patagonia era realmente inhóspita. En su mayoría las rutas eran de ripio y muy peligrosas. La que más recuerdo era la ruta 40 donde unía Bariloche con El Bolsón y pasaba por el Cañadón de la Mosca.

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Tan inaccesible que cuando algún vehículo se desbarrancaba allá quedaba, era un cementerio de autos y colectivos oxidados marcando lo peligroso del camino.

Lo que quiero relatarte sucedió un poco más allá, en el Parque Nacional Los Alerces. Cerca de la ciudad de Esquel, a orillas del Lago Futalaufken.

Fue un viaje dividido en 3 etapas. Esquel – Bariloche, Bariloche – Los siete lagos y Parque Nacional  Lanin. Cada uno duro un mes y si por último el tiempo no hubiera desmejorado tanto tal vez todavía estaría allá.

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Una aventura realmente salvaje, la civilización casi no había llegado y los lugares de aprovisionamiento estaban muy lejos.

Mi mejor recuerdo era parar en los ranchos que encontraba en el camino y comprarles pan. Un pan de campo único, hechos tal vez en hornos de barro y con grasa de vaya a saber que animal. Nunca volví a comer panes tan ricos.

La escasez de comida se solucionaba pescando en los lagos. Eran un manjar las truchas a la parrilla sazonadas con desesperación.

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Toda la vida y supervivencia pasaba por el fuego. Con él se calentaba el agua para los fideos o el arroz, también preparaba el mate que disimulaba el hambre.

Por las noches su calor no solo cocinaba la comida,  además invitaba a los viajeros a sumarse al fogón. Se intercambiaban historias o si aparecía una guitarra se cantaba el repertorio completo de Sui Generis o la canción de Víctor Jara, “a desalambrar”.

Eran épocas muy revolucionarias con la democracia recién inaugurada. Nos sentíamos subversivos allá en las montañas pero duraba mientras los leños crepitaban.

Por la mañana todo volvía a la normalidad. Con un ritmo suave nos aseábamos con agua helada… a veces. Preparábamos mate y si había otros acampantes tal vez juntaran sus cosas para seguir su destino. Por mi parte me quedaba un buen tiempo en cada lugar.

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Una noche el fogón termino rápido ya que el tiempo estaba desmejorando mucho. Como allá no se dice una cosa por otra a la madrugada se largó una lluvia de esas que te imaginas que nunca terminaran.

Lo hizo por la mañana, al salir de la carpa todo estaba mojado. Yo no, ¡pero todo lo demás sí!

Me preguntaba como prepararía el desayuno o qué almorzaría, era evidente que no podría hacer fuego estando toda la leña mojada.

En este punto del relato me veo en la obligación de aclarar que nunca fui partidario de llevar un calentador de esos con garrafitas de gas. No tengo otra razón más allá de mi testarudez.

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El maestro Olmedo dijo esta frase brillante: “si lo vamos a hacer lo hacemos bien”. Entonces si íbamos a la aventura lo hacíamos en toda regla: a pura supervivencia.

Si no podía hacer fuego realmente estaba en un problema. Una opción era desarmar todo e irme a otro lugar donde no hubiera llovido, tal vez a muchos kilómetros de ese parque. Como no quería dejar ese lugar fantástico decidí hacer fuego como fuera.

Puse manos a la obra. Lo primero fue seleccionar y clasificar ramitas pequeñas. Luego hacer un montoncito de unas más gruesas. Después otro para ramas y finalmente uno de leña.

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El segundo paso fue agarrar las más finitas y secarlas con el encendedor, de a una. Como tenía muchas el trabajo fue arduo.

Cuando tuve una buena cantidad empecé un fueguito muy tímido, con este me puse a secar las de mayor tamaño.

Este ciclo lo estuve repitiendo hasta llegar a los leños y que estos al final agarraran fuego. Uno muy débil y que casi no producía calor. Pero fuego al fin.

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Todo el trabajo me llevo la mañana completa. Fue una tarea tediosa pero no tenía otra cosa por hacer. Cuando finalmente la tarea estuvo concluida y el fuego encendido me sentí orgulloso de mi logro. Hasta el día de hoy recuerdo haber pensado: si puedo hacer fuego con leña mojada, ¿qué no podré hacer?

Este pensamiento es uno de los que estructuraron mi personalidad, al sentir que la tarea era imposible pero con garra pude realizarla.

Hace un par de años contando esta anécdota a un grupo de amigos me di cuenta de un dato muy importante pero que lo había pasado totalmente por alto: al lado tenía una moto con un tanque lleno de nafta que podría haberme facilitado mucho las cosas.

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Comprendí la diferencia entre la juventud y la adultez: el joven no piensa mucho y arremete, consigue las cosas a fuerza de voluntad. En cambio el adulto antes de actuar razona todas las posibilidades para elegir la más viable. Obtiene lo mismo pero sin tanto esfuerzo.

Hoy en día sigo acampando esperando encontrarme con que la leña esté mojada o algún nuevo desafío que comprometa mi pensar.firma

 

 

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Un paseo por Catamarca – parte 12

Colonia Dora (Santiago del Estero) – San Pedro (Buenos Aires)

Quedaban 750 km hasta mi casa. Tenía planeado arrancar a las 6 de la mañana para llegar temprano. Puse el despertador y cuando sonó por el frío que hacía me quedé dentro de la bolsa de dormir y lo reprogramé para las 7 am.

Repetí la situación hasta para las 8 de la mañana. Cuando se hizo esa hora ya me daba no sé qué seguir acostado, hacía rato que había terminado el ruido de los camiones al arrancar.

Una mañana muy fría pero soleada. Junté todo y algunas cosas las guarde mal total no volvería a usarlas. Para no perder más tiempo arranque sin desayunar.

Algunas personas conocedoras me habían advertido que nunca tomara la ruta 34 ya que es un infierno de camiones, pero quería conocerla así que desoí todo y me aventure por ella.

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Ya en los primeros kilómetros me arrepentí de la decisión, pero ya estaba en el baile. Es un rosario de camiones, el ritmo de viaje no supera los 80 km/h y muchas veces está por debajo de ese número.

Para estar en esas procesiones hay que tener una paciencia zen, soportar la situación sin andar asomándose a ver en qué momento se puede sobrepasar.

La circulación de camiones es tan grande que lo normal es ver los vehículos por grupos. Primero el camión lento, detrás uno o dos más tratando de pasarlo y luego vienen los autos que se hayan juntado. En total una media de 7 vehículos por tiro. Por ultimo hay un espacio de algún centenar de metros y otra vez el mismo esquema.

Si por alguna casualidad se llega a pasar al grupo hay que ir muy atento al acelerar ya que en sentido contrario viene otro grupo y tal vez algún osado haga una maniobra peligrosa tratando de ganar algunos metros.

Sobre todo nosotros que vamos en moto. Para asegurarme que me respetaran iba con todas las luces prendidas incluidas las auxiliares para que me vean, en cuanto veía algún rodado sobre mi trazada comenzaba a hacerle señas de luces para advertirle mi presencia.

Aun así varias veces tuve que desacelerar para dar tiempo a que se acomoden en su lugar. Con toda esta actividad pareciera que uno va entretenido y atento al camino. Todo lo contrario, se vuelve muy aburrido.

En estas situaciones yo me pongo a cantar, no lo hago bien pero la acústica del casco y el ruido del viento que se filtra disimulan mucho la situación. El grado de aburrimiento está dado por el volumen del canto, yo venía a los gritos.

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Deje de hacerlo cuando comenzó  a dolerme la garamanta. Tuve que buscar otra cosa para entretenerme, entonces me puse a contar vagones de trenes porque pasaron cuatro.

Hacia media mañana en el horizonte se dibujaban unas formaciones oscuras muy parecidas a las montañas cuando uno se va acercando. Algo totalmente imposible ya que mi rumbo era hacia el Este, casi en el límite con la provincia de Santa Fe.

Eran nubes de tormenta, más exactamente el frente de frío polar que avanzaba en el mismo sentido pero al ir más rápido lo estaba alcanzando.

Me di cuenta que el viaje se pondría frio y lluvioso. Decidí parar y ponerme el equipo de agua y preparar la moto para la lluvia.

Una muy buena idea ya que unos kilómetros más adelante empezó a chispear. Prefiero una cortina de agua torrencial y no pulverizada que moja igual pero no corre por el visor imposibilitando ver correctamente. La única solución es acelerar más para que el viento producido por el desplazamiento corra las gotas.

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Así fue el resto de la mañana y continúo todo el día. Hice dos paradas haciendo tramos de 200 km cada uno, unas tres horas de manejo.

A Rosario llegue de noche y pare en la estación de servicio que esta sobre la Panamericana después del peaje. Cene algo allí y me prepare para hacer los últimos 100 km que quedaban.

A veces es difícil hacer primar la seguridad. Después de un viaje largo uno lo único que quiero es llegar a su casa y dormir en mi cama.

Esa es una de esas situaciones donde se toma el riesgo que significa viajar de noche por llegar rápido. Lo hice porque conozco esa ruta y tome precauciones para minimizar riesgo.

Busque un camión que circulaba a unos 80 km/h y que además tuviera mucha iluminación trasera. Me mantuve a 5 segundos de distancia (1) con esto me aseguraba que nadie me llevara puesto ya que el camión impedía el paso.

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Además apartaría cualquier objeto que hubiera en la ruta y el movimiento de las luces me mostraba anticipadamente si había algún desnivel en la calzada.

De esta manera llegué a mi terruño y fue muy agradable reencontrarme con mis afectos y cosas. Creo que uno sale a pasear para volver y valorar mucho más lo que se tiene. Romper con la zona de confort para redefinirla y evolucionar.

Una aventura termina para que otra empiece.

Hasta ese momento y gracias por leer.firma

 

 

(1) En ruta la distancia de frenado se mide en tiempo y no en metros. Ya que la velocidad cambia y por lo tanto la cantidad de espacio necesario para la frenada. En cambio midiendo el tiempo ajusta está perfectamente.

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Un paseo por Catamarca – parte 10

Hualfin (Catamarca) – Tafí del Valle (Tucumán)

El hospedaje donde me alojé realmente fue un lujo. No por el lugar que estaba correcto, sino por las personas que lo atendían, una familia. Me hicieron una merienda y después la cena. Salí de allí muy cerca del mediodía.

La ruta 40 es realmente hermosa. En partes iba custodiado por un cordón montañoso a cada lado, después se abrieron hasta el horizonte dando paso a una llanura espectacular.

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Tuve que bajar un poco la velocidad por el viento, pero más que nada por la cantidad de animales que había en la calzada. Pasaba tocando bocina para que se corran los burros, los chivos, las ovejas, los caballos y hasta personas que jugaban al fútbol sobre la ruta en algunos pueblos.

El día estaba soleado pero bastante frío, me puse el equipo completo para no sentirlo. Hacia las 15 hs llegué a Amaicha del Valle, donde pensaba parar a almorzar.

Entre despacio muy atento a los carteles buscando un comedor. En vez de eso vi indicaciones de donde vivían los artesanos. El primero que visité resulto ser un alfarero donde compre dos vasijas de barro para la sopa.

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Yo la voy a odiar, pero mi mujer las va a amar ya que mantienen el calor mucho tiempo. Me la voy a pasar soplando como queriendo apagar esas bengalas que le ponen ahora a las tortas.

Más adelante vivía otra artesana que se dedicaba al tejido. Allí por fin encontré lo que estaba buscando. Pero no lo comento porque es una sorpresa para mi mujer, solo diré que es bellísimo y muy barato.

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En toda la provincia de Catamarca no hay fomento para el turismo y mucho menos para sus artesanos, los trabajos que vi eran realmente muy pobres y no motivaban a su adquisición.

Estuve buscando también algo lindo que dijera “Recuerdo de Catamarca” y no encontré nada.

Almorcé frente a la plaza unos tacos exquisitos, si bien es comida tradicional mexicana acá le pusieron la variación de amaicha.

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Volví a tomar ruta con destino final en Tafí. El camino va serpenteando por la ladera de la montaña ganando altura metro a metro y mostrando el valle cada vez más arriba.

Todo lleno de cardones (esos cactus gigantes) que volvieron a aparecer.

En algunos momentos la calzada tiene parche sobre parche y termina con un desnivel tan grande que uno termina extrañando los serruchos del ripio.

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Al pasar al otro lado de la montaña cambio nuevamente el clima. Antes se había templado y estaba relativamente cálido pero volvió a enfriarse mucho. Aproveche paradas para sacar fotos y volví a abrigarme.

Ya llegando encontré el árbol donde el año pasado hice una foto mágica. Todo desértico con sus colores amarillos y la copa toda nevada de la noche anterior. Saqué la foto que atestigua los dos momentos.

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Al acercarme a la ciudad pude ver lo grande que es Tafí del Valle y la ciudad que esta contigua, El Mollar, que está más allá junto a un lago.

Voy a pasar la noche acá y mañana le toca un service a Jade. Luego ya agarrar ruta directo a mi ciudad. Las etapas de ruta determinarán el horario de salida de acá.

Hasta entonces.firma

 

 

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Un paseo por Catamarca – parte 9

El Peñón (Catamarca) – Hualfin (Catamarca)

Ya desde ayer, cuando llegué, todo el mundo diciéndome que el camino al Campo de Piedra Pómez era imposible. Le preguntara a quien le preguntara siempre la misma respuesta, miraban la moto y me decían que no pasaba, que era muy pesada y se enterraría.

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Estas cosas y la preocupación de dañar el embrague de Jade me tuvo toda la noche y la mañana pensando en que hacer. Ir en una 4×4 de excursión no me apetecía, menos a $1000 por cabeza.

¡Mejor me pegaba la vuelta y listo!

Cuando termine de mariconear desmonté los baúles y todo el equipaje que no iba a necesitar. Fui a la oficina de informes donde me hice de un mapa del camino.

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Ni bien se sale de El Peñón por un camino descendente metro a metro se incrementa el deterioro de la calzada hasta que termina desapareciendo y transformándose en ripio.

Hay un cartel de madera que anuncia la entrada hacia el campo. Y allí se acaban las indicaciones.

Creo que todo es una maniobra de los lugareños para que sí o sí uno contrate la expedición que ofrecen o a lo sumo busque a un baqueano que conduzcan los vehículos. Hasta el mapa no está bien realizado y es confuso.

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En algún punto me desvié hacia la derecha y me dirigí hacia el volcán Carachipampa. El paseo estuvo bueno y pude llegar hasta la base, todo el piso y laderas de piedras negras como quemadas.

Hacia el horizonte se veía el campo pero cuanto más avanzaba más me apartaba de él. Busque unas dunas que supuestamente tenía que pasar por el este y las encontré por mi izquierda. O sea que estaba bastante desviado del camino.

Decidí volver sobre mis pasos y buscar algún sendero que se dirigiera hacia el sur. Después de andar un rato por fin lo encontré y pude tomarlo.

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El camino que abandoné era difícil pero este nuevo realmente era bravo. Me obligo a pilotear todo el tiempo, exigiéndome al máximo. Mucha parte de él tuve que ir parado en los pedalines para poder controlar la moto.

Cuando tuve la duna a la derecha como indicaba el mapa, duna blanca se llama, empecé a manejar sobre arena cada vez más suelta.

En un momento cruzando por un banco muy profundo la rueda delantera se enterró y la moto se inclinó hacia la izquierda. Nos caímos sin mayores consecuencias. La moto atrapo mi pierna pero pude apartarla.

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Me saque la campera, el casco, los guantes y todos los elementos de protección ya que hacía calor. Tomé un par de fotos y rápidamente puse la moto en vertical.

Por el caño de venteo del tanque estaba saliendo gasolina y realmente era un punto que me traía preocupado. La estación de servicio más cercana quedaba a 170 km y no sabía cuánto consumiría en el paseo. No estaba holgado para andar tirando nafta por ahí.

Después de la duna hay una subida de arena volcánica, no es tan jodida como la de la duna. Pero arena es arena.

Bajando se llega finalmente al campo. Algo impresionante. Fui bordeándolo hasta llegar a un “estacionamiento” y desde allí se entra a pie para recorrerlo.

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Emociona caminar por esas piedras. Ver las formaciones que la naturaleza hizo. Una blancura que hieren los ojos si no se usa lentes oscuros.

Cuando estaba volando el dron un guía me comento que después del medio día levantaba el viento y empezaba a arrastrar arena de la duna blanca llegando a tapar o imposibilitar de ver el camino.

Entonces me apure a guardar todo y arranque detrás de una camioneta manejada por un lugareño. Hizo un camino parecido al que llegue pero no respetándolo totalmente. Entonces al pisar suelo “virgen” sin huella la moto se comportaba mejor. Se dejaba llevar.

En algún momento perdí de vista a la camioneta pero estaba orientado hacia donde debería ir. No había huella que me guiara, así y todo pude llegar al cartel de indicación de la ruta.

Realmente es un paseo único pero no lo recomiendo para principiantes o viajeros solitarios, puede tornarse peligroso.

Volví a el pueblo y arme nuevamente la moto, puse la nafta que llevaba en el bidón en el tanque  y me puse a hacer cálculos mentales si me alcanzaría.

Antes de arrancar suspire murmurando: MISION CUMPLIDA. Pude llegar al campo como me había propuesto al imaginarme este viaje. Eran las 15 horas y tenía 160 km por delante.

Recordaba el tramo de ripio, pero después de la paliza de la mañana sería un camino en perfecto estado.

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Para cuando iba llegando a la bifurcación que se llama El Eje el clima se puso realmente frío. Ya hacía rato que soplaba el viento y era genial porque lo traía de cola.

Paré en la primera ciudad sobre la ruta 40 llamada Hualfin, busque donde alojarme.

Allí pude relajarme frente a un hogar hermoso y revisar mapa para ver por donde tomaría para retornar a mi hogar.

Hasta entonces.firma

 

 

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Un paseo por Catamarca – parte 8

Tinogasta (Catamarca) – El Peñón (Catamarca)

La noche fue muy fría, me sorprendio que a la mañana hiciera tanto calor. Al preguntar sobre esto me dijeron que estaba soplando el viento Zonda.

Que trae un aire muy seco y caluroso, conjuntamente con mucho polvo. Después viene la helada, esto ya no me gusto nada.

Tomé la ruta 60 y luego empalme con la famosa ruta 40. Ni bien lo hice del margen izquierdo se presentaron unas montañas imponentes.

Hay montañas sonsas. Así, como no queriendo serlo. Con sus laderas cubiertas de arena o tierra. Sin nada especial. Solo estan ahí.

Tambíen hay montañas muy coquetas, llenas de colores y formas. Normalmente andan en conjunto. Se diferencian unas de otras y cuesta decidir cual es más linda.

Pero hay otras que estan bien plantadas sobre la tierra. Pura piedra, cortes como cicatrices de peleas por donde baja el agua desde la cima. Su presencia no pasa desapercibida y causa admiración. De estas montañas estoy hablando. Me acompañaron por muchos kilómetros.

Llegué al medio día a la ciudad de Belén y estaba arrancando un festival. Paré para comer algo y buscar algunos regalos entre los artesanos que estaban exponiendo sus productos.

No me demore mucho y continué con mi camino bastante rápido, seguí hasta la ciudad de Hualfin donde comprendí que había equivocado la ruta otra vez.

Nuevamente esto de andar perdido y sin un rumbo concreto, me pasé de donde tenía que doblar. Tuve que desandar algunos kilómetros hasta un cruce llamado El Eje para tomar la ruta 43 y dirigirme hacia El Peñon, donde pensaba hacer noche.

Dista unos 150 km. Los primeros diez son de cemento y luego hay 30 km de ripio en relativo buen estado. después de ese tramo nuevamente cemento hasta el destino.

En alguna parte del camino tuve que detenerme y ayudar a otro motero que se dirigía al pueblo llamado Laguna Blanca.

El paisaje es algo cautivante. Al principio se recorren valles, después algunas dunas que quieren tragarse la carretera y por ultimo unas llanuras inmensas con pastos secos y pintando todo de amarillo.

Iba contemplando todo embelezado hasta que noto que el motor empieza a trabajar a marcha forzada. Me extraño mucho y decido cambiar la pantalla del GPS a datos numéricos donde me da información de la altura.

Allí descubro que lo que parecía plano no lo era en absoluto. Es un pendiente bastante pronunciada pero ante la bastedad del paisaje no se nota. Llega hasta los 3960 msnm. Casi estaba a 4000 metros y si no era por el motor ni me avivaba.

Llegando a la cima de esa “loma”, me da no se que decirle montaña porque no lo era, hay que tener cuidado con los pequeños arroyitos que cruzan la ruta ya que tienen hielo.

A esa altura el clima se había puesto realmente frío. Volvió a solpar el viento y con bastante fuerza. Faltaban muy pocos kilómetros para llegar por lo que no incremente mi abrigo. Esto tuvo consecuencias ya que llegué helado.

El pueblito es el típico de casitas de adobe con algunos beneficios de la civilización.

Rápidamente busqué donde alojarme y un comedor para cenar, comí bife de llama a la criolla. Muy rico realmente.

Mañana será el día de cumplir el objetivo del viaje a Catamarca: visitar el campo de piedra pómez.

Hasta entonces.

 

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Un paseo por Catamarca – parte 7

Complejo termal Fiambalá (Catamarca) – Tinogasta (Catamarca)

Me levante a las ocho y me dirigí al comedor del complejo para desayunar. Estaba cerrado y todo desierto. Aproveche para explorar y sacar fotos. Llegué casi hasta la vertiente de las aguas termales.

Luego me fuí a sentar cerca del comedor esperando que abriera. De a poco comenzaron a ir los bañistas a las piletas.

En la terraza donde estaba dos chinos vinieron a sacarse fotos. Los escuche hablar en su idioma. Cuando quedo uno solo le pregunte si entendía el castellano, me respondío en perfecto “porteño”.

Nos pusimos a hablar y me contó que le dicen “chapi”. Es argentino descendiente de chinos y pertenece a una organización que nuclea a varias fundaciónes. Participan junto a CRU Misión Valle Calchaquies. (1)

Llevaron camiones con donaciones realizadas por la comunidad china hasta Salta donde hicieron su base de operaciones.

Desde allí las distribujeron en escuelitas rurales de los Valles Calchaquies. “Chapi” fue el encargado de llevarlas con su grupo a Humahuaca e Iruya.

Me contó que esta es una acción directa ya que la comunidad siempre hace donaciones pero al entregarlas para su distribución las ponen en bolsas con bandera política. Típico punterismo argentino.

Eso los afecta de distintas maneras, principalmente en la imagen del inmigrante que se quiere integrar. Por el otro lado me conto una anécdota bastante triste, la de un inmigrante chino que dono mercadería y fue entregada como donación de una fuerza política. Luego la gente que la recibió saqueo el supermercado que la había dado.

Que cada uno reflexione sobre nuestros abuelos o bisabuelos y su lucha por integrarse.

En lo personal lo vivo en carne propia cuando me dicen que Jade, mi moto, por ser china es de mala calidad. Pero los dichos se refutan con acciones, 44.000 km al momento, es la distancia ida y vuelta hasta Alaska.

Después de desayunar me metí a las piletas. Empecé por la que había estado anoche y casi quedo rostizado, como había chicas cerca me aguante el grito y a fuerza de voluntad me quedé allí hasta el medio día.

Me tomé unos mates y nuevamente al agua otro par de horas. El día era esplendido y hacía calor. Todavía no había decidido si quedarme o partir.

Para las tres de la tarde comenzó a nublarse y ya estaba medio aburrido así que todo dicho. Prepare todo y baje de la montaña.

En Fiambalá había un festibal, pregunte y me dijeron que se llamaba “Jornada sentir y vivir lo nuestro, primera edición fiesta y concurso de la empanada y el locro”.

Dí un vuelta, comí algunas empanadas. Un grupo folklórico estaba bailando y al fondo estaban jugando a la taba por plata.

Me acerqué a curiosear y pregunte como se jugaba. La cosa resulto simple: se revolea la taba, tiene que pasar la marca hechas por unos palitos. Si cae del lado dorado ganaste. Si cae del plateado, perdiste. Y si cae de lado no pasa nada.

Agarré la ruta con el propósito de llegar a la ciudad de Belén que esta a 200 km, pero primero hice una parada en el ACA de Tinogasta a cargar combustible.

Llegando allí me sentía afiebrado, me imaginé que por la diferencia de temperaturas en las termas. Entonces decidí hacer noche ahí y buscar una farmacia para tomar algo que me ayudara.

También fuí al super a compar algo, ya en el hotel a bañarme y descansar que mañana tengo que manejar bastante.

Hasta entonces.

 

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(1) Para más datos o consultas de la organización:

https://www.facebook.com/proyectovas/

https://www.facebook.com/fundaciontodosjuntosporvos/

 


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Un paseo por Catamarca – parte 1

El viaje tan esperado comenzó para el otro lado, para Buenos Aires. Si, ya sé que por ahí no es el camino, todo tiene una explicación.

Bien temprano con frío y bastante niebla arranque hacia la capital. Por qué te preguntaras, la respuesta es muy fácil: renové parte del equipo y necesitaba probarlo, también buscar cosas específicas para modificarlos.

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Como ejemplo concreto te comentare que por fin compre otra carpa, es mucho más chiquita y más barata que la anterior. Para que funcione como una de más calidad tengo que hacerle algunas reformas: faldones al sobretecho. Ellos me permiten enterrarlos en suelos arenosos donde no hay posibilidad de fijar la carpa con las estacas, quedando muy segura y firme.

Otra de las ventajas es que impide la circulación de aire con lo que se hace un microclima que mantiene la carpa más caliente, fundamental para donde voy.

También probé unos guantes que tenía.  En un foro dijeron que eran una maza. A no ser que se refirieran que con ella tenía que remacharme los dedos a golpes hasta dejarlos insensibles, porque me recagué de frío. No habían pasado 5 kilómetros cuando me los cambie por los de cuero de siempre.

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La ruta estaba con tanta niebla que terminó empañándome los espejos, el parabrisas y hasta el visor del casco. Pero el amanecer fue espectacular. Digno de una foto, lleno de colores y las nubes con formas raras.

Lo primero que hice al llegar fue ir a Jawa para hacerle unos ajustes a JADE y comprar aceite para cadena.

Mientras la dejaba para que la mimaran (porque realmente se lo merece) me fui para el centro a comprar una nueva campera de moto. Apareció una de 3 capas a buen precio y quería probarla.

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El mismo suplicio de siempre cada vez que hago este recorrido. Todo muy lindo con la moto y la ruta, pero después tengo que andar vestido como un astronauta y como si fuera poco sudando la gota gorda porque voy muy abrigado.

Para colmo mi indumentaria es verde fluo. A más de una vieja la deje pestañando en el subte de la encandilada que le pegue (mi mujer siempre me dice que me guiñan el ojo, pero yo sé cuál es la verdad).

Aproveché y busqué una cuellera de neopren y unas mangas para la moto. Voy a prepararme un poco mejor para el frío que me espera donde voy.

Cuando terminé la vuelta fui a buscar la moto y para no romper la rutina lo hice sobre el horario de cierre del taller.

Mientras escribo estas líneas acabo de ver en el Facebook la publicación de un video que subió Roberto Martínez del nuevo motor en V de 850 cc. Cuando estuve en la sección de repuestos de la fábrica había un motor rugiendo muy fuerte.

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Recuerdo haber pensado que las Daytonas tienen muy lindo sonido con ese escape libre pero que en un taller cerrado te podía volver loco. Cuando bajé la escalera pude verlo sobre una mesa a lo lejos, pero nunca me imaginé que lo estaban encendiendo. No lo relacione con el sonido que había escuchado y me lo perdí.

Del retorno que puedo decir, imaginátelo: Panamericana, siete de la tarde, viernes y los loquitos a full tratando de llegar a sus casas.

La hice fácil, me metí en la primera estación de servicio que encontré para tomarme un café y dejar correr el tiempo.

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Considerando lo que falta por armar estipulo que realmente tomare rumbo hacia el Noroeste el domingo o lunes. Todo esto también es parte del viaje: la planificación, la preparación, asegurarse del equipo a llevar, y muchos largos etcéteras.

Y por último el viaje mismo.

Es por eso que este blog lo empiezo unos días antes, para contarles que viajar no solo es poner primera y arrancar.

Hasta la próxima.firma

 

 

Parte 2


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Fuí en moto y volví caminando.

Acá voy en un micro de línea. Todo vestido para la ruta: campera y pantalón con protecciones, botas para moto, ropa térmica. Equipo completo. Solo falta que me ponga el casco y ahí si mi vecino se caga de risa. Bastante esfuerzo hace para mantener la cara de seriedad ante lo ridículo que me veo así en colectivo.

Te preguntarás porqué estoy en esta situación, es fácil de responder: ¡Una tragedia!, tuve que dejar a Jade (así se llama mi moto JAWA-RVM Tekken 250) en un taller y volverme caminando.

Así estoy, muerto de calor y comenzando a despedir ese olorcito a oso encerrado tan característico. Ahora que lo pienso me pregunto si mi acompañante está aguantando la risa o el olor. Creo que mi compañero de viaje durará poco. Mejor caminar respirando aire puro que soportar esto.

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Hablando de caminar, con esto de hacerlo me di cuenta que cuando mi suegra me dice que tengo que hacer ejercicios porque ya se me nota mucho la panza tiene razón. Yo pensé que me lo decía de jodida que es nomas.

El caso es que una vez fui a un gimnasio de pesas y me anote. Ahí nomas empecé a levantar… a levantar quiniela. El físico no mejoro pero el bolsillo si. Chiste fácil para hacer más llevadero esto de andar de peatón por la vida.

Al final no te conté porque deje a Jade. Tranquilo, anda perfectamente, un lujo. Lleva 25.000 km y ni un pinchazo. Entonces como no gasto plata en repararla la gasto en accesorios.

Pregunte quien era el que mejor hacía defensas para motos y la respuesta fue unánime: Escapes Esteban. Listo, me contacte con él y concertamos una entrevista. Hablamos de diseños para la Tekken.

Nos imaginamos distintas formas y esta bueno eso de jugar con un cable grueso de electricidad. No el de las casas sino el de las calles. Son duros y flexibles a la vez. Le vas dando forma y jugando con el diseño y claro está, hay que meterle un poco de imaginación para tratar de ver cómo quedará finalmente.

Con Esteban, o Patricio, así lo llaman algunos (tal vez tenga un alter ego). Quedamos que le traería a Jade y que a la semana la tendría lista. Aproveche la volada para pedirle unos anclajes nuevos ya que también le cambio los baúles laterales. En el último viaje estuve pensando mucho en eso y me comprometí a rever las cosas que llevo conmigo.

Nuevamente averigüe por las opciones y algunos se deliran con marcas que salen más caras que la moto. Mirándolas bien no dan mucho más que eso: una marca sin una diferencia apreciable en el producto que justifique tamaño robo.

La cosa se pone peor cuando buscas baúles de aluminio. Preguntando descubrí los de la marca Ronlaiver, que además desarrollo unos específicos para la Tekken. En el caso de Jade son negros con tapas verdes.

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la cara lo dice todo, ¿no?

Los baúles están buenísimos. Muy bien construidos y diseñados. Son aerodinámicos y de un plástico muy grueso. Tienen unos desniveles que le dan más firmeza a la estructura. También vienen con una manija para el trasporte. Lo mejor de todo: su sistema de cierre. Una cerradura que hay que hacerle una par de movimientos para abrirla, lo que me asegura que no se abrirá accidentalmente durante un viaje.

En este tema de reducir el bulto que llevo como top-case tenía que reubicar donde llevaría los bidones de nafta y agua, ya que no viajo sin ellos. Nunca los necesite para mí, pero si les han servido a otros viajeros.

Entonces ahora Jade llevará detrás de los baúles otro accesorio de Ronlaiver: un soporte para el  bidón de gasolina. La construcción es muy segura y le quedan geniales a la moto. No tengo que andar metiéndole “stikers” de todos los lugares donde anduvimos para mostrarla como una moto viajada. Con esto sólo ya dice que ha recorrido muchas rutas.

El tema del agua lo voy a solucionar con un accesorio de otro proveedor. Son unos soportes para botellas o termos muy interesantes. Los tengo que ir a buscar a Santa Fe.

No veo la hora de tenerla toda armada y sacarle fotos para mostrártela. La Tekken de serie se roba todas las miradas (los que la tienen no me dejarán mentir en algo así). Imagínatela con todos los accesorios y lista para el viaje. Además la defensa la pedí en color amarillo oro, bien farolera. Que le voy a hacer si así me gusta y es mi moto.

TITO

Acá vamos, volviendo a San Pedro en un colectivo muy lento. Con acompañantes que se cambian regularmente. Llevo conmigo dos ansias a cuestas. La primera es para que me devuelvan a Jade. La segunda es verla como quedó.

La semana que viene les cuento. Hasta entonces.

Buenas rutas y suaves vientos.firma

 

 

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