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Un paseo por Catamarca – parte 11

Tafí del Valle (Tucumán) – Colonia Dora (Santiago del Estero)

Tuve un sueño bastante interrumpido, muchos ruidos de puertas abriéndose y cerrándose en el hostel, chicos corriendo y grandes retando. Llego la mañana y con ella el desayuno.

Cuando todo estuvo organizado, incluida una compra de última hora por encargue, fui al baldío donde estaba Jade.

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Ahí había pasado la noche estacionada debajo de un techo, si bien hizo frío no fue tan terrible. Le tocaba un pequeño “service”, cambio de aceite, control de batería y trasmisión.

Saque las herramientas, busque botellas descartables para poner el aceite viejo y una bolsa de plástico sirvió de base por si algo caía no se ensuciara con la tierra.

Sacar el tapón de abajo es simple pero incómodo, lo hice despacio para que drenara el líquido en el tacho. Cuando estaba por llenarse quise ajustar nuevamente para cambiar el recipiente pero se terminó de aflojar y se salió.

Se hizo un enchastre bárbaro. Todo el aceite derramado. Tire tierra encima para que lo absorba y no avanzara.

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Pude hacer todo correctamente salvando ese inconveniente. Arme la moto reubicando cosas para poder llevar los presentes que se agregaron a la carga.

Cuando estaba todo listo emprendí el regreso, a partir de este punto considero que el viaje terminó y solo queda el retorno al hogar.

El camino que desciende de Tafí es uno de los más lindos que conozco. Va haciendo zig zag por la ladera de la montaña y muy rápidamente se llena de vegetación.

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Por el otro lado nos acompaña hasta abajo un río que va descendiendo entre piedras. Realmente todo muy bello. Son las yungas que hay en ese valle. Uno se cansa de doblar pero desea que el paseo no termine nunca.

Pero lo hizo al final. De pronto todo se transforma en un llano, campos con cultivos de cañas de azúcar y las montañas con sus hermosos paisajes están allá, detrás de las nubes. Apenas se perciben y siempre pienso que tal vez todo fue un hermoso sueño.

A medida que pasan los kilómetros se van escondiendo detrás de un velo azul, resulta increíble que haya paisajes tan hermosos ahí nomás, detrás de aquella curva. Están como velados esperando a los aventureros que quieran descubrirlos.

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Tuve que agarrar varias rutas hasta poder empalmar con la 9 que me llevaría a Santiago del Estero, de allí tomar la 34 hasta Rosario.

De pronto todo se ha transformado en un paisaje totalmente conocido, campos cultivados y nada interesante donde posar la vista.

Pase por la Termas de Río Hondo y por dos minutos me plantee la posibilidad de quedarme allí, hasta que me acorde que la malla quedó en un baño de Fiambalá por si alguien la necesitaba.

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Pase de largo igual que a la capital, Santiago del Estero. La ruta tomo un puente muy lindo y después una circunvalación, por lo tanto no vi nada de la ciudad.

Trate de hacer la mayor cantidad de kilómetros para tener la posibilidad de llegar mañana a mi hogar. Por delante quedan casi 800 km.

Si quiero hacerlo tendré que subirme a la ruta muy temprano y estar allí todo el día. Haciendo paradas breves para no llegar de noche.

Hasta entonces.firma

 

 

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Un paseo por Catamarca – parte 8

Tinogasta (Catamarca) – El Peñón (Catamarca)

La noche fue muy fría, me sorprendio que a la mañana hiciera tanto calor. Al preguntar sobre esto me dijeron que estaba soplando el viento Zonda.

Que trae un aire muy seco y caluroso, conjuntamente con mucho polvo. Después viene la helada, esto ya no me gusto nada.

Tomé la ruta 60 y luego empalme con la famosa ruta 40. Ni bien lo hice del margen izquierdo se presentaron unas montañas imponentes.

Hay montañas sonsas. Así, como no queriendo serlo. Con sus laderas cubiertas de arena o tierra. Sin nada especial. Solo estan ahí.

Tambíen hay montañas muy coquetas, llenas de colores y formas. Normalmente andan en conjunto. Se diferencian unas de otras y cuesta decidir cual es más linda.

Pero hay otras que estan bien plantadas sobre la tierra. Pura piedra, cortes como cicatrices de peleas por donde baja el agua desde la cima. Su presencia no pasa desapercibida y causa admiración. De estas montañas estoy hablando. Me acompañaron por muchos kilómetros.

Llegué al medio día a la ciudad de Belén y estaba arrancando un festival. Paré para comer algo y buscar algunos regalos entre los artesanos que estaban exponiendo sus productos.

No me demore mucho y continué con mi camino bastante rápido, seguí hasta la ciudad de Hualfin donde comprendí que había equivocado la ruta otra vez.

Nuevamente esto de andar perdido y sin un rumbo concreto, me pasé de donde tenía que doblar. Tuve que desandar algunos kilómetros hasta un cruce llamado El Eje para tomar la ruta 43 y dirigirme hacia El Peñon, donde pensaba hacer noche.

Dista unos 150 km. Los primeros diez son de cemento y luego hay 30 km de ripio en relativo buen estado. después de ese tramo nuevamente cemento hasta el destino.

En alguna parte del camino tuve que detenerme y ayudar a otro motero que se dirigía al pueblo llamado Laguna Blanca.

El paisaje es algo cautivante. Al principio se recorren valles, después algunas dunas que quieren tragarse la carretera y por ultimo unas llanuras inmensas con pastos secos y pintando todo de amarillo.

Iba contemplando todo embelezado hasta que noto que el motor empieza a trabajar a marcha forzada. Me extraño mucho y decido cambiar la pantalla del GPS a datos numéricos donde me da información de la altura.

Allí descubro que lo que parecía plano no lo era en absoluto. Es un pendiente bastante pronunciada pero ante la bastedad del paisaje no se nota. Llega hasta los 3960 msnm. Casi estaba a 4000 metros y si no era por el motor ni me avivaba.

Llegando a la cima de esa “loma”, me da no se que decirle montaña porque no lo era, hay que tener cuidado con los pequeños arroyitos que cruzan la ruta ya que tienen hielo.

A esa altura el clima se había puesto realmente frío. Volvió a solpar el viento y con bastante fuerza. Faltaban muy pocos kilómetros para llegar por lo que no incremente mi abrigo. Esto tuvo consecuencias ya que llegué helado.

El pueblito es el típico de casitas de adobe con algunos beneficios de la civilización.

Rápidamente busqué donde alojarme y un comedor para cenar, comí bife de llama a la criolla. Muy rico realmente.

Mañana será el día de cumplir el objetivo del viaje a Catamarca: visitar el campo de piedra pómez.

Hasta entonces.

 

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Un paseo por Catamarca – parte 7

Complejo termal Fiambalá (Catamarca) – Tinogasta (Catamarca)

Me levante a las ocho y me dirigí al comedor del complejo para desayunar. Estaba cerrado y todo desierto. Aproveche para explorar y sacar fotos. Llegué casi hasta la vertiente de las aguas termales.

Luego me fuí a sentar cerca del comedor esperando que abriera. De a poco comenzaron a ir los bañistas a las piletas.

En la terraza donde estaba dos chinos vinieron a sacarse fotos. Los escuche hablar en su idioma. Cuando quedo uno solo le pregunte si entendía el castellano, me respondío en perfecto “porteño”.

Nos pusimos a hablar y me contó que le dicen “chapi”. Es argentino descendiente de chinos y pertenece a una organización que nuclea a varias fundaciónes. Participan junto a CRU Misión Valle Calchaquies. (1)

Llevaron camiones con donaciones realizadas por la comunidad china hasta Salta donde hicieron su base de operaciones.

Desde allí las distribujeron en escuelitas rurales de los Valles Calchaquies. “Chapi” fue el encargado de llevarlas con su grupo a Humahuaca e Iruya.

Me contó que esta es una acción directa ya que la comunidad siempre hace donaciones pero al entregarlas para su distribución las ponen en bolsas con bandera política. Típico punterismo argentino.

Eso los afecta de distintas maneras, principalmente en la imagen del inmigrante que se quiere integrar. Por el otro lado me conto una anécdota bastante triste, la de un inmigrante chino que dono mercadería y fue entregada como donación de una fuerza política. Luego la gente que la recibió saqueo el supermercado que la había dado.

Que cada uno reflexione sobre nuestros abuelos o bisabuelos y su lucha por integrarse.

En lo personal lo vivo en carne propia cuando me dicen que Jade, mi moto, por ser china es de mala calidad. Pero los dichos se refutan con acciones, 44.000 km al momento, es la distancia ida y vuelta hasta Alaska.

Después de desayunar me metí a las piletas. Empecé por la que había estado anoche y casi quedo rostizado, como había chicas cerca me aguante el grito y a fuerza de voluntad me quedé allí hasta el medio día.

Me tomé unos mates y nuevamente al agua otro par de horas. El día era esplendido y hacía calor. Todavía no había decidido si quedarme o partir.

Para las tres de la tarde comenzó a nublarse y ya estaba medio aburrido así que todo dicho. Prepare todo y baje de la montaña.

En Fiambalá había un festibal, pregunte y me dijeron que se llamaba “Jornada sentir y vivir lo nuestro, primera edición fiesta y concurso de la empanada y el locro”.

Dí un vuelta, comí algunas empanadas. Un grupo folklórico estaba bailando y al fondo estaban jugando a la taba por plata.

Me acerqué a curiosear y pregunte como se jugaba. La cosa resulto simple: se revolea la taba, tiene que pasar la marca hechas por unos palitos. Si cae del lado dorado ganaste. Si cae del plateado, perdiste. Y si cae de lado no pasa nada.

Agarré la ruta con el propósito de llegar a la ciudad de Belén que esta a 200 km, pero primero hice una parada en el ACA de Tinogasta a cargar combustible.

Llegando allí me sentía afiebrado, me imaginé que por la diferencia de temperaturas en las termas. Entonces decidí hacer noche ahí y buscar una farmacia para tomar algo que me ayudara.

También fuí al super a compar algo, ya en el hotel a bañarme y descansar que mañana tengo que manejar bastante.

Hasta entonces.

 

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(1) Para más datos o consultas de la organización:

https://www.facebook.com/proyectovas/

https://www.facebook.com/fundaciontodosjuntosporvos/

 


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Un paseo por Catamarca – parte 5

San Martín (Catamarca) – Fiambalá (Catamarca)

Anoche cuando estaba armando la carpa paso un lugareño y nos pusimos a hablar. Las preguntas de siempre: ¿A donde vas?¿De donde venís? Etc.

En un momento de la charla me comenta que a la noche habría helada. Tome buena nota del pronóstico y arme el campamento para esa eventualidad. Alto rancho diría alguno.


Dormí bien y muy calentito ya que me traje la bolsa “grande”. No tengo idea de cual será su rango de temperatura pero se que es bajo por como se comporta en estas situaciones.
Por la mañana desayune en la estación de servicio y consulte el mapa para definir mi destino. Nunca hice un viaje tan perdido como este. Realmente no tengo ni idea para donde voy.

Recorde que todo el mundo me dijo: “¡no te podés perder las termas de Fiambalá!” Entonces todo fue más fácil. Esa ciudad puse en el GPS y hacia allí me dirigí.

La ruta por momento se ponía muy solitaria y a veces empalmaba con otras que la llenaban de autos. Los paisajes cambiaban con la distancia. A veces eran llanuras yermas y otras veces montañas por ambos lados.

En algún momento comenzaron a aparecer las casitas hechas con adobe, algunas eran solo ruinas. Por ahí vi un cartel anunciando “la ruta del adobe”.

Me pregunte para que seguiría ese tipo de ruta, una vez que viste un rancho de adobe los viste a todos. la única diferencia es el grado de conservación.

Vi algunos cardones pero muy pocos, estaban como desparramados por un campo. Si hasta lástima daban.

Hacía el horizonte se perfilaban unas montañas majestuosas que terminaron desfilando por la derecha de la ruta. Todas sus cimas tapadas por las nubes.

En el recorrido tuve de todo: viento, frío, lluvia, nubes pesadas de tormenta y hasta un sol que daba esperanzas que el tiempo aclare. Pero todo quedo en un deseo.

Llegando a Fiambalá se levanto un viento en remolino que arrastraba arenilla. Se lo veía danzar sobre el asfalto. En un momento desacelere la moto porque veía que la ruta se transformaba en un camino de arena.

Algo incompensible considerando el turismo que viene por estos lados. Todo era una ilusión creada por el viento.

Al entrar a la ciudad busqué información para conseguir direcciones de hostel, elegí uno que se llama San Pedro. Ya se imaginarán porque fue mi preferencia.

Acá me encuentro ahora escribiendo estas líneas, bastante tarde. El motivo fue que al llegar me dirigí a la cocina para tomar unos mates y me puse a hablar con una pareja de cordobeses que estaban cocinando y me invitaron a compartir su cena.

Después vinieron cuatro amigos y nos quedamos hablando hasta muy tarde.

Lo mejor es que me recomendaron lugares imperdibles para visitar. Mañana los programaré y veré que sale.

Hasta entonces.

 

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Sonia y Fernando, mamá y papá en moto

Cuando se surca por las rutas del país nos encontramos con cantidad de motoviajeros, gente que va y que viene, gente con historias increíbles, con promesas y desafíos.

Y con gente tan amable como la pareja que hoy entrevistamos, gente como nosotros que han hecho de la moto un integrante más de su familia, a tal punto de ser nombradas cada una de las que los ha acompañado a lo largo de los años.

Con nosotros Sonia y Fernando de Lobería contándonos de sus viajes

MG Cómo, cuándo y dónde nace esta pareja viajera?

Fernando La pareja nace viajera desde que nos conocimos, cuando nos conocimos yo ya andaba en moto, la mudanza de Sonia la hicimos en Tita, nuestra Jawa Ruta 40, desde ese día todos los viajes y a donde vamos es en moto, la moto es nuestro único vehículo.

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MG ¿Recuerdan los primeros viajes?

Fernando Los primeros viajes fueron de La Plata a Lobería o Mar del Plata, donde tenemos nuestras familias, un día con un amigo (Juan Benzo) salimos para ir a tomar mate a Lujan, en el camino nos invitan a un asado en Campana, de ahí terminamos en Gualeguaychú, fue una salida inesperada de 22 horas.

Después vino el viaje a Córdoba, hasta ahí todos en Tita, la Ruta 40. Cuando compramos la Jawa RVM600 (Amelia) en 15 días le hicimos los dos primeros service y nos fuimos con Juan (Benzo) a Chile, con la idea de llegar al Pacifico, que lo llamamos Amelia de costa a costa, porque dimos el inicio en Mar del Plata y vimos el Pacifico en Valparaíso

Seguimos recorriendo ciudades cercanas, conociendo pueblos, todo eso durante los domingos, día que aprovechamos para seguir haciendo lo que nos gusta que es rodar en moto

El año pasado hicimos lo que seria hasta el momento “EL” viaje, Lobería – Ushuaia – Lobería, 8352 km en 24 días.

 

 

MG ¿Cómo arman los viajes? ¿Participan los dos? ¿Uno busca el lugar y el otro traza recorrido?

Fernando Los viajes comienzan cuando alguno de los dos imagina visitar un lugar, ponemos fecha y tratamos de tener toda la moto lista para esa fecha, cuando llega el día salimos, porque el plan, es que no hay plan, no reservamos hospedaje en ningún lado, vamos viendo que sucede día a día, porque si reservas en un lugar y al otro día en otro y te gusto el primero y te querés quedar, ya estas limitado por la reserva del otro día, así nos quedamos y nos vamos de los lugares según nos sintamos, si son lugares muy concurridos donde llegamos, podemos correr el riesgo de no conseguir, pero al final siempre algo aparece.

 

 

MG ¿Sin dudas el que más le ha gustado o me equivoco?

Fernando No sé si es el viaje que mas nos gustó, bah creo que si, pero también por ahora es el mas importante por los desafíos a lo cual nos enfrentamos en el mismo, si bien el viaje de Lobería a Ushuaia ida y vuelta fueron 24 días, en total estuvimos un mes fuera de casa. Hicimos la ruta 3 hasta el final en Bahía Lapataia, cruzamos de Rio Gallegos hasta el Calafate por la ruta 5, donde realmente el viento nos pego duro, muy duro, tal es así que parar en la banquina no era una opción, si parábamos el viento nos tiraba, en un momento me llegue a preguntar, “quien me había mandado a meterme en este lio” semejante viento te hace cuestionar mucho ciertas decisiones, por suerte cuando llegas a destino, miras para atrás, ves la cara de felicidad de tu compañera, te das cuenta que valió la pena salir a domar el viento. Volvimos por la mítica 40, pasando por “los 73 malditos” camino de ripio entre Gob. Gregores y Tres Lagos, y sin caernos, varias veces estuvimos casi por caernos, pero por suerte solo fue casi. Teníamos 4 metas para este viaje, cruzar en la balsa a la isla grande de Tierra del Fuego, la foto en el cartel de Bahía Lapataia, ir al glaciar Perito Moreno y hacer el camino de los 7 lagos, todo lo demás venia de arriba.

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Uno de los momentos mas hermosos del viaje fue la partida de Puerto Madryn, el 31 de diciembre del 2016, a eso de las 23 hs, ya no dábamos mas de sueño, y no tenia sentido quedarnos despierto solo para decir feliz año, así que nos dimos un beso y nos despedimos hasta el año siguiente, a las 4 de la mañana estábamos levantado, nos deseamos lo mejor para el año que comenzaba y salimos a la ruta, ahí vimos el primer amanecer del 2017, a nuestra izquierda Febo que iba asomando, fue un momento mágico, rodando y el sol de un nuevo año que nos saludaba, mas no se podía pedir.

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MG Recuerdo haber visto la foto del total de los kilómetros recorridos en ese viaje, y pensaba en todo eso que nos ocurre a cada momento de un viaje.

Fernando Según el GPS totalizamos 8355.2 Km, según el odómetro de la moto 8382.22. cortamos la cadena en la ruta 3, se nos perdió la palanca de cambios 22 km después de salir de Tres Cerros, Sonia camino unos 3 km y la encontró en el medio de la ruta, este viaje también nos sirvió para afianzarnos como pareja, para descubrirnos, conocernos y darnos cuenta de lo mucho que nos amamos, que también amamos viajar y mas aun viajar en moto, que esperamos el fin de semana para salir a donde sea, pero que nos lleve a donde nos gusta, a la ruta, que ahorramos para una vez en el año darnos el gusto de un gran viaje, aprendimos que la ruta tarde o temprano provee y como dice nuestro calco “el destino es el camino”

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MG ¿Qué impresión les dejó a cada uno en su rol?

Fernando Para mi compartir todas estas experiencia con Sonia es lo mejor de todo, si bien viaje solo, recién con ella comencé hacer los viajes que siempre me había imaginado, nos complementamos muy bien, ya que ella va muy atenta mirando y avisándome de algo que se me pueda escapar, hoy no concibo un viaje sin ella.

Sonia como en la canción de Pappo con Fer vamos juntos y a la par, creo que cuando arrancamos ya estamos conectados con el corazón y desconectamos nuestra cabeza y ahí vamos con nuestras almas a vivir y disfrutar, siempre decimos que lo único que nos llevamos es lo que vivimos y así salimos a vivir lo que nos queremos llevar, y es lo que mas nos gusta hacer rodar por miles de kilómetros y juntos a la par.

 

 

MG Cada moto de ustedes ha tenido un nombre, debe tener un porque.

Fernando La primer moto que le puse nombre fue a una Gilera SMX que compre en el 2012, la llame Frida, porque en ese momento era misterio, belleza, aventura, era volver a las motos después de muchos años, vino la Jawa Ruta 40, que se llamo Tita, por La Merello, era morocha y quería que viva por muchos años, cuando llego la RVM600 Sonia la bautizó Amelia, por Amelia Bence, la forma de sus faros nos hacia acordar a los ojos de La Bence, lamentablemente Amelia nos fue robada a punta de pistola, uno de los peores momento que hemos vivido juntos, por suerte nunca saque una moto sin seguro contra todo, así que ni bien nos pagaron la moto, compramos otra igual, esta se llama Margarita, por el amor de Sonia a esas flores y una amiga en común.

 

 

MG ¿Qué viaje les gustaría realizar?

Fernando El mejor viaje es el próximo, porque es el que mantiene las ilusiones intactas, ahora pretendemos terminar de recorrer toda la Argentina, en breve salimos para hacer el norte, una ilusión seria poder recorrer la costa de España en moto. Seguimos a varios viajeros, así que cada cosa que vemos la queremos hacer, pero siempre con los pies en la tierra.

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MG Al ser dos los ocupantes, se debe resignar espacio al equipaje, ¿Qué viaja y que se queda en casa?

Fernando Cuando viajamos tratamos de llevar lo indispensable, en los baúles laterales llevamos la ropa, uno es de Sonia, el otro es mío, y ahí se termina el tema, un jean, un par de remeras tres mudas de ropa interior, un abrigo y con eso nos arreglamos, lo que se ensucia, se lava en el camino, en el top case va todo lo que tiene que ver con la moto, herramientas, cámaras de repuesto, compresor, aceite, grasa para la cadena, cable de embrague y acelerador, una lona para descansar, o trabajar en la moto y nada mas, sobre el top case un bolso estanco con los equipos de lluvias y un par de zapatillas para cada uno, también llevamos un bolso de sobre deposito, donde llevamos mapas, calcos que vamos dejando en el camino, cargadores de celulares comunes y portátil, documentos, etc. Y ahí se termina el equipaje, cabe aclarar que no llevamos equipo de camping ya que paramos en hospedajes 3B (buenos, bonitos y baratos), como no planificamos nada, parte del encanto es llegar a cada lugar y recorrer buscando donde alojarnos, a veces preguntamos por el face si algún local puede recomendar algo, nos ahorramos la búsqueda Al final el viaje se mide mas en amistades cosechadas y recuerdos, que en kilómetros recorridos.

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MG Es la primer nota a una pareja de moto viajeros, por lo tanto los invito a animar a otras parejas que están con la duda de viajar en moto.

Fernando Simplemente, que se animen, que viajen en pareja, es lo mas lindo, así sean 20 o 20.000 km, no importa, lo importante es compartir, que no tengan miedo, tarde o temprano la ruta provee, hay mas la gente buena que la mala, solo que la mala tiene mejor prensa, abrazos y buenas rutas.