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Conociendo a Pepe (Mujica) – parte 5

Dormí en la moto-posada que tiene la agrupación L.A.M.A. (Latin American Motorcycle Association), cada lugar donde tienen una sede la denominan “Capítulo”. Esta era el Capítulo Las Piedras, un lugar muy acondicionado para alojar motoviajeros.

Lo lleva adelante Mario Quijano en conjunto con su hijo Sony Quijano, su mujer Gabriela Rodríguez y varias personas más que tuve el gusto de conocer en las pocas horas que me quede con ellos. Me contaron el funcionamiento de la misma.

Brindan su espacio a cualquier viajero que necesite un lugar donde parar, no importa el tiempo que precise. Con espíritu de hermandad lo hacen generosamente a cualquiera sin distinción de parche o agrupación.

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Les encanta recibir visitas y con ellas sus historias. Como buenos uruguayos el mate se hace presente rápido y no afloja durante toda la charla. Me contaron de los viajes que han realizado a distintos países de Latinoamérica y hasta el realizado a Miami donde tienen un Capítulo.

Mario y su esposa tienen el sueño de un día agarrar la moto y salir sin rumbo pero con destino de conocer el mundo. Para ello proyectan alquilar unas propiedades y ayudarse con sus hijos para tener las cosas organizadas.

Su moto esta toda desarmada ya que tuvo un problema con el pistón y al parecer allá no se consigue el repuesto. Con voluntad e ingenio podrán sobreponerse al inconveniente y volver a las rutas. Cuando cuenta sus viajes o escucha los míos la cara se le ilumina.

Al medio día me invitaron a almorzar con la familia, tratándome como uno más de ellos. En la mesa me van contando que ese espacio antes era la sede, que allá ponían camas, por el otro lado tiraban colchones, y así van describiendo el crecimiento de la agrupación que a fuerza de voluntad hoy tiene su espacio propio.

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No me di cuenta si ellos comían rápido, o yo muy lento… tal vez fue porque hable mucho. El caso es que fui el último en terminar de almorzar. Espero que no haya sido por comer demasiado, entonces se justificaría el crecimiento constante de mi panza.

Mientras conversábamos sobre ciudades y lugares próximos para visitar iba armando un plan de ruta. Estaba muy cerca de Punta del Este, podría pasar a conocer Piriápolis que queda unos kilómetros antes.

Otra alternativa era ir para Colonia y ver la posibilidad de tomarme el ferry para volver, en el caso de no hacerlo podría recorrer la costa del Río Uruguay con sus balnearios hasta Fray Bentos.

De tanto proyectar y discutir posibilidades, la hora pasaba y ya entraba la tarde. Estaba tan a gusto con ellos que costaba separarse. En un momento arme la moto y me despedí de todos.

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En ruta varias veces reconfigure el GPS con distintos destinos, no terminaba de decidirme cual sería mi rumbo. Era muy tentador ir a conocer y pasear estando tan cerca de todo.

En algún momento sentí que el viaje había terminado, que lo que fui a buscar lo había conseguido y no quedaba más que volver a casa. En ese instante se apodero de mí la necesidad de volver con los míos y contarles lo que había vivido.

Conocían desde el principio mi proyecto de viajar a conocer a Pepe Mujica, estaban al igual que yo súper contentos y estarían ansiosos por conocer los detalles.

Ya tenía un objetivo: volver a casa. El GPS tiene un botón que dice “CASA” y al tocarlo automáticamente programa el trayecto hacia ese punto. Mi corazón comenzó a llenarse de impaciencia y me fui hacia el Oeste.

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El camino fue el mismo que realice dos días antes, pero el clima era completamente distinto. Había un sol radiante y hacía un poco de calor. Pude apreciar el cambio de mi percepción sobre el mismo paisaje.

El sábado había sufrido cada kilómetro por estar mojado y temblando del frío, el entorno era gris y para nada alentador. La ruta se hizo interminable y en algunos puntos peligrosos como cuando se convirtió en ripio mojado con charcos que no sabía su profundidad.

Ahora todo había mejorado. El paisaje era radiante y llenaba el alma verlo, trigales amarillos como el sol. Árboles en pleno crecimiento y ríos caudalosos. Hasta transitar el camino de ripio fue divertido, acelerar a Jade, sentir como saltaba y la amortiguación trabajaba al máximo.

A medida que me acercaba a la frontera el tránsito se incrementaba, me imaginaba que habría una gran concentración en la aduana. Afortunadamente no fue como lo pensé, la hora influenció en que no hubiera tanta gente ya que estaba anocheciendo.

Llegué a Gualeguaychú ya de noche y lo primero que hice fue buscar donde cenar, encontré una parrilla y por primera vez comí bien en esa ciudad. Luego di una vuelta por la costanera, todas las motos se habían ido.

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Traté de encontrar algún lugar donde pasar la noche, en el hostel nadie atendía. Fui al Parque Unzué buscando donde tirar la carpa. Incluso fui hasta Pueblo Belgrano al camping de la agrupación de motos donde había parado el viernes, estaba cerrado.

Era media noche y no estaba con ganas de seguir dando vueltas, así que me dirigí a la ruta con la intención de parar en la primera estación de servicio que encontrara. Fue una de expendio de gas.

Cuando tuve el campamento armado recordé porque no paraba en ellas: el compresor de estas estaciones es todo un  tema. Renegué dos veces y a la tercera me dormí por el cansancio que traía.

Mañana sería otro día.

Hasta entonces.firma

 

 

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Haciendo fuego con leña mojada

Lo que voy a contarte es una de las historias de mi primer viaje. Fue hacia el sur y hace casi 25 años.

En esa época la Patagonia era realmente inhóspita. En su mayoría las rutas eran de ripio y muy peligrosas. La que más recuerdo era la ruta 40 donde unía Bariloche con El Bolsón y pasaba por el Cañadón de la Mosca.

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Tan inaccesible que cuando algún vehículo se desbarrancaba allá quedaba, era un cementerio de autos y colectivos oxidados marcando lo peligroso del camino.

Lo que quiero relatarte sucedió un poco más allá, en el Parque Nacional Los Alerces. Cerca de la ciudad de Esquel, a orillas del Lago Futalaufken.

Fue un viaje dividido en 3 etapas. Esquel – Bariloche, Bariloche – Los siete lagos y Parque Nacional  Lanin. Cada uno duro un mes y si por último el tiempo no hubiera desmejorado tanto tal vez todavía estaría allá.

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Una aventura realmente salvaje, la civilización casi no había llegado y los lugares de aprovisionamiento estaban muy lejos.

Mi mejor recuerdo era parar en los ranchos que encontraba en el camino y comprarles pan. Un pan de campo único, hechos tal vez en hornos de barro y con grasa de vaya a saber que animal. Nunca volví a comer panes tan ricos.

La escasez de comida se solucionaba pescando en los lagos. Eran un manjar las truchas a la parrilla sazonadas con desesperación.

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Toda la vida y supervivencia pasaba por el fuego. Con él se calentaba el agua para los fideos o el arroz, también preparaba el mate que disimulaba el hambre.

Por las noches su calor no solo cocinaba la comida,  además invitaba a los viajeros a sumarse al fogón. Se intercambiaban historias o si aparecía una guitarra se cantaba el repertorio completo de Sui Generis o la canción de Víctor Jara, “a desalambrar”.

Eran épocas muy revolucionarias con la democracia recién inaugurada. Nos sentíamos subversivos allá en las montañas pero duraba mientras los leños crepitaban.

Por la mañana todo volvía a la normalidad. Con un ritmo suave nos aseábamos con agua helada… a veces. Preparábamos mate y si había otros acampantes tal vez juntaran sus cosas para seguir su destino. Por mi parte me quedaba un buen tiempo en cada lugar.

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Una noche el fogón termino rápido ya que el tiempo estaba desmejorando mucho. Como allá no se dice una cosa por otra a la madrugada se largó una lluvia de esas que te imaginas que nunca terminaran.

Lo hizo por la mañana, al salir de la carpa todo estaba mojado. Yo no, ¡pero todo lo demás sí!

Me preguntaba como prepararía el desayuno o qué almorzaría, era evidente que no podría hacer fuego estando toda la leña mojada.

En este punto del relato me veo en la obligación de aclarar que nunca fui partidario de llevar un calentador de esos con garrafitas de gas. No tengo otra razón más allá de mi testarudez.

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El maestro Olmedo dijo esta frase brillante: “si lo vamos a hacer lo hacemos bien”. Entonces si íbamos a la aventura lo hacíamos en toda regla: a pura supervivencia.

Si no podía hacer fuego realmente estaba en un problema. Una opción era desarmar todo e irme a otro lugar donde no hubiera llovido, tal vez a muchos kilómetros de ese parque. Como no quería dejar ese lugar fantástico decidí hacer fuego como fuera.

Puse manos a la obra. Lo primero fue seleccionar y clasificar ramitas pequeñas. Luego hacer un montoncito de unas más gruesas. Después otro para ramas y finalmente uno de leña.

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El segundo paso fue agarrar las más finitas y secarlas con el encendedor, de a una. Como tenía muchas el trabajo fue arduo.

Cuando tuve una buena cantidad empecé un fueguito muy tímido, con este me puse a secar las de mayor tamaño.

Este ciclo lo estuve repitiendo hasta llegar a los leños y que estos al final agarraran fuego. Uno muy débil y que casi no producía calor. Pero fuego al fin.

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Todo el trabajo me llevo la mañana completa. Fue una tarea tediosa pero no tenía otra cosa por hacer. Cuando finalmente la tarea estuvo concluida y el fuego encendido me sentí orgulloso de mi logro. Hasta el día de hoy recuerdo haber pensado: si puedo hacer fuego con leña mojada, ¿qué no podré hacer?

Este pensamiento es uno de los que estructuraron mi personalidad, al sentir que la tarea era imposible pero con garra pude realizarla.

Hace un par de años contando esta anécdota a un grupo de amigos me di cuenta de un dato muy importante pero que lo había pasado totalmente por alto: al lado tenía una moto con un tanque lleno de nafta que podría haberme facilitado mucho las cosas.

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Comprendí la diferencia entre la juventud y la adultez: el joven no piensa mucho y arremete, consigue las cosas a fuerza de voluntad. En cambio el adulto antes de actuar razona todas las posibilidades para elegir la más viable. Obtiene lo mismo pero sin tanto esfuerzo.

Hoy en día sigo acampando esperando encontrarme con que la leña esté mojada o algún nuevo desafío que comprometa mi pensar.firma

 

 

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Picaduras de insectos

Trabajando con el listado de elementos para el botiquín figura el CALADRYL, este lo incluyo muy acertadamente el doctor que configuro la lista.

Al momento de adquirirlo me doy cuenta del costo elevado que tiene. Teniendo en cuenta de reducir lo más posible lo que vamos a llevar por una cuestión de peso/espacio es que voy a dar el siguiente TIP:

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Ante picaduras de insectos podemos usar VINAGRE BLANCO

(que llevamos con las cosas de cocina, elemento básico con la sal y el aceite).

Espero te sirva la información.

firma

 

 

 

 

NOTA RELACIONADA: El botiquín del motoviajero

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La carpa

Acampar es muy lindo pero si no se tiene un equipo apropiado puede convertirse en una pesadilla. Dependiendo de la zona y la época del año hay dos elementos que tienen fundamental importancia: la bolsa de dormir y la carpa.

Para elegir esta última hay algunos ítems a tener en cuenta:

  1. Espacio interno.
  2. Altura.
  3. Sobretecho.
  4. Ábside (alero) cerrado.

Por último siempre hay que pensar en el bulto y el peso, y compararlo con los beneficios de cada producto que llevaremos en nuestra moto.

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ESPACIO INTERNO

La carpa tiene que ser para una persona más de los que viajen, o sea, si viajas solo la carpa tiene que ser para 2, si viajas acompañado la carpa es para 3 personas.

Ese espacio extra es para los bultos, que entren cómodamente y tenerlos protegidos contra las inclemencias del tiempo u otras situaciones.

Siempre llevar un candadito chiquito para usarlo si se considera necesario por el entorno, no tiene que ser muy “fuerte” ya que si alguien decide robarnos nada lo detendrá.

ALTURA

Una carpa no tiene que ser baja como las de alta montaña que tratan de ofrecer la mínima resistencia a los fuertes vientos, pero tampoco tan alta como para entrar parado en la misma.

La altura ideal ronda el metro o metro veinte, suficientes para poder ponerse un pantalón en su interior o estar sentado cómodamente ya que a veces por situaciones climáticas tendremos que estar mucho tiempo dentro de ella.

De esta altura también depende que pueda entrar o salir cómodamente de la misma.

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SOBRE TECHO

El sobretecho tiene que cubrir totalmente la carpa, en la mía alargue el mismo unos 40 cm más para poder enterrarlo en la arena y acampar en la playa.

También la temperatura interior depende de este factor, en mi caso no ventila bien lo que por un lado permite calentar la carpa más rápido pero por el mismo factor es más calurosa cuando le da el sol.

ABSIDE CERRADO (alero)

Este espacio es sumamente necesario ya nos proporciona un lugar seguro para poner las cosas que necesitamos más frecuentemente como las de cocina o las que no quisiéramos tener adentro como las botas o zapatillas.

Al cerrar la carpa todo queda oculto y protegido.

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La pregunta más frecuente que leo es “¿Qué carpa me compro?” y las respuestas más comunes son “las de marca”, “una buena”, con este o aquel detalle, etc.

Ante esa pregunta solo tengo una respuesta: ¡LA MAS BARATA!

La que uso siempre, y la verdad es que ya no da más, es una carpa para 3 personas de supermercado. Tiene las condiciones que enumere antes pero además tiene un color por el cual a las 7 de la tarde “desaparece”, se confunde totalmente.

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Esto me da seguridad cuando acampo en lugares “complicados” como cerca de las rutas o en las estaciones de servicio ya que de noche difícilmente la puedan ver ni aún iluminándola.

Un punto importante, tal vez el más importante, es la IMPERMEABILIDAD. Las carpas baratas no son muy aguantadoras en cuanto a columna de agua y prefiero llevar un nylon que la cubre totalmente, lo pongo debajo del sobretecho, así le da estructura ante las tormentas fuertes y los vientos.

Me gusta mucho este método ya que las carpas “buenas” tarde o temprano empiezan a filtrar, en cambio el nylon lo reparo con cinta o en el peor de los casos lo cambio por otro.

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Los otros días dije que cuando tenga un agujero la cambio. Después lo pensé bien y reformule: cuando tenga un agujero en el techo la cambio (porque el piso ya tiene 3 de una quemada con el caño de escape de la moto).

Espero que esta información te ayude a pensar y elegir una carpa acorde a tus necesidades, y por otro lado, si tienes alguna información para aportar te invito a hacerlo mandando un mail.

Hasta la próxima.firma

 

 

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