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Un paseo por Catamarca – parte 11

Tafí del Valle (Tucumán) – Colonia Dora (Santiago del Estero)

Tuve un sueño bastante interrumpido, muchos ruidos de puertas abriéndose y cerrándose en el hostel, chicos corriendo y grandes retando. Llego la mañana y con ella el desayuno.

Cuando todo estuvo organizado, incluida una compra de última hora por encargue, fui al baldío donde estaba Jade.

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Ahí había pasado la noche estacionada debajo de un techo, si bien hizo frío no fue tan terrible. Le tocaba un pequeño “service”, cambio de aceite, control de batería y trasmisión.

Saque las herramientas, busque botellas descartables para poner el aceite viejo y una bolsa de plástico sirvió de base por si algo caía no se ensuciara con la tierra.

Sacar el tapón de abajo es simple pero incómodo, lo hice despacio para que drenara el líquido en el tacho. Cuando estaba por llenarse quise ajustar nuevamente para cambiar el recipiente pero se terminó de aflojar y se salió.

Se hizo un enchastre bárbaro. Todo el aceite derramado. Tire tierra encima para que lo absorba y no avanzara.

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Pude hacer todo correctamente salvando ese inconveniente. Arme la moto reubicando cosas para poder llevar los presentes que se agregaron a la carga.

Cuando estaba todo listo emprendí el regreso, a partir de este punto considero que el viaje terminó y solo queda el retorno al hogar.

El camino que desciende de Tafí es uno de los más lindos que conozco. Va haciendo zig zag por la ladera de la montaña y muy rápidamente se llena de vegetación.

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Por el otro lado nos acompaña hasta abajo un río que va descendiendo entre piedras. Realmente todo muy bello. Son las yungas que hay en ese valle. Uno se cansa de doblar pero desea que el paseo no termine nunca.

Pero lo hizo al final. De pronto todo se transforma en un llano, campos con cultivos de cañas de azúcar y las montañas con sus hermosos paisajes están allá, detrás de las nubes. Apenas se perciben y siempre pienso que tal vez todo fue un hermoso sueño.

A medida que pasan los kilómetros se van escondiendo detrás de un velo azul, resulta increíble que haya paisajes tan hermosos ahí nomás, detrás de aquella curva. Están como velados esperando a los aventureros que quieran descubrirlos.

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Tuve que agarrar varias rutas hasta poder empalmar con la 9 que me llevaría a Santiago del Estero, de allí tomar la 34 hasta Rosario.

De pronto todo se ha transformado en un paisaje totalmente conocido, campos cultivados y nada interesante donde posar la vista.

Pase por la Termas de Río Hondo y por dos minutos me plantee la posibilidad de quedarme allí, hasta que me acorde que la malla quedó en un baño de Fiambalá por si alguien la necesitaba.

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Pase de largo igual que a la capital, Santiago del Estero. La ruta tomo un puente muy lindo y después una circunvalación, por lo tanto no vi nada de la ciudad.

Trate de hacer la mayor cantidad de kilómetros para tener la posibilidad de llegar mañana a mi hogar. Por delante quedan casi 800 km.

Si quiero hacerlo tendré que subirme a la ruta muy temprano y estar allí todo el día. Haciendo paradas breves para no llegar de noche.

Hasta entonces.firma

 

 

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Un paseo por Catamarca – parte 8

Tinogasta (Catamarca) – El Peñón (Catamarca)

La noche fue muy fría, me sorprendio que a la mañana hiciera tanto calor. Al preguntar sobre esto me dijeron que estaba soplando el viento Zonda.

Que trae un aire muy seco y caluroso, conjuntamente con mucho polvo. Después viene la helada, esto ya no me gusto nada.

Tomé la ruta 60 y luego empalme con la famosa ruta 40. Ni bien lo hice del margen izquierdo se presentaron unas montañas imponentes.

Hay montañas sonsas. Así, como no queriendo serlo. Con sus laderas cubiertas de arena o tierra. Sin nada especial. Solo estan ahí.

Tambíen hay montañas muy coquetas, llenas de colores y formas. Normalmente andan en conjunto. Se diferencian unas de otras y cuesta decidir cual es más linda.

Pero hay otras que estan bien plantadas sobre la tierra. Pura piedra, cortes como cicatrices de peleas por donde baja el agua desde la cima. Su presencia no pasa desapercibida y causa admiración. De estas montañas estoy hablando. Me acompañaron por muchos kilómetros.

Llegué al medio día a la ciudad de Belén y estaba arrancando un festival. Paré para comer algo y buscar algunos regalos entre los artesanos que estaban exponiendo sus productos.

No me demore mucho y continué con mi camino bastante rápido, seguí hasta la ciudad de Hualfin donde comprendí que había equivocado la ruta otra vez.

Nuevamente esto de andar perdido y sin un rumbo concreto, me pasé de donde tenía que doblar. Tuve que desandar algunos kilómetros hasta un cruce llamado El Eje para tomar la ruta 43 y dirigirme hacia El Peñon, donde pensaba hacer noche.

Dista unos 150 km. Los primeros diez son de cemento y luego hay 30 km de ripio en relativo buen estado. después de ese tramo nuevamente cemento hasta el destino.

En alguna parte del camino tuve que detenerme y ayudar a otro motero que se dirigía al pueblo llamado Laguna Blanca.

El paisaje es algo cautivante. Al principio se recorren valles, después algunas dunas que quieren tragarse la carretera y por ultimo unas llanuras inmensas con pastos secos y pintando todo de amarillo.

Iba contemplando todo embelezado hasta que noto que el motor empieza a trabajar a marcha forzada. Me extraño mucho y decido cambiar la pantalla del GPS a datos numéricos donde me da información de la altura.

Allí descubro que lo que parecía plano no lo era en absoluto. Es un pendiente bastante pronunciada pero ante la bastedad del paisaje no se nota. Llega hasta los 3960 msnm. Casi estaba a 4000 metros y si no era por el motor ni me avivaba.

Llegando a la cima de esa “loma”, me da no se que decirle montaña porque no lo era, hay que tener cuidado con los pequeños arroyitos que cruzan la ruta ya que tienen hielo.

A esa altura el clima se había puesto realmente frío. Volvió a solpar el viento y con bastante fuerza. Faltaban muy pocos kilómetros para llegar por lo que no incremente mi abrigo. Esto tuvo consecuencias ya que llegué helado.

El pueblito es el típico de casitas de adobe con algunos beneficios de la civilización.

Rápidamente busqué donde alojarme y un comedor para cenar, comí bife de llama a la criolla. Muy rico realmente.

Mañana será el día de cumplir el objetivo del viaje a Catamarca: visitar el campo de piedra pómez.

Hasta entonces.

 

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Un paseo por Catamarca – parte 5

San Martín (Catamarca) – Fiambalá (Catamarca)

Anoche cuando estaba armando la carpa paso un lugareño y nos pusimos a hablar. Las preguntas de siempre: ¿A donde vas?¿De donde venís? Etc.

En un momento de la charla me comenta que a la noche habría helada. Tome buena nota del pronóstico y arme el campamento para esa eventualidad. Alto rancho diría alguno.


Dormí bien y muy calentito ya que me traje la bolsa “grande”. No tengo idea de cual será su rango de temperatura pero se que es bajo por como se comporta en estas situaciones.
Por la mañana desayune en la estación de servicio y consulte el mapa para definir mi destino. Nunca hice un viaje tan perdido como este. Realmente no tengo ni idea para donde voy.

Recorde que todo el mundo me dijo: “¡no te podés perder las termas de Fiambalá!” Entonces todo fue más fácil. Esa ciudad puse en el GPS y hacia allí me dirigí.

La ruta por momento se ponía muy solitaria y a veces empalmaba con otras que la llenaban de autos. Los paisajes cambiaban con la distancia. A veces eran llanuras yermas y otras veces montañas por ambos lados.

En algún momento comenzaron a aparecer las casitas hechas con adobe, algunas eran solo ruinas. Por ahí vi un cartel anunciando “la ruta del adobe”.

Me pregunte para que seguiría ese tipo de ruta, una vez que viste un rancho de adobe los viste a todos. la única diferencia es el grado de conservación.

Vi algunos cardones pero muy pocos, estaban como desparramados por un campo. Si hasta lástima daban.

Hacía el horizonte se perfilaban unas montañas majestuosas que terminaron desfilando por la derecha de la ruta. Todas sus cimas tapadas por las nubes.

En el recorrido tuve de todo: viento, frío, lluvia, nubes pesadas de tormenta y hasta un sol que daba esperanzas que el tiempo aclare. Pero todo quedo en un deseo.

Llegando a Fiambalá se levanto un viento en remolino que arrastraba arenilla. Se lo veía danzar sobre el asfalto. En un momento desacelere la moto porque veía que la ruta se transformaba en un camino de arena.

Algo incompensible considerando el turismo que viene por estos lados. Todo era una ilusión creada por el viento.

Al entrar a la ciudad busqué información para conseguir direcciones de hostel, elegí uno que se llama San Pedro. Ya se imaginarán porque fue mi preferencia.

Acá me encuentro ahora escribiendo estas líneas, bastante tarde. El motivo fue que al llegar me dirigí a la cocina para tomar unos mates y me puse a hablar con una pareja de cordobeses que estaban cocinando y me invitaron a compartir su cena.

Después vinieron cuatro amigos y nos quedamos hablando hasta muy tarde.

Lo mejor es que me recomendaron lugares imperdibles para visitar. Mañana los programaré y veré que sale.

Hasta entonces.

 

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Nieve en el desierto

Bitácora de ruta

WINTER ADVENTURE 2017

 

DIA 3.

Domingo 17 de Julio de 2017

Salida: Simoca (Tucumán)

Llegada: Cachi (Salta)

Km recorridos: 361 km

Km totales: 1408 km

Rutas: Ruta Provincial 325, 307 y Ruta Nacional 40 (RN 40)

Dia 3

Parte 1 – 13.30 Amaicha del Valle (Tucumán)

Pasé la noche bastante bien. No tanto frío, si lo comparamos con las noches anteriores, pero igual es una cosa seria y por lo tanto, sabiendo que subiría de altura, reforcé con más ropa térmica, sobre todo con las medias de neopreno que son fantásticas.

Me tomé la salida con calma, porque a partir de ahí comenzaba el paseo.

Tomé la RP 325 y después la RP 307 que va hacia Tafí del Valle, Tucumán. Ya me habían contado que la última era un espectáculo. Camino ascendente, curvas y contra curvas. De pronto apareció una vegetación tan densa que me hizo acordar a una ruta de Brasil, muy cerca de Misiones para que se ubiquen.

Ahí bajó mucho la temperatura: todo estaba en sombra. De pronto comenzó a verse nieve, primero en las copas de los árboles y después sobre el piso. Tuve que ir con precaución no fuera el caso de que hubiera hielo en la ruta. ¡Porque entonces, sí! Patinazo y salgo como boleadora rota.

Cuando la nieve cubría toda la vegetación, esta dejó de ser tan tupida dándole pasos a los árboles. Es cosa de no creer, cómo casi a la vuelta de una curva, el paisaje pasa de ser una selva a un desierto: las montañas no dejan pasar las nubes hacia el otro lado. Pero es así, el clima cambia.

Se hace más cálido y seco y comienzan a aparecer los primeros cactus. No el de las macetas, sino esos gigantes llamados Cardones. Tienen unas espinas tan grandes, que agradecés que sean firmes. Si se volaran, ya veríamos quién es el valiente que pasa en moto por esta ruta, ¡ja!

Y así aparece Tafí del Valle… en un valle… la ves desde arriba y te vas acercando. Cuando la pasás, volvés a elevarte para verla del otro lado como si fuera distinta. Y lo es realmente, ya que a estas alturas todo el paisaje es desértico (seguro hay un nombre más específico para este terreno, mi vieja se va a enojar, fue mi profesora de geografía… ella me enseñó muy bien, el problema fui yo, que no aprendí un carajo).

Después se toma la emblemática ruta 40. Se van sucediendo los pueblitos y aparece Cafayate… no voy a opinar nada de esta ciudad, ya todos la conocen, sobre todo por sus bodegas. El tema es que la moto y el vino se llevan realmente mal entonces la pasé por alto como alambre caído.

Va siendo hora de parar a comer. Lo hago en una parrilla al costado de la ruta, en el pueblo de Amaicha del Valle.

Pido un pollo con ensalada de lechuga y tomate (de tomate tiene poco), pero la pechuga que trajeron es digna de una foto. Desconfío que sea pollo, para mí es el pecho de un cóndor o tal vez la pata de un chancho. ¡Qué grande por dios! Pero bueno, hay hambre y la ajusticiamos como corresponde.

Provecho y a seguir viaje.

Parte 2 – 00 hs. Cachi (Salta)

No los voy a aburrir contándoles la sucesión de pueblos que hay en la ruta 40. Me adelanto hasta que se convierte en ripio. Paro un poco antes y le bajo la presión a los neumáticos, los dejo en 20 libras. Me meto en la ruta y, como siempre que retomo viaje, empiezo despacio para acostumbrarme a la situación. Después, de a poco, voy agarrando ritmo.

Hago un alto y voy a hablar un poco de Jade (mi moto, una Jawa Tekken 250 cc). Se dice que las motos son nuestras mujeres, nuestras novias, nuestras amantes, lo que sea, pero mujeres al fin. Haciéndose eco de esto, Jade se comporta como tal, a veces se levanta “mosqueada” y no quiere arrancar. Son esos momentos en los que puteo como loco.

Otras veces, cuando le gusta lo que le propongo es una seda, se comió unas heladas bárbaras y al otro día arrancaba de una. El caso es que le encanta el ripio, realmente se disfruta manejarla en estos terrenos y hoy, particularmente, estaba cómo que se meaba de la manera que corría. ¡Un espectáculo!

Jade había estado antes en ripio, pero fueron ocasiones donde estaba mojado y lloviendo, o había un viento que daba pelea.

Hoy estaba perfecto el clima, así que pudo sacar todo lo que tiene. No me canso de pensarlo, ¡impresionante!

Había partes donde el ripio dejaba paso a la arena, ningún problema, nos paramos en los estribos y a no soltar el acelerador. Una velocidad entre 50 y 60 km/h, y cuando tenía que trepar, si ponía tercera la mal educada empezaba a tirar piedras para todos lados. ¡Así es Jade!

Qué puedo decir de los paisajes que veía, valió la pena todos los fríos que viví para llegar hasta acá. No puedo describirlos. Más tarde subiré imágenes para mostrárselos. Paré mucho a sacar fotos.

En una de esas paradas había una casa abandonada muy pintoresca. Un chico bajaba corriendo del cerro. Aproveché y lo llamé para que me sacara unas fotos. Con el celular todo bien, pero le encantó hacerlo con la Nikkon.

Hablamos un poco y me contó que venía de la escuela que estaba del otro lado. Que cursaba la primaria en su último año y que concurrían unos veinticinco chicos. Después, dijo, iba ir a la secundaria. Yo miraba lo desolado que eran los alrededores, preguntándome dónde estarían. Ahí me hice un nuevo amigo, Sebastián se llama.

En la moto sólo se lleva lo imprescindible, así que no tenía para darle más que una botella de jugo, ahí está la foto con él sonriendo.

Seguí viaje. Ya les comenté que todo es muy desértico, de pronto, en medio de la nada aparecieron unos juegos infantiles, de esos que tienen todas las plazas. Pero acá están en una loma pelada. Aunque no la veamos, intuyo que los alrededores está lleno de gente.

Entre tanta fotito y charla se me hizo tarde y terminé manejando los últimos 30 km de noche. No me gustó hacerlo, pero Jade tiene unos poderosos faros auxiliares que iluminaban todo. Con precaución llegué a un pueblito muy pintoresco llamado Cachi.

Allí conocí a un motero de esos que tienen muchos kilómetros encima. Después de los saludos quedamos para desayunar.

Ahora estoy escribiendo estas líneas en el camping municipal. Ya armada la carpa, aproveché y me di un baño espectacular. Me afeité para salir lindo en las fotos del fisbuk. Como hay electricidad aprovecho para cargar todas las baterías. ¿Qué más puedo pedir?, nada, me duermo feliz.

Buenas noches.

Sumando Kilómetros

Bitácora de ruta

WINTER ADVENTURE 2017

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DIA 2.

Domingo 16 de Julio de 2017

Salida: Jesús María (Córdoba)

Llegada Simoca (Tucumán)

Km recorridos: 451 km

Km totales: 1047 km

Rutas: Ruta 60 y Ruta 157

 Dia 2

Parte 1 – 13 hs. – Recreo, Catamarca.

Estoy almorzando en una fondita en la ciudad de Recreo. Es tan pintoresca que me trajeron tres platos y ninguno hacia juego.

Pero empecemos por el principio, la noche. ¡Uf! ¿Cómo contarla? Llegó un momento en que pensé: “Estuve despierto toda la noche”, pero en realidad me dormía y despertaba a cada rato por el frío que hacía.

Un frío como hacía rato no sentía, y de puro vago no busqué la ropa de abrigo para no desarmar la alforja. Puse el despertador a las 7 am, y cuando sonó seguía siendo de noche.

Como no podía dormirme nuevamente, después de dar algunas vueltas en la bolsa, decidí empezar el día. Hasta acá las malas noticias.

Una de las buenas: detrás de la estación de servicio hay una panadería. En el aire flotaba un olor a pan recién cocinado delicioso. El desayuno fue té con pan caliente.

La otra buena fue el dato que me dio una persona que se acercó a saludarme. Iba en auto y hablando del frío que hacía, me contó que el tablero del auto le marcaba 0°. Pensé: “Bueno, peor que esto no se pondrá”. (Ya los días siguientes me mostrarían lo equivocado que estaba).

Cuando agarré la ruta el paisaje había cambiado. Iba mejorando, ¡bah!, tal vez no mejoraba, sólo es distinto a la pampa húmeda que estoy acostumbrado a ver siempre. Con campos de soja uno al lado del otro. Y eso no cambia. Hasta que llega un momento que la vista se cansa.

Aparecieron sierras a los lados. Pasé por una salina al lado de la ruta 60, hice un par de fotos, pal’feisbuk obviamente: los resultados son lamentables. No “garpan”… en realidad lo que no garpa es la cara de loco acobardado de frío que tengo. Totalmente destruido.

Esto recién empieza.

Hora de retomar el viaje.

Parte 2 – 20.30 hs – Simoca, Tucumán.

Hace un rato que llegué a este pueblo, que está a 50 km de Tucumán. Acá desvío mañana hacia el oeste buscando la ruta 40 para ir a Salta. Otra vez empecé por el final. Volvamos a Recreo que es donde me quedé.

Cuando salí del restaurante donde almorcé, que estaba a la salida del pueblo, luego de una curva, había un “control policial”. Lo digo entre comillas, porque delante mío había un auto al que  le hacen señas para que se dirija hacia la banquina. El conductor no sé qué dice y ahí el “policía” exclama: “…pero me hubieras echo señas de luces…”.

Me pongo a mirar detenidamente el procedimiento, me extrañó porque paraban a todos los autos (a mi me dejaron pasar tranquilo), normalmente en un control policial paran a un auto cada tanto, y a veces ni eso.

Acá, a todos los bajaban a la banquina y con un folleto de educación vial le pedían colaboración. Vestían uniforme azul escasamente oficial. El coche de los bomberos, o algo así, con luces en el techo y un par de conos, armaron un lindo “kioskito”.

Al poco de retomar la ruta el paisaje se convirtió en algo muy desolado. Hacía frío y tenía el viento de cola. Lo bueno de la “vela” que tengo por baúl es que a veces te frena, pero en otras, en días como hoy, te empuja haciéndote el viaje más fácil. Con decir que iba a 100 km/h a sólo 6500 rpm.

La ruta se convirtió en esos paisajes en que lo único que podés contar son los kilómetros. Entonces la mente se te va, te ponés a pensar cualquier cosa. Reflexionaba, por ejemplo, cómo sufriría mi mujer si me hubiera acompañado: es tan friolenta. A veces uno hace cosas no solo porque puede sino también porque lo dejan, ¿no?

Y así iban pasando los kilómetros, sin penas ni glorias hasta que en medio de la ruta vi un perro comiendo algo. Bajé la velocidad, cuando se dió cuenta de que venía, amagó a cruzarse. Lo esquivé limpiamente. Detrás mío venía una camioneta y de frente un colectivo. Elijo no mirar por el espejo retrovisor, para no amargarme con un posible drama. Qué pasó con el perrito, será otra de las dudas que quedarán toda mi vida.

Bueno, el día de hoy no tuvo tantas anécdotas.

Jade se comporta espectacular, arrancó enseguida, aún después del frío que se comió a la intemperie, y eso que viene floja de batería.

¡Ah!, no se los había mencionado, fue uno de los interrogantes a resolver antes de salir. Al fin, opté por ir viendo y de última la cambiaba por el camino. También le ajusté mucho el amortiguador trasero, según la opinión de varios amigos que respeto mucho, y la verdad es que el comportamiento de la moto cambió notablemente. Se hamaca suavemente como si fuera navegando.

Ahora me toca armar la carpa y hacer la cena. Espero prepararme mejor para soportar el frío que se viene.

Buenas noches.

Atravesando los grises

Bitácora de ruta

WINTER ADVENTURE 2017

 

DIA 1.

Sábado 15 de Julio de 2017

Salida: San Pedro (Buenos Aires)

Llegada: Jesús María (Córdoba)

Km recorridos: 596 km

Km totales: 596 km

Rutas: Ruta Nacional 9 (RN9)

Dia 1

 

Parte 1 – 18 hs. – Villa María, Córdoba.

20170715_105917.jpgEl día empezó como empiezan las aventuras: con una niebla que no se veía nada, de esas que cuando te habla tu mujer y, como no la ves, empezás a creer en las ánimas (yo conozco algunas… es preferible que te hable un espíritu).

Pero retomemos: saco del garage a Jade, así llamo a mi moto, una TEKKEN 250, para los últimos preparativos y la foto pal’faisbuk. Cuando la público me doy cuenta de que les faltan las cachas laterales, ahí estaba ella mostrando sus intimidades a todos.

Por la niebla salgo tarde a la ruta. Al rato me doy cuenta de que cuando limpié el pinlook (sistema para que no se empañe el visor del casco) lo armé mal y se me estaba empañando por mi respiración. Como no era grave decidí continuar, ya más adelante, cuando hiciera una parada, lo arreglaría.

Ya estaba agarrando ritmo y de pronto… sonamos, un atascamiento: la ruta venía cargada por el inicio de las vacaciones. Bueno, ningún problema, saco la moto de la calzada y vamos por la banquina.

Como había autos tratando de hacer lo mismo… ¡me fui al barro! (acá van a saltar los puritanos de la seguridad y el buen manejo a opinar sobre estas acciones, pero Jade es una preciosa “crossover”, y le encantan los caminos complicados y si no le doy el gusto, ¿para qué me la compré?). Otra vez me distraje. Sigamos con la historia, no había hecho ni 100 km y otra anécdota, se larga a llover. Bueno,  a apechugarla y de paso se le lava el barro a la moto.

Así pasamos Rosario. Con frío y lluvia. Los autos pasaban bastante cerca y podía verle la cara a los ocupantes, esas caras que decían… “Lindo día para andar en moto”. Bah, de vez en  cuando iba algún pibe que te miraba con cara de admiración y uno reconoce en él un pichón de motero.

Cuando entro en la provincia de Córdoba la lluvia cesa, pero lo hace porque un viento muy fuerte que la viene limpiando. Un viento tan fuerte que me hace abarajar la moto como quien rompió la bolsa de las papas.

Así venía, diciéndome que casi no había empezado el viaje y ya me estaba pasando de todo. No bien dije eso al viento se le sumó nuevamente la lluvia: ¡cartón lleno! Menos mal que sólo fueron un par de kilómetros.

Van pasando las ciudades y decido entrar en Villa María, Córdoba. No porque tuviera un problema como la vez pasada, sino que entro a saludar a los amigos que esas situaciones te dan. Gente que desinteresadamente te ayuda cuando tenés algún problema y ahí te das cuenta que son oro puro y vale la pena conservarlos cerca tuyo.

Y acá estoy esperando a David, uno de estos amigos. Escribo estas líneas sin saber dónde pasaré la noche. Está oscureciendo. La ruta, la ruta ya lo dirá.

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Parte 2 – 23.30 hs., Jesús María.

Qué bueno es encontrarse con amigos. Linda charla y lindo tiempo compartido con David. Me despedí con el corazón contento por el encuentro y porque me hice tiempo para arreglar el pinlook, que me venía molestando hasta acá.

Salí a la ruta ya de noche, serían más o menos las 21 hs. (ahora aparecen enfurecidos de nuevo los criticones del manejo… o mi suegra, unos porque no me conocen y la otra porque, en el fondo, me quiere).

Una noche muy linda. Muy despejada, llena de estrellas. Pero muy fría. En un momento ví, al costado de la ruta, un motero con una Honda Titán 150 cc que arrancaba. Bajé la velocidad y le hice señas para que rutearamos los dos.20170715_204108

En un peaje se presentó, Valerio se llama, ¡Cómo para olvidarme de ese nombre! Y me contó que iba para Córdoba, así que aprovechamos el tiro y lo hicimos juntos. En Circunvalación nos despedimos.

Yo seguí con rumbo a Jesús María, pero con ganas de parar porque no conocía la ruta. Además era mano simple y tenía frío. Pero el caso es que no había ningún lugar donde tirar la carpa. Y así llegue hasta acá: Una estación de servicio en la ciudad de destino.

Armé la carpa, me cociné una sopa con gusto a pobre, tape a Jade.

El baño tiene ducha con agua caliente, pero ni de chiste me baño.

El playero me preguntó:

— ¿Frío?

— No, gracias, ya tengo.

Ya estoy metido en la bolsa de dormir. Sólo un deseo tengo en este momento, que no me agarren ganas de ir al baño de madrugada.

Buenas noches.

 

Amigos para no olvidar:
  • David Ceballos (Jesús María, Córdoba)
  • Valerio Illan (Pilar, Buenos Aires)