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Viaje a Maciá [videoblog]

Video blog del viaje realizado a la ciudad de Maciá, Entre Ríos, al Primer en Encuentro de Motoviajeros realizado el día 2 de Diciembre de 2018.

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Córdoba – parte 4

La Serranita (Córdoba) – Villa María (Córdoba)

Ya se hizo rutina esto de despertarnos a las 9 de la mañana, ni da luchar contra molinos de viento. Me levante con la intriga de cómo sería el paisaje del lugar.

En el hogar de la Posada estaba encendido un fuego gigante. Empezamos muy bien.

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El desayuno fue exquisito. Fue servido con unos dulces hechos por la dueña de casa, repetimos varias veces.

Salir al patio nos revelo un paisaje maravilloso, además hacia un día espectacular. Esto último nos sorprendió ya que el anterior estuvo muy frío y nublado, amenazaba con ponerse peor.

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Despacio y al sol arme la moto mientras mi mujer compraba dulces para llevar. Luego nos despedimos muy cariñosamente ya que los dueños son personas de gran valía.

Tomamos la ruta provincial 5, es serpenteante, que sube, que baja, que rota hacia la izquierda y luego a la derecha para volver a repetir todo.

De pronto aparece el embalse Los Molinos, que sorprende y es de una belleza increíble.

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En el dique paramos a tomar mate y disfrutar el paisaje. Pasaban muchas motos de gran cilindrada ya que había un encuentro en Rumipal y estábamos cerca.

Después de un rato me puse a observar a las personas que estaban alrededor, note algo que llamo mí atención: bajaban del auto o colectivo, se acercaban al borde fascinados por el entorno, luego se sacaban un par de fotos y seguidamente se ponían a mirar el celular y ya no apreciaban el entorno. Como si les diera lo mismo o directamente no existía.

Pensé que llegar allí tiene un costo en esfuerzo, en tiempo y por su puesto en plata. Llegar y no comprometerse con el entorno me resulta un despilfarro incomprensible.

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Como que solo es ir a buscar la foto sin vivir el entorno. Muchas veces me digo que no vale la pena tomar una foto del lugar ya que en internet hay fotos más espectaculares sacadas por profesionales, solo hay que buscarlas.

Llegué a la conclusión que todo tiene un tiempo, cuando comenzamos a mirar cualquier cosa menos el paisaje quiere decir que la parada ha sido suficiente y es hora de seguir.

Retomamos ruta para parar unos kilómetros más adelante en la ciudad de Villa General Belgrano, era un loquero de gente. Es uno de los lugares donde realmente no quiero ir, reconozco lo pintoresco del lugar pero siempre está siempre lleno de turistas y el tráfico se torna imposible.

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La parada fue necesaria para terminar de comprar unos presentes que queríamos llevar. Estuvimos muy poco tiempo, lo necesario para realizar estas compras, pero alcanzo para encontrarme con personas que estuvimos hablando vía Facebook.

Seguimos paseando hasta llegar a la ciudad de Embalse y desde allí buscar la ruta Provincial 6 que nos llevaría primero a Río Tercero y luego a Villa María, nuestro destino final para el día.

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Durante el trayecto el viento fue aumentando y la temperatura descendiendo mucho. Habiendo empezado con una mañana tan linda y agradable no imaginamos que a la tarde la situación cambiaría tan drásticamente y nos faltaba abrigo.

Llegamos congelados y lo único que queríamos era parar en algún bar a merendar un café caliente.

Cuando se configura un GPS con una ciudad como destino, generalmente te lleva al centro de la misma. Normalmente la plaza más importante donde está la municipalidad y también la iglesia principal.

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Al ir acercándonos nos preguntábamos si ya habíamos estado, nos resultaba vagamente familiar. Paramos en una esquina que tenía el bar y desde donde podíamos mirar la moto que estaba estacionada totalmente cargada y equipada.

Ni bien entramos nos dimos cuenta que efectivamente ya estuvimos. Además recordábamos una mala experiencia con ese lugar, mala atención, el wifi lo tienen al pedo ya que un año después sigue sin funcionar.

Luego de un buen tiempo de espera viene la moza diciendo que lo que habíamos pedido no lo tenían. Eso colmó el vaso, nos levantamos y nos fuimos con rumbo a una estación de servicio que conocíamos donde podríamos conectarnos perfectamente.

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Ya era de noche y aún no teníamos donde parar. Necesitábamos un lugar tranquilo y con buena conexión a internet para realizar la búsqueda.

Llamamos a todos lados y todo estaba ocupado. Incluso miramos alternativas en los pueblos cercanos, aunque no teníamos ganas de volver a la ruta pero era lo que posiblemente que tendríamos que hacer.

Ya cuando estábamos desanimados Valeria se llegó al hotel que estaba al lado, ya había llamado y le dijeron que no tenían nada, pero la esperanza es lo último que se pierde.

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Volvió sonriente y así supe que algo había conseguido. Efectivamente como se lo imagino alguien cancelo la reserva hacia unos momentos y por lo tanto teníamos lugar.

Realmente tuvo que haberla pasado mal o al menos imaginarse cualquier cosa por la sonrisa que traía, revelaba su alivio ante la situación.

La habitación era chica y el baño aún más, pero la cama estaba bien y el calefactor calentaba espectacularmente.

Así termino un día con altibajos. Mañana será otro.

Hasta entonces.firma

 

 

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Córdoba – parte 3

La Falda (Córdoba) – La Serranita (Córdoba)

Otra vez la misma historia, despertarse tarde y remolonear en la cama. Por poco casi nos perdemos el desayuno.

Nuevamente salimos casi mediodía. El primer destino era muy cerca: Cosquín, a 20 km de distancia. La ruta 38 que une estas ciudades es una sucesión de construcciones turísticas donde  casi no se advierte cuando termina una localidad y comienza la otra.

Hay que otear el horizonte para poder ver las sierras y un poco de naturaleza. El camino es de doble mano y la velocidad de los vehículos es constante, no hay forma de sobrepasar. Entonces la velocidad la determina el más lento. Es una verdadera tortura romana si toca ir detrás de algún camión viejo o auto de la época del 70.

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Mucho no me quejo ya que el mío también era casi de la misma época y cuando anduve por estos lugares era el más lento, realmente uno va sufriendo ya que sabe que detrás la gente comienza a ponerse nerviosa. ¿Pero que se le puede hacer? Si el auto no da, no da.

En Cosquín fuimos a la plaza Prospero Molina que es donde está ubicado el famoso escenario. No lo hicimos por la tradición del festival sino porque allí funciona la oficina de información turística.

Conseguí un mapa carretero muy lindo de la provincia de Córdoba. Me encantan estos mapas, los voy coleccionando viaje a viaje.

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Y lo más importante: me orientaron para agarrar el camino de tierra que llevaba a Tanti, va por las sierras. El GPS me quería llevar a toda costa por la ruta de cemento, está configurado para que me oriente por el camino más rápido, eso hace que sus elecciones se basen en autopistas, rutas o avenidas.

Si por el contrario lo configurara como el camino más rápido, entonces sus elecciones tendrían la prioridad las distancias sin importar el tipo de ruta que sea.

El camino a medida que fue subiendo iba revelando paisajes muy bonitos. No es complicado de hacerlo y es bastante transitado.

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A mitad del recorrido un arroyo cruzaba por un badén. Paramos a tomar mates y disfrutar del momento, iba a escribir “de la paz del lugar” pero eso no fue cierto ya que ni bien nos sentamos aparecieron unos patos que a los gritos reclamaban comida.

Le tire un par de patadas tipo kung fu y los grité como hincha de futbol pero ni mu, se nota que están re acostumbrados a que la gente los alimente.

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Nos ganaron por cansancio y se terminaron comiendo la mitad del paquete de bizcochitos. Debo reconocer que son muy buenos negociantes.

Picamos algo en Tanti a modo de almuerzo y nos pusimos a mirar el mapa, como estábamos de paseo no teníamos nada planeado. Nos daba lo mismo ir para un lado tanto como para el otro.

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Decidimos ir para Alta Gracia ya que nos quedaba bien para ir emprendiendo el regreso. Estaríamos por el Sur de la capital y cerca de la ruta hacia Rosario.

El trayecto es todo de asfalto y mayormente autopista. Había un viento muy fuerte y cruzado que aparecía por ráfagas, había que extremar las precauciones.

Dimos unas vueltas por la ciudad de Alta Gracia para conocer un poco y nos dirigimos a la oficina de turismo para ver que opciones de plazas tenían.

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Al estacionar la moto en un lugar marcado como exclusivo veo una parejita que estaba vendiendo artesanías. Les pregunte el precio de unas “malas” (rosario budista) y me puse a conversar un rato.

Se sorprendieron mucho cuando les dije que éramos de San Pedro ya que él también lo era. Se llama Julián y es el hermano menor de una persona que conozco. Los otros días justamente me estuvieron hablando de su hermano “el trotamundos”, me contaban en qué lugares estuvo y lo que hacía.

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A veces las casualidades me sorprenden, venir a encontrar la persona de quien hablaste pero que no conozco justo donde estaciono la moto en medio de una ciudad a la que no planeaba venir es demasiado. El destino trabaja de maneras misteriosas.

Este viaje estuvo lleno de este tipo de eventos, personas con las que hablaba por las redes sociales  de pronto estaban estacionadas donde yo lo hacía.

Buscar alojamiento estuvo muy complicado. No había en toda la ciudad y el que había lo cobraban como si fuera un refugio atómico. Antes duermo en una plaza que pagarles esas cifras a estos avivados.

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Cuando ya nos entraba la desesperación dijimos que mejor era tomárselo con soda y nos fuimos a un bar para consultar tranquilos internet. Allí relajamos y pudimos encontrar un hospedaje a 10 km. En un lugar llamado “La Serranita”.

Llegamos rápido al destino pero ahí se nos complicó ya que estos pueblitos de la sierra no tienen dos calles paralelas. Es como que todas se cruzaran con todas y así cuesta ubicarse.

Al final tuvimos que usar el PPS (Paro Pregunto Sigo) y por fin pudimos encontrar el hostal.

Así termino un día, mañana será otro.

Hasta entonces.firma

 

 

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La fábrica de JAWA

La fábrica de JAWA

Escribo esto y me emociono nuevamente, déjame que te cuente:

Ayer visitamos la fábrica de motos JAWA, o como se denomina ahora: RVM, con el grupo de los usuarios de la Tekken 250, nos gusta llamarnos “los tekkeneros”. Nos da un aire como de forajidos, y tal vez lo seamos por ser un grupo tan ecléctico, de todas las edades y vidas tan diversas.

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La visita solo fue una excusa para organizar una juntada. La veníamos planeando desde hacía meses. Consultando y generando ideas, sumando voluntades y sobre todo entusiasmándonos.

Para poder realizarla tuvimos que conseguir el visto bueno del dueño de la empresa, o sea, del señor Roberto Martínez. La primera reunión la hice con muchos miedos, iba con ideas locas y llevarlas a cabo significaba el movimiento de muchas personas. Cuando comencé a exponerlas la amabilidad de Roberto me animo a continuar, a contarle todo por más loco que sonara. Es importante que sepas cual fue la generatriz de todo esto.

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En el foro específico de la moto, en un post se hablaba de algunas características del modelo. No estaba muy de acuerdo con lo que decían, pero me abstuve de comentarlo porque recordé mi primer viaje en moto con toda la inexperiencia a cuestas.

Te lo cuento rápidamente: me fui al sur con una Honda Transalp 650, tres meses de uso… Y NUNCA HABIA MANEJADO UNA MOTO. ¿Ya te imaginaste la situación?, ¡un desastre!, menos mal que en esa época, hace 30 años, casi nadie andaba por las montañas en moto.

Todos los caminos eran de ripio y yo manejaba como lo hacía en las avenidas de Buenos Aires, entonces la moto se iba para todos lados. Ahí andaba yo comentando lo inestable que era esa “porquería” de moto.

Lo decía de corazón porque así lo sentía y pensaba. No sabía que para controlar la moto había que manejarla distinto, que había que pararse en los pedalines, que el freno delantero no se toca, etc, etc, y muchos etcéteras más.

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Esta experiencia me ayuda mucho cuando escucho a las personas, pueden estar diciendo “una verdad” pero a la vez estar muy equivocados, la única forma de que lo sepan es mostrándoselos. Básicamente esto fue lo que le propuse a Roberto.

Transitar por caminos de tierra y que los usuarios puedan experimentar el comportamiento de la moto, que se den cuenta que tienen y para qué sirve este modelo.

Así llegamos al día de ayer. Fue gente de todos lados, de Rosario, de Junín, de Mar del Plata, muchos de Buenos Aires y los alrededores. Algunos se estaban moviendo desde el día anterior. 40 Tekkens se juntaron en Cañuelas, ese era el número límite que teníamos y lo completamos fácilmente en la primera convocatoria. El encuentro fue muy emotivo ya que nos conocíamos por el Facebook o por el whatapp pero no personalmente. Fueron muchos minutos de abrazos, saludo y gritos espontáneos al reconocerse dos amigos.

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Todos prestamos atención a la llegada de Roberto Martínez, muchos escucharon hablar de él pero pocos lo conocían. Saludo a todo el mundo y rápidamente organizo el grupo, aconsejo como conducirse por el camino que íbamos a tomar, porque con la lluvia del viernes estaba embarrado y en partes muy complicado.

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Enseguida mostro una de sus facetas: su generosidad, dijo que las caídas estaban dentro de las posibilidades y que si algo se rompía RVM lo pagaba. En las caras de muchos vi la expresión de sorpresa, no es común que un empresario tenga este tipo de respuestas. Esta fue la primera pero no la última, a lo largo del paseo descubrirían más actitudes que lo caracterizan.

Arrancamos la caravana en grupos pequeños, con las motos intercaladas. Me ubique entre los últimos y a los pocos metros tuvimos la primera parada: la moto de un amigo se paraba cuando subía de 3000 revoluciones. Enseguida alguien se agacho y empezó a pedir herramientas, le cerró el paso de nafta y purgo la cuba del carburador. Santo remedio, pudimos seguir.

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La ruta estaba muy cargada ya que era un domingo soleado y esa zona es muy turística, todo se desarrolló muy bien, no tuvimos el disgusto de ver a ningún loquito “pista”. Pasando el peaje de la ruta 205 llegamos al camino de tierra que era nuestro objetivo. Otra vez las motos estacionadas formando un pelotón compacto, muy linda la foto de ese momento.

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Arrancamos y nuevamente a detenernos a los pocos metros, la primera moto que fue al piso: el suelo estaba muy duro y el piloto quiso cambiar de huella sin tomar el recaudo de afirmarse bien en el manubrio, resultado, un parabrisas roto.

A medida que íbamos entrando en el camino la confianza crecía, se volvió divertido y el paseo empezaba a mostrarse lo que era: una aventura. Todos muy ordenados y a su ritmo fueron pasando los kilómetros. Se hicieron algunas paradas más para juntar nuevamente el pelotón.

Las caídas siguieron pasando, por pisar barro flojo o cosas así, pero ya no eran “importantes”: no eran la primera. En otro momento había una gran aglomeración de gente en medio del camino. ¡Sonamos! Dije pensando que la cosa se veía grave.

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Al acercarme veo que a una moto se le salió la cadena, incluso en la parte del piñón (parece que estaba demasiado floja). Lo interesante fue que quien estaba con las manos engrasadas tratando de encarrilarla era Roberto y eso convocaba tanta gente. Ver la humildad y su pericia con las motos es algo que impacta.

Cuando estuvo solucionado y después de muchas bromas arrancamos otra vez… y van…

Más adelante se presentó un desafío importante: barro en todos lados y sólo dos huellas, una profunda que metía miedo y otra más “linda” pero más traicionera, ahí estaban todos parados viendo cual agarraba cada piloto y creo que hasta levantaban apuestas a ver si alguno caía, nadie lo hizo.

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De esta manera llegamos a la fábrica, entusiasmados, contentos pero sobre todo hambrientos ya que un camino de 30 km nos llevó como dos horas. La caravana entro tocando las bocinas y no quedo pájaro en la zona.

Las motos por segunda vez estuvieron en ese playón, la primera fue para ser cargadas en un camión y enviadas a alguna agencia, y esta, estacionadas muy ordenadas para pasar el momento.

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Nos esperaban con una choriceada, nuevamente invitación de JAWA y su gente, todos hacían algo, ordenaban, asaban, etc. Estaban incluso las hijas y el nieto de Roberto, también algunos chicos que no supe de quienes eran, todo muy familiar.

Comimos, charlamos, contamos historias, algunos eran premiados con nuevos sobrenombres. Era una fiesta. Después de la sobremesa vino el plato fuerte: el show de Maxi Tsabazis (este muchacho necesita un nombre más artístico).

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Realiza “stunt” con una Tekken, increíble lo que puede hacer. Sólo le falta hacerla hablar, ¡va!, por ahí lo hace ya que la moto ruge mucho. Mucha adrenalina por verlo en acción. En un momento su ayudante le saca la rueda delantera de la moto y se pone a andar así. Me preguntaba y creo que todos los demás lo mismo: ¿cómo iba a parar? Por supuesto lo hizo y de forma espectacular.

Para quien le gustan las motos es algo que hay que ver, mis felicitaciones y respeto por el dominio que tiene. Lo más loco de todo era que la moto no tenía grande modificaciones, un freno extra en la rueda trasera para accionarlo con la mano izquierda, ruedas más vale lisas, el tanque modificado para poder sentarse en él y no mucho más, por lo demás es la misma moto de serie que todos teníamos.

En un momento preguntan quién quería hacer un truco con Maxi, le di manija a mi mujer y allá fue ella. La sentó en la moto y al momento estaba andando en una rueda, entre aplauso y aplauso se escuchó un grito: “Picasso te mato”. Ya ven que no lo hizo o no estaría escribiendo esto.

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De esta manera se fue desarrollando la fiesta, yo no era una juntada, hubo regalos y sorteos de remeras y buzos. Solo era una forma de materializar algo que tenemos: la camiseta de JAWA-RVM todos la tenemos puesta.

Así poco a poco nos fuimos despidiendo y rumbeando para nuestras casas. Todos ansiosos por ver fotos y videos en el Facebook, y porque no, hacerle algún comentario ingenioso a las imágenes para diversión de todos.

Tarde genial, esta fue la conclusión de todos, orgullosos de tener la moto que tenemos y sobre todo de ser parte de la familia JAWA-RVM. Gracias por tanto.

Ya podemos decir: YO ESTUVE EN LA JUNTADA TEKKEN.

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Próxima aventura:

Gesell, sus médanos y el Faro Querandíes.

 


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