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5 formas de ayudar económicamente a un motoviajero

Cuando nos interesan las motos y los viajes normalmente seguimos a uno o más viajeros que andan por el mundo. Sus aventuras nos emocionan y hasta tenemos una pequeña envidia por su vida.

Algunos de ellos son profesionales y trabajan “de motoviajeros” como es el caso de Miquel Silvestre, Charly Sinewan y tantos otros. Particularmente son de países con economías muy fuertes y por lo tanto tienen un patrocinio que les permite vivir y viajar, con presupuestos realmente holgados.

Contrariamente a esto, los viajeros latinoamericanos hacen todo a puro pulmón y voluntad. Sus viajes, la producción, la compra y mantenimiento de sus motos, etc. dependen netamente de sus recursos y se hace fundamental la búsqueda de ingresos por distintos medios, alguno de ellos tienen formas muy creativas.

Con el avance de las redes sociales los motoviajeros han comenzado a publicar sus viajes en distintos formatos. Esto no es algo nuevo, ya Emilio Scotto (el argentino que ostenta el record Guinness del viaje en moto más largo del mundo) realizándolo en la década del 80 y la forma que tenía de amortizarlo era publicando en revistas especializadas.

De tanto vivencias sus experiencias, algunas veces surge en nosotros la necesidad de ayudar de alguna manera a estos viajeros que tanto nos conmueven, es por eso que presento aquí…

Las 5 formas que tenemos de ayudar económicamente a un motoviajero:

 

  1. Hacer una transferencia bancaria.

Algunos de ellos y mayormente ante alguna situación extrema (un accidente, un secuestro del vehículo, un gasto inesperado, etc.) publican sus cuentas bancarias y se organizan campañas para recaudar fondos a través de transferencias, es una forma muy rápida de hacerlo y poder paliar la situación. Normalmente los montos a depositar no son fijos y quedan a nuestra voluntad, por pequeño que sea el aporte ayuda muchísimo.

  1. Comprar sus productos.

Muchos motoviajeros se sostienen a través de la venta de sus libros, accesorios que revenden o las artesanías que realizan. Cada uno de ellos tiene organizado un sistema de venta, algunos lo hacen en los lugares donde paran, o realizan juntadas con ese propósito.

Otros tienen venta a través de internet, promocionan y realizan la venta a través de correo. Con esto consiguen llegar a más personas.

  1. Ver las publicidades de sus videos.

Este punto es uno de los más importantes y que más futuro tiene. Los viajeros aprovechan mucho el sistema de pago por publicidad como los que tiene la empresa Google (aunque hay otras aunque no tan fuertes), particularmente en la página youtube.com

Allí todos los videos comienzan con una publicidad que dura un promedio de 30 segundos. Ver completamente esta publicidad hasta que termina ayuda realmente al dueño del canal ya que es la que realmente paga y sólo lo hacen si el corto fue visto totalmente.

Muchos creen que la suscripción al canal o el like dado al video es lo que le da plata al autor, pero no es tan así. Las empresas pagan por la cantidad de publicidades que el usuario ve a través de un canal, este es el negocio y por donde el dinero fluye, a más cantidad de gente suscripta al canal, más gente viendo y más posibilidades que la publicidad se vea completamente.

También es importante aclarar que Google no comienza a monetizar un canal (pagar) hasta que el mismo no tiene una cantidad mínima de visualizaciones.

Por lo tanto en la primera etapa del canal lo más importantes es la suscripción y compartir el enlace para que llegue a más personas y rápidamente llegue al mínimo para que el viajero comience a recibir una pequeña ganancia.

  1. Suscribirte y compartir su blog.

Algunos utilizan otros medios de comunicación: la fotografía o los textos. Para ello realizan publicaciones en sus blogs personales.

Si este es el caso seguramente tienen montado algún sistema por el cual obtienen una ganancia, ya sea por cantidad de visitas o tal vez por clicks en las publicidades.

La forma de tener monetizado el sitio puede ser a través de Google que inserta publicidades en las páginas o tener un sistema propio de ventas de espacio. Cualquiera sea el caso la ganancia radica en conseguir tráfico de visitas para que las publicidades se vean y puedan impactar en las estadísticas del sitio.

A mayor tráfico, mayor es la importancia del medio y por lo tanto se incrementa la retribución por publicitar en él.

Suscribirse al sitio, compartirlo o compartir los artículos ayudan realmente al crecimiento del mismo y por ende al viajero.

  1. Mencionarlos al contactar a los patrocinadores.

Muchos han logrado algún tipo de patrocinio para su viaje, estos pueden estar dados en forma de accesorios o económicos para ayudarlos en la travesía.

A cambio de esto los anunciantes esperan que sus productos o servicios incrementen sus ventas. Los patrocinadores han hecho una apuesta donde esperan el viajero pueda ayudar a llegar a sus objetivos.

Puede darse el caso que la marca no sepa exactamente desde donde está viniendo el incremento, entonces ayuda muchísimo que cada vez que compres o contrates algo por inducción del viajero lo comentes exactamente con la empresa o negocio.

Esto hará que el motoviajero vaya tomando prestigio y la empresa ver que es una relación que realmente funciona, se incrementa la confianza y hasta pueden aumentar la cuota.

Recordemos que ayudar a algún viajero en particular es ayudar a todos, ya que los mercados se van abriendo y las empresas comienzan a ver un nuevo canal de publicidad real, esto ayuda a que nuevos motoviajeros encuentren más fácilmente sus propios sponsors y puedan realizar sus viajes.

Como cierre los invito a que cuando vean algún motoviajero internacional, que son fácilmente reconocibles, les regalen “una tanqueada”, algo muy común en otros países. Esto es pagarles el llenado del tanque.

Pueden invitarlos a comer o cualquier otra cosa que los ayuden a seguir un kilómetro más.

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Córdoba – parte 5

Villa María (Córdoba) – San Pedro (Buenos Aires)

Dormimos espléndidamente y la habitación por lo chica que era fue muy fácil de calefaccionar. Por eso andábamos en remera dentro de ella pero cuando salimos la cosa cambio bastante.

Cuando salí para ir a desayunar tuve que volverme rapidito a buscar abrigo del frío que hacía. Ni quería imaginarme el que haría en la calle.

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Al dejar el hotel hacía un día precioso, muy soleado pero fresco, demasiado. La sensación térmica producto del viento generado por el andar de la moto era muy cortante.

Salimos a la ruta con equipo completo para ese clima, lo que fue un acierto ya que estaba bravo realmente. Un viento cruzado y el frío hacían que el retorno se viviera de una forma muy particular.

Mi mujer acaba de decirme: “vos tenés problemas con los finales”. Creo que tiene toda la razón, cada vez que tengo que escribir el epílogo de un viaje me sucede lo mismo: no sé sobre qué escribir ya que en la ruta raramente sucede algo.

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Los paisajes son totalmente cotidianos y todo pasa por nuestra cabeza. El viaje se torna muy reflexivo al recordar donde estuvimos pero más que nada pensar en nuestro hogar, en las cosas cotidianas que dejamos y extrañamos. La necesidad de volver.

El retorno siempre es muy silencioso. Raramente hablamos por los intercomunicadores, tal vez por la nostalgia, tal vez cansancio, o un poco de todo eso hace que estemos ensimismados.

A medida que pasaban las horas y el día avanzaba, la ruta se cargaba cada vez de más de autos. Comenzaba el retorno de los que salieron por el fin de semana largo y normalmente lo hacen a gran velocidad.

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Siempre te encontrás con algún hijo de puta que hace maniobras arriesgadas y ponen en peligro a todo el mundo. Por eso hay que volver muy atento a los espejos retrovisores.

Haber adelantado hasta Villa María nos dejó por delante 400 km hasta San Pedro, podíamos hacer tiros de 200 km o mejor aún, dos de 150 y uno final de 100.

Extrañamente a lo que me imagine me cruce con pocas motos en la ruta, y de las pocas que vi ninguna de ellas eran de las que fueron a Tucumán a participar del rally de motos clásicas.

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Llegamos a destino cerca de las 18 hs. La moto nuevamente se comportó de forma espectacular llevándonos y trayéndonos sin ningún tipo de problema, demostrando que la confianza depositada en ella tiene sus fundamentos.

Otro viaje para recordar, principalmente porque Valeria lo disfruto mucho y volvió feliz. Paseo y descanso como quería, tal vez le faltó un poco de aventura por el medio de las sierras. Pero ya vendrán otros para hacer eso.

Hasta ese momento.firma

 

 

Parte 4


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Córdoba – parte 4

La Serranita (Córdoba) – Villa María (Córdoba)

Ya se hizo rutina esto de despertarnos a las 9 de la mañana, ni da luchar contra molinos de viento. Me levante con la intriga de cómo sería el paisaje del lugar.

En el hogar de la Posada estaba encendido un fuego gigante. Empezamos muy bien.

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El desayuno fue exquisito. Fue servido con unos dulces hechos por la dueña de casa, repetimos varias veces.

Salir al patio nos revelo un paisaje maravilloso, además hacia un día espectacular. Esto último nos sorprendió ya que el anterior estuvo muy frío y nublado, amenazaba con ponerse peor.

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Despacio y al sol arme la moto mientras mi mujer compraba dulces para llevar. Luego nos despedimos muy cariñosamente ya que los dueños son personas de gran valía.

Tomamos la ruta provincial 5, es serpenteante, que sube, que baja, que rota hacia la izquierda y luego a la derecha para volver a repetir todo.

De pronto aparece el embalse Los Molinos, que sorprende y es de una belleza increíble.

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En el dique paramos a tomar mate y disfrutar el paisaje. Pasaban muchas motos de gran cilindrada ya que había un encuentro en Rumipal y estábamos cerca.

Después de un rato me puse a observar a las personas que estaban alrededor, note algo que llamo mí atención: bajaban del auto o colectivo, se acercaban al borde fascinados por el entorno, luego se sacaban un par de fotos y seguidamente se ponían a mirar el celular y ya no apreciaban el entorno. Como si les diera lo mismo o directamente no existía.

Pensé que llegar allí tiene un costo en esfuerzo, en tiempo y por su puesto en plata. Llegar y no comprometerse con el entorno me resulta un despilfarro incomprensible.

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Como que solo es ir a buscar la foto sin vivir el entorno. Muchas veces me digo que no vale la pena tomar una foto del lugar ya que en internet hay fotos más espectaculares sacadas por profesionales, solo hay que buscarlas.

Llegué a la conclusión que todo tiene un tiempo, cuando comenzamos a mirar cualquier cosa menos el paisaje quiere decir que la parada ha sido suficiente y es hora de seguir.

Retomamos ruta para parar unos kilómetros más adelante en la ciudad de Villa General Belgrano, era un loquero de gente. Es uno de los lugares donde realmente no quiero ir, reconozco lo pintoresco del lugar pero siempre está siempre lleno de turistas y el tráfico se torna imposible.

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La parada fue necesaria para terminar de comprar unos presentes que queríamos llevar. Estuvimos muy poco tiempo, lo necesario para realizar estas compras, pero alcanzo para encontrarme con personas que estuvimos hablando vía Facebook.

Seguimos paseando hasta llegar a la ciudad de Embalse y desde allí buscar la ruta Provincial 6 que nos llevaría primero a Río Tercero y luego a Villa María, nuestro destino final para el día.

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Durante el trayecto el viento fue aumentando y la temperatura descendiendo mucho. Habiendo empezado con una mañana tan linda y agradable no imaginamos que a la tarde la situación cambiaría tan drásticamente y nos faltaba abrigo.

Llegamos congelados y lo único que queríamos era parar en algún bar a merendar un café caliente.

Cuando se configura un GPS con una ciudad como destino, generalmente te lleva al centro de la misma. Normalmente la plaza más importante donde está la municipalidad y también la iglesia principal.

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Al ir acercándonos nos preguntábamos si ya habíamos estado, nos resultaba vagamente familiar. Paramos en una esquina que tenía el bar y desde donde podíamos mirar la moto que estaba estacionada totalmente cargada y equipada.

Ni bien entramos nos dimos cuenta que efectivamente ya estuvimos. Además recordábamos una mala experiencia con ese lugar, mala atención, el wifi lo tienen al pedo ya que un año después sigue sin funcionar.

Luego de un buen tiempo de espera viene la moza diciendo que lo que habíamos pedido no lo tenían. Eso colmó el vaso, nos levantamos y nos fuimos con rumbo a una estación de servicio que conocíamos donde podríamos conectarnos perfectamente.

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Ya era de noche y aún no teníamos donde parar. Necesitábamos un lugar tranquilo y con buena conexión a internet para realizar la búsqueda.

Llamamos a todos lados y todo estaba ocupado. Incluso miramos alternativas en los pueblos cercanos, aunque no teníamos ganas de volver a la ruta pero era lo que posiblemente que tendríamos que hacer.

Ya cuando estábamos desanimados Valeria se llegó al hotel que estaba al lado, ya había llamado y le dijeron que no tenían nada, pero la esperanza es lo último que se pierde.

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Volvió sonriente y así supe que algo había conseguido. Efectivamente como se lo imagino alguien cancelo la reserva hacia unos momentos y por lo tanto teníamos lugar.

Realmente tuvo que haberla pasado mal o al menos imaginarse cualquier cosa por la sonrisa que traía, revelaba su alivio ante la situación.

La habitación era chica y el baño aún más, pero la cama estaba bien y el calefactor calentaba espectacularmente.

Así termino un día con altibajos. Mañana será otro.

Hasta entonces.firma

 

 

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Córdoba – parte 3

La Falda (Córdoba) – La Serranita (Córdoba)

Otra vez la misma historia, despertarse tarde y remolonear en la cama. Por poco casi nos perdemos el desayuno.

Nuevamente salimos casi mediodía. El primer destino era muy cerca: Cosquín, a 20 km de distancia. La ruta 38 que une estas ciudades es una sucesión de construcciones turísticas donde  casi no se advierte cuando termina una localidad y comienza la otra.

Hay que otear el horizonte para poder ver las sierras y un poco de naturaleza. El camino es de doble mano y la velocidad de los vehículos es constante, no hay forma de sobrepasar. Entonces la velocidad la determina el más lento. Es una verdadera tortura romana si toca ir detrás de algún camión viejo o auto de la época del 70.

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Mucho no me quejo ya que el mío también era casi de la misma época y cuando anduve por estos lugares era el más lento, realmente uno va sufriendo ya que sabe que detrás la gente comienza a ponerse nerviosa. ¿Pero que se le puede hacer? Si el auto no da, no da.

En Cosquín fuimos a la plaza Prospero Molina que es donde está ubicado el famoso escenario. No lo hicimos por la tradición del festival sino porque allí funciona la oficina de información turística.

Conseguí un mapa carretero muy lindo de la provincia de Córdoba. Me encantan estos mapas, los voy coleccionando viaje a viaje.

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Y lo más importante: me orientaron para agarrar el camino de tierra que llevaba a Tanti, va por las sierras. El GPS me quería llevar a toda costa por la ruta de cemento, está configurado para que me oriente por el camino más rápido, eso hace que sus elecciones se basen en autopistas, rutas o avenidas.

Si por el contrario lo configurara como el camino más rápido, entonces sus elecciones tendrían la prioridad las distancias sin importar el tipo de ruta que sea.

El camino a medida que fue subiendo iba revelando paisajes muy bonitos. No es complicado de hacerlo y es bastante transitado.

tito (2)

A mitad del recorrido un arroyo cruzaba por un badén. Paramos a tomar mates y disfrutar del momento, iba a escribir “de la paz del lugar” pero eso no fue cierto ya que ni bien nos sentamos aparecieron unos patos que a los gritos reclamaban comida.

Le tire un par de patadas tipo kung fu y los grité como hincha de futbol pero ni mu, se nota que están re acostumbrados a que la gente los alimente.

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Nos ganaron por cansancio y se terminaron comiendo la mitad del paquete de bizcochitos. Debo reconocer que son muy buenos negociantes.

Picamos algo en Tanti a modo de almuerzo y nos pusimos a mirar el mapa, como estábamos de paseo no teníamos nada planeado. Nos daba lo mismo ir para un lado tanto como para el otro.

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Decidimos ir para Alta Gracia ya que nos quedaba bien para ir emprendiendo el regreso. Estaríamos por el Sur de la capital y cerca de la ruta hacia Rosario.

El trayecto es todo de asfalto y mayormente autopista. Había un viento muy fuerte y cruzado que aparecía por ráfagas, había que extremar las precauciones.

Dimos unas vueltas por la ciudad de Alta Gracia para conocer un poco y nos dirigimos a la oficina de turismo para ver que opciones de plazas tenían.

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Al estacionar la moto en un lugar marcado como exclusivo veo una parejita que estaba vendiendo artesanías. Les pregunte el precio de unas “malas” (rosario budista) y me puse a conversar un rato.

Se sorprendieron mucho cuando les dije que éramos de San Pedro ya que él también lo era. Se llama Julián y es el hermano menor de una persona que conozco. Los otros días justamente me estuvieron hablando de su hermano “el trotamundos”, me contaban en qué lugares estuvo y lo que hacía.

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A veces las casualidades me sorprenden, venir a encontrar la persona de quien hablaste pero que no conozco justo donde estaciono la moto en medio de una ciudad a la que no planeaba venir es demasiado. El destino trabaja de maneras misteriosas.

Este viaje estuvo lleno de este tipo de eventos, personas con las que hablaba por las redes sociales  de pronto estaban estacionadas donde yo lo hacía.

Buscar alojamiento estuvo muy complicado. No había en toda la ciudad y el que había lo cobraban como si fuera un refugio atómico. Antes duermo en una plaza que pagarles esas cifras a estos avivados.

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Cuando ya nos entraba la desesperación dijimos que mejor era tomárselo con soda y nos fuimos a un bar para consultar tranquilos internet. Allí relajamos y pudimos encontrar un hospedaje a 10 km. En un lugar llamado “La Serranita”.

Llegamos rápido al destino pero ahí se nos complicó ya que estos pueblitos de la sierra no tienen dos calles paralelas. Es como que todas se cruzaran con todas y así cuesta ubicarse.

Al final tuvimos que usar el PPS (Paro Pregunto Sigo) y por fin pudimos encontrar el hostal.

Así termino un día, mañana será otro.

Hasta entonces.firma

 

 

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Córdoba – parte 2

Córdoba capital – La Falda (Córdoba)

Después de tantos viajes he llegado a la conclusión que hacerlo con mí mujer es contraproducente por varios motivos:

El primero es que tras que me cuesta arrancar el día ella invita a hace fiaca. Ese no es el más grave sino el segundo que mencionaré, me fomenta mucho el comer y los desayunos se hacen largos.

Lo hicimos tarde y arrancamos aún más tarde. La primera parada programada era Río Ceballos, 30 km de distancia marcaba el GPS.

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El tráfico de Córdoba es como el de Buenos Aires, a eso hay que sumarle los zorros que están atentos a meter multas en cuanto pueden. Quería pasear por el centro para que Vale lo conociera pero a las pocas cuadras desistí de la idea. Salir del centro fue un infierno.

Ya casi en el límite de la ciudad de pronto me sorprende una risa apasionada de mi mujer, había visto un grafiti político que le causó mucha gracia. Cuando se clamo pude explicarme de que se reía y entendí que expresiones como “culiadazo” no se ven en el resto del país. Estos cordobeses son graciosos hasta para putear a los políticos.

La ruta pasa por al lado del aeropuerto y estaba soplando un viento muy intenso, por un momento baraje la posibilidad de parar y mirar que hacían los aviones en estas situaciones.

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Luego recordé videos de vientos mucho más fuertes y los aviones entrando de costado a la pista, pensé que tanto por la distancia o porque la ventolina no era para tanto entonces decidí seguir camino.

Casi sin darnos cuenta estuvimos en destino, entramos despacio por el centro. Ya era mediodía.

Hacía muy poco que habíamos desayunado y por eso le propuse a Valeria parar a tomar algo, eso hicimos en un bar con estilo mexicano. Ella pidió nachos con queso chedar.

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Para que no se sienta tan mal de comer sola tuve que sacrificarme y acompañarla, si me ven muy panzón ya saben quién es la responsable del incremento de mis curvas, ella nunca engorda nada.

Mirando un poco el google maps vi que había un camino que atravesaba las sierras y llegaba a “algún lado”, como andábamos paseando y no teníamos idea hacia dónde íbamos nos quedaba bien tanto un lugar como el otro.

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Averiguamos y resulto que la ciudad era La Falda y el camino se llama Camino del Cuadrado. Para allá fuimos, un camino tan divino como cortito. Cuando le estas agarrando el gustito ya llegaste al final.

Está completamente asfaltado y va recorriendo la sierra, llegando a la cima y luego descendiendo. A mitad de camino hay un parador muy “hippie” para tomar algo y tiene un balcón natural donde se aprecia una vista panorámica única.

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Estatua alusiva a Rubén Juarez, maestro del bandoneón.

Para quien no lo conozca se lo recomiendo mucho. Es sencillo de hacer y emocionante por sus curvas y contra curvas. Hacia el final se llega a La Falda “desde arriba”, se puede ver la ciudad entera y parte del valle.

Era súper temprano. Llegamos al hotel y desensillamos, nos sacamos todo el equipo de astronauta que llevábamos. No sin antes causar alguna que otra mirada asombrada por el centro de la ciudad.

Cuando estuvimos cómodamente instalados nos fuimos a pasear por él y a comprar presentes para nuestra gente querida.

La tarde estaba genial. Pero esto de andar caminando por pendientes cansa mucho, y más con el aire de las sierras dirían los viejos. Así que salió una pequeña siesta.

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Por la noche un baño y al centro a cenar. Es muy pintoresco y lo habíamos imaginamos lleno de gente por ser viernes de un fin de semana largo, resulto todo lo contrario.

Estaba bastante solitario y nos explicaron los del lugar que recién el sábado a la noche o domingo se sentiría la ola turística.

Después de comer fuimos cuesta arriba hacia el hotel, el día llegaba a su fin.

Mañana será otro día. Hasta entonces.

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Córdoba – parte 1

San Pedro (Buenos Aires) – Córdoba (Córdoba)

Un nuevo viaje comienza, entonces hay que hacerlo con el nuevo día. Pero… como siempre hacemos salimos tarde, muy tarde.

Llevo mucho tiempo armar la moto, no por la cantidad de cosas que llevábamos sino todo lo contrario, sobraba espacio y había que equilibrarla.

Un día muy lindo para estar en la ruta y nosotros la pisamos pasado el mediodía.

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Contentos del nuevo paseo nos pusimos a conversar con Valeria y sin darnos cuenta ya estábamos en San Nicolás y ahí nomás estaba Rosario.

Había un poco de viento y lo teníamos de lado. Me alegraba la idea que cuando tomara la  autopista a Córdoba lo tendríamos de cola.

Decidimos hacerla en dos tiros de 200 km, porque somos de demorar mucho en cada parada y entonces llegaríamos muy de noche si no apurábamos.

Luego de circunvalacion cuando estábamos rumbo al oeste paramos en la primera estación de servicio. Llenamos el tanque de nafta y el bidón que llevábamos.

Es muy loco y a su vez muy lindo cuando la gente reconoce a Jade y se acerca a saludar. Descoloca un poco cuando la persona conoce algunas cosas nuestras y nosotros no tenemos ni idea de él. Normalmente son seguidores del facebook que se lamentan de ir enlatados. Nos dicen que disfrutan nuestros viajes como si fueran los suyos.

Allí comimos unos sándwich como almuerzo. Pero fueron más que suficientes para que un rato después nos provocara modorra. Nuevamente tuvimos que parar en una estación de servicio a tomar un energizante que nos quite el sueño, era en Leones.

Allí nos encontramos con algunas motos clásicas y me entere que había un Rally de Motos Clásicas en Tucumán. Verdaderas joyas que todavía dan felicidad a sus dueños.

Habíamos hecho 100 km y tengo la costumbre de cargar entre los 200 y los 250 km para no llegar al fondo del marcador y andar preocupándome. No reposte y salimos nuevamente a la ruta.

A medida que el sol comenzó a bajar se fue poniendo muy molesto ya que viajábamos con rumbo Oeste. Se hizo un atardecer espectacular y paramos a sacar algunas fotos porque realmente parecía un cuadro.

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Cuando llegamos a la altura de Villa María casi había anochecido. Recordé donde estaba la estación de servicio y elegí no parar, quise seguir hacia nuestro destino para no perder ni un minuto.

Quedaban unos 150 km por delante. Siendo ya noche cerrada paramos bajo un puente a ponerle la nafta del bidón. De toda manera llegamos a destino pisando la última raya del marcador.

Entrando por circunvalación una camioneta nos saludó e hizo señas que paráramos. Se presentó como viajero y participa de la red M.A.I. (Moto Ayuda Internacional), ofreció tanto su ayuda como su hospitalidad lamentándose porque tal vez su casa estaba un poco desordenada. Perfecta demostración del espíritu motero y humildad.

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Declinamos la oferta y le comentamos que andábamos de paseo y por lo tanto no teníamos ni urgencias y mucho menos decidido nada. Cuando viajo con mi mujer trato de hacer las cosas de la mejor manera y llevarla a hoteles donde puede relajarse total mente sin contar el desayuno de las mañanas.

Al entrar en la ciudad lo primero que hicimos fue buscar una parrilla para comer. Nos guiaron los consejos del playero de la estación de servicio que habíamos visitado último.

Luego de andar un rato encontramos una donde paramos. El menú me pareció caro y no muy bueno pero entre el cansancio y las ganas de encontrar una cama para descansar apuramos la cena sin quejarnos demasiado.

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Cuando terminamos seguimos por la que habíamos entrado, la Av. Sabatini donde hay algunos hoteles. El primero en el que paramos bajo Valeria a preguntar el precio. Volvió diciendo que la habitación doble valía 1.400 pesos.

Le dije que ella no sabía negociar. Al siguiente baje yo y volví con la cabeza gacha. Ni siquiera había una habitación doble y la triple costaba 1.600 pesos, se me rio en la cara.

A medida que nos adentrábamos en la capital la avenida por la que circulábamos nos llevó al costado de la terminal de ómnibus donde la oferta hotelera es mayor.

Allí configure el GPS para que mostrara en el mapa la ubicación de todos los hoteles de la zona. (1)

Empezamos a recorrerlos y no tenían muchas comodidades, sobre todo una cochera para Jade.

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Como todo en la vida es perseverar, de tanto buscar pudimos encontrar uno donde Valeria negocio un pago en efectivo de 900 pesos.

Sea porque aprendió a negociar de golpe o por la hora que era, nos hicieron descuento de 500 pesos que nos convenció.

Jade durmió bajo techo y nosotros a bañarnos y descansar. El día llegaba a su fin.

Mañana será otro, hasta entonces.

firma

 

 

 

 

Parte 2

(1)  Para consultar el procedimiento a realizar consultar el artículo sobre el GPS, link ACA.

 


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Haciendo fuego con leña mojada

Lo que voy a contarte es una de las historias de mi primer viaje. Fue hacia el sur y hace casi 25 años.

En esa época la Patagonia era realmente inhóspita. En su mayoría las rutas eran de ripio y muy peligrosas. La que más recuerdo era la ruta 40 donde unía Bariloche con El Bolsón y pasaba por el Cañadón de la Mosca.

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Tan inaccesible que cuando algún vehículo se desbarrancaba allá quedaba, era un cementerio de autos y colectivos oxidados marcando lo peligroso del camino.

Lo que quiero relatarte sucedió un poco más allá, en el Parque Nacional Los Alerces. Cerca de la ciudad de Esquel, a orillas del Lago Futalaufken.

Fue un viaje dividido en 3 etapas. Esquel – Bariloche, Bariloche – Los siete lagos y Parque Nacional  Lanin. Cada uno duro un mes y si por último el tiempo no hubiera desmejorado tanto tal vez todavía estaría allá.

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Una aventura realmente salvaje, la civilización casi no había llegado y los lugares de aprovisionamiento estaban muy lejos.

Mi mejor recuerdo era parar en los ranchos que encontraba en el camino y comprarles pan. Un pan de campo único, hechos tal vez en hornos de barro y con grasa de vaya a saber que animal. Nunca volví a comer panes tan ricos.

La escasez de comida se solucionaba pescando en los lagos. Eran un manjar las truchas a la parrilla sazonadas con desesperación.

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Toda la vida y supervivencia pasaba por el fuego. Con él se calentaba el agua para los fideos o el arroz, también preparaba el mate que disimulaba el hambre.

Por las noches su calor no solo cocinaba la comida,  además invitaba a los viajeros a sumarse al fogón. Se intercambiaban historias o si aparecía una guitarra se cantaba el repertorio completo de Sui Generis o la canción de Víctor Jara, “a desalambrar”.

Eran épocas muy revolucionarias con la democracia recién inaugurada. Nos sentíamos subversivos allá en las montañas pero duraba mientras los leños crepitaban.

Por la mañana todo volvía a la normalidad. Con un ritmo suave nos aseábamos con agua helada… a veces. Preparábamos mate y si había otros acampantes tal vez juntaran sus cosas para seguir su destino. Por mi parte me quedaba un buen tiempo en cada lugar.

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Una noche el fogón termino rápido ya que el tiempo estaba desmejorando mucho. Como allá no se dice una cosa por otra a la madrugada se largó una lluvia de esas que te imaginas que nunca terminaran.

Lo hizo por la mañana, al salir de la carpa todo estaba mojado. Yo no, ¡pero todo lo demás sí!

Me preguntaba como prepararía el desayuno o qué almorzaría, era evidente que no podría hacer fuego estando toda la leña mojada.

En este punto del relato me veo en la obligación de aclarar que nunca fui partidario de llevar un calentador de esos con garrafitas de gas. No tengo otra razón más allá de mi testarudez.

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El maestro Olmedo dijo esta frase brillante: “si lo vamos a hacer lo hacemos bien”. Entonces si íbamos a la aventura lo hacíamos en toda regla: a pura supervivencia.

Si no podía hacer fuego realmente estaba en un problema. Una opción era desarmar todo e irme a otro lugar donde no hubiera llovido, tal vez a muchos kilómetros de ese parque. Como no quería dejar ese lugar fantástico decidí hacer fuego como fuera.

Puse manos a la obra. Lo primero fue seleccionar y clasificar ramitas pequeñas. Luego hacer un montoncito de unas más gruesas. Después otro para ramas y finalmente uno de leña.

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El segundo paso fue agarrar las más finitas y secarlas con el encendedor, de a una. Como tenía muchas el trabajo fue arduo.

Cuando tuve una buena cantidad empecé un fueguito muy tímido, con este me puse a secar las de mayor tamaño.

Este ciclo lo estuve repitiendo hasta llegar a los leños y que estos al final agarraran fuego. Uno muy débil y que casi no producía calor. Pero fuego al fin.

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Todo el trabajo me llevo la mañana completa. Fue una tarea tediosa pero no tenía otra cosa por hacer. Cuando finalmente la tarea estuvo concluida y el fuego encendido me sentí orgulloso de mi logro. Hasta el día de hoy recuerdo haber pensado: si puedo hacer fuego con leña mojada, ¿qué no podré hacer?

Este pensamiento es uno de los que estructuraron mi personalidad, al sentir que la tarea era imposible pero con garra pude realizarla.

Hace un par de años contando esta anécdota a un grupo de amigos me di cuenta de un dato muy importante pero que lo había pasado totalmente por alto: al lado tenía una moto con un tanque lleno de nafta que podría haberme facilitado mucho las cosas.

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Comprendí la diferencia entre la juventud y la adultez: el joven no piensa mucho y arremete, consigue las cosas a fuerza de voluntad. En cambio el adulto antes de actuar razona todas las posibilidades para elegir la más viable. Obtiene lo mismo pero sin tanto esfuerzo.

Hoy en día sigo acampando esperando encontrarme con que la leña esté mojada o algún nuevo desafío que comprometa mi pensar.firma

 

 

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Un paseo por Catamarca – parte 12

Colonia Dora (Santiago del Estero) – San Pedro (Buenos Aires)

Quedaban 750 km hasta mi casa. Tenía planeado arrancar a las 6 de la mañana para llegar temprano. Puse el despertador y cuando sonó por el frío que hacía me quedé dentro de la bolsa de dormir y lo reprogramé para las 7 am.

Repetí la situación hasta para las 8 de la mañana. Cuando se hizo esa hora ya me daba no sé qué seguir acostado, hacía rato que había terminado el ruido de los camiones al arrancar.

Una mañana muy fría pero soleada. Junté todo y algunas cosas las guarde mal total no volvería a usarlas. Para no perder más tiempo arranque sin desayunar.

Algunas personas conocedoras me habían advertido que nunca tomara la ruta 34 ya que es un infierno de camiones, pero quería conocerla así que desoí todo y me aventure por ella.

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Ya en los primeros kilómetros me arrepentí de la decisión, pero ya estaba en el baile. Es un rosario de camiones, el ritmo de viaje no supera los 80 km/h y muchas veces está por debajo de ese número.

Para estar en esas procesiones hay que tener una paciencia zen, soportar la situación sin andar asomándose a ver en qué momento se puede sobrepasar.

La circulación de camiones es tan grande que lo normal es ver los vehículos por grupos. Primero el camión lento, detrás uno o dos más tratando de pasarlo y luego vienen los autos que se hayan juntado. En total una media de 7 vehículos por tiro. Por ultimo hay un espacio de algún centenar de metros y otra vez el mismo esquema.

Si por alguna casualidad se llega a pasar al grupo hay que ir muy atento al acelerar ya que en sentido contrario viene otro grupo y tal vez algún osado haga una maniobra peligrosa tratando de ganar algunos metros.

Sobre todo nosotros que vamos en moto. Para asegurarme que me respetaran iba con todas las luces prendidas incluidas las auxiliares para que me vean, en cuanto veía algún rodado sobre mi trazada comenzaba a hacerle señas de luces para advertirle mi presencia.

Aun así varias veces tuve que desacelerar para dar tiempo a que se acomoden en su lugar. Con toda esta actividad pareciera que uno va entretenido y atento al camino. Todo lo contrario, se vuelve muy aburrido.

En estas situaciones yo me pongo a cantar, no lo hago bien pero la acústica del casco y el ruido del viento que se filtra disimulan mucho la situación. El grado de aburrimiento está dado por el volumen del canto, yo venía a los gritos.

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Deje de hacerlo cuando comenzó  a dolerme la garamanta. Tuve que buscar otra cosa para entretenerme, entonces me puse a contar vagones de trenes porque pasaron cuatro.

Hacia media mañana en el horizonte se dibujaban unas formaciones oscuras muy parecidas a las montañas cuando uno se va acercando. Algo totalmente imposible ya que mi rumbo era hacia el Este, casi en el límite con la provincia de Santa Fe.

Eran nubes de tormenta, más exactamente el frente de frío polar que avanzaba en el mismo sentido pero al ir más rápido lo estaba alcanzando.

Me di cuenta que el viaje se pondría frio y lluvioso. Decidí parar y ponerme el equipo de agua y preparar la moto para la lluvia.

Una muy buena idea ya que unos kilómetros más adelante empezó a chispear. Prefiero una cortina de agua torrencial y no pulverizada que moja igual pero no corre por el visor imposibilitando ver correctamente. La única solución es acelerar más para que el viento producido por el desplazamiento corra las gotas.

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Así fue el resto de la mañana y continúo todo el día. Hice dos paradas haciendo tramos de 200 km cada uno, unas tres horas de manejo.

A Rosario llegue de noche y pare en la estación de servicio que esta sobre la Panamericana después del peaje. Cene algo allí y me prepare para hacer los últimos 100 km que quedaban.

A veces es difícil hacer primar la seguridad. Después de un viaje largo uno lo único que quiero es llegar a su casa y dormir en mi cama.

Esa es una de esas situaciones donde se toma el riesgo que significa viajar de noche por llegar rápido. Lo hice porque conozco esa ruta y tome precauciones para minimizar riesgo.

Busque un camión que circulaba a unos 80 km/h y que además tuviera mucha iluminación trasera. Me mantuve a 5 segundos de distancia (1) con esto me aseguraba que nadie me llevara puesto ya que el camión impedía el paso.

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Además apartaría cualquier objeto que hubiera en la ruta y el movimiento de las luces me mostraba anticipadamente si había algún desnivel en la calzada.

De esta manera llegué a mi terruño y fue muy agradable reencontrarme con mis afectos y cosas. Creo que uno sale a pasear para volver y valorar mucho más lo que se tiene. Romper con la zona de confort para redefinirla y evolucionar.

Una aventura termina para que otra empiece.

Hasta ese momento y gracias por leer.firma

 

 

(1) En ruta la distancia de frenado se mide en tiempo y no en metros. Ya que la velocidad cambia y por lo tanto la cantidad de espacio necesario para la frenada. En cambio midiendo el tiempo ajusta está perfectamente.

Parte 11


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Un paseo por Catamarca – parte 11

Tafí del Valle (Tucumán) – Colonia Dora (Santiago del Estero)

Tuve un sueño bastante interrumpido, muchos ruidos de puertas abriéndose y cerrándose en el hostel, chicos corriendo y grandes retando. Llego la mañana y con ella el desayuno.

Cuando todo estuvo organizado, incluida una compra de última hora por encargue, fui al baldío donde estaba Jade.

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Ahí había pasado la noche estacionada debajo de un techo, si bien hizo frío no fue tan terrible. Le tocaba un pequeño “service”, cambio de aceite, control de batería y trasmisión.

Saque las herramientas, busque botellas descartables para poner el aceite viejo y una bolsa de plástico sirvió de base por si algo caía no se ensuciara con la tierra.

Sacar el tapón de abajo es simple pero incómodo, lo hice despacio para que drenara el líquido en el tacho. Cuando estaba por llenarse quise ajustar nuevamente para cambiar el recipiente pero se terminó de aflojar y se salió.

Se hizo un enchastre bárbaro. Todo el aceite derramado. Tire tierra encima para que lo absorba y no avanzara.

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Pude hacer todo correctamente salvando ese inconveniente. Arme la moto reubicando cosas para poder llevar los presentes que se agregaron a la carga.

Cuando estaba todo listo emprendí el regreso, a partir de este punto considero que el viaje terminó y solo queda el retorno al hogar.

El camino que desciende de Tafí es uno de los más lindos que conozco. Va haciendo zig zag por la ladera de la montaña y muy rápidamente se llena de vegetación.

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Por el otro lado nos acompaña hasta abajo un río que va descendiendo entre piedras. Realmente todo muy bello. Son las yungas que hay en ese valle. Uno se cansa de doblar pero desea que el paseo no termine nunca.

Pero lo hizo al final. De pronto todo se transforma en un llano, campos con cultivos de cañas de azúcar y las montañas con sus hermosos paisajes están allá, detrás de las nubes. Apenas se perciben y siempre pienso que tal vez todo fue un hermoso sueño.

A medida que pasan los kilómetros se van escondiendo detrás de un velo azul, resulta increíble que haya paisajes tan hermosos ahí nomás, detrás de aquella curva. Están como velados esperando a los aventureros que quieran descubrirlos.

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Tuve que agarrar varias rutas hasta poder empalmar con la 9 que me llevaría a Santiago del Estero, de allí tomar la 34 hasta Rosario.

De pronto todo se ha transformado en un paisaje totalmente conocido, campos cultivados y nada interesante donde posar la vista.

Pase por la Termas de Río Hondo y por dos minutos me plantee la posibilidad de quedarme allí, hasta que me acorde que la malla quedó en un baño de Fiambalá por si alguien la necesitaba.

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Pase de largo igual que a la capital, Santiago del Estero. La ruta tomo un puente muy lindo y después una circunvalación, por lo tanto no vi nada de la ciudad.

Trate de hacer la mayor cantidad de kilómetros para tener la posibilidad de llegar mañana a mi hogar. Por delante quedan casi 800 km.

Si quiero hacerlo tendré que subirme a la ruta muy temprano y estar allí todo el día. Haciendo paradas breves para no llegar de noche.

Hasta entonces.firma

 

 

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Un paseo por Catamarca – parte 10

Hualfin (Catamarca) – Tafí del Valle (Tucumán)

El hospedaje donde me alojé realmente fue un lujo. No por el lugar que estaba correcto, sino por las personas que lo atendían, una familia. Me hicieron una merienda y después la cena. Salí de allí muy cerca del mediodía.

La ruta 40 es realmente hermosa. En partes iba custodiado por un cordón montañoso a cada lado, después se abrieron hasta el horizonte dando paso a una llanura espectacular.

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Tuve que bajar un poco la velocidad por el viento, pero más que nada por la cantidad de animales que había en la calzada. Pasaba tocando bocina para que se corran los burros, los chivos, las ovejas, los caballos y hasta personas que jugaban al fútbol sobre la ruta en algunos pueblos.

El día estaba soleado pero bastante frío, me puse el equipo completo para no sentirlo. Hacia las 15 hs llegué a Amaicha del Valle, donde pensaba parar a almorzar.

Entre despacio muy atento a los carteles buscando un comedor. En vez de eso vi indicaciones de donde vivían los artesanos. El primero que visité resulto ser un alfarero donde compre dos vasijas de barro para la sopa.

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Yo la voy a odiar, pero mi mujer las va a amar ya que mantienen el calor mucho tiempo. Me la voy a pasar soplando como queriendo apagar esas bengalas que le ponen ahora a las tortas.

Más adelante vivía otra artesana que se dedicaba al tejido. Allí por fin encontré lo que estaba buscando. Pero no lo comento porque es una sorpresa para mi mujer, solo diré que es bellísimo y muy barato.

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En toda la provincia de Catamarca no hay fomento para el turismo y mucho menos para sus artesanos, los trabajos que vi eran realmente muy pobres y no motivaban a su adquisición.

Estuve buscando también algo lindo que dijera “Recuerdo de Catamarca” y no encontré nada.

Almorcé frente a la plaza unos tacos exquisitos, si bien es comida tradicional mexicana acá le pusieron la variación de amaicha.

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Volví a tomar ruta con destino final en Tafí. El camino va serpenteando por la ladera de la montaña ganando altura metro a metro y mostrando el valle cada vez más arriba.

Todo lleno de cardones (esos cactus gigantes) que volvieron a aparecer.

En algunos momentos la calzada tiene parche sobre parche y termina con un desnivel tan grande que uno termina extrañando los serruchos del ripio.

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Al pasar al otro lado de la montaña cambio nuevamente el clima. Antes se había templado y estaba relativamente cálido pero volvió a enfriarse mucho. Aproveche paradas para sacar fotos y volví a abrigarme.

Ya llegando encontré el árbol donde el año pasado hice una foto mágica. Todo desértico con sus colores amarillos y la copa toda nevada de la noche anterior. Saqué la foto que atestigua los dos momentos.

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Al acercarme a la ciudad pude ver lo grande que es Tafí del Valle y la ciudad que esta contigua, El Mollar, que está más allá junto a un lago.

Voy a pasar la noche acá y mañana le toca un service a Jade. Luego ya agarrar ruta directo a mi ciudad. Las etapas de ruta determinarán el horario de salida de acá.

Hasta entonces.firma

 

 

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