Relatos de Viajeros

Relatos de Viajeros

Video sobre la charla realizada por 5 viajeros que utilizan distintos medios de trasporte para realizar sus travesías.

Cronograma del video:

CARLOS ROTUNDO             6:35 min.      Motorhome
GUADALUPE GONZÁLEZ    19:41 min.    Viajes organizados
FERNANDO PICASSO          27:15 min.    Moto
PAOLA CASTILLO               49:38 min.    Viajes organizados
FACUNDO JULIANO           59:39 min.     Travesías 4×4

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Haciendo fuego con leña mojada

Haciendo fuego con leña mojada

Lo que voy a contarte es una de las historias de mi primer viaje. Fue hacia el sur y hace casi 25 años.

En esa época la Patagonia era realmente inhóspita. En su mayoría las rutas eran de ripio y muy peligrosas. La que más recuerdo era la ruta 40 donde unía Bariloche con El Bolsón y pasaba por el Cañadón de la Mosca.

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Tan inaccesible que cuando algún vehículo se desbarrancaba allá quedaba, era un cementerio de autos y colectivos oxidados marcando lo peligroso del camino.

Lo que quiero relatarte sucedió un poco más allá, en el Parque Nacional Los Alerces. Cerca de la ciudad de Esquel, a orillas del Lago Futalaufken.

Fue un viaje dividido en 3 etapas. Esquel – Bariloche, Bariloche – Los siete lagos y Parque Nacional  Lanin. Cada uno duro un mes y si por último el tiempo no hubiera desmejorado tanto tal vez todavía estaría allá.

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Una aventura realmente salvaje, la civilización casi no había llegado y los lugares de aprovisionamiento estaban muy lejos.

Mi mejor recuerdo era parar en los ranchos que encontraba en el camino y comprarles pan. Un pan de campo único, hechos tal vez en hornos de barro y con grasa de vaya a saber que animal. Nunca volví a comer panes tan ricos.

La escasez de comida se solucionaba pescando en los lagos. Eran un manjar las truchas a la parrilla sazonadas con desesperación.

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Toda la vida y supervivencia pasaba por el fuego. Con él se calentaba el agua para los fideos o el arroz, también preparaba el mate que disimulaba el hambre.

Por las noches su calor no solo cocinaba la comida,  además invitaba a los viajeros a sumarse al fogón. Se intercambiaban historias o si aparecía una guitarra se cantaba el repertorio completo de Sui Generis o la canción de Víctor Jara, «a desalambrar».

Eran épocas muy revolucionarias con la democracia recién inaugurada. Nos sentíamos subversivos allá en las montañas pero duraba mientras los leños crepitaban.

Por la mañana todo volvía a la normalidad. Con un ritmo suave nos aseábamos con agua helada… a veces. Preparábamos mate y si había otros acampantes tal vez juntaran sus cosas para seguir su destino. Por mi parte me quedaba un buen tiempo en cada lugar.

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Una noche el fogón termino rápido ya que el tiempo estaba desmejorando mucho. Como allá no se dice una cosa por otra a la madrugada se largó una lluvia de esas que te imaginas que nunca terminaran.

Lo hizo por la mañana, al salir de la carpa todo estaba mojado. Yo no, ¡pero todo lo demás sí!

Me preguntaba como prepararía el desayuno o qué almorzaría, era evidente que no podría hacer fuego estando toda la leña mojada.

En este punto del relato me veo en la obligación de aclarar que nunca fui partidario de llevar un calentador de esos con garrafitas de gas. No tengo otra razón más allá de mi testarudez.

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El maestro Olmedo dijo esta frase brillante: «si lo vamos a hacer lo hacemos bien». Entonces si íbamos a la aventura lo hacíamos en toda regla: a pura supervivencia.

Si no podía hacer fuego realmente estaba en un problema. Una opción era desarmar todo e irme a otro lugar donde no hubiera llovido, tal vez a muchos kilómetros de ese parque. Como no quería dejar ese lugar fantástico decidí hacer fuego como fuera.

Puse manos a la obra. Lo primero fue seleccionar y clasificar ramitas pequeñas. Luego hacer un montoncito de unas más gruesas. Después otro para ramas y finalmente uno de leña.

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El segundo paso fue agarrar las más finitas y secarlas con el encendedor, de a una. Como tenía muchas el trabajo fue arduo.

Cuando tuve una buena cantidad empecé un fueguito muy tímido, con este me puse a secar las de mayor tamaño.

Este ciclo lo estuve repitiendo hasta llegar a los leños y que estos al final agarraran fuego. Uno muy débil y que casi no producía calor. Pero fuego al fin.

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Todo el trabajo me llevo la mañana completa. Fue una tarea tediosa pero no tenía otra cosa por hacer. Cuando finalmente la tarea estuvo concluida y el fuego encendido me sentí orgulloso de mi logro. Hasta el día de hoy recuerdo haber pensado: si puedo hacer fuego con leña mojada, ¿qué no podré hacer?

Este pensamiento es uno de los que estructuraron mi personalidad, al sentir que la tarea era imposible pero con garra pude realizarla.

Hace un par de años contando esta anécdota a un grupo de amigos me di cuenta de un dato muy importante pero que lo había pasado totalmente por alto: al lado tenía una moto con un tanque lleno de nafta que podría haberme facilitado mucho las cosas.

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Comprendí la diferencia entre la juventud y la adultez: el joven no piensa mucho y arremete, consigue las cosas a fuerza de voluntad. En cambio el adulto antes de actuar razona todas las posibilidades para elegir la más viable. Obtiene lo mismo pero sin tanto esfuerzo.

Hoy en día sigo acampando esperando encontrarme con que la leña esté mojada o algún nuevo desafío que comprometa mi pensar.firma


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Un paseo por Catamarca – parte 12

Un paseo por Catamarca – parte 12

Colonia Dora (Santiago del Estero) – San Pedro (Buenos Aires)

Quedaban 750 km hasta mi casa. Tenía planeado arrancar a las 6 de la mañana para llegar temprano. Puse el despertador y cuando sonó por el frío que hacía me quedé dentro de la bolsa de dormir y lo reprogramé para las 7 am.

Repetí la situación hasta para las 8 de la mañana. Cuando se hizo esa hora ya me daba no sé qué seguir acostado, hacía rato que había terminado el ruido de los camiones al arrancar.

Una mañana muy fría pero soleada. Junté todo y algunas cosas las guarde mal total no volvería a usarlas. Para no perder más tiempo arranque sin desayunar.

Algunas personas conocedoras me habían advertido que nunca tomara la ruta 34 ya que es un infierno de camiones, pero quería conocerla así que desoí todo y me aventure por ella.

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Ya en los primeros kilómetros me arrepentí de la decisión, pero ya estaba en el baile. Es un rosario de camiones, el ritmo de viaje no supera los 80 km/h y muchas veces está por debajo de ese número.

Para estar en esas procesiones hay que tener una paciencia zen, soportar la situación sin andar asomándose a ver en qué momento se puede sobrepasar.

La circulación de camiones es tan grande que lo normal es ver los vehículos por grupos. Primero el camión lento, detrás uno o dos más tratando de pasarlo y luego vienen los autos que se hayan juntado. En total una media de 7 vehículos por tiro. Por ultimo hay un espacio de algún centenar de metros y otra vez el mismo esquema.

Si por alguna casualidad se llega a pasar al grupo hay que ir muy atento al acelerar ya que en sentido contrario viene otro grupo y tal vez algún osado haga una maniobra peligrosa tratando de ganar algunos metros.

Sobre todo nosotros que vamos en moto. Para asegurarme que me respetaran iba con todas las luces prendidas incluidas las auxiliares para que me vean, en cuanto veía algún rodado sobre mi trazada comenzaba a hacerle señas de luces para advertirle mi presencia.

Aun así varias veces tuve que desacelerar para dar tiempo a que se acomoden en su lugar. Con toda esta actividad pareciera que uno va entretenido y atento al camino. Todo lo contrario, se vuelve muy aburrido.

En estas situaciones yo me pongo a cantar, no lo hago bien pero la acústica del casco y el ruido del viento que se filtra disimulan mucho la situación. El grado de aburrimiento está dado por el volumen del canto, yo venía a los gritos.

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Deje de hacerlo cuando comenzó  a dolerme la garamanta. Tuve que buscar otra cosa para entretenerme, entonces me puse a contar vagones de trenes porque pasaron cuatro.

Hacia media mañana en el horizonte se dibujaban unas formaciones oscuras muy parecidas a las montañas cuando uno se va acercando. Algo totalmente imposible ya que mi rumbo era hacia el Este, casi en el límite con la provincia de Santa Fe.

Eran nubes de tormenta, más exactamente el frente de frío polar que avanzaba en el mismo sentido pero al ir más rápido lo estaba alcanzando.

Me di cuenta que el viaje se pondría frio y lluvioso. Decidí parar y ponerme el equipo de agua y preparar la moto para la lluvia.

Una muy buena idea ya que unos kilómetros más adelante empezó a chispear. Prefiero una cortina de agua torrencial y no pulverizada que moja igual pero no corre por el visor imposibilitando ver correctamente. La única solución es acelerar más para que el viento producido por el desplazamiento corra las gotas.

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Así fue el resto de la mañana y continúo todo el día. Hice dos paradas haciendo tramos de 200 km cada uno, unas tres horas de manejo.

A Rosario llegue de noche y pare en la estación de servicio que esta sobre la Panamericana después del peaje. Cene algo allí y me prepare para hacer los últimos 100 km que quedaban.

A veces es difícil hacer primar la seguridad. Después de un viaje largo uno lo único que quiero es llegar a su casa y dormir en mi cama.

Esa es una de esas situaciones donde se toma el riesgo que significa viajar de noche por llegar rápido. Lo hice porque conozco esa ruta y tome precauciones para minimizar riesgo.

Busque un camión que circulaba a unos 80 km/h y que además tuviera mucha iluminación trasera. Me mantuve a 5 segundos de distancia (1) con esto me aseguraba que nadie me llevara puesto ya que el camión impedía el paso.

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Además apartaría cualquier objeto que hubiera en la ruta y el movimiento de las luces me mostraba anticipadamente si había algún desnivel en la calzada.

De esta manera llegué a mi terruño y fue muy agradable reencontrarme con mis afectos y cosas. Creo que uno sale a pasear para volver y valorar mucho más lo que se tiene. Romper con la zona de confort para redefinirla y evolucionar.

Una aventura termina para que otra empiece.

Hasta ese momento y gracias por leer.firma

 

 

(1) En ruta la distancia de frenado se mide en tiempo y no en metros. Ya que la velocidad cambia y por lo tanto la cantidad de espacio necesario para la frenada. En cambio midiendo el tiempo ajusta está perfectamente.

Parte 11


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Un paseo por Catamarca – parte 6

Un paseo por Catamarca – parte 6

Fiambalá (Catamarca) – Complejo termal Fiambalá (Catamarca)

Fui el primero es levantarme en el hostel. Mucho frío y unas nubes que desanimaban a cualquiera.

Afortunadamente y muy rápidamente se fueron para algún lado y quedo un día totalmente soleado que de a poco se fue calentando.

Desayune tranquilo y para cuando estaba con el mate comenzaron a caer por la cocina los pasajeros. Se converso poco, cada uno luego del café partieron hacia lo que planeaban visitar.

Arme todo y me fui a ver a Jade que había quedado en el patio del fondo. Controle el aceite, la tensión de la cadena y me fije si necesitaba lubricación. Cuando quede conforme la «ensille» y salí hacia el destino elegido.


Quería visitar en primer lugar el Cañón del Indio. Me habían dado las indicaciones para llegar pero se equivocaron bastante con las distancias.

Me habían dicho que lo único que señalizaba la entrada era un pequeño apilamiento de piedras hacia la banquina izquierda. Cuando recorrí los kilómetros que me habían comentado empece a buscar el mojón.

Un poco mas allá había uno y un camino bastante marcado y todo de arena. Nunca me dijeron que ese era el tipo de elemento que tendría que cruzar.

Hice de tripas corazón y me metí. Las imágenes que me mostraron del cañón valían la pena. Fuí llevando a Jade hacia el interior, pero de formaciones rocosas ni noticias.

Cuando me convencí que no era el camino correcto aproveche la ocasión para sacar fotos agrestes. También volé el dron para tener un registro completo.

Desde donde estaba veía hacía la derecha unas rocas que tal vez fueran las buscadas. Nuevamente a la ruta y a encontrar una entrada que me acercara a ellas. La ubique un par de kilómetros más allá. Un camino peor que el anterior y nuevamente no me llevo a ningún lado.

Regrese sobre mis pasos y decidí alejarme un poco con rumbo al paso San Francisco que cruza a Chile,al menos para pasear ya que la mañana se había tornado espectacular.

Fuí viendo varios mojones pero el entorno no mostraba ninguna montaña que pudiera tener un cañón.

Cuando ya estaba por pegarme la vuelta veo toda la combinación esperable y además una flecha en el piso hecha con piedras.

Un camino mitad ripio y mitad arena me fue metiendo por la garganta del cañón.

Un lugar único. En un punto no se puede transitar más y entonces continúe a pie hasta el fondo.

Nunca vi la cabeza de ningún indio pero el lugar tiene una energía muy particular. Me quede horas disfrutándola y escuchando el silencio, a veces roto por una brisa de viento.
Realmente muy pintoresco pero saque muy pocas fotos ya que no podía romper la quietud del lugar.

Cerca de las 16 hs entré nuevamente en Fiambalá y me dí cuenta que estaba sin almorzar. Pare a comer y pedir referencias de como llegar a las termas.

Tienen una señalizacion cuanto menos cuestionable pero pude llegar. Me cobraron el ingreso y el camping, decidí acampar allí a pesar que la noche anterior había nevado.

Para quien no conoce es una ruta que serpentea entre montañas. Con subidas y bajadas.
En la subida final primero aparece una casilla que oficia de boletería y control de acceso. Un kilómetro más arriba a mano izquierda esta el camping.

Preferí seguir subiendo para conocer todo antes y menos mal que lo hice así. La pendiente es muy pronunciada y esta bastante lejos del complejo.

Esto no lo subo ni mamado me dije. Acabo de cumplir 50 años y algún beneficio debería tener. ¿No?

Llegué a la parte más alta donde esta el estacionamiento y veo varios motor home y casillas estacionadas. Hable con el que cuida y pedí permiso para acampar en un rinconcito.

Muy amable me lo concedió y pude establecerme en el playón mas cercano a las piletas. Al lado tengo el baño con ducha y todo. Nuevamente arme el rancho completo por si nuevamente quiere nevar como lo hizo la noche anterior.

Una vez listo me puse una malla que me regaláron en el hostel cuando comente que me la había olvidado. Fuí a conocer las famosas termas.

Realmente tienen la fama bien merecida. Son espectaculares. Una serie de piletas hechas con piedras conectadas entre sí por cascadas que van enfriando el agua.

Uno elige en cual meterse según el grado de la temperatura. Empece por una tibia pero luego me pase a una mucho más caliente.

Son relativamente pequeñas lo que hace que uno entable conversación con los demás. Poco a poco se fueron retirando hasta que al fin quede solo.

Salí de ella a las diez de la noche. Es muy loco estar en el agua mirando las estrellas en un entorno bastante frío. Están abiertas hasta la medianoche.

Volví a la carpa y tomo unos mates mientras escribo estos. Hoy no hay cena y esta comenzando a refrescar.

Mañana decidiré si me quedo un día más o no.
Hasta entonces.

 

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Un vino y seguimos ruta

Un vino y seguimos ruta

Esta historia paso cierta vez cuando con un amigo estábamos organizando una juntada y nos fuimos a recorrer el camino que haríamos. Queríamos cronomtrarlo, ver las paradas y atractivos que tendríamos.

Era de tierra y creo que ni nombre tiene, y sobre esto no hay mucho más para contar. Paisajes típicos de campo, la pampa húmeda en su esplendor. Calor como para secar uvas y un polvo de esos que se meten dentro de las medias.

El verano estaba cerca y ya se sentía con fuerza. Íbamos despacio por desconocer el camino, los mapas no ayudaban mucho.

A las perdidas nos cruzábamos con algún auto o moto que venía en sentido contrario. Pero no mucho más que eso, muy solitario todo.

Transitábamos paralelos a las vías del tren que nos acompañaron por kilómetros. Al doblar en un paso a nivel por fin hicimos un cambio en la rutina poniéndolas del otro lado, cuando terminamos la maniobra nos dimos de lleno con una reunión campestre.

Mucho gaucho a caballo vistiendo todo su atuendo, incluido sus rastras con monedas. Difícil determinar quién sacaba más pecho, si el animal o el jinete. Puro orgullo esa gente.

A los costados estaban los gauchos modernos. Esos que visten como tales pero andan en camioneta, van con a la familia y hasta al perro llevan.

El encuentro resulto ser una carrera de sortija. En el campo al lado del camino se ponían de a tres y largaban a todo galope hasta un arco que cruzaba la recta de varios cientos de metros, allá a lo lejos.

Al fin algo para contar me dije, me acerque despacio para mirar mejor.

No sabía cómo los matungos iban a reaccionar si les pasaba una moto cerca. Estaban por todos lados y nosotros íbamos entre las patas. Despacito y atentos, sobre todo a la mirada del paisanaje.

Si algo quedaba desubicado en ese lugar era una moto con sus tripulantes vestidos como astronautas con todas las protecciones y sudando la gota gorda.

Al final no supe si las miradas eran de asombro, de reprobación o si simplemente no veían nada por tanto polvo que levantaban las carreras.

Donde pude estacione la moto y nos fuimos a caminar por la fiesta. Había de todo: puestos que vendían productos tradicionales y otros que también vendían productos tradicionales pero de china (esos desentonaban aún más que nosotros).

Me acerco a la meta de la carrera para mirar mejor. Los concursantes pasaban a todo galope, el gauchaje aplaudía o se lamentaba la suerte de los participantes. Tal vez hubieran hecho alguna apuesta.

Del travesaño del arco colgaban 3 argollas que a mi gusto eran demasiado pequeñas. Cuando pasaban los corredores era imposible ver si la embocaban o no. Solo por el clamor de la gente sabía el resultado.

Me aleje de ahí pensando que la inmensidad del campo hace la vista se afine, o que todos aplaudían para no sincerarse y decir que no veían un carajo.

Seguí caminando y explorando un poco más. Hacia el fondo estaban las parrillas, los asados haciéndose despacito y al costado los tablones que servían de mostrador. Allí se pedía la carne con el vino o la gaseosa.

¡Eso me tentó! Aunque uno esté lleno el olor de los chorizos entusiasma a cualquiera, nosotros veníamos famélicos. Cuando quise proponerle a mi amigo un almuerzo en toda regla me percato que no estaba con nosotros.

Hago memoria y descubro que hace rato que no lo veíamos.

¿Dónde se había metido? ¿Qué le paso?

Deshago mi camino buscándolo y lo encuentro en la entrada del predio. Ahí estaba él, mirando la moto con una cara de esas que hacen que las viejas comiencen a santiguarse. Algún velorio de seguro habría.

Al acercarme me comenta que había pinchado la rueda trasera y su ánimo estaba por el piso.

Tres situaciones jugaban en su contra: no había ninguna gomería cerca; No traía herramientas, mucho menos parches y la moto no tenía caballete.

Con esa situación ya estaba para que le tachen la doble generala.

 – Espera que voy a buscar la moto, le dije.

Otra vez a circular entre los caballos aunque ahora más acostumbrado, lo que me preocupaba era la bosta que había por todos lados.

Al llegar estacione a su lado, saque las herramientas y los parches listo para la reparación.

El problema era levantar la moto. Algunos le ponen el casco o en su defecto el top-case para hacerlo, pero yo ni de chiste rayo esos elementos.

Preferí ponerme a caminar para ver que encontraba. Así lo hice, primero fui para acá y después para allá, mirando atentamente como buscando plata en el piso.

A los pocos metros vi algo que nos podía servir: ¡una botella de vino!

La pusimos del lado derecho de la moto, debajo del horquillón. De esta manera la rueda quedo suspendida, pudimos sacarla y arreglar todo.

Cuando estábamos listos a partir me dio pena revolearla a los yuyos, lo sentía como una traición a nuestra salvadora que tanta ayuda había brindado, preferí dejarla tranquila al borde del camino.

Quien te dice que hoy en esa curva no haya un santuario de la Difunta Correa.

firma

PD: Lamento amigos haber perdido los videos y fotos de esta aventura, tal vez mañana aparezcan entre los que tengo guardado.


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UN VIAJE AL INFIERNO – parte 8

UN VIAJE AL INFIERNO – parte 8

Sábado 13 de Enero de 2018

Florianópolis, Brasil

¡SALIO EL SOL! Con este grito de guerra que hice en un suspiro salí de la carpa por el calor que ya hacia adentro, insoportable. Bah, por lo visto tanto no hacía porque Valeria estaba durmiendo muy plácidamente.

Cuando finalmente despertó, tire la lona a la sombra y dispusimos las cosas para desayunar. Dispuestos a disfrutar lo máximo posible ese regalo que era un día sin lluvia, al menos por el momento, más allá de lo que estaba pronosticado.

Emprendimos el sendero de 500m y Valeria sabiendo que para mí era un esfuerzo grande llevarla cargada por su miedo a lo que podría haber en el agua hizo de tripas corazón y despacito me siguió.

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Este tipo de gestos son los que me dicen que estoy con la persona correcta, no porque no tenga miedos, sino porque es lo suficientemente valiente para enfrentarlos, la he visto hacer eso reiteradas veces y realmente puedo afirmar que es una gran mujer.

Como somos los humanos al no reconocernos en estos aspectos, minimizarlos y tal vez en otros valorarlos. Tener miedos y aun así enfrentarlos no solo es de valientes, sino de personas sanas. El miedo no es para impedirnos hacer las cosas, es una llamada de alerta sobre algún posible peligro. Prestamos atención y realizamos la acción con seguridad, eso es valor y valorable.

Cuando llegamos a la playa estaba desierta, toda para nosotros, totalmente disfrutable. Comenzamos con el ritual de todo turista oceánico: miramos para un lado, luego para el otro; Seleccionamos el mejor lugar de la playa aunque la arena es igual en todos lados; Extendemos la lona y nos sentamos; Volvemos a mirar a todos lados buscando vaya a saber qué; Nos disponemos a tomar sol para después bien acalorados meternos al mar; Buscamos el protector para ponernos y… oh, oh, oh, con la emoción se nos olvidó en el campamento.

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Ninguno de los dos pensaba volver a buscarlo por miedo a que el tiempo cambie y de pronto se largue a llover. Al hecho pecho y a tomar sol a lo indio, que si nos flechamos al menos la gente sabrá que estuvimos en la playa.

Hasta este momento la única marca de sol que teníamos era en las muñecas de Valeria, una pequeña separación entre el guante y la campera dejaba expuesta la piel y se le quemo mucho después de tantos días de viajar en moto. Sumado a eso tenía un redondel arriba de la mano producto de un agujero que hace el guante antes del cierre. Se veía bastante ridículo pero me abstuve de comentarlo.

Volver blancos sin la marca de la mallas es una vergüenza. Había sol pero esta velado por algunas nubes. El mar esta frío y además lleno de ramitas y hojitas que las lluvias le arrancaron a los árboles y terminaron en la orilla.

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Paso la mañana, para el medio día ya estábamos cansados de estar como lagartos y nos fuimos para la carpa. Debajo de los arboles tomamos unos mates y sirvieron como almuerzo.

Por la tarde volvimos a la playa, esta vez poniendo mucha atención de llevar el protector. Ya se sentía la piel tirante, realmente es muy fuerte el sol por estos lares.

Cuando consideramos que tuvimos suficiente volvimos al camping. Aprovechamos para darnos un baño refrescante y ponernos crema, ante estas situaciones me hago el minusválido y dejo que mi mujer me ponga, me quedo calladito y quietito no sea cosa que se corten los mimos. A veces le señalo partes donde no la pasó para prolongarlos.

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Me preguntaba qué haría cuando no estuviera ella para hacerlo ya que me conozco y soy muy vago para ponerme protector o cremas humectantes. Cosas de bruto nomás, pero creo que todos los hombres somos un poco así, inconscientes.

Me puse a mirar un poco el circuito eléctrico de JADE (mi moto RVM Tekken 250) ya que se quema el fusible de los cargadores de 12 v que le puse, mire un poco por arriba y lo deje para más adelante, ya habrá tiempo.

Hora de ir a comer, iremos para Barra de Lagoa, el caserío que queda cerca, a conocerlo y ver si encontramos donde cenar.

Hasta mañana.firma

 

 


Kilómetros viajados hoy: 0 km.

Kilómetros viajados totales: 1967 km.

Días viajando: 8 días.

recorrido


Links de las:  Parte 7   |    Parte 9

TIP: uso de herramientas durante un viaje

TIP: uso de herramientas durante un viaje

Normalmente cuando tenemos que usar las herramientas en un viaje de debe a una urgencia, tal vez hagamos un «service» en algún lugar donde estemos parando.

En la mayoría de los casos el piso donde estemos trabajando es irregular, y puede que sea de pasto o piedras con hendijas.

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Herramientas necesarias para viajar

Herramientas necesarias para viajar

Este ítem no es muy difícil de determinar ya que la gran mayoría de las motos usan generalmente las mismas herramientas. Esto no nos libra de revisar detenidamente la nuestra y determinar específicamente cuales necesita.

En el caso particular de la moto que actualmente uso diré que llevo dos (2) llaves fijas de 13 mm, esto se debe a que para ajustar el tensor de cadena tiene tuerca y contra tuerca, para trabajarlos correctamente hay que usar dos llaves, y el espacio es muy reducido para meter la llave francesa. Por eso determine llevarlas.

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¡Pa´que me creen si saben cómo me pongo con la moto!

¡Pa´que me creen si saben cómo me pongo con la moto!

¿Recuerdan esta publicación y especialmente el comentario?

Bueno, no es cierto, seguí haciéndole cosas a la moto.

Vivo un viaje no solo como un trayecto sino como el desarrollo de distintas etapas, comenzando por la idea de algún destino y finalizando con la llegada… tal vez debería decir con el retorno y la vuelta a casa.

En el medio hay muchas etapas que por ahí pasan desapercibidas. Si bien realizo viajes frecuentemente y tengo casi todo preparado para los mismos, me gusta “perfeccionar” y por lo tanto pienso y diseño nuevas soluciones a situaciones creadas a veces por mí mismo.

Es por esto que la moto nunca esta “terminada”, siempre hay algún detalle para hacerle o un accesorio nuevo que ponerle. Entiendo que esto va en detrimento del peso y por lo tanto en consumo. Pero es algo que disfruto mucho y no dejare de hacerlo.

En la foto que antecede varias personas se intrigaron por lo que estaría llevando, bueno, acá te lo muestro, una caja de herramientas marca Robust que venden en Easy.

Lo transforme en un top case para mi nuevo viaje. Tuve que darle más base así alargue la estructura de la moto. No espero que sea algo bueno ya que no tiene fortaleza ni es de una sola pieza. Voy a tener que cuidarlo mucho del agua ya que internamente tiene una lámina de madera. Por el mismo motivo no podré cargarlo mucho y requerirá mucha atención.

Entonces surgen las siguientes preguntas: ¿Necesita un Top case? ¿Acaso no tiene uno? ¿Porque no usa un Top case de moto en vez de una caja de herramientas, acaso no puede comprarse uno? Etc.

En respuesta a todas estas preguntas les contaré que actualmente tengo cuatro baúles, cada uno de distinta capacidad, todos muy fuertes y confiables y ya probados en distintos viajes.

Por lo tanto todo se reduce a esto: ¿Por qué lo hace?

Acá la respuesta no es tan simple, empezaría diciendo que es parte del viaje y me gusta planear y construir cosas. También podría decir que “en la variedad está el gusto”. Pero en última instancia está en juego el conocimiento: poder saber por experiencia propia sobre las cosas, en este caso un top case.

Recordemos que el fracaso es el camino al conocimiento, ya que si no resulta no me quedare con el pensamiento “hay que cambiarlo”. Reflexionare sobre porque, que hay que mejorar, etc.

Algún distraído pensara que busco pasarla mal, tener problemas en mis viajes. Esto no es así, está muy lejos de la verdad. Pero tampoco me escondo de las situaciones que se presentan. Sé que esto que hoy es un “problema” mañana es la anécdota que contare en algún asado.

Un lugar entre la moto y los baúles lo aproveche para llevar aceite (cuatro litros) ya que en el viaje del verano planifico realizar tres services. Tal vez te preguntes porque no lo compro en el camino y esto es fácil: POR COMODIDAD, así de simple.

Estoy poniendo más luces traseras para hacer la moto más visible en la oscuridad, sobre todo en los extremos para marcar el ancho de la misma.

Está quedando como me gusta, que si la ves de noche no sepas si es una moto, un auto, un camión… o un OVNI.

Hasta la próxima.

Picaduras de insectos

Picaduras de insectos
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Trabajando con el listado de elementos para el botiquín figura el CALADRYL, este lo incluyo muy acertadamente el doctor que configuro la lista.

Al momento de adquirirlo me doy cuenta del costo elevado que tiene. Teniendo en cuenta de reducir lo más posible lo que vamos a llevar por una cuestión de peso/espacio es que voy a dar el siguiente TIP:

Ante picaduras de insectos podemos usar
VINAGRE BLANCO

(que llevamos con las cosas de cocina, elemento básico con la sal y el aceite).

Espero te sirva la información.

NOTA RELACIONADA: El botiquín del motoviajero