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Muerte en el Paso Pehuenche

Lo que voy a contar sucedió y tratare de relatarlo tan exactamente como mi memoria lo permita. La historia comenzó unos días después del recién inaugurado 2015.

Cada vez que emprendo un viaje lo hago con un rumbo pero sin un destino. Aquella vez se me ocurrió enfilar para Mendoza y recorrer esa provincia, pero la vida tenía otros planes para mí.

El viaje fue muy lento ya que iba en una moto Brava Altino 150 cc. No me importaba porque paseaba y no tenía apuro. Cuando llegue a la provincia de Córdoba todo cambio.

Hacia el Oeste y el Sur comenzó a formarse un frente de tormenta con unas nubes muy preocupantes. A medida que avanzaba hacia mi destino el pronóstico se ponía cada vez más complicado.

En el camino conocí a otro motero que ruteaba a la misma velocidad, hicimos los últimos kilómetros acompañándonos y compartiendo cosas. Él viajaba justamente a la ciudad de Mendoza donde residía.

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Me invito a su casa, aproveche para conectarme a internet y revisar el pronóstico del tiempo para la zona, las malas noticias se acumulaban como boletas impagas. Mirara para donde mirara había cinco días de lluvias intensas como mínimo.

Me preguntaba qué haría con tanta agua sobre mí, recorriendo paisajes agrestes y caminos de ripio. De tanto mirar el mapa me fijo en Chile y cuando le comente a mi anfitrión sobre ese posible destino me contesto:

– ¡Ha no! Chile es otro mundo, son climas totalmente distintos.

El pronóstico informaba que todos los días serían de pleno sol. Sin pensarlo mucho me fui para allá, totalmente improvisado y desconociendo absolutamente su geografía.

Así conocí el paso libertadores, una maravilla esa ruta, descendiendo en curvas y contracurvas interminables.

Me encanto hacerlas pero un pensamiento se iba afianzando: “Con esta moto por acá no subo”, entonces mi paseo por el país vecino fue siempre con rumbo hacia el sur, buscando algún paso más bajo para volver.

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Después de muchos días de pasear y conocer llegue a la ciudad de Talca, era hora de torcer el camino y poner rumbo hacia el Este, retornar a la Argentina por el paso llamado Pehuenche que tiene una altitud de 2.500m aproximadamente. Me había ahorrado unos 700m con respecto al anterior.

Nunca tuve en cuenta el tipo de camino ni el transito que tendría, el único interés era que fuera lo suficientemente bajo y sin una pendiente pronunciada para que pudiera cruzarlo con mi pequeña moto.

Desde la ciudad chilena hay unos 150km hasta el paso, unos 250 km hasta el primer pueblo en Argentina y 300 km a Malargüe. Salí al medio día pensando que iría bien con el tiempo considerando las distancias.

Ese fue mi primer error, confiarme.

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El camino era muy lindo, franqueado por árboles. Lleno de fincas. De a poco se fue elevando y poniendo más agreste. El paisaje mejoraba pero el entorno se hacía cada vez más solitario.

Pase la Aduana de Chile haciendo todos los trámites con apuros ya que se hacía tarde y tal vez no llegara a la Argentina. Estaba haciendo bastante frio y el sol ya no se veía, todo lo empeoraba un viento helado que soplaba de costado.

En el punto más alto de la cordillera, o sea, en el hito fronterizo donde están los carteles de bienvenida a cada país pare a sacar unas fotos. Tal era la fuerza que tenía el viento que no me anime a bajarme de la moto por miedo a que la tirara.

Opte por apoyar un pie a cada lado y desde esa posición realizar las tomas. Cuando tuve las suficientes decidí continuar mi camino, puse primera y arranque.

La ruta estaba en muy buenas condiciones y permitían tomar velocidad así que puse segunda, puse tercera, todo iba muy bien hasta cuando quise poner la cuarta…

¡En ese momento morí en medio de la cordillera!

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La palanca colgaba inerte, totalmente imposible de poner los cambios. Tuve que parar de a poco y al borde del camino detenerme, bajarme a pesar del viento que soplaba.

Al examinar el problema me di cuenta que faltaba la tuerca que unía las palancas que accionaban el sistema, sin ella era lo mismo que la moto no tuviera motor.

La desesperación comenzó a apoderarse de mí, entendí la expresión “se me lleno el culo de preguntas”. Tal vez te parezca un poco fuerte pero es lo que más se ajusta al sentimiento del momento.

Se me venían miles de preguntas e ideas a la cabeza, todas al mismo tiempo. Sabía perfectamente que esa tuerca no formaba parte de mis repuestos y que la moto no contaba con otra de ese tipo que pudiera sacar y utilizar.

¡Estaba muerto! ¡Hasta acá llegó Picasso!, me decía.

Un paraje totalmente solitario, oscurecía cada vez más rápido y el frío se estaba haciendo intolerable. No sabía qué hacer y era lo más alarmante.

Por no enloquecer me puse a caminar por la ruta con la esperanza que la tuerca brillara y pudiera encontrarla, cosa muy difícil ya que no había sol. Pero ante la desesperación cualquier esperanza sirve, ¿no?

Desde que había parado en el límite hasta que me percate de la situación habían pasado solo un par de kilómetros, no era tanto.

Dios no le dará un problema a quien no tenga la solución, me decía. Solo tengo que encontrarla.

A medida que caminaba me fui tranquilizando porque “algo” estaba haciendo. Nuevamente hice un inventario mental de los repuestos que llevaba por si alguno serviría y tal vez se me había pasado por alto.

Fue así que recordé cuando a la mañana, en una parada al costado del camino, mientras estiraba las piernas y me relajaba un poco había encontrado un alambre que me llamo la atención por lo finito y brillante que era. Había decidido guardármelo y estaba hecho un bollito en el bolsillo de la campera que llevaba.

¡Tenía una solución! Volví emocionado a la moto, tome mis herramientas y con ellas hice una “tuerca” con un alambre grueso. Como no estaba seguro que aguantara hasta la ciudad, con el alambre brillante hice una “contra tuerca”.

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De esta manera pude continuar camino y llegar hasta Malargüe en la provincia de Mendoza, donde hice noche. Al día siguiente compre dos tuercas por las dudas, no quería otro susto como el anterior.

Sigo pensando que la “reparación” hubiera aguantado un tiempo muy largo. De la aventura aprendí a llevar algunas tuercas y tornillos en mis viajes.

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Detalles del recorrido de ese viaje clik ACA.

Galería de fotos del viaje: PARTE 1PARTE 2

 

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Volcán Malacara

 

Mendoza

Sin lugar a dudas este es uno de ellos a 50 kilómetros de Malargüe, en la provincia de Mendoza, se encuentra el volcán Malacara. Es uno de los más importantes de un paraje minado de volcanes. La zona tiene serias posibilidades de ser inscripto en la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO

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Pocos volcanes en el mundo permiten visitarlos por dentro. El volcán Malacara es uno de esos pocos. Compone uno de los tesoros mejores guardados de la zona. Un territorio repleto de conos volcánicos y de experiencias increíbles para el turismo. El Malacara es tan único debido a que su erupción fue de características hidromagmáticas, es decir que se produjo cuando el material volcánico entró en contacto con el agua, dejando al descubierto grandes cárcavas de casi 30 metros de altura por las que ingresan las excursiones.

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También durante el recorrido nos comentaron que es posible que haya habido un terremoto en esa zona, porque hay un lado del volcán que está desmoronado. Entonces esos depósitos de lava desmoronados y luego erosionados por el viento formaron unos túneles de acceso, las antes mencionadas cárcavas, que hoy forman parte de los recorridos turísticos y que configuran una experiencia única al visitar y recorrer el Malacara.

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Una de las chimeneas del Malacara sin dudas, estamos ante una experiencia inolvidable de poder recorrer las chimeneas que alguna vez estuvieron a punto de hacer erupción. Un dato curioso es que se lo conoce como Malacara porque al verlo desde lejos, el volcán deja entrever la misma mancha que poseen la raza de caballos homónima.

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Es alcanzable vía un trekking muy sencillo donde se podrá vivienciar un paisaje increíble y acceder a dos de las chimeneas secundarias del volcán. Un trekking que demanda más horas y de complejidad más alta permite alcanzar la chimenea principal.

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La luz del día que se filtra desde las alturas resalta distintas imágenes que se manifiestan en colores grisáceos, rojizos y verdosos. Las sensaciones se exaltan al transitar las cárcavas de “Los Puentes”, la de “tito Alba” y las “Cárcavas oscuras”.

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Inolvidable la visita el Malacara. Pero hacer el esfuerzo de ser parte de esta excursión no tiene precio, ya que en su recorrido se llega a uno de los miradores más extraordinarios del área, desde donde se observan a lo lejos la Laguna Llancanelo, la Cordillera de los Andes y La Payunia. También se aprecian flora y fauna autóctona y es ideal para realizar safaris fotográficos.

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Sin dudas, es una experiencia movilizadora, donde se puede sentir la imponente de la naturaleza. No sólo por el paisaje que lo rodea, si no también, que al recorrer sus coladas, grietas, cuevas y chimeneas, las cuales alguna vez estuvieron llenas de lava al rojo vivo, uno siente el poder inmensurable de la naturaleza.

Fuente: https://www.facebook.com/groups/viajerorodante/about/